Twerk, mucho más que mover el culo Análisis, Cuerpos

La visita de Big Freedia, referente fundacional de este baile, facilita la oportunidad para sumergirnos en una danza controvertida con cultura propia.

Ana López

Big Freedia, referente internacional de la cultura bounce y twerk. / Cedida

Big Freedia, referente internacional de la cultura bounce y twerk. / Cedida

Iria, Irie Queen, y Kim, Kim Jordan Creations,son dos mujeres muy potentes. Sus miradas y su manera de estar lo indican, también lo hacen sus cuerpos y, por qué no decirlo, sus culos. Aunque viven en ciudades distintas, Madrid y Barcelona, su pasión, la danza, les ha llevado a aliarse en un proyecto muy ambicioso: traer a Big Freedia, máximo representante de la ‘cultura bounce‘, a una jornada sociocultural que se llevará a cabo en Madrid.

Para muchas ese concepto de ‘cultura bounce’ es un extraño nada habitual, y es que muy poca gente sabe que se trata del germen de uno de los bailes más populares de la actualidad, el twerk. Es un tipo de música subgénero del hip-hop ,que nace en Nueva Orleans y que se caracteriza por su estilo de call and response y por la velocidad justa de sus bites para bailar el famoso twerk, o lo que sería más correcto, el booty-shaking dance.

La mayoría de las personas desconoce la cultura del ‘booty dance’, limitando su conocimiento a la palabra twerk debido a la aparición estelar de Miley Cyrus, con un descaro que rompe con su etapa de Hannah Montana, en el escenario de los premios MTV en 2013. Para otra mucha gente, como Iria y Kim, es una pasión desbordante, quizá por la conexión especial que se produce con su cuerpo, quizá por la forma en la que sienten poder y goce de sí mismas, quizá por la comunión con la música. Nadie se echaría las manos a la cabeza por estas afirmaciones si se tratara de bailes de salón, salsa o incluso sevillanas, pero se trata de un baile que ejecuta un cuerpo sólo (habitualmente un cuerpo femenino o uno no normativo), con el culo (una parte concreta del cuerpo socialmente sexualizada) y, generalmente, con poca ropa. Esto, en un mundo que penaliza el empoderamiento de los cuerpos, no se puede permitir.

Es un baile que ejecuta un cuerpo sólo (habitualmente un cuerpo femenino o uno no normativo), con el culo (una parte concreta del cuerpo socialmente sexualizada) y, generalmente, con poca ropa. Esto, en un mundo que penaliza el empoderamiento de los cuerpos, no se puede permitir

El objetivo de la alianza de estas dos bailarinas es precisamente ese: liberar de prejuicios y presentarnos a las más inexpertas un baile que tiene su propia cultura, su propia música y su propio contexto sociopolítico.

Es fácil sorprenderse cuando se indaga en este tema, pues con rascar en la superficie se descubre que twerk es tan solo un movimiento dirigido por la pelvis en el que las caderas se mueven hacia delante y hacia atrás, lo único que puede cambiar es la postura en la que se ejecuta (cuclillas, rodillas, de pie…). Es más correcto, por tanto, usar el otro término, ‘booty dance’, que engloba todas las formas de danza del culo: wine (círculos), shake (sacudidas), jiggle (sacudidas laterales), booty clap (palmadas), bubble (simular burbujas), bounce (rebotes) y popping (elevaciones).

Este tipo de bailes tiene su origen en las danzas africanas, como en el ‘baikoko mapouka’, y existen en todo el mundo difuminadas por la diáspora africana: Asia, Sudamérica o Centroamérica. En otras culturas, estas danzas no sufren sesgo de género y son bailadas indiferentemente tanto por hombres como por mujeres e, incluso, por niños y niñas. Ha sido al occidentalizarla cuando ha pasada por el proceso de sexualización y han adquirido un tinte femenino.

Por todo ese desconocimiento es por lo que actividades como la organizada en Madrid tienen valor, puesto que supone hacer accesible la información de primera mano a gente interesada. Las organizadoras apuestan por traer a Big Freedia para que podamos aprender cosas como que en Nueva Orleans el nacimiento de la cultura ‘bounce’ está íntimamente relacionado con el empoderamiento de la comunidad LGBT.

