Violet Keppel, el escándalo de Vita Transgresoras, Voces

La personalidad de Vita Sackville-West, conocida por que Virginia Woolf la transformó en el personaje principal de Orlando, ha llegado hasta nuestros días de forma potente a través de sus escritos y su biografía. La relación de Vita con su esposo también se toma como “modelo ejempar” de relación abierta. Sin embargo, esta apacible tranquilidad no fue siempre tal y, para llegar a ese equilibrio, tuvieron que pasar por historias y por momentos que hicieron tambalear drásticamente su unión. La relación de Vita con Violet Keppel fue una de ellas.

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Retrato de Violet Keppel

La biografía de la británica Vita Sackville-West destaca por innumerables transgresiones artísticas y personales. Virginia Woolf se basó en ella para la construcción del papel protagonista en su obra Orlando, lo que contribuyó en mucho a la fabricación del mito. Entre sus posiciones vitales ante la vida, destaca la relación que Vita guardaba con su esposo Harold Nicolson. Un modelo abierto de pareja que duró casi 50 años y en el que mantenían historias sexo-afectivas con personas de su mismo sexo.

Pero hubo una persona a los alrededores de Vita aún más transgresora que ella y que fue más allá de sus límites haciendo, como ella misma decía, lo que jamás se habría atrevido a ser. Se trata de la escritora Violet Keppel conocida más por su apellido de casada: Trefusis. Recordamos cómo fue la relación entre estas dos figuras excepcionales.

Tras acceder a la lectura de las apasionadas cartas que Violet Keppel dedicó a Vita Sackville-West, podría entenderse su historia como una pasión desmesurada que ningún favor hacía a la salud de ambas. Contados son los momentos de paz que vivieron juntas y su montaña rusa particular se justificaba únicamente por las personalidades extraordinarias que conformaban ese par. Dos mujeres que se admiraban mutuamente: Vita a Violet por su brillantez; Violet a Vita por su excepcionalidad como mujer masculina, como Julián: personaje que encarnaba Vita cuando se encontraban con ella.

No obstante, al zambullirnos en sus escritos, encontramos una historia de amor contada desde unos hechos inconclusos y disparatados en los que teatralidad y realidad se entremezclan: fascinante y triste, divertida a ratos y excéntrica, superficial, dramática, auténtica  y violenta.

El hijo de Vita fue uno de los primeros en hablar abiertamente de esta relación tras el paso de los años. En Retrato de un matrimonio escribió:

“Al morir mi madre, Vita Sackville- West, en 1962, me vi obligado a revisar sus papeles personales. Di una última mirada a su salón privado de la torre de Sissinghurst y reparé en una maleta Gladstone, cerrada. Dentro encontré un gran cuaderno de cubierta flexible, lleno, página a página, de su caligrafía clara y precisa. Era una autobiografía escrita a los veintiocho años, una confesión, un intento de purificar cabeza y corazón, de liberarse de un amor que la había poseído, un amor a otra mujer, Violet Trefusis”.

¡Tengo una amiga!

El mayor registro del amor que existió entre Vita y Violet son las constantes cartas que esta última dedicó a Vita. Escritas entre 1910 y 1921, se conservan actualmente en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale. Todas ellas se ha recogido en un libro titulado Cartas de amor a Vita. Las misivas de Vita fueron destruidas por el marido de Violet, Denys Trefusis.

Su relación empezó siendo ambas niñas en un encuentro en el que tomaron el té.  Lo que Violet relató sobre aquel día fue lo siguiente: “Conocí a una chica mayor que yo pero, aparentemente, igual de insociable… Las dos nos comportamos como consumadas esnobs y, que yo recuerde, hablamos principalmente de nuestros antepasados… Bombardeé a la pobre niña con cartas que se iban volviendo más pesadas mientras las de ella tendían cada vez más hacia el tipo ‘ayer mi conejito tuvo seis crías”.

Del otro lado, Vita relataba así su encuentro: “Hice una amiga, yo, la peor persona del mundo para trabar amistad; simpaticé al instante, o casi al instante con Violet. Tenía trece años, ella dos menos, pero todos sus instintos correspondían a una persona seis años mayor que yo. Ella me hizo algún comentario sobre las flores de la habitación. No la estaba escuchando y no le respondí. Esto la molestó: ya estaba impresionada […] Cuando me disponía a marcharme, me besó. Esa tarde compuse una breve canción, ‘¡Tengo una amiga!’. La recuerdo muy bien. La canté en el baño”.

Cuando Violet contaba con 14 años de edad, declaró su amor a Vita y le regaló un anillo ducal del siglo XV. A sus 16, dio un paso más allá y, al despedirse de Sackville-West la besó mientras daban vueltas en coche por Hyde Park. Su espontaneidad y osadía marcarían la futura relación entre ellas.

Vita relataba así este último encuentro en la infancia: “Hundiría la cara en las manos de vergüenza al recordar nuestra pasión infantil (que fue demasiado intensa, incluso entonces, para ser sentimental) si no fuera una justificación del presente”.

