Lo personal es político. El coño también. Crónica, Cuerpos

La Guerrilla dels Cossos cuenta cómo se gestó su taller de autoexploración y las reflexiones que brotaron de esa experiencia de empoderamiento colectivo.

Collage con algunos de los dibujos que resultaron del taller.

Collage con algunos de los dibujos que resultaron del taller.

(…) Y así dibujé mi coño,
una flor rojiza peluda impresionantemente bonita.

La Guerrilla dels Cossos (la Guerrilla de los Cuerpos en castellano) somos un colectivo de resistencia y desobediencia al heteropatriarcado. Recientemente nos hemos embarcado en una pequeña aventura de autoexploración cuyo proceso nos ha parecido lo bastante interesante y empoderador como para compartirlo.

Los orígenes de esta aventura se remontan unos años atrás. Durante una jornada interna de autoformación, una compañera propone ver y comentar una charla de Diana Pornoterrorista colgada en la red. Diana desgrana las bondades de la denostada glándula Skenne, desconocida por todas las integrantes del colectivo hasta ese momento, responsable de la eyaculación femenina. La idea de que las biomujeres poseemos una glándula que podemos estimular hasta llegar al chorrazo nos emociona y como colectivo nos plantea una serie de reflexiones (por ejemplo, ¿por qué el coño sigue siendo tan desconocido incluso para nosotras?) a las que iremos volviendo de manera recurrente.

Unas semanas después, otra compañera nos habla entusiasmada del proyecto ‘Raising the skirt’ de la artista multidisciplinar Nicola Canavan en colaboración con la fotógrafa Dawn Felicia. Canavan y Felicia se dedican a fotografiar a mujeres que, en plena naturaleza, levantan sus faldas y enseñan sus coños. La actitud de las mujeres fotografiadas -desafiante, empoderada, natural- satisface por completo el objetivo de Canavan: desligar el coño de todo discurso oscurantista y situarlo en una posición de poder. En el marco de este proyecto, Canavan también propone un taller en el que las participantes se dibujan el coño. Tal como había sucedido con ‘Eyaculación femenina’, este proyecto nos plantea mil y una reflexiones, nos inspira, nos mueve a la acción.

Fotos realizadas durante el taller de autocoñocimientoos-conyos

Fotos realizadas durante el taller de autocoñocimiento

Nos situamos ahora en este curso. En La Guerrilla nos hemos propuesto desarrollar una metodología lectura-debate-acción. Cada mes seleccionamos un texto, lo debatimos en común y realizamos alguna acción, preferiblemente artística, relacionada con el debate surgido de la lectura. En enero leemos Pornoburka, de Brigitte Vasallo. Más allá del debate, siempre intenso en nuestro colectivo, que surge a partir del tema burka-islamofobia, todas estamos de acuerdo en algo: con Pornoburka, Vasallo busca la provocación creando un paisaje caricaturizado con personajes sexualmente transgresores que rompen tabúes. Inspiradas por estos personajes pensamos que la acción relacionada con esta lectura ha de ser igualmente transgresora, como mínimo para nosotras mismas. Entonces todas las piezas del puzzle parecen encajar: nuestro coño (ese gran desconocido), nuestras ganas de resituarlo como centro de poder y nuestras ganas de superar un tabú social pero también personal.

Inspirándonos en el de Canavan, pensamos en organizar un taller que nos permita explorar colectivamente nuestro coño, con el objetivo de superar la posible alienación con algunas partes de nuestro cuerpo y observarlo desligándolo de un contexto sexual o médico. Eso supone abrirlo, leerlo bien, observarlo con todo detalle, buscar sus colores, sus sombras, repasar sus pliegues. Dibujarlo, aún sin tener una técnica muy elaborada. Así que buscamos un espacio fuera de las asambleas habituales que nos permita situar el coño en el centro de la reunión, un entorno que nos inspire confianza, que nos haga sentir cómodas. También invitamos a una fotógrafa amiga que inmortalice el momento.

