Rosalie Blum, llévame de aquí, estoy muriendo Ficciones, Reseñas

Esta comedia aborda temas existenciales de gran profundidad. Amable, complaciente, pero plagada de estereotipos de género.

Gerardo Silva Campanella

Corría la primavera del año 2000 y Stephen Frears nos hacía salir del cine literalmente vibrando con Alta fidelidad. No fue solo John Cusack persiguiendo el ideal que siempre tuvo ante sus narices, ni el descubrimiento de Jack Black como gran comediante, o la icónica novela de Nick Hornby. Un buen puñado de temazos pop, rock, soul y hasta trip hop tuvieron mucho que ver en la conversión de Alta fidelidad en clásico instantáneo del cine contemporáneo. Muchas veces la banda sonora pasa inadvertida, incluso cumpliendo sobradamente su cometido de dar empaque al film de turno, pero qué placer cuando una melodía nos persigue fuera de la sala y la tarareamos, la silbamos, chapurreamos la letra que la acompaña. Durante días o semanas. Así queda prendida a la mente Get me away from here, I´m dyng, de Belle and Sebastian, al final de la comedia francesa Rosalie Blum.

Rosalie Blum es el personaje misterioso alrededor de quien gira esta ópera prima del director francés Julien Rappeneau. Es la mujer que se cruza en la vida de Vincent Machot (Kyan Khojandi), un treintañero aburrido dueño de una peluquería, detonando una amnésica e irrefrenable curiosidad que lo hace seguirla a todas partes. De pronto, la insulsa vida de Machot, subyugada por una anciana madre posesiva y una novia desentendida, encuentra una nueva motivación en resolver dónde ha visto antes a Rosalie Blum.

El material procede de la famosa trilogía de novelas gráficas de Camille Jourdy. Sin duda, la fidelidad en su adaptación es todo un acierto para la película, que se disfruta con dinamismo gracias también a la elegante puesta en escena de Rappeneau en tres capítulos que reflejan los puntos de vista de los protagonistas sobre el desarrollo de la trama. Tanto en la forma como en el contenido, la película hace jugar a su favor los convencionalismos más certeros de la comedia, dando lugar a una obra ligera y generosa con la sonrisa del espectador.

Ahora bien, Rosalie Blum pertenece al género de comedias amables que hablan de temas bastante serios: la soledad, la insatisfacción vital, la incertidumbre hacia el futuro. Por eso merece la pena detenerse un momento en el inquietante –pero por otro lado habitual– planteamiento de la historia y en algunos de sus hitos argumentales, para reconocer la naturalización de ciertos roles para los personajes femeninos. Primero de todo, tenemos a un hombre en plena crisis de los 30, y, oh casualidad, la culpa de los sinsabores de su vida recae sobre la madre y la novia ya mencionadas. La primera se nos presenta como un personaje estrafalario, controlador –pero simpático–, y la liberación de Machot consistirá en aprender poco a poco a desobedecer –pasar de ella, básicamente–. La novia del protagonista no sale en pantalla, pero percibimos perfectamente su despreocupación por la relación como una afrenta hacia él. Las dos mujeres representan papeles opuestos, y sin embargo, igualmente dañinos para el varón. Curiosamente, serán otras dos mujeres las que reconduzcan la vida de Machot. Una de ellas, Rosalie Blum (Noémie Lvovsky), a costa de ser sujeto de persecución. Lo que en el mundo real sería una situación evidente de acoso, la ficción consigue transformarla en el divertido motor de la historia. La sobrina de Blum, Aude (Alice Isaaz), cierra el triángulo salvador con una labor de contraespionaje francamente entretenida y sorprendente desenlace.

Ninguno de los roles femeninos citados sorprenderá al espectador, por el contrario, saldrá del cine con una sonrisa en los labios, satisfechos sus anhelos de entretenimiento y con el corazón algo más esperanzado. Cuestionarse la imagen estereotipada de la mujer, que en cierta medida promociona Rosalie Blum, no toca. Quizá cuando llegue a casa, o tras unos días de lenta digestión. Quizá cuando empiece a olvidar los diálogos y otros detalles cada vez más grandes, hasta extraviar giros enteros de la trama. Cuando solo queden los posos de Rosalie Blum y alguna canción de Belle and Sebastian.

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Rosalie Blum, llévame de aquí, estoy muriendo
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