Ya en su vida adulta, Vita empezó a cumplir con los cánones de la Gran Bretaña de clase alta. Presentación en sociedad y compromiso con Harold Nicolson. Violet le escribió entonces: “Debía haberme imaginado  que quizás a tu edad había de producirse una relación masculina. Lo más sensato sería aceptarlo…”.

Sin embargo Violet, que no disimulaba su desprecio por las convenciones sociales y por el matrimonio como institución, depositó todas sus fuerzas en no aceptarlo jamás: “Me fascinan el sur y la libertad. Me encanta la idea de no tener casa, posesiones, obligaciones ni planes, y muy poco dinero”.

Pasión lesbiana y travestida

Vita y Harold se casaron y su devenir conyugal permaneció tranquilo durante cuatro años y medio. Así hasta que a éste le comunicaron que tenía una infección venérea. Por ello se vio obligado a confesar a Vita sus encuentros sexo-afectivos con otros hombres lo que llevó a Vita a plantear su relación desde la apertura y la ruptura de la monogamia. Consiguieron equilibrio en su relación bajo esta fórmula hasta que, en 1918, la presencia de Violet irrumpió con fuerza en sus vidas.

En un encuentro mantenido entre ambas, Vita se abrió totalmente a Violet: “Hablé de mi manera de ser con absoluta sinceridad y dolor, y Violet se limitó a escuchar. Violet, recostada en el sofá, encontró en esta apertura su momento: “Me atrajo hacia sí hasta que la besé… Ella se abandonó en mis brazos”.

Tras esto, se fueron juntas a varias ciudades y no regresaron en un tiempo. Vita, aunque seguía con su matrimonio, no le prestó mucha atención. Asimismo, empezó a escribir Challenge, una novela basada en su romance con Violet. La relación giró en torno a roles marcados: Vita encarnaba el personaje masculino de ‘Julián’, Violet el femenino ‘Lushka’.

Vita Sackville-West, retratada por William Strang.

Vita Sackville-West, retratada por William Strang.

Para Vita, según ella misma, “fue como empezar a vivir de nuevo como otra persona”. Violet alentaba a Vita a sacar su parte más bohemia, a buscar en sus raíces gitanas y andaluzas; siempre desde un romanticismo que exotizaba la diferencia a la que aspiraban y desde clichés muy definidos: “Sé malvada, sé valiente, emborráchate, sé imprudente, sé disoluta, sé despótica, sé anarquista, sé una fanática religiosa, sé una sufragista, sé lo que quieras, pero por piedad selo hasta el límite. Vive, vive plenamente, vive apasionadamente, vive desastrosamente si es necesario”. No queda claro cuánto de actuación había en su relación, cuánto era pactado y cuánto no en sus marcados roles.

Finalmente las historias de dos mujeres –una de ellas vestida de hombre- perdidas por París, quemando casinos y billetes y amándose libremente, llegaron a Inglaterra escandalizando y haciendo tambalear a la aparente tradicional moral inglesa. En aquel tiempo, Violet exigió a Vita que acabara con toda relación carnal con Harold. El pacto entre ambas se mantuvo. Violet se casaría con Denys Trefusis bajo la condición de no consumar su matrimonio. Las dos planearon dejar Inglaterra tras la boda para abandonar un “destino seguro”.

El riesgo de ser excluidas

Vita volvió de su retiro francés sumida en una fuerte depresión ante la inminente boda de Violet. A pesar de su pacto de no consumación, Violet esperó que Vita “la salvara” de su matrimonio. Finalmente, el día que Violet se casó, escribió a Vita: “Me has partido el alma. Adiós”.

Tras esto, se produjo un cambio de dirección en los sentimientos de Vita hacia Harold a quien empezaba a admirar por su serenidad ante todo el asunto. Su biografía refleja la necesidad de que su esposo luchara por ella: “Si yo fuera tú y tú fueras yo –le escribió-, lucharía con todas mis fuerzas para retenerte […] Tú solo dices: Querida Mar [apodo que Harold le puso a Vita]. Y me dejas inventar mi propia convicción a partir de tu silencio”.

El gran acontecimiento violento en la relación con Violet se produjo cuando ésta llegó con su esposo Denys al Ritz de París donde también se encontraba Vita. Ésta arrastró a Violet hasta una habitación y, según relató, “la traté salvajemente, le hice el amor, la poseí, pero me daba lo mismo, lo único que deseaba era herir a Denys”. Fue el antes y el después. Todo se había ido de las manos.

A pesar de todo, Vita decidió dejar a su esposo y planeó escapar con Violet hasta que –informada por el propio Harold en el momento en que se iba a marchar- supo que ésta no había cumplido con su pacto de no consumar su matrimonio. Finalmente la huida no se produjo. Como se comenta en la biografía de Vita, las dos “adoptaban un aire de rebeldes y marginadas, pero se echaban atrás cada vez que corrían el riesgo de ser realmente excluidas”.