En diferentes reuniones previas al taller hablamos de nuestros posibles pudores o resistencias a la hora de pasar a la acción. Como somos un colectivo muy diverso, en seguida se ponen de manifiesto diferentes actitudes individuales, algunas muy opuestas entre ellas. Lejos de disuadirnos, creemos que eso hace el proceso más interesante y nos fortalece como colectivo. Algunas compañeras prefieren autoexplorarse en solitario, otras optan por hacer del taller algo más público. Otras son reticentes incluso a tomar parte en el taller y en esta reticencia hallan algunas contradicciones internas cuyo origen exploran y examinan. Entendemos que es un proceso que por sí solo ya justifica sobradamente la existencia de la acción, como dice una compañera:

“Pude explorar a nivel personal el origen de mis resistencias. Vergüenza, miedo a la exhibición, que alguien me reconociese, invasión de mi intimidad… y todo por un coño, que podría ser igual que un codo o un pie, pero que por causa de la carga simbólica que le ha otorgado nuestra cultura deviene algo demasiado impúdico para ser mostrado en público”.

Fotos realizadas durante el taller de autocoñocimiento

Fotos realizadas durante el taller de autocoñocimiento

Es sorprendente que tanto la realización del taller, como el mero hecho de plantearlo y compartirlo con otras personas ha hecho que se desataran tantas cosas. ¿Por qué tiene tanto poder visibilizar el coño?

Más allá de toda teorización y discurso político, el taller nos sirve para despertar sensaciones como la que relata otra guerrillera: “Recordé cómo de pequeña (y no tan pequeña) exploraba esta parte de mí desde el pudor, desde el silencio, desde la curiosidad por el placer y desde la represión” o de manera mucho más prosaica: “Descubrí algo sorprendente por su obviedad: a pesar de haber tenido relaciones sexuales con otras mujeres, nunca había sido tan consciente de hasta qué punto cada coño es diferente. La variedad de la carnosidad, el tamaño de los labios, los diferentes pliegues… ¡Es todo un universo en sí mismo!”

Lo que nos ha movido a escribir este artículo, no es tanto explicar la experiencia, que tiene sus aciertos y sus errores, sino compartir las reflexiones que se derivaron de ella. Hemos descubierto en nosotras como se subjetiviza la visión del coño como un órgano exclusivamente sexual y/o reproductivo. “Darme cuenta de que el cuerpo de la mujer es constantemente sexualizado y utilizado por publicistas, la medicina, etc., me hizo replantear la relación que había tenido hasta ese momento con esas partes de mi cuerpo más susceptibles de ser alienadas: las tetas, el coño”.

Pensamos que es necesario reivindicar el coño en una sociedad en la que el espacio público está ocupado por imágenes falocéntricas, ya que entendemos que estas presencias fálicas están intrínsecamente ligadas a la masculinización del poder. Y al fin, también queremos lanzar una invitación para buscar juntas estrategias que empoderen el coño, liberarlo de esa carga cientificista, o hipersexualizada, como acto de resistencia al heteropatriarcado. En definitiva, queremos reapropiarnos del coño como espacio de poder.

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Lo personal es político. El coño también.
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Comentarios recientes

  1. Marco del Campo

    Cito: “Pude explorar a nivel personal el origen de mis resistencias. Vergüenza, miedo a la exhibición, que alguien me reconociese, invasión de mi intimidad… y todo por un coño, que podría ser igual que un codo o un pie, pero que por causa de la carga simbólica que le ha otorgado nuestra cultura deviene algo demasiado impúdico para ser mostrado en público”

    No, no, igual que un codo o un pie no. Los genitales tienen que ver con nada menos que la reproducción, y en el ser humano originan pudor, incluido el pene, por supuesto, o a ver si os váis a creer que no nos da reparo mostrarlo en público.

    En cuanto a “empoderar el coño”, no veo que haga ninguna falta, ya tiene bastante poder. Es la puerta a las nuevas generaciones, y en el juego de las relaciones heterosexuales, la mayor demanda masculina de sexo da una posición ventajosa a las mujeres, y por lo tanto a sus coños, aunque quizá sería genitalizarlo todo demasiado.

    Por lo demás, llama la atención lo mucho que al parecer tiene que ver el feminismo con el cuerpo de las mujeres y con el sexo. Los desnudos de las Femen, las procesiones “del coño insumiso”, “os ahogaréis en la sangre de nuestras reglas”, etc. Muchas manifestaciones del feminismo están impregnadas de todo eso, hasta el punto que a veces parece que no se trata tanto de ideas, de acción, de concepto del mundo o de cambio social, como de reivindicar el cuerpo y su libre disposición. O al menos parece que toda la supuesta revolución debe estar envuelta en la forma del cuerpo femenino y el sexo, y girar en torno a él. Pero la demanda de igualdad, algo puramente social, no tiene en principio mucho que ver con un coño, por lo que el hecho se hace cuando menos curioso.