En Nueva Orleans el nacimiento de la cultura ‘bounce’ está íntimamente relacionado con el empoderamiento de la comunidad LGBT

Por ejemplo, una de los grandes referentes del bounce, y madrina de Big Freedia, es Katey Red, persona trans que lleva en el mundo del espectáculo varias décadas y ha trabajado para promover esta música y para la visibilización social de las personas trans.

El propio Freedia reivindica continuamente este proceso de reconocimiento a través de sus espectáculos y de su vida, poniendo de relieve la famoso consigna de “lo personal es político” desde una perspectiva queer. En primer lugar, porque no acepta el uso del masculino o el femenino para referirse a su persona y usa ambos indistintamente. Como ella misma comenta en su web, es gay y se siente orgullosa de serlo, pero considera que su sexualidad tiene poco que ver con su música y rechaza el término ‘sissy bounce’, que se utiliza para definir el ‘bounce trans‘, afirmando que: “Todos los rebotes (bounce) son simplemente rebotes”. Y se reafirma diciendo: “No hay necesidad de separarlos. Todos los tipos de personas gays, heterosexuales, ricas, pobres, negras o blancas vienen a mis espectáculos. ¡La gente sólo quiere salir, sacudir su culo y pasar un buen rato!”. Además luce orgullosa una estética muy singular, en la que es capaz de combinar una larga melena y un par de aretes exuberantes con una contundente apariencia de rapero duro. No se considera un artista gay, sino un artista que resulta ser gay y, de esa manera, nos libera de la necesidad de encasillarle.

Durante estas jornadas se podrá disfrutar de todo su arte a través de un workshop práctico en el que aprender a mover el culo al más puro estilo de Nueva Orleans, además de poder asistir a una mesa redonda en la que se tratarán temas como el origen del ‘booty dance‘ o la relación entre la danza y la sexualidad, de la mano de la sexóloga feminista María Cabral. La experta está llevando a cabo, en estos momentos, un taller práctico junto a una de las organizadoras, Kim Jordan, llamado ‘Viaje al centro del placer’, donde conectan de manera directa el placer y los movimientos de cadera y glúteos que se realizan en este baile.

Aún después de procesar toda esta información, sigue habiendo gente que rechaza el concepto de “baile, twerk y cuerpo” como forma de liberación y celebración de los cuerpos; lógico si lo pensamos dentro de un sistema en el que se priva del derecho al deseo y a la sexualidad, especialmente a las mujeres. Como consecuencia este tipo de actividades se piensan de manera casi instantánea como herramientas para seducir al género masculino. Esta iniciativa trata de deshacer esa maraña de pensamientos unívocos y romper con el ideario de lo que deben o no deben hacer los sexos. En un lugar en el que los movimientos de caderas y glúteos no están permitidos en hombres se va a realizar un concurso de ‘meneo de culo’ en el que lo importante de los finalistas es cualquier cosa menos su género, y en el que se tratará de lograr que todas las mujeres encuentren un espacio de seguridad en el que poder disfrutar de sus danzas sin preocuparse por quién las mira ni cómo, o por si alguien se atreve a tocarlas o restregarse, un tema muy habitual en las fiestas donde suelen bailarse este tipo de danzas.

Si todavía quedan dudas sobre la necesidad de darle poder a las danzas del culo y a las personas que las ejecutan, si quedan dudas sobre la sólida y contundente personalidad de este baile despreciado por la cultura occidental, si las personas más intelectuales no terminan de entender tan voluptuoso baile, puede que se acerquen desde la curiosidad por el origen etimológico de su grafía y su pronunciación ya que existe un curioso debate sobre el nacimiento de la palabra twerk que oscila entre si es la contracción del término footwork, en relación con los movimientos de pies al bailar, la unión de las palabras ‘twist’ que significa ‘retorcer’ y ‘jerk’ que significa ‘idiota’; o la unión de los términos ‘trick’ que significa ‘truco’ y ‘work’ que significa ‘trabajo’. Incluso existen publicaciones que hablan de sus orígenes en 1820 con el mismo significado pero diferente grafía: ‘twirk’.

Una sola palabra, ‘twerk’, un concepto, ‘booty dance’, una cultura, ‘bounce’, una larga trayectoria que se remonta a orígenes ancestrales, una diáspora histórica, el empoderamiento de los cuerpos y su celebración, además de otro montón de cosas que seguro desconocemos, no pueden reducirse a “una simple sacudida de nalgas” ya que se han ganado por derecho propio un espacio de reconocimiento más allá del puro sentido estético.

 

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