‘Fără frică’: un emblema en blanco y negro contra la homofobia y el miedo en Moldavia Crónica, Planeta

Las personas LGTBI se manifiestan en Moldavia contra la discriminación social, hostigadas por extremistas ortodoxos

La policía comunica a integrantes de Genderdoc que tienen que evacuar./ Ana Lemus Conejo

La policía comunica a integrantes de Genderdoc que tienen que evacuar./ Ana Lemus Conejo

Eran flores lo que llevaban entre sus manos. Flores pegadas al pecho, para levantar el puño. Flores y silencio. Un cordón policial a la derecha, autobuses llenos de seguridad a la izquierda. Todo listo para la evacuación. No había banderas de colores, no había gente con pancartas, ni había ​drag queens, ni purpurina. No había música, no había rostros pintados, no había torsos desnudos, no había gritos. Solo silencio, las flores y un mensaje en blanco y negro en sus camisas: ​Fără frică, ‘sin miedo’ en rumano. “El miedo es lo que conecta a la comunidad LGTB en Moldavia y decidimos sacarlo fuera. Se tiene miedo porque el nivel de homofobia y violencia es muy elevado”, narra Anastasia Danilova, la activista y presidenta ejecutiva de ​GENDERDOC-M​, la única organización LGTB en Moldavia.

El 21 de mayo se celebró la marcha del ​Orgullo en Chisináu, la capital de Moldavia. A diferencia de otros países europeos, en los que se ha intentado mercantilizar y banalizar este día, la comunidad LGTB moldava lucha por que sus derechos se tomen en serio. GENDERDOC-M lleva organizando la marcha por los derechos LGTB desde el año 2012, pero las salidas anteriores ocurrieron de manera violenta debido a los ataques homolesbotransfóbicos propiciados por grupos ortodoxos. Según el ​estudio ‘Percepciones y actitudes sobre la Igualdad en la República de Moldavia​’, la comunidad LGTB es el grupo social más rechazado y discriminado en todo el país. Según esta misma investigación, el 40% de las personas encuestadas consideran que las lesbianas, gais, bisexuales y transexuales son personas inmorales y anormales. El 33,4% las calificó como enfermas.

Flores contra la homofobia

A unos veinte minutos de trayecto de la manifestación, un agente de seguridad se acerca a los miembros de GENDERDOC-M que encabezaban la marcha. Les dice que ya ha llegado a su fin, que tienen que evacuar. A la izquierda, los autobuses ya están preparados para que los y las manifestantes se suban. Al fondo de la calle Ismail, tres filas de agentes de seguridad hacen de muro y taponan la calle. Detrás del pilón policial asoman enormes cruces de madera de diferentes tamaños y pancartas con mensajes homófobos. Son los contramanifestantes ortodoxos expresando, como cada año, su rechazo hacia la comunidad LGTB. Entre sus gritos se pueden escuchar frases como “la homosexualidad no es normal”.

Manifestantes a favor de los derechos LGTB van subiendo a los autobuses poco a poco. “Nos llevarán a un lugar seguro, a un hotel donde daremos una rueda de prensa. Después es muy importante que os quitéis las camisetas de ​fără frică porque corréis el riesgo de recibir un ataque violento. No os las pongáis en la calle, especialmente los días posteriores al Pride”, advierte Anastasia Danilova en una reunión preventiva en la oficina de GENDERDOC-M a voluntarios y voluntarias extranjeros y locales.

Las marchas del Orgullo LGTB se vienen celebrando con el apoyo de diferentes embajadas: este año acudieron representantes de Reino Unido, Estados Unidos, Países Bajos, Francia y Suecia, pero no la del Consulado de España. También se sumaron periodistas y activistas LGTB de países como Ucrania, Georgia y Rusia.

La ​campaña social Fără frică​ nace con la idea de renovar la manifestación del Orgullo y combatir la homolesbotransfobia de una forma más visual y creativa. En las primeras reuniones del proyecto se realizó un encuentro con diferentes grupos de discusión, incluidas personas abiertamente homófobas. Después de estas reuniones y debates se decidió trabajar sobre el miedo y los estereotipos que se tienen hacia la comunidad LGTB. Durante la semana del Pride, Fără frică realizó acciones comunicativas en las que diferentes periodistas, artistas o profesionales de GENDERDOC-M transmitían por qué decidían unirse a la marcha y apoyarla.

Decidieron cambiar la imagen de banderas arcoiris y consignas por una marcha en silencio, con la gente vestida con camisetas en las que se lee el lema “sin miedo”: “De esta manera se ve que los agresivos son los contramanifestantes, no nosotros”, apunta Danilova.

— Y, ¿por qué las flores?
— Con ellas respondemos a los huevos que nos lanzaron en la marcha del año pasado. Este es nuestro mensaje, no la violencia. Estamos llenos de amor, no de odio.

