Judith Butler: ‘Queer pro quo’ Análisis, Ficciones

La deconstrucción de las categorías ‘hombre’, ‘mujer’, ‘femenino’ y ‘masculino’ que propone la filósofa estadounidense no es sólo un juego de palabras, sino una propuesta que permite la liberación de los cuerpos del peso excesivo de una norma que, a base de repetirse, se ha dado por natural. ¿Es suficiente en la lucha por la igualdad?

 

Ilustración: Nac Bremón

Ilustración: Nac Bremón

Adentrarse en la teoría queer de Judith Butler es iniciar una especie de liberación, de ir soltando lastre lingüístico, de deshacerse de ciertos conceptos y normas naturalizadas. Sin embargo, por momentos puede parecer sólo eso, un juego cultural subversivo con poca implicación real en el logro de la igualdad. En este sentido se orientan las críticas que otras corrientes feministas hacen a la teoría queer de Butler, enmarcada en la corriente postmoderna –éste artículo de Andrea D’Atri es un buen ejemplo-, así como las corrientes filosóficas marxistas que consideran el postmodernismo como un exceso de culturalismo que olvida la lucha de clases y la opresión del otro mundo que no puede dedicarse a juegos de conceptuales – Terry Eagleton expone muy bien el tema en su libro ‘La idea de cultura’-. Y pese a ello, la deconstrucción de las categorías de sexo y género que Butler propone no parece ser sólo un juego de palabras, sino una propuesta que permite la liberación de los cuerpos del peso excesivo de una norma que, a base de repetirse, se ha dado por natural cuando no lo es.

En concreto, Judith Butler habla de los cuerpos abyectos, aquellos que no se sienten cómodos en la definición binaria hombre/mujer. La audacia de Butler es defender que no sólo el género es un constructo cultural, concretamente de los años 40 al dibujarse las nociones de feminidad y masculinidad, sino que el sexo también lo es. Es decir, con independencia del aparato reproductor de una u otra persona, todo lo que, a partir de ahí, se adhiere a la lógica binaria de hombre y mujer es una construcción teórica no necesaria, entendiendo como innecesaria que podría ser de otra manera. Esta construcción emana del poder entendido como generativo, ya descrito por Foucault siguiendo el concepto de voluntad de poder de Nietzsche, y que podríamos simplificar dándole la vuelta a la típica frase de que la información es poder. Más bien, el poder crea la información, el discurso, la norma, y así regula la vida. Esta noción relaciona así el problema de la sexualidad con un problema político. Los binarismos mujer/hombre, femenino/masculino no atienden a una lógica natural, sino del poder. Es más, según Butler, el mismo concepto de lo natural debe ser revisado, puesto que se entiende lo natural como necesario cuando lo cierto es que cualquier orientación es tan natural como contingente. El discurso binario se asienta en lo que ella llama la matriz heterosexual, que organiza a los individuos para controlar sus deseos y orientarlos a fines determinados.

Dicho esto, se podría articular un resumen de la teoría de Butler en torno a las siguientes preguntas: ¿Cómo se logra naturalizar los términos masculino y femenino, hombre y mujer? ¿Qué implicaciones tiene este descubrimiento en la teoría feminista? ¿Cómo podemos resistir y revertir esta naturalización conceptual?

El lenguaje no solo describe: hace

La respuesta a la primera pregunta es la base del análisis butleriano y responde a su teoría performativa del lenguaje: el lenguaje no sólo describe, hace cosas. En concreto, a base de repetir ciertos conceptos como el de mujer u hombre, el concepto de familia heterosexual y monógama, ha terminado por hacer de estos la norma natural y universal del ser humano. En su libro ‘Lenguaje, poder e identidad’ analiza el discurso jurídico estadounidense respecto a la censura y el lenguaje de odio para demostrar cómo el Estado crea ciertos sujetos a los que luego somete. Es paradigmático su ejemplo sobre la homosexualidad en el ejército. Según explica, la ley de Estados Unidos consideró que todo acto gay en el cuerpo militar era una conducta ofensiva. Pero más allá de esto, consideró que la misma frase ‘soy gay’ suponía un acto gay en sí y declarar esta orientación sexual era, por lo tanto, un acto ofensivo sancionable. Sin extenderme en el ejemplo -el cual puede resultar muy interesante para analizar ciertos actos de censura actuales en los que el término crea al sujeto al que criminaliza-, podríamos resumir que el lenguaje no sólo habla, realiza, y es así como el poder genera la matriz heterosexual para controlar a los individuos. Frente a esta forma de utilización del lenguaje para dominar, en ‘El grito de Antígona’ Butler presenta otra forma de actuar performativamente. La protagonista de la tragedia de Sófocles realiza un acto subversivo mediante sus declaraciones, no sólo desobedeciendo los mandatos del poder, sino actuando como hombre, en lugar de sus hermanos.

Actuar en lugar de performativamente abre la posibilidad de ser otro. No sólo de actuar como si, sino de serlo de facto. Esta idea y la determinación de la existencia de la matriz heterosexual ordenadora lleva a la norteamericana a cuestionar el mismo concepto de mujer. Para Butler uno de los problemas del feminismo ha sido el de