Sylvia Plath o los dilemas de una mujer moderna Ficciones, Reseñas

El diario de esta escritora, que no publicó en vida, es probablemente el más auténtico de su género porque no fue podado ni embellecido para ajustarlo a lo que la autora quisiera demostrar. Con su crudeza, su lucidez desgarrada, su brutalidad, nos ilumina a las hijas espirituales de Plath.

Laura Freixas*

Retrato fotográfico de Sylvia Plath

Retrato fotográfico de Sylvia Plath

He leído muchos diarios, y ninguno me ha (la palabra que sigue la he buscado mucho) iluminado tanto como el de Sylvia Plath. Diré que el diario es un género que me entusiasma. ¿Por qué? Bueno, un poco por afán de coleccionista: me gusta elegir un ámbito de conocimiento y recorrerlo; y así como sería imposible conocer a fondo, digamos, la novela del siglo XX -son miles y miles de obras-, sí se puede leer, no diré todo ni casi todo, pero al menos lo principal, del diario, solo con que lo delimitemos un poco: “diarios de escritoras contemporáneas”, por ejemplo. El corpus es escaso, pero tan bueno… Virginia Woolf, Katherine Mansfield, Rosa Chacel, Anaïs Nin, Alejandra Pizarnik, Susan Sontag…. y Sylvia Plath.

No sé si de todos ellos, el diario de Plath es el mejor (el de Woolf es insuperable), pero me parece que es el que mejor plantea los dilemas de una mujer moderna. Nacida en Boston en 1932, hija de un profesor universitario y una mujer mucho más joven que él (había sido alumna suya) convertida en la estereotipada ama de casa de clase media americana de los 50 (¿recordáis Quién teme a Virginia Woolf?…), Plath tenía todas las cualidades para triunfar: ambición, educación, inteligencia, tenacidad, capacidad de trabajo, sensibilidad, talento, un intenso deseo (sexual, entre otras cosas)… Y dejadme explicar ahora la verdadera razón, manías de coleccionista aparte, por la que el diario me gusta tanto (como lectora y como autora: yo también lo practico). Y es que supera a cualquier otro género en autenticidad. Si una novela, un poema, un ensayo, son coherentes, es porque su autora ha elegido un hilo conductor, un tema, una línea argumental, descartando todo lo demás. El resultado es un texto coherente, estéticamente más satisfactorio (y en general, más fácil de leer) que un diario. Sí. Pero ¡cuánto se ha perdido por el camino!… Las contradicciones, las vacilaciones, los falsos caminos que no llevan a ninguna parte… La búsqueda de sentido… Todo lo inconfesable: la envidia, el sentimiento de fracaso, las debilidades… Eso es lo que un diario nos restituye. Especialmente un diario que su autora no publicó en vida, un diario no pasado por el proceso de podar, embellecer, falsear incluso, para que se ajuste a lo que sea que su autora quiere demostrar…

Sylvia Plath se suicidó sin haber retocado su diario. Ni haberlo puesto a buen recaudo; tampoco se preocupó del destino de la novela que estaba escribiendo. (Dato, por cierto, que corrobora la hipótesis de que no quería suicidarse de verdad, sino más bien lanzar, mediante un suicidio fallido, una llamada de auxilio). Por suerte para nosotras, sus lectoras, el diario sobrevivió, con toda su crudeza, su lucidez desgarrada, su brutalidad, su exploración a tumba abierta de la situación imposible de una mujer moderna que quiere follar, pero no quiere que la traten como a una puta; que quiere triunfar profesionalmente (y detalla, ávidamente, cómo: viajes, publicaciones, premios, becas…), pero (ese pero que se aplica solo a las mujeres) también quiere amor, pareja, sexo, hijos… Por desgracia, Ted Hughes, que la había dejado (a ella y a los niños) para irse con una amante (Assia Wevill, que pocos años después se suicidaría también, llevándose con ella al otro mundo a la hija de ambos) pero todavía era su marido y por lo tanto, su heredero, destruyó los dos últimos volúmenes del diario. (¿Por qué? Dijo que no quería que sus hijos lo leyeran. Pero si esa hubiera sido realmente su preocupación, podía haberlos legado a una biblioteca con la orden de que nadie los pudiera leer hasta cincuenta años después, o un siglo, o lo que fuera. No, yo creo que su verdadero motivo era que no quería que la visión que Sylvia tenía de él en ese momento -poco halagadora, cabe suponer- empañara su imagen, la de él, ante la posteridad). En cuanto a la novela, Double Exposure, de la que sabemos que era autobiográfica y que la “doble exposición” del título se refería a cómo un hombre es visto cuando se le conoce poco y cuando se le conoce mejor (vaya, ¿a qué hombre se debía referir?…), desapareció no sabemos cómo.