A pesar de que el lema de la manifestación fuera salir a la calle sin temor, hubo gente que decidió cubrirse el rostro durante la marcha o quedarse en casa por una razón: el miedo. Dimitri Semiónov -nombre ficticio-, este año decidió no acudir. “Mi novio y yo estábamos dispuestos a salir a la calle, pero a una hora antes del evento nos entró el pánico y decidimos no ir”, cuenta Seminóv desde la cocina de su casa en Chisináu. “Un compañero de mi trabajo es ortodoxo, estaba seguro de que él asistiría a la manifestación. No quería que me viese allí y tampoco ser grabado por la televisión, alguien podría haberme visto”.

Semiónov, gay de 32 años, es psicólogo, profesor de ruso y también trabaja como entrenador en un gimnasio. En este último entorno ha sido sometido varias veces por parte de sus compañeros a diversas preguntas sobre su sexualidad. “Me preguntan qué mujeres en el gimnasio me parecen atractivas o con cuáles me acostaría”. En una sociedad como la moldava, de fuertes valores tradicionales, si no contraes matrimonio antes de los 25, si no tienes pareja, ni hijos, “eres sospechoso”, dice Semiónov.

— Una vez estábamos unos cuantos compañeros reunidos y uno de ellos me preguntó delante de todos que si había tenido alguna vez sexo con hombres.
— ¿Le respondiste?
— No, le hice una pregunta: “¿ A cuántas mujeres has acosado tú sexualmente?”. Calló.

La supremacía de la Iglesia

Fotografía de la contramanifestación desde uno de los autobuses en la evacuación./ Aurora Díaz Obregón

Fotografía de la contramanifestación desde uno de los autobuses en la evacuación./ Aurora Díaz Obregón

Durante la marcha, la población estaba fraccionada en dos bandos: colectivo LGTB por un lado y los fieles ortodoxos por el otro. Sin embargo Ion Andronache, católico ortodoxo de 26 años, decidió apoyar a los primeros. “Decidí ir a la marcha para defender al grupo más discriminado por la sociedad en este país y por la iglesia. Como creyente, quería mostrar una actitud correcta, aún sabiendo que iba a tener grandes problemas con la iglesia y con la Academia”, narra Andronache. Días después, fue expulsado de la Academia de Teología de Moldavia por asistir a la marcha.

Según la ​Oficina Nacional de Estadística de la República de Moldavia​, el 96,8% de la población se considera fiel a esta religión que predomina en países como Bielorrusia, Chipre, Georgia, Grecia, Montenegro, Rusia, Rumania, Serbia o Ucrania. La Declaración Ortodoxa considera que la homosexualidad es un pecado, que interfiere en el desarrollo normal de los patrones sociales y que, por tanto, resulta perjudicial para la humanidad. “Yo fui homófobo porque he crecido en Moldavia; he vivido en la homofobia. Yo he vivido en esta homofobia. Es normal ser homófobo en Moldavia pero hablando con personas del colectivo LGTB cambié mi mentalidad”, cuenta Andronache.

Para Ion Andronache, la iglesia es un lugar de libertad espiritual en el que todas las personas deben de ser aceptadas​. ​Andronache tiene un canal de ​videoblogs ​en el que expresa sus opiniones con el fin de remover mentalidades e intentar transformar los valores conservadores de la iglesia. ​“​Yo estoy luchando por una iglesia mejor, pero ellos piensan que la quiero destruir. Pienso que a través de mis vídeos estoy cambiando algo, aunque sea con 4.000 visitas”.

En octubre del 2016, se celebraron las elecciones presidenciales en Moldavia con dos posibles representantes a la cabeza: Igor Dodon, del partido Socialista de la República de Moldavia; y Maia Sandou, del partido Acción y Solidaridad. Igor Dodon ganó las elecciones después de haber utilizado el discurso homófobo con fines electoralistas. En mayo había escrito en su web que no iba a tolerar la transformación de la República de Moldavia en un polígono sexual y de experimentos para anticristianos y se posicionaba en contra de la marcha LGTB y de los matrimonios entre personas del mismo sexo. El 4 de noviembre de ese mismo año un grupo de sacerdotes representados por el obispo Marchel cargaron en contra de la líder de la oposición, argumentando que ella no podía ser presidenta porque era soltera, no tenía hijos, promovía el pecado de la homosexualidad y destruiría la moral de todos los niños. Maia Sandou, se presentaba como impulsora de una política proeuropea y de derechos humanos, sin embargo no ha sido clara respecto a los derechos LGTB. “Nunca se posicionó después de todas las ofensas que recibió. Fue a la manifestación feminista del 8 de marzo, pero no apareció en nuestra marcha”, relata el activista queer y coordinador del Programa de Desarrollo Comunitario en GENDERDOC-M, Artiom Zavadovsky.

GENDERDOC-M: diecinueve años de activismo

Una pareja de manifestantes cogidos de la mano. En la camiseta pone: "Debajo de esta camisa no existe el miedo"./ Ana Lemus Conejo

Una pareja de manifestantes cogidos de la mano. En la camiseta pone: “Debajo de esta camisa no existe el miedo”./ Ana Lemus Conejo

La organización no gubernamental ​GENDERDOC-M fue fundada en 1998 en Chisinau y actualmente es la única asociación que existe en Moldavia para defender los derechos LGTB. Su misión principal es crear “un entorno jurídico, una sociedad legal y social para las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans; informar, promover los derechos, la prestación de servicios y la expansión de la capacidad de organización”, como se definen en su página web. Cada año elabora la programación de actividades por la semana del Pride, pero hay mucho más trabajo detrás: ofrecen servicios gratuitos como la asistencia sanitaria sobre salud sexual y reproductiva, VIH y otras infecciones de trasmisión sexual, o consultas psicológicas.

