El feminismo ante la barbarie del golpe de Estado en Brasil Opinión, Planeta

Entender la centralidad estratégica de las luchas feministas actualmente articuladas por los movimientos populares en Brasil exige detenerse con cuidado y profundidad ante el crítico momento histórico que estamos enfrentando en la contemporaneidad. Es imposible contextualizar el actual escenario político de golpe, violaciones y abusos constantes por parte del gobierno ilegítimo de Temer, sin hacer referencia al proyecto macroestructural de avance conservador que está ocurriendo en todo el mundo, especialmente en Nuestra América.

Amanda Verrone*

Golpe-Estado-Brasil-Pikara

El golpe de Estado finalmente concretado el 31 de agosto del pasado año, representó la total ruptura con la constitucionalidad democrática frágilmente construida a lo largo de los últimos 30 años en Brasil. Conforme escribí aquí, sectores oligárquicos, con el respaldo de intereses imperialistas, de las transnacionales y de grupos mediáticos, utilizaron la maquinaria judicial para destituir – sin base legal y sin fundamentos jurídicos razonables – a Dilma Rousseff, atentando así contra la voluntad popular de 54 millones de brasileñas y brasileños.

Con esto, los principios del Estado de Derecho y de la democracia representativa establecidos por la Constitución Brasileña de 1988 fueron brutalmente pisoteados. En su lugar, autoritarismos, machismos y fundamentalismos religiosos ganan cada vez más presencia, a través de los discursos y prácticas de los usurpadores del poder. Categoría compuesta, casi en su totalidad, por hombres, cis-géneros, blancos, heterosexuales y comprometidos con el gran capital, en fin ‘personas non gratas’ que ahora controlan distintos ministerios y se ocupan cotidianamente de acabar con los derechos arduamente conquistados por la clase trabajadora.

Y lo más aterrador es que la orquestación del golpe no se acabó con la institucionalización de la toma ilegítima del poder. Actualmente estamos sufriendo las drásticas consecuencias de la crisis civilizatoria, productiva y medioambiental desencadenada por el proceso golpista. Razón sustancial por la cual las mujeres salimos a las calles.

El momento político es hostil y en los pocos meses que han pasado desde la destitución de la primera mujer elegida presidenta de la República, el listado de amenazas a las bases del Estado brasileño son innumerables.

En el ámbito macroeconómico, los golpistas aceleradamente intentan reducir la capacidad de la empresa petrolera Petrobras en actuar como principal inductora de la economía brasileira, privatizándola paulatinamente. A la par, tratan de retirar la exclusividad de la industria nacional en la explotación del pre-sal; reduciendo la cantidad de recursos oriundos del petróleo que podrían ser destinados a manutención de los actualmente tan precarios derechos sociales, como salud y educación y destruyendo la mayor base económica de un futuro soberano para nuestro país.

En el ámbito jurídico-político, los retrocesos ante las victorias mínimas conquistadas en la lucha de clases brasileña son muchos.

PEC 241, ‘la PEC de la muerte’

La Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) número 241 o número 55 (dependiendo de la casa de tramitación legislativa), pretende limitar, según la variación de la inflación, la expansión de los gastos primarios de los Presupuestos, Fiscales y Seguridad Social de la Unión, durante los próximos 20 años. Básicamente, se trata de un “congelamiento” de los gastos públicos orientados a revertir los derechos sociales conseguidos (como la salud y la educación) para las próximas dos décadas.
En tiempos de crisis sistémica del capital, esta Propuesta refleja la ruptura del acuerdo político establecido en la transición democrática y apunta la real intención del Gobierno golpista: el desmonte de todo lo que es público en favor del capital rentista y del pago de los interés de deudas ilegitimas e ilegales.

Reforma de la Seguridad Social

Partiendo de las necesidades de reproducción del capital, la propuesta de contrarreforma de la Seguridad Social busca acabar con la conquista popular de un sistema de Seguridad que actualmente está basado en tres puntos: salud pública, asistencia social y la seguridad social propiamente dicha.

El objetivo central de esta estrategia golpista es imponer una edad mínima de 65 años para que tanto hombres como mujeres, ya sean del campo como de la ciudad, puedan acceder en “condiciones de igualdad formal” al derecho a la jubilación. Además, a través de una hermenéutica jurídica interesadamente alargada y que traspasa, incluso, los límites del derecho positivo constitucional brasileño, la propuesta desvincula la jubilación del sueldo mínimo, lo que significa una pérdida inconmensurable de derechos especialmente a las mujeres campesinas que actualmente poseen protección jurídica especial.