    Lo interesante es que la idea de la frecuente mirada hacia el propio cuerpo por parte de las mujeres, la tendencia a referenciar al cuerpo, a la expresión mediante él, a fundir con él cosas aparentemente inconexas, ha formado parte o es una consecuencia necesaria dentro de un pensamiento que no sólo el feminismo tomaría por machista. La idea de que la mujer es sólo sexual mientras que el hombre es también algo más está por ejemplo, en Otto Weininger (“Sexo y Carácter”):

    “El hecho de que la sexualidad sea para el hombre tan sólo un apéndice, y no constituya todo el objeto de su vida, le permite separarla psicológicamente del resto de sus actividades, y con esto su concienciación. Así, el hombre puede enfrentarse con su sexualidad y separarla de las otras exigencias de su vida. En la mujer, la sexualidad no se puede separar de la esfera no sexual ni por una limitación cronológica en su aparición ni por su órgano anatómico. En consecuencia, el hombre conoce su sexualidad, la mujer, en cambio, no es consciente de ella, y de buena fe puede ponerla en duda, porque la mujer no es otra cosa que sexualidad, porque es la sexualidad misma.”

    O que la mujer es de alguna manera mas “corporal”, que el cuerpo es algo más importante en ella, la expresa Ortega y Gasset en “El hombre y la gente”:

    “La relativa hiperestesia de las sensaciones orgánicas de la mujer trae consigo que su cuerpo exista para ella más que para el hombre el suyo. Los varones normalmente olvidamos nuestro hermano cuerpo, no sentimos que lo tenemos si no es a la hora frígida o tórrida del extremo dolor o el extremo placer. Entre nuestro yo, puramente psíquico, y el mundo exterior no parece interponerse nada. En la mujer, por el contrario, es solicitada constantemente la atención por la vivacidad de sus sensaciones intracorporales: siente a todas horas su cuerpo como interpuesto entre el mundo y su yo, lo lleva siempre delante de sí, a la vez como escudo que defiende y rehén vulnerable. Las consecuencias son claras: toda la vida psíquica de la mujer está más fundida con su cuerpo que en el hombre; es decir, su alma es más corporal, pero, viceversa, su cuerpo convive más constante y estrechamente con su espíritu; es decir, su cuerpo está más transido de alma. Ofrece, en efecto, la persona femenina un grado de penetración entre el cuerpo y el espíritu mucho más elevado que la varonil. En el hombre, comparativamente suelen ir cada uno por su lado; cuerpo y alma saben poco uno de otro y no son solidarios, más bien actúan como irreconciliables enemigos.
    En esta observación creo que puede hallarse la causa de ese hecho eterno y enigmático que cruza la historia humana de punta a punta y de que no se ha dado sino explicaciones estúpidas o superficiales: me refiero a la inmortal propensión de la mujer al adorno y ornato de su cuerpo. Vista a la luz de la idea que expongo, nada más natural y, a la par, inevitable. Su nativa contextura fisiológica impone a la mujer el hábito de fijarse, de atender a su cuerpo, que viene a ser el objeto más próximo en la perspectiva de su mundo.”

    En fin, yo en este caso no sé bien qué es lo que hay detrás de este fenómeno, pero al menos en apariencia, es como si de verdad existiese algo de esa naturaleza ineludible que no puede evitar manifestarse incluso cuando las mujeres (las feministas) pretenden negarla o combatirla. Es como si no pudiesen evitar confirmar una desigualdad definida por quienes el feminismo entiende como enemigos.

  2. Amneris

    Guau! Me ha encantado el relato, seguro fue un taller muy provechoso e intenso. Hace unos meses cuando introducía la copa menstrual en mi vagina tomé conciencia de lo poco que conozco mi coño, hay tantos pliegues, y dobleces por explorar que me sentí un poco perdida la verdad. Pero ya voy en camino de resolverlo 😉
    Un abrazo a tod@s

    Amneris de pieldevidrio.wordpress.com

  3. hermana

    Muy buena la idea del relato del taller. Todos Los dias nuestros son de la micropolitica!

