Madres sin pedir permiso: lesbianas y autogestión reproductiva Cuerpos, Reportaje

El auge de la inseminación casera en España, el tercer país del mundo líder en tratamientos de fertilidad, inquieta a la industria de la reproducción asistida. Las lesbianas que buscan alternativas más baratas y menos medicalizadas que los tratamientos en clínicas se exponen a trabas a la hora de registrar a sus bebés.

Ilustración de Susanna Martín sobre maternidad lésbica

Ilustración: Susanna Martín

Loreto tuvo un hijo por inseminación artificial en 2013 a través de una clínica privada. Para el segundo embarazo ella y su pareja, otra mujer, decidieron optar por comprar semen a un banco de esperma, Cryos, que suministra por correo a clínicas y a particulares. Loreto y su pareja decidieron hacerlo así porque querían evitar la hormonación, las pruebas y “porque en las clínicas son muy peseteros”, suelta.

Se quedó embarazada al segundo intento y está contenta con la “desmedicalización” que ofrece esta vía. Loreto argumenta que no todas las mujeres que acuden a estas clínicas lo hacen por problemas de fertilidad. “Hay mujeres que simplemente no mantenemos relaciones con hombres”.

Cryos es el banco de esperma más grande del mundo y está radicado en Dinamarca. La compañía explica a Pikara que la inseminación casera es tan sencilla como poner un tampón. Llega por correo un kit con una jeringuilla y un aplicador en un tanque de nitrógeno. Solo hay que dejarlo descongelar siguiendo las instrucciones. La empresa reconoce que la probabilidad de embarazo es menor pero explica que el semen utilizado es de alta calidad y hay más posibilidades de embarazo que en un coito. “Hay chicas lesbianas que se han quedado embarazadas así después de intentos fallidos en clínicas. No se puede medir el efecto psicológico del entorno”, declaran sus representantes. Hay factores ajenos a la medicina, como tener un orgasmo o estar en un ambiente relajado con la pareja, que podrían favorecer la concepción, según algunos estudios.

En España las parejas de lesbianas o las mujeres solteras tienen tres vías para ser madres biológicas. Una son los programas de reproducción asistida de la sanidad pública, cerrada para muchas mujeres lesbianas y solteras por culpa de la legislación del Partido Popular. Aquí la discriminación depende de la Comunidad Autónoma; algunas desobedecieron esta legislación. Una segunda opción es la vía privada, que, como explica Raquel Cediel, investigadora social independiente, “deja a mujeres sin recursos fuera de juego”. Ella expone que tampoco la pública es estrictamente gratuita porque hay ciertos medicamentos y hormonas que deben pagar las interesadas. Una tercera opción sería la inseminación casera, ya sea mediante un acuerdo con un conocido (con el riesgo de que la justicia dé la razón al donante si en el futuro decide reclamar la patria potestad) o mediante la compra de semen a uno de los bancos internacionales que vende muestras por internet. Según explica Cediel, autora de El libro de la reproducción asistida para lesbianas y solteras, “esta opción es atacada por el lobby de las clínicas de reproducción que contaminan con información falsa denostando esta opción porque hay mucho dinero en juego”.

España es la meca de la reproducción asistida; es el país de Europa que más tratamientos de fertilidad realiza y el tercero del mundo, detrás de Japón y Estados Unidos. En 2014 se realizaron 156.865 tratamientos de fertilidad, según el registro de actividad de la Sociedad Española de Fertilidad. El 70 por ciento se lleva a cabo en centros privados.

Cediel dice que se aplican tratamientos de fertilidad a mujeres que ya son fértiles, y que la estimulación ovárica supone asumen el riesgo de un embarazo (y, por tanto, un parto) múltiple. De esta forma, tal y como expone esta investigadora, “ellas pagan el coste y el Estado se beneficia” ya que está en crecimiento negativo de población. Cediel insiste en que se debe informar a las mujeres de que “pueden inseminarse en casa sin tener que medicarse”.

