Tres razones por las que no te creerías que mi ex abusó de mí… y cómo todas apuntan a que deberías Cuerpos, Opinión

Puede que me creyerais si os lo contara. Pero una y otra vez vuelvo a oír aquellas razones que frecuentemente se dan para dudar de sobrevivientes – no puedo ni empezar a contar las veces que me he encontrado con cada una de ellas.

 

Texto publicado originalmente en inglés en Everyday Feminism por una autora anónima y traducción de Sara Carrasco Granger.

 

Fotografía de ¡Sismonski! a través de Foter.com / CC BY-NC

Aquí la verdad: mi ex abusó de mí. Me trató peor de lo que nadie fuera de la relación sabrá nunca.

La vida puede parecer un lugar muy solitario para quienes sobreviven a la violencia íntima de pareja. Para mí no creo que haya habido un momento donde me sintiera más sola que cuando me di cuenta de cuánta gente piensa que miento cuando digo la verdad.

De manera individual seguro que no albergas todas las actitudes que llevan a dudar de sobrevivientes. Pero para cada razón que se me ocurre por la que alguien no me creería, hay alguien en algún lugar que lo citaría como “una prueba” de que mi historia es falsa. Por eso hablo a cada parte de ti que pueda caer en la creencia de alguno de los mitos más comunes sobre sobrevivientes y violencia íntima entre parejas.

Esa parte de ti que piensa: “Creería a una sobreviviente si su historia es conclusa, pero, ¿quién permanecería con una persona que les abusa?”.

O: “Nuestro sistema jurídico afirma que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, por lo tanto, me lo creeré cuando haya sido sentenciado”.

O: “Conozco a la persona que está siendo acusada de abuso y simplemente no me creo que pueda hacer algo así”.

A veces me encuentro con que cuando las sobrevivientes reclamamos apoyo la gente se pone a la defensiva – porque vuestro apoyo no es suficiente incluso cuando pensáis que estáis haciendo lo mejor que podéis hacer.

Lo que muchas personas perciben como un acercamiento sensible a la violencia de pareja es, en muchas ocasiones, culpabilización de la víctima, humillación, y juicio a las sobrevivientes.

Demasiadas personas simplemente desconocen cómo funciona el abuso y el trauma puede aparecer en muchas formas que no nos esperaríamos y que no entendemos. He tenido experiencias y reacciones que no habría entendido a no ser que las hubiera padecido yo misma.

No hay respuestas simples sobre la violencia de pareja.

Pero lo que sí sé es que hay ideas equivocadas y comúnmente extendidas sobre lo que demuestra o desmiente que una persona “realmente” haya sido abusada. Estas ideas preconcebidas añaden una pesada carga sobre el dolor de las sobrevivientes. Aquí algunas de las razones por las que hay quien no cree que yo haya sido abusada por mi pareja.

  1. El maltratador y yo no encajamos en tu idea de maltratador y víctima

No me creerías porque mi maltratador te caería bien si le conocieras. Le cae bien a todo el mundo. Te haría reír y te parecería un tío muy fácil de llevar, no el tipo de persona que haría daño a nadie. Si le vieras en un relámpago de ira pensarías que está simplemente teniendo un mal día. Incluso puede que te compadezcas. Su abuso no siempre era obvio ni ruidoso, también tenía que ver con cómo podía hacer sentir a las demás responsables de curarle.

No te creerías que abusó de mí porque viene de buena familia. Tienen dinero y son respetados: su madre da unos abrazos increíbles y su padre es una de las personas más cálidas que hayas conocido, y no podrías imaginarte qué tipo de persona podría querer arruinarles la vida al llamar a su hijo maltratador.

No me creerías porque serías una de esas personas que dice “si alguna vez tengo una pareja que me pega, en algún momento, le dejo”.

Pero yo no le dejé. No cuando me di cuenta de que era violento hasta mucho tiempo después. No me creerías cuando digo que era abusivo porque ni recuerdo cuando fue la primera vez que me pegó , y porque el abuso ya había empezado mucho antes. Aunque no reconozcas la violencia verbal como violencia.