  4. Dani

    La cultura judeo-cristiana establace una dualidad entre cuerpo y alma que no se da en otras filosofías, por ejemplo orientales. Una consecuencia directa de esta dualidad (cuerpo=fuente de pecado, alma=fuente de virtud) es esa manía de separar todo lo relacionado con el sexo del resto de experiencias cotidianas. En nuestro ámbito cultural, se puede hablar tranquilamente sobre aficiones, trabajo, noticias… Ahora, cuidado con hablar de sexo con la misma naturalidad con la que se habla de temas ‘normales’. Todo lo que suene a experiencias sensuales, no sólo sexuales, ha estado durante siglos y más siglos bajo sospecha.
    Esta es una realidad que necesitamos superar. No sólo por razones filosóficas; es que desde el punto de vista de la neurociencia, se ha demostrado la profunda trabazón que hay entre mente y cuerpo. El camino que conecta el sistema nervioso central con el resto de órganos corporales es un camino bidireccional. De modo que, señores jerarcas/carcas judíos y cristianos: su concepción dual del ser humano es falsa. Que lo sepan.
    Las vergüenzas vaginales femeninas seguramente tengan que ver con siglos de bombardeo eclesiástico con el mensaje de que son las mujeres quienes incitan al pecado carnal. De modo que lo mejor es que escondan sus coños y que se escondan ellas mismas. Lo cual constituye, a mi modo de ver, una razón de más para visivilizar eso que tanto asusta a ‘los macarras de la moral’. Si les dan miedo las mujeres y sus vulvas, es problema suyo, porque suya es esa concepción diabólica del sexo femenino. Son sus pesadillas, no las nuestras. Y me gustaría decirles otra cosa que les escandalizará y les repugnará: dos de las fotos más bonitas que me mandó una amante con la que estuve, son las de su vagina menstruando. Una era con sangre sequita tiñendo de rojo los pelos de la vulva y otra, una instantánea tomada en el preciso instante en que una gota densa de sangre manaba hacia el exterior. Para desgracia de algunos, eso de hacer sentir a las mujeres sucias y culpables -como dice una canción de Tahúres Zurdos- a cuenta de su menstruación (por ejemplo prohibiendo su entrada a lugares sagrados durante la menstruación porque eran días especialmente impuros) es una idea que empieza a resquebrajarse. No solamente hay chicas fuertes y empoderadas con el tema de la menstruación; hay hombres que vemos los ciclos naturales del cuerpo femenino como quien ve los ciclos lunares. Es más, les puedo poner otro ejemplo, el de un amigo que me hizo una confesión: le hubiese gustado poder cuidar y limpiar a las parejas que ido teniendo a lo largo de su vida cuando ellas estaban con la regla. Bajarles las bragas, quitarles la compresa y lavar con agua y jabón y con sus propias manos la zona manchada de sangre. Pero nunca se atrevió a hacerlo ni a proponérselo por miedo a que pensaran que “era un pervertido”. Así que gracias, jerarcas/carcas, una vez más, por envenenar las relaciones hombre-mujer y por hacer sentir miedo y culpa a un chico al que simplemente le hubiera gustado cuidar y limpiar a su novia mientras tenía la regla.
    ¿Y las vergüenzas masculinas? Probablemente surjan de la comparación con las pichas y los tamaños de los demás. Y del concepto ‘atleta sexual'(y esta, a su vez, beberá seguramente de fuentes como la definición de masculinidad heredada desde la época del imperio romano: la sexualidad del hombre planteada como conquista militar). ¿Llegaré, no llegaré? ¿Aguantaré, no aguantaré? ¿Me correré en el momento adecuado? Porque esa es otra. Que un tío tenga un orgasmo antes que su pareja femenina, es el acabose. Sin embargo, hay vida después de la petite mort. ¿Se acuerdan ustedes de los dedos, la lengua, los aceites, los lubricantes, los juguetes sexuales, los consoladores? No seamos falocéntricos. Está bien darle cariño a nuestro pene y dar cariño con nuestro pene. Pero ese no es el centro del universo. De hecho, puedo decir que la única vez que vi a una mujer eyacular, no fue gracias a lo que hay entre mis piernas, sino a que ella se estimulaba el clítoris con un vibrador chiquitín mientras yo usaba un consolador grande para su vagina. Menos competir y más disfrutar.
    En fin, el uso del cuerpo femenino como elemento de reivindicación me parece un paso acertado. ¿Es lo único que os llama la atención de nosotras, las tetas y el coño? Bien. Pues esa será nuestra plataforma publicitaria. Hasta que se nos vea con la misma naturalidad y ausencia de ‘excepcionalidad’ con la que se ve a un hombre mostrando el torso o incluso el culo. Y al que no le guste, que no mire. Ya lo dijeron las Guerrilla Girls: el 80% de los desnudos que aparecían en obras de arte de museos eran femeninos, mientras sólo el 15% de artistas que exponían eran mujeres. ¿Esa es la idea que tenéis de la mujer, un florero? Pues vamos a usar ese florero para poner mensajes reivindicativos, si es la única manera de que algunos nos hagan caso. Otra razón legítima para este ‘destape’ sería, en mi opinión, la reacción frente a la manía de ocultar la fuente de pecado típicamente judeo-cristiana… que ya huele. Ese tiempo debe acabar. Que se ventilen los cuerpos y que se ventilen los chochos. Que no va a pasar nada malo.