En fin, una historia triste, apasionante, y sobre todo, iluminadora para nosotras, mujeres modernas, hijas espirituales de Sylvia Plath. Una historia en torno a la cual os recomiendo leer los maravillosos poemas de Sylvia, sobre todo los últimos (Ariel), su única novela publicada (La campana de cristal) o biografías como la de Janet Malcolm sobre Hughes y Plath (La mujer en silencio) o la de Yehuda Koren y Eilat Negev sobre Assia Wevill. Por el momento, os dejo algunos extractos del diario de Plath, donde veréis su preocupación constante por su papel y posibilidades como mujer, sus contradicciones y su irresistible mezcla de elocuencia, inteligencia y pasión. Que lo disfrutéis… y que os haga pensar.


sylvia_plath-diarios“Tengo que apartarme de cualquier confianza con mi madre: ella es una gran fuente de depresión y una advertencia terrible.”

“Me gustan los bebés y la cama y las amistades brillantes y un hogar magnífico estimulante en el que genios beben ginebra en la cocina (…) esto es lo que es mi vocación darle a un hombre, entregarle este colosal depósito de fe y amor para que se sumerja en él todos los días, y darle hijos; montones de hijos, con gran dolor y orgullo. Y te odié al máximo, en mi sinrazón, por hacer de mí una mujer, por querer esto, y por hacerme tu mujer y nada más, y luego obligarme a afrontar la posibilidad muy real y terriblemente inmediata de que tendría que vivir mi vida castamente como una maestra de escuela.”

“Odiaré a un bebé que tome el lugar de mi propio proyecto.”

“Esto es lo que creo que mi madre sintió. Siento su aprensión, su rabia, sus celos, su odio. No siento amor, solo la idea de Amor, mientras que ella cree que me quiere como debería. Haría cualquier cosa por mí, ¿no es cierto? He hecho prácticamente todo lo que ella dijo que no podía hacer y ser feliz al mismo tiemp0o y aquí estoy, casi feliz. Excepto cuando me siento culpable, cuando siento que no debería ser feliz porque no estoy haciendo lo que todas las figuras maternas en mi vida me dicen que debería hacer. Entonces las odio.”

“Es como si al decir “Te doy permiso para odiar a tu madre”, R. B. [psicoterapeuta] hubiera dicho: “Te doy permiso para ser feliz”.”

“Mi felicidad implica que mi madre no tenía razón”

“He odiado a los hombres porque quieren degradarme, por su actitud: las mujeres no deberían pensar, no deberían ser infieles (pero sus maridos pueden serlo), tienen que quedarse en casa, cocinar, fregar. Muchos hombres necesitan que una mujer sea así. Solo los débiles no, de modo que muchas mujeres fuertes se casan con un hombre débil, para tener hijos y a la vez, hacer lo que les da la gana.”

“Tener un bebé para eludir a mis exigentes demonios y tener una excusa constante para la falta de producción literaria.”

“Este [Ted] es el hombre con el que sueñan las señoras insatisfechas que leen Ladies Home Journal, el hombre que buscan las lectoras de novelas románticas. Oh, es increíble, y aún más increíble que sea mi marido, y adoro cocinar para él (ayer hice una tarta de limón), y ser su secretaria y todo eso.”

“He visto tantos romances terminar de esta manera, con la mujer derrochando su vida, ellos no creen que el matrimonio puede funcionar sin que la mujer se convierta en criada, cocinera, enfermera, y pierda el cerebro.”

“¿Qué decisión interior, qué asesinato o qué fuga de cárcel debo cometer interiormente si quiero hablar desde mi profunda y verdadera voz cuando escribo?”

“Escribiré hasta que empiece a expresar mi yo profundo, y luego tendré niños, y me expresaría todavía con más profundidad. La vida de la mente creativa primero, y luego la del cuerpo creativo. Porque la segunda no es nada para mí sin la primera, y la primera se nutre de las raíces que la segunda hunde en la tierra.”

“Arrogante, creo que he escrito versos que me dan derecho a ser La Poeta de América (como Ted será El Poeta de Inglaterra y sus dominios)”


*Laura Freixas es escritora y presidenta de la asociación Clásicas y Modernas.

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