El tacón de Aquiles (o de Dani) Opinión, Voces

El feminismo se demuestra andando, pero que un hombre se ponga tacones para caminar no es la solución: ¿y si se echa a un lado?

Javier Sáez

momento de la Gala, con Dani Rovira con tacones.

Fotograma de un momento de la Gala, con Dani Rovira con tacones.

Hace unas semanas pudimos ver en la gala de los Premios Goya cómo el presentador de la misma, Dani Rovira, salía a escena con unos zapatos de tacón, con el fin de denunciar la gran desigualdad entre hombres y mujeres que se da en el mundo del cine, y en la propia selección de candidaturas a los Premios Goya.

Aparte del error que supone querer simbolizar la lucha por la igualdad con unos tacones, a mí lo primero que me vino a la mente fue lo siguiente: “A ver, majo, si lo quieres es favorecer la igualdad, ¿por qué no te quitas tú de presentar la gala -tres años seguidos- y dejas tu sitio a una mujer?”.

Días después escuchaba unas declaraciones de Íñigo Errejón (“el debate de Podemos no puede ser el de dos gallos de corral”) y de Miguel Urbán (“hay que acabar con la telenovela de machos alfa en la que yo también participo”). Con todo mi cariño hacia Miguel, cuyas tesis políticas comparto al cien por cien, me volví a hacer la misma pregunta: “Vale muy bien, pero entonces ¿por qué no os quitáis los tres machos alfa de en medio (Pablo, Íñigo y Miguel), renováis cargos, y abrís un proceso donde sean las mujeres quienes lideren Podemos?”.

Lo mismo siento con mis compañeros de formación, Izquierda Unida. Valoro mucho el trabajo de Alberto Garzón, o en el pasado el de Julio Anguita. Incluso me alegro de escuchar en boca de Alberto la palabra “heteropatriarcado”, aunque aún tenga que explicar a algunos de mis compañeros de militancia, con una pizarra y un mapa, qué es esa palabreja. Pero de nuevo, la misma pregunta: ¿Cuándo vamos a quitarnos los hombres del candelero/gallinero de la izquierda? ¿Por qué no pueden liderar Podemos Clara Serra, Beatriz Gimeno, o Carolina Bescansa? ¿O Marina Albiol, Eva Abril, o Begoña Marugán, en el caso de Izquierda Unida? Son personas valiosas, brillantes, peleonas, activistas, con una interesante trayectoria y un profundo compromiso social, político y feminista. Y, por supuesto, hay muchísimas más mujeres que podrían liderar estas formaciones perfectamente; las que he mencionado son sólo algunos ejemplos de mujeres que conozco y admiro.

También hemos escuchado en estos últimos meses el debate de ‘feminizar la política‘. En mi opinión la expresión más acertada sería ‘hacer más política feminista’, no sólo ‘poner más mujeres’, como si éstas fueran floreros, o sujetos pasivos que se ‘dejan poner’, y a las que autorizamos (los hombres). No se trata de hacer la política ‘femenina’ (que vaya usted a saber lo que es eso), sino de hacerla feminista. No se trata de hacer listas cremallera, sino de cambiar la bragueta completamente, de hacerla feminista de arriba abajo (lo de la bragueta feminista me ha quedado muy queer, pero voy a dejarlo ahí). Y sobre todo, se trata de que los hombres de izquierdas asumamos la militancia feminista como el primer elemento de nuestra lucha, no como el último de la agenda, como suele pasar, ni pensando que eso de la igualdad es que haya ‘un espacio de mujeres’.

Éste es el tacón de Aquiles de la izquierda, no asumir que los hombres debemos dar un paso al lado, reconocer nuestros privilegios, escuchar a las mujeres, abandonar el mansplaining, dejar de acaparar la palabra y los puestos de poder y de dirección. Tenemos que analizar los espacios y los discursos, no aceptar estar en mesas o tertulias donde la mayoría somos hombres, no aceptar los lugares de poder que nos viene dados ‘de serie’ por nuestra condición de varones, cuestionar el patriarcado y nuestras complicidades con él. Ser feminista es mucho más que eso, pero por algo se empieza.

El feminismo se demuestra andando, pero ponerse tacones para andar ese camino no es la solución.

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