Es evidente que con la aprobación de esta modificación constitucional impopular, las mujeres seremos las más afectadas. Las dobles y triples jornadas laborales, la precarización y relativización del trabajo femenino, la dificultad de inserción de las mujeres en el mercado laboral formal y la discriminación salarial por género y etnia, todavía son tristes realidades en Brasil.

La actual diferencia legal existente, tanto en relación al tiempo de contribución de hombres y mujeres como en la edad mínima para jubilarse, era hasta ahora el único mecanismo jurídico que reconocía los efectos perversos de la división sexual y capitalista del trabajo productivo y reproductivo. Por lo tanto en este contexto, la lucha por una Seguridad Social universal, pública y solidaria representa la lucha contra las violencias sistémicas que históricamente hemos desarrollado desde los movimientos feministas. Es un ataque a los derechos de las mujeres, especialmente las mujeres empobrecidas, negras y periféricas, que todas debemos repudiar.

Educación al servicio del mercado

En el área de educación, los sectores conservadores presentan propuestas legislativas como ‘Escuela Sin Partido’, vociferando por una educación “neutra” desde el punto de vista partidario, mientras defienden claramente la merma del Estado, de los derechos sociales y la ampliación de la economía de mercado.

Esa y otras tantas “propuestas-hermanas” pertenecen a la misma naturaleza político-argumentativa del proyecto presentado en mayo del 2015, que solicita la exclusión de lo que fue definido como “ideología de género” del Plano Nacional de Educación por defender la igualdad de género y la utilización de un lenguaje inclusivo y no sexista en los materiales didácticos.

Agricultura y reforma agraria

Cuando ponemos la atención en el sector de la agricultura y reforma agraria, además de todas las medidas anteriormente citadas -que por supuesto también afectan a las mujeres que viven y trabajan en el campo-, hay que recordar que durante el Gobierno golpista se extinguió el Ministerio del Desarrollo Agrario (MDA) y los programas que atendían las demandas de las campesinas y campesinos. Estos programas estaban orientados a garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de Brasil.

La lucha de los movimientos de mujeres y la organización consciente y necesaria de nuestro enfrentamiento están totalmente vinculadas a la configuración actual del territorio político, económico, geográfico y corporal en que vivimos. La compleja coyuntura actual de Brasil no es un hecho aislado; se trata de una ofensiva imperialista, geopolíticamente coordinada, que atenta contra los pueblos y sus derechos, y que se expresa de manera aguda en el ámbito continental.

En un contexto paradigmático de golpe de Estado, esas son las razones sustanciales que expresan la urgencia, la actualidad y la necesidad de que los feminismos ocupemos los espacios públicos con nuestras cuerpas, voces y afectos insumisas. No obstante, también salimos a las calles porque en Brasil vivimos el horror cotidiano de ocupar el quinto puesto en el ranking de feminicidios del mudo. Y protestamos porque esos homicidios tienen género, clase y etnia: en los últimos diez años el índice de asesinatos de mujeres negras y periféricas en Brasil aumentó en un 54 por ciento.

También revindicamos que nos siguen negando el derecho a decidir sobre nuestras cuerpas; que nos siguen violando a lesbianas, mujeres trans* y prostitutas por renunciar al régimen opresor y alienante de la heterosexualidad; que nos siguen privando de nuestros derechos sexuales y reproductivos, encarcelando a numerosas mujeres por realizar abortos y poniendo en riesgo la vida de miles de mujeres a causa de intervenciones clandestinas.

Somos millones en las calles porque nos siguen criminalizando por organizarnos en movimientos sociales y porque somos conscientes de que mientras no derrumbemos el machismo y el fascismo estructurales que imperan en el modelo de (re)producción capitalista hegemónico, nuestra carne seguirá siendo la más barata en el mercado transnacional de commodities de vidas.

El momento histórico nos exige que ocupemos las calles todas, codo a codo, denunciando la barbarie heteropatriarcal, neoliberal, golpista y defendiendo la democracia brasileña. Saldremos juntas, organizadas, rescatando el poder popular y fortaleciendo la lucha revolucionaria feminista, donde efectivamente reside la fortaleza del proceso de liberación de nuestros pueblos.

Compañeras, es tiempo de lucha y de elección. Intentan desmovilizarnos y alejarnos de la construcción de otros mundos posibles, pero somos muchas y estamos todas despiertas. ¡Ni golpes de estado, ni golpes a las mujeres!

¡Misóginos no pasarán, fascistas no volverán! ¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!

*Amanda Verrone es investigadora de Derecho Agroambiental y Derechos Humanos. Feminista, internacionalista, sin tierra y militante de movimientos sociales y populares en São Paulo/Brasil.

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