El protocolo habitual tanto en la sanidad pública como en las clínicas privadas incluye ciclos de hormonación para producir más ovocitos y así aumentar las probabilidades de éxito. El doctor Antonio Requena, jefe médico del grupo IVI, argumenta que es fundamental para que el tratamiento sea eficaz, sobre todo en mujeres mayores o con problemas de fertilidad. Pero, en el caso de su empresa, desmiente que sea una medida sistemática. “Con una mujer que no tienen ningún problema y en edad fértil, lo hacemos con ciclo natural porque tratamos de evitar un embarazo múltiple”, expone.

La odisea de registrar un bebé con dos madres

María Rodó trabajó activamente en la campaña feminista por el derecho a la reproducción asistida en Cataluña para mujeres solteras y parejas de lesbianas. La pelea no se terminó al lograr el acceso a los tratamientos de la sanidad pública: “Nos trataban fatal: nos patologizaban, aunque nuestra situación no tenga nada que ver con la de una mujer que lleva años intentando ser madre”, defiende.

Finalmente, las activistas han conseguido que el protocolo que regula la reproducción asistida pública en esta comunidad autónoma recoja que las mujeres con pareja mujer o solteras que no tengan problemas de fertilidad pueden realizar cuatro intentos de inseminación sin necesidad de hormonarse.

Pero una vez logrado el acceso se han encontrado otra piedra en el camino: trabas a la hora de registrar a sus hijos e hijas. Rodó y su mujer tienen un niño de un año. Pagaron menos de 800 euros a Cryos por una muestra. Los problemas llegaron cuando fueron a registrarlo. “La magistrada que nos tocó no aceptaba de ninguna manera los papeles que teníamos. Nos amenazó directamente, se enfadó, nos trató fatal, dijo que no lo registraría… En Cataluña te piden un consentimiento informado de la clínica porque el código civil catalán así lo dice”, cuenta. Tuvieron que empadronarse en otro lugar y pedir más documentos a Cryos que verificasen que las mismas que compraron la muestra eran las que registraban al bebé. La activista ve en estas trabas una manera de desincentivar la autoinseminación.

Actualmente, las parejas de mujeres deben entregar un certificado emitido por un centro de reproducción humana español y estar casadas para inscribir a sus bebés, algo que no deben hacer las parejas heterosexuales. La razón que dan para pedir este certificado a las lesbianas es evitar una futura demanda de paternidad del donante. Para muchas esta es una interpretación discriminatoria de la ley.

En febrero, Brenda y María José, un matrimonio de mujeres, reclamó que su tercer hijo también fuera reconocido como hijo de ambas después de que un juez de Dénia les pidiera pruebas de que había sido concebido por técnicas de reproducción asistida, algo que no se pide a las parejas heterosexuales. Ellas recogieron 100.000 firmas para que el juez rectificase. La Dirección General de los Registros y del Notariado resolvió el recurso a favor de las solicitantes. Un funcionario les llegó a decir: “¿Y si habéis engañado a un hombre?”

Elena Longares es una activista LGTBQ catalana que desde hace años pelea para que las instituciones y la sociedad traten de igual manera a las parejas de lesbianas. Ella también participa en la campaña que unió a feministas y activistas LGTB para luchar por el acceso a tratamientos de reproducción asistida públicos. Desde agosto, está apuntada a un programa de la sanidad pública catalana. “Me encantaría poder hacerlo en casa, con mi pareja y en la intimidad pero eso lo complica todo porque nos arriesgamos a que el registro civil de Barcelona no nos deje inscribir al bebé o la bebé”, dice.

Longares explica que existe una especie de vacío legal o interpretación libre de la ley porque con el certificado que dan en el banco de esperma danés sería suficiente. Para ella, la cuestión es que “no tragan que una mujer gestione su salud reproductiva y decida cuándo y cómo se puede quedar embarazada sin que haya un hombre, una clínica o una autoridad médica.”

Clínicas y sanidad pública versus autoinseminación

La multinacional danesa Cryos, que opera en 80 países, decidió el pasado mes de octubre llevar a los tribunales a la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), a la Asociación para el Estudio de la Biología de la Reproducción (ASEBIR) y a la Asociación Española de Andrología (ASESA). La razón: estas instituciones enviaron una circular a sus socios en diciembre de 2015 en la que advertían que los bancos que ofrecen muestras de esperma por internet incumplen la legislación española sobre reproducción asistida de 2006.