    1. Marco del Campo

      No creo que la dualidad cuerpo=fuente de pecado, alma=fuente de virtud, sea lo que hay detrás del pudor que genera el sexo. Esa misma dualidad no queda clara, porque el alma sería también fuente de maldad, de vileza, de corrupción, etc. La cabeza o las manos son también cuerpo, y no son causa de pudor ni de tabúes. Debe haber, por lo tanto, algo en los órganos sexuales y en el sexo que va más allá de eso, y que hace que nunca pueda considerarse normal follar en la calle, o delante de toda tu familia y tus hijos, por ejemplo. Debe haber algo más, relacionado con el hecho de que es el sexo lo que lleva a nuestra reproducción. Y es apasionante, porque es algo no dilucidado, terreno abierto para la filosofía.

      Dices:
      “Las vergüenzas vaginales femeninas seguramente tengan que ver con siglos de bombardeo eclesiástico con el mensaje de que son las mujeres quienes incitan al pecado carnal.”

      Esto tampoco me parece acertado. Muchas jóvenes de hoy no han tenido nada que ver con ninguna educación religiosa, ni saben nada de preceptos religiosos, y también sienten pudor por sus vulvas y vaginas. También las jóvenes de otras culturas y otras religiones.

      En cuanto a la menstruación, me parece normal que haya gente a la que no le guste la sangre, hay gente que incluso se marea al verla. Es algo evolutivo: la sangre debe alertar y debe ser llamativa para asegurar que nos vamos a hacer cargo de no perderla y no vamos a ir por ahí abriéndole la cabeza a nadie.

      “¿Y las vergüenzas masculinas? Probablemente surjan de la comparación con las pichas y los tamaños de los demás.”

      También esto falla, porque los que la tienen grande no van por ahí alardeando con el pene al aire. No, tanto los genitales femeninos como los masculinos generan pudor, y parece natural que así sea.

      “Sin embargo, hay vida después de la petite mort. “

      Sin duda, pero el hecho es que la libido masculina baja muchísimo después del orgasmo. Si uno es joven y sano, podrá esperar un poco y seguir.

      “Hasta que se nos vea con la misma naturalidad y ausencia de ‘excepcionalidad’ con la que se ve a un hombre mostrando el torso o incluso el culo”

      Hay un peligro con eso. La excepcionalidad puede influir en el atractivo y en el deseo. Si nos acostumbramos a ir siempre desnudos, la desnudez dejará de ser ese primer momento de la excitación sexual. Al menos eso es así desde un punto de vista masculino.

      “el 80% de los desnudos que aparecían en obras de arte de museos eran femeninos, mientras sólo el 15% de artistas que exponían eran mujeres. ¿Esa es la idea que tenéis de la mujer, un florero? “

      No es la idea que tenemos de la mujer, es simplemente que las mujeres bellas desnudas son algo muy atractivo para nosotros. No es nada malo que así sea, sino todo lo contrario.

    2. Marco del Campo

      Por cierto, al hilo de los artistas y los desnudos femeninos, hay un hecho curioso, que viene a demostrar que a las mujeres, por lo general no les atrae el cuerpo masculino como ocurre al revés. Y es que las mujeres pintoras o ilustradoras no suelen tener mucho interés en los cuerpos desnudos de hombres. Esto se ve más en artistas homosexuales.