“Para combatir la homofobia lo primero de todo es dar información a la gente, en los colegios, en las universidades, a profesionales, a periodistas, a la policía. Educar”, cuenta su directora ejecutiva, Anastasia Danilova. La homolesbotransfobia se va transmitiendo de generación en generación, por lo que Danilova recalca la importancia de trabajar con los padres y madres, también en las zonas rurales, donde llega menos información. “Hay que hacer comprender que la orientación sexual no es un privilegio, es un derecho de la humanidad”, repunta Danilova.

“Puedo decir que la homofobia está descendiendo porque ahora somos más gente que apoyamos la manifestación LGTB. Este año ha sido la marcha en la que más participantes han asistido. Hemos sido más que los contramanifestantes [450 manifestantes y 150 contramanifestantes según la organización] y eso para mí ha sido una gran revolución”, dice el activista ​Artiom Zavadovsky.

Según el informe sobre la ​situación de los derechos LGTB en Moldavia​, en el año 2016, GENDERDOC-M denunció y registró treinta y tres ataques homófobos. Este año el voluntario Diogo Junqueira fue agredido frente al club en el que la organización celebraba una fiesta dentro del Pride. Dos hombres encapuchados se acercaron a él mientras cruzaba la calle, le golpearon en la cara y le tiraron al suelo. Después echaron a correr. La semana posterior al Orgullo también se registró otro ataque violento a otro voluntario que había acudido a la marcha. “Los gays sufrimos violencia física y discriminación porque la homofobia se rige por las mismas normas que el patriarcado. Abandonamos nuestro privilegio de hombres, rechazamos la masculinidad, bajamos el escalón y nos igualamos a la posición de la mujer”, interpreta Zavadovsky.

Situación LGTB en Transnistria

La programación de este año incluyó una exposición de fotografía documental de la artista Carolina Dutka bajo el nombre NO SILENCE, dedicada a la discriminación de la comunidad LGTB que vive en Transnistria. Este territorio que se encuentra ubicado entre la frontera oriental de Moldavia con Ucrania y el río Dniéster, es un Estado no reconocido. Después de la disolución de la Unión Soviética, el Gobierno de Moldavia y el de Tiraspól -capital de Transnistria-, en 1992 se enfrentaron en un conflicto militar. Desde julio de 1992 el alto al fuego está en activo. Así el conflicto sigue sin resolverse y Transnistria, aunque no sea validada internacionalmente como Estado independiente, funciona como tal ya que tiene su propia moneda, -el rublo transnistrio, a pesar de no ser reconocida-, Gobierno, Parlamento y ejército. Esta región prorrusa es considerada como el último territorio “vivo” de la Unión Soviética.

La situación LGTB en Transnistria es aún más complicada que en Moldavia. Las actividades, eventos o propaganda a favor de la homosexualidad o los derechos LGTB están prohibidos por ley y la comunidad LGTB está sujeta a la discriminación por parte del gobierno y de la población. El Gobierno de Transnistria prohibió la exhibición de la exposición fotográfica de Carolina Dutka y le obligó a firmar un documento en el que aceptaba esta censura. “Me dijeron que iba en contra de la moral y los valores del país, que aquí la homosexualidad no existía”, explica la fotógrafa. “Decidí cancelar la exposición porque me amenazaron. Me dijeron que tendría problemas en la Universidad, que no me iban a garantizar que todo iría bien cuando fuera a mi casa, o que algo podría pasarles a mis padres o hermanos”, cuenta.

Cuando la artista decidió comenzar con el proyecto fotográfico, contactó con 150 personas vía email para que se dejaran fotografiar. Solo cincuenta aceptaron y de esas cincuenta, sólo dos aparecen mostrando su identidad. “Muchas personas tenían miedo a quedar conmigo. Hace cinco años homófobos contactaban con personas LGTB a través de las redes sociales. Las engañaban y luego las pegaban”, continúa la artista. Dutka no ha podido exhibir su obra en Transnistria, pero ha expuesto sus fotografías en Chisináu y en Odesa (Ucrania). Cada vez que organiza una exposición, Carolina Dutka tiene miedo porque debe traspasar la frontera y transportar sus obras. Aunque por ahora no ha tenido problemas, cuenta que es una situación muy estresante para ella. Pertenecer o apoyar al colectivo LGTB en Moldavia conlleva tener agallas, luchar contra una tradición que ahoga la libertad sexual. Implica respirar hondo, vaciarse del miedo.

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Aurora Díaz Obregón

Quería ser arqueóloga, artista, actriz o filósofa. Elegí ser periodista. Y feminista, como mi abuela.

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