También el Ministerio de Sanidad se ha pronunciado contra las clínicas radicadas en el extranjero que, como Cryos, venden muestras de esperma a través de la red, y las ha comparado con las páginas web y chats donde particulares se ofrecen como donantes. Hasta el momento, la presión se ha limitado a notas informativas: no se han interpuesto denuncias contra la venta de semen por internet.

El principal conflicto tiene que ver con el anonimato. La legislación española no permite que las usuarias elijan un donante, sino que la selección le corresponde a las clínicas. En cambio, Cryos ofrece un exhaustivo catálogo con fichas de los donantes que incluyen elementos como audios con su voz, estudio psicológico, carta de motivación escrita a mano, e incluso una foto de cuando eran pequeños. Los donantes pueden dar autorización para que los bebés nacidos con su semen se pongan en contacto con ellos cuando sean adultos.

Cryos defiende este modelo: “En las clínicas solo te dicen si es sano y buscan un fenotipo similar al tuyo o el de tu pareja. Afirman que conocer ciertos rasgos de la personalidad no tiene importancia. ¿Usted quién es para decidir que esto no debe importarme?” La empresa subraya que el semen es de calidad, el mismo que venden a las clínicas privadas, y que la inseminación casera no entra en el marco de la ley de reproducción asistida porque “nadie te asiste”.

Fernando Avellán, abogado de la Sociedad Española de Fertilidad, en cambio, considera que Cryos no puede saltarse la legislación española aunque esté radicada en otro país, y que no ofrece garantías de seguridad: “No sabes quién se lo ha puesto ni en qué condiciones, ¿qué ha pasado desde que ha llegado el semen?, ¿está manipulado con la debida asepsia?”, pregunta. En las clínicas privadas existe un seguro que responde en caso de complicaciones: “Recientemente ha nacido un niño con hemofilia y la clínica ha tenido que pagarle a la familia para tratamientos”, relata.

El doctor Requena, del grupo IVI, no ve riesgo en la inseminación casera a través de Cryos, al que reconoce como un laboratorio que cumple con la legislación europea. Entiende que las mujeres sin problemas médicos valoren la intimidad que ofrece la autoinseminación, pero defiende el valor añadido del seguimiento que hacen las clínicas así como su mayor eficacia: “Hay mayor probabilidad de éxito y facilitamos la tasa de embarazos”. El doctor Requena reconoce que las clínicas deben hacer esfuerzos para que las mujeres estén más cómodas; “que no se sientan en entornos tan fríos y medicalizados”.

Loreto tuvo un hijo mediante autoinseminación y cree que estas resistencias esconden prejuicios lesbofóbicos: “La libertad para elegir y hacerlo por libre es una amenaza al heteropatriarcado. Nos tratan como si fuéramos menores de edad. ¡Menos aséptico es follar con un tío!“, exclama. La activista Elena Longares coincide en que tras todas estas presiones y discriminaciones sufridas por las mujeres lesbianas que quieren reproducirse, existe un fuerte componente patriarcal que infantiliza a las mujeres.

María Rodó recuerda que Cryos es una empresa “que vende su producto”, pero valora que ofrezca precios asequibles y mayor autogestión: “Tienes capacidad de decisión sobre el proceso, sin una autoridad médica detrás: eliges cómo quieres hacerlo, cuándo y dónde”.

Las lesbianas que quieren formar familias quieren hacerlo sin pasar por trámites innecesarios, sin “pedir permiso o favores”, que es lo que muchas de las entrevistadas han sentido en la relación con las clínicas o con la sanidad pública. La autogestión se abre paso como una forma, dice Longares, de ganar autonomía frente al heteropatriarcado.

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Periodista, feminista, especialista en Relaciones Internacionales. Ahora en La Sexta Noticias, entre otros proyectos. Blog: http://www.sinpasaportes.wordpress.com

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