  5. Dani

    Es interesante la reflexión sobre el pudor en otras culturas ajenas a la moral judeo-cristiana, entre otras razones porque abre varios interrogantes. En este sentido, yo sí diría que existen pruebas de cómo gran parte de lo que somos, hacemos y pensamos los seres humanos viene determinado por condicionantes culturales. Como muestra, un botón. Hay algún pueblo primitivo descubierto en el siglo XX, donde el coito se realiza habitualmente en situaciones públicas; sin embargo a la hora de comer, la gente busca un lugar íntimo donde el resto no les vea.
    Con respecto a la cultura judeo-cristiana y el pudor, recordaría que durante el imperio romano, sin ir más lejos, había baños públicos donde la gente iba desnuda a asearse. Incluso tenían habitáculos para defecar que carecían de paredes, y uno podía estar evacuando codo con codo con otra persona sin problema ninguno. Sí que los baños estaban divididos por sexos. Pero tras el ascenso del cristianismo, la edad media marca una ocultación perpetua de los órganos genitales incluso entre población del mismo sexo. Cosa que, por cierto, aceleró los procesos infecciosos por falta de higiene. En el mundo antiguo, las aguas mayores y menores estaban controladas en lugares al efecto, así como existía la posibilidad de bañarse frecuentemente, costumbre que con el pudor cristiano se fue perdiendo. Pero es que además, también en el mundo antiguo, no era raro que los y las adolescentes fueran juntos a bañarse desnudos en alguna zona más recogida de un río e hicieran también sus pinitos en las relaciones sexuales. Todo eso desapareció siglos después. Y fueron muchos siglos de desaparición.
    En cuanto a que los siglos de bombardeo judeo-cristiano ya no influyen en la actualidad, yo creo que no es un análisis acertado. Es difícil que parámetros culturales tan absolutamente consolidados durante miles de años desaparezcan en pocas décadas. No sólo en cuestiones sexuales, sino en cosas como el concepto de propiedad, de familia, de estado, etc. Concretamente en España, el nacional catolicismo campaba a sus anchas hasta hace cuarenta años.
    La ‘petit mort’. Yo no he dicho que se pueda seguir con la penetración después de eyacular, sino con dedos, lengua, etc.
    Desnudos masculinos y femeninos. Simplemente hay demasiada desproporción entre unos y otros. Y a ellas, supongo, también les gustará ver apuestos mozalbetes con poquita ropa, lo mismo que a tí o a mí nos encantan los desnudos femeninos.

    1. Marco del Campo

      No sé exactamente el pueblo primitivo al que te refieres, pero no creo que una excepción como esa pueda servir para cuestionar el pudor en el resto del mundo y de la historia. Más bien habría que buscar la explicación de esa excepcionalidad, indagar en qué ideas, mitos o soluciones de adaptación se han constituido en normas sociales que han llegado a vencer el pudor sexual en ese pueblo.

      Porque el concepto clave me parece más bien ese: vencer el pudor, que es lo que podía ocurrir en las termas romanas y es lo que ocurre en las actuales playas nudistas, siendo este último caso, y siguiendo tu argumento, situado bajo la influencia de la cultura judeo-cristiana. Lo que ocurre, tanto en uno como en otro, puede ser más bien que la desnudez se circunscribe a un espacio concreto por acuerdo del grupo y está libre de connotaciones sexuales, y esa circunstancia puede hacer vencer el pudor.

      En realidad, el pudor es buena cosa. Favorece el deseo y la excitación sexual desde el momento en que se está accediendo a algo íntimo, protegido y especial.

      Sobre la ‘petir mort’, sí te había entendido, pero el caso es que la excitación se nos baja, con lo que, por más que sigas usando dedos y lengua, ya no es lo mismo. La erección es la medida de la excitación masculina.