No me creerías porque cada vez que he tratado de dejarle sus amenazas parecían más y más cerca de una realidad imperiosa, y yo no podía saber cuáles llevaría a cabo si realmente me fuera. Porque sabía que no podía tomarle ventaja. Porque estaba demasiado agotada para intentarlo. No me creerías porque ha estado diciéndole a la gente que estoy “loca”, porque has oído suficientes historias sobre “exnovias locas” para creer su versión de la historia. No me creerías porque soy una mujer negra, y conoces a las mujeres negras, sabes que se dice que están enfadas y son agresivas y tienen una ‘actitud’ incluso cuando están calmadas. Se dice que somos criminales incluso cuando nuestra ‘actitud’ es un esfuerzo para mantenernos vivas.

También soy bisexual, y ya conoces a las bisexuales, se dice que somos infieles e incapaces de tener relaciones estables. Así que no me creerías que cuando me acusa falsamente serle infiel pierde los estribos; tú le entenderías porque pensarías que tiene razones de sobra para estar tan inseguro. Y no te creerías que me violó, porque, ¿no es cierto que las bisexuales ‘siempre’ quieren sexo?

  1. Nunca hablo del maltrato como lo haría la ‘víctima perfecta’

No me creerías porque me he esforzado tanto por parecer feliz que, en mayor parte, lo he conseguido. No creerías que alguien que llega a la hora al trabajo estaría pasando por tal embrollo y porque esa única vez que rompí a llorar delante de mi supervisora me dijo que podíamos hablarlo y yo nunca lo hice.

No me creerías si preguntaras a quienes me rodean si sabían lo que estaba pasando, porque tampoco no se me notan con facilidad los moratones, y porque he tapado las cicatrices con tatuajes. Y porque he perfeccionado eso que las sobrevivientes hacemos a veces: cancelas planes con amigas pero diciéndoles que ¡todo está bien! Cubriendo el teléfono con mi mano para que no le oigan gritando, y diciendo, ¡todo está bien! Corriendo a colgar el teléfono cuando me parece que detectan que algo quizás no está yendo bien y diciendo: “¡Vale! ¡Nos vemos pronto!”.

No creerías que es abuso porque cuando me aisló de mi red de apoyo lo hizo gradualmente. Nada de encerrarme y tirar la llave: lo único que se interponía en mi camino era mi propia vergüenza.

No me creerías porque me he quedado callada, pero si hablara pensarías que simplemente estoy buscando atención.

No me creerías porque estoy escribiendo de manera anónima y pensarías que si estoy diciendo la verdad no tengo nada que esconder. Tengo tantas razones para esconderme…, pero no sé cómo ponerlas en palabras, sólo puedo explicarlo como un escalofrío en los huesos. No me creerías porque no recuerdo todos los detalles de lo que me hizo. Y si tratara de juntar las piezas, ponerlas en orden y trataras de encontrar los agujeros en la historia, probablemente los encontrarías.

Sí, mi historia cambia.

Años después, un olor particular o un sonido o una frase todavía pueden hacerme recordar algo que no he recordado antes. A veces lo entierro tan rápido que no podría volver a recordarlo nunca más. No me creerías porque me convenció de que muchos de mis recuerdos estaban equivocados, y tras tanto gaslighting*, a veces he llegado a pensar que tenía razón. No me creerías porque la primera vez que le dije a alguien que abusó físicamente de mí, me reí.

Ya no me quedaban explicaciones para justificar por qué me dolía todo el cuerpo, y según iba la verdad escapándoseme de los labios, parecía algo tan absurdo de admitir que reí entre dientes. No esperarías que una víctima de violencia se riera. No creerías que abusó de mí porque no denuncié. Especialmente porque tuve muchas oportunidades para hacerlo: los vecinos llamaron a la policía en varias ocasiones. No me creerías porque no confiaba en que la policía me protegiera y les dije que todo estaba bien y que podían irse. No me creerías porque ni siquiera aquella vez en la que fui yo quien llamó a la policía hice que le arrestaran. Aquella vez donde pensaba que no tenía opción porque estaba segura de que iba a matarme. No me creerías porque amenazó diciendo que prefería matarse antes que ir a la cárcel y que más tarde cuando, delante suya, la policía me preguntó si me había pegado pensé en su familia y nuestras amistades y cómo yo estaba a punto de arruinarles la vida y decidí que mi seguridad no valía la pena. No me creerías porque si me hubieras preguntado entonces si estaba siendo maltratada te hubiera dicho que no. No me creerías porque sus compañeros de piso nunca fueron quienes llamaron a la policía, a pesar de vivir en la casa donde ocurría la mayoría del maltrato. Y porque si preguntaras a su mejor amigo (aquel que intervino en la violencia una vez, sólo una vez) si mi exnovio maltrataba te diría que no. Ya sabes. El código de la amistad inter-macho. No me creerías porque no solía defenderme. ¿Por qué no me defendía?