En parte, Vita empezó a ver a Violet como un escollo en su seguridad y prefirió mantener las apariencias: “No quiero que estalles. No quiero que perturbes mi vida”. Si bien Violet era una persona que rechazaba cualquier convención social, Vita tenía interés en mantener una vida acomodada y una reputación más acorde con la carrera que pretendía desempeñar como escritora. Se centró en su admirado matrimonio y su trabajo.

Las historias de dos mujeres –una de ellas vestida de hombre- perdidas por París, quemando casinos y billetes y amándose libremente, llegaron a Inglaterra escandalizando y haciendo tambalear a la aparente tradicional moral inglesa

Violet, por su parte,  prosiguió un matrimonio que acabó como empezó: sin cariño y sin afecto. Asimismo, tuvo que pasar por momentos de desprecio social, amenazas familiares, reclusión y humillación por seguir hasta el límite con su insistencia en tener una relación con Vita. Pasó a ser la verdadera marginada de la historia al no tener un lugar en el que resguardarse -al contrario de Vita-, y al adoptar una postura menos estratégica.

En uno de los intercambios epistolares, Violet mantenía: “¿En qué se ha convertido nuestro amor? En una cosa envilecida, deteriorada, artificiosa, de placer furtivo y falsas generosidades, de miserables impulsos y escasa comprensión. Pero a mi modo de ver lo peor de todo es su flagrante y apabullante hipocresía. Bajo nuestra hábil perversión, no sólo nuestra sino también de la gente que nos rodea, la cobardía se convierte en prudencia, el egoísmo se llama amor, las evasivas engañosas se toman por ‘bondad’, la mezquindad, la ceguera y los celos son distintas manifestaciones del ‘amor’. Ahora bien, me culpo a mí misma en la misma medida que te culpo a ti, y culpo a nuestras circunstancias más que a otra cosa. Es imposible que ningún amor se desarrolle de forma sana en tales circunstancias”

La carta más serena de Violet llegó años después reconociendo estar cansada de ser “egoísta, rencorosa y malévola” y “harta de estar celosa”. La cerraba con un “te amaré mientras viva, hagas lo que hagas. Que Dios te bendiga y te dé felicidad, y también a Harold”.

A pesar de esa impredicibilidad –La Princesa Sasha de Orlando-, Violet deja entrever en sus cartas una personalidad auténtica, apasionada, y entrañable; sumamente sensible a las imposiciones sociales: “Me gustaría denunciar a los tribunales del mundo a las personas que ni dicen que sí ni que no, sino que esperan a oír el veredicto de su árbitro de la elegancia antes de  atreverse a expresar una opinión”. Asimismo, Vita veía en Violet la valentía de la que ella carecía: “Me fascinaba en exceso ver a otras personas hacer lo que yo jamás me habría atrevido a hacer”.

Ambas mujeres se pusieron en juego en una historia difícilmente clasificable, de personajes y situaciones complejas que no respondían a estereotipos cerrados sino, al contrario, en continuo movimiento

Ambas mujeres se pusieron en juego en una historia difícilmente clasificable, de personajes y situaciones complejas que no respondían a estereotipos cerrados sino, al contrario, en continuo movimiento; y que no se entiende fuera del contexto social en el que se produjo: el de la clase alta de la Gran Bretaña victoriana en la que tener ‘un cuarto propio’ o, una torre entera como Vita, era posible sólo a través de pactos con las figuras masculinas a las que se unían. Siempre bajo la amenaza de ser despojadas de sus comodidades si hacían lo que deseaban.

A mediados de noviembre de 1921 las cartas dejaron de ser constantes. En una de las últimas que se conservan de Vita, fechada el 3 de septiembre de 1950, ésta se dirigió a Violet de la siguiente forma:

“Creo que hay una cosa indestructible entre nosotras… un lazo que data de la infancia convertido en pasión, una cosa que ninguna de las dos compartirá nunca con nadie más. Ha sido una relación muy extraña, la nuestra; desdichada unas veces, feliz otras; pero única a su manera, e infinitamente valiosa para mí y (si me permites decirlo) para ti. Parece que ni siquiera el tiempo es capaz de alterarlo. Supongo que ésta es una especie de carta de amor. Es extraño que te escriba una carta de amor después de tantos años, cuando nos hemos escrito tantas. Ah, me mandaste un libro sobre Elizabeth Barrett Browning. Gracias, querida y generosa Lushka, y me regalaste una briqueta negra como el carbón… que siempre arde en mi corazón cuando pienso en ti. Dijiste que duraría tres meses, pero nuestro amor ha durado cuarenta años y perdurará”.

 

Si quieres conocer más de Vita Sackville-West, cuya historia y antepasados fueron más propios de la ficción que de la vida misma, lee el artículo de ‘A los alrededores de Vita’

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Periodista de "ficciones". Marinera de corazón. Transfeminista, Freak y Petarda. Más en http://margallegoes.blogspot.com.es/ Filosofeo en http://losperdidosdeunaperdida.blogspot.com.es/

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