      Lo último, lo de los desnudos masculinos y femeninos, me parece lo más interesante. No creo que haya el mismo gusto por el cuerpo en ambos sexos. La mayor importancia de lo visual en la excitación en hombres es algo demostrado científicamente. En la erección psicógena los estímulos visuales son tremendamente importantes, y está mediada por la testosterona. Esto es lo que nos hace seguir con la mirada a una joven atractiva por la calle, por ejemplo. En ellas, el estímulo mental viene por otras vías principalmente: una situación una fantasía, una historia… y en el momento de la relación suelen comenzar a excitarse con el estímulo táctil, más que con el mero hecho de ver el cuerpo desnudo de su compañero. Esta diferencia es la que hace que la pornografía sea sobre todo cosa de hombres. Y por eso también entre los hombres homosexuales es muy importante el cuidado corporal y el adorno, y se practica tanto el culturismo, porque el homosexual es un hombre, y mantiene ese gusto preponderante por el cuerpo. En cambio, el varón heterosexual muy a menudo descuida su apariencia física, porque ésta no es un factor decisivo en su atractivo para las mujeres, sino que ellas suelen fijarse en muchos otros aspectos como el carácter fuerte y decidido, la seguridad en uno mismo, etc. También en lo físico, por supuesto, pero sobre todo en tanto es reflejo de salud, ya que el atractivo sexual está íntimamente relacionado con la posible descendencia.

      Y el ejemplo que puse de las artistas e ilustradoras viene a confirmar esta diferencia, pues ellas no se ve que ellas muestren mucho interés en representar el cuerpo masculino como en cambio ocurre en toda época y lugar en el caso inverso.

  6. Dani

    El ejemplo del pueblo donde practicar sexo en público es normal no lo pongo para cuestionar el pudor. Lo pongo para demostrar cómo algo tan arraigado en el alma humana como es el pudor está sujeto a variaciones en función de la cultura en que uno esté. Esa es la idea, no otra.
    En cuanto a que la erección es la medida de la excitación masculina, habrá de todo. Yo un par de veces me he excitado sin erección y sin estar en una situación sexual, sintiendo el mismo calor y el mismo cosquilleo en la tripa, pero sin cambios de tamaño. También con la edad (42 es la mía) sucede que una vez eyaculas, el pito enseguida se desinfla, no como antes. Lo cual no quiere decir necesariamente que se te pasen las ganas de fiesta. Habrá casos y casos dependiendo de la persona y de las circunstancias.
    Desnudos. Yo trabajo rodeado de mujeres y te puedo asegurar que la afición a ver cuerpos masculinos bonitos es bastante patente. Cada una con sus preferencias, claro. Sí hay bastantes que el tema tableta en los abdominales, por ejemplo, no les dice mucho. Otras sí. Una chica me dijo hace tiempo las partes que más le atraen en un hombre: manos, hombros y cuello. Bueno, y ojos. Otras también comentan que se fijan mucho en las manos. Mi impresión es que, simplemente, entre la población femenina hay más variedad de gustos con respecto al desnudo masculino. A algunas, por ejemplo, el pene les parece un órgano más bien feo. Lo cual no quita para que les vuelvan locas otras partes de la anatomía.

  7. Dani

    De todas maneras estábamos aquí para hablar de coños, no de pichas. Que las chicas retomen el debate, si son tan amables 🙂

  8. Marco del Campo

    Parece que los coños no hablan y nos han dejado solos.

    Sólo una cosa más sobre desnudos. En estos temas no te puedes fiar de lo que se dice, sino de lo que se hace. La revista Playgirls, supuestamente dirigida a mujeres heterosexuales, podía mantenerse gracias al público gay. Si observamos las reacciones de mujeres frente a desnudos masculinos, suele estar todo envuelto en un ambiente de risitas. A la inversa no ocurre. La excitación sexual normalmente es algo más bien serio.

  9. wtf

    ¿Pero quiénes son estos dos trolls tan aburridos por diosssssssssssss?

    Ole a vosotras!

  10. Marco del Campo

    Ya ves, Dani, que incluso tu eres un troll. No sé qué debe sentirse cuando uno intenta estar en la onda del feminismo y es rechazado de esa manera. Por lo que a aburrimiento se refiere, puede que tenga razón. Resolver un coño, como hacía Amneris puede ser más divertido que pensar y debatir. De hecho creo que puede ser más divertido que Candy Crush: cuando se resuelve el propio, se intenta resolver el de otra , y asi se va progresando. No sé, es posible que Ortega y Weininger tuviesen razón. Que las mujeres son más corporales, que su mundo es más su cuerpo. Lo que pasa es que mirándote el coño poca revolución y poca transformación del mundo va ha haber.

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