Alguna que otra vez sí me defendí. Por eso tampoco me creerías. Porque no siempre fui sumisa. Lo tomarías como que demuestra que de veras estaba loca: quizás yo sea la única que sabrá jamás que cuando lo hice estaba luchando por mi vida. No me creerías porque me tomó muchísimo tiempo dejarle. Porque volvía. Una y otra vez. Porque le quería. Porque le compadecía. Porque cada nueva noticia de una mujer asesinada por su novio me recordaba que podía matarme y, aún así, me quedé junto a él. Y si te hablara de eso, pensarías que sólo me tengo que culpar a mí.

  1. Ha terminado, pero eso no significa lo que crees que significa

Traté de prevenir a la mujer que vino después. Quizás no debiera haberlo hecho, y quizás no creas que es porque me haya maltratado sino porque tengo celos. Después de que terminara, yo sonreía en las fotos. Salía con amigas y amigos. Tuve mucho sexo y no me arrepiento. No me creerías porque me podrías haber visto y parecería que todo estaba bien. Porque cuando terminó no parecía que me estuviera escondiendo ni que estuviera aterrada de que ese infierno volviera a suceder. Porque seducía al bailar, y tonteaba, y me veía con gente, y me enamoré de una mujer antes de darme cuenta de que no estaba preparada para enamorarme de nadie, y después le rompí el corazón. Aún me siento mal por ello, pero no creerías que estoy traumatizada porque se me ve implacable. No creerías que abusó de mí porque no puedo ser sincera con cada persona que me pregunta por ello. Emocionalmente, es difícil hablar de ello; y también está el hecho de que no me creeríais.

Duele muchísimo ser vulnerable y abrirse con algo tan terrible para que te digan que estás mintiendo. No me creerías porque ya casi no hablo de ello. Si hablaras conmigo a menudo pensarías que él no es más que una mota en mi pasado olvidado hace tiempo. No sabrías que aún aparece en mis pesadillas. No me creerías porque si me lo encuentro ahora en público, sonrío. Pensarías que si me hubiera tratado tan mal saldría gritando en dirección opuesta. Pero imagino que mi pánico permanecería interno. Estaría mirando alrededor buscando una escapada. Y he aprendido que con él, es mejor planear mis huidas silenciosamente.

No creerías que gritar en el horror puede ser tan silencioso.

No me creerías porque no le llamo un monstruo. Porque le veo como un ser humano, capaz de cosas horribles que personas de todo tipo de personalidades y experiencias y géneros e identidades pueden ser capaces. No me creerías porque algunos de los abusos son comportamientos comunes que la sociedad promueve entre hombres. Porque le percibirías como impresionantemente seguro de sí mismo, fuerte, dominante; justo como tienen que ser los hombres.

No me creerías porque entiendo que la gente diga que es un tío simpático, un buen amigo, y un buen hijo, a pesar de lo que es para mí.

No me creerías porque entiendo cómo otras supervivientes pueden amar a sus maltratadores. Pueden decir cosas buenas de ellos. Pueden culparse a ellas mismas por todo, cuando el mundo encuentra todo tipo de razones para culparles a ellas. No me creerías porque no les digo a las víctimas “simplemente déjale”. Aunque quiera que huyan de sus parejas que les maltratan y que nunca miren atrás, entiendo cómo de difícil puede ser eso. No me creerías porque no me he roto, a pesar de todo esto. Porque, a veces, puedo enfrentarme a la violencia de mi pasado y, a veces, puedo hacerlo sin encogerme lo más mínimo. No me creerías porque sólo me encojo cuando miro a otro lado. Pero si tomo el riesgo de decirte la verdad deberías creerme.

Realmente deberías creerme. Porque tienes tantas razones para pensar que no abusó de mí y en todas ellas te equivocas.

*Gaslighting: técnica de manipulación que se basa en la negación de la percepción del otro/otra/otre como válida. Tras repetidos cuestionamientos de su percepción en ocasiones tiene éxito al hacer que la víctima ya no reconozca su propia percepción como válida y por lo tanto cuestione su juicio sobre la realidad a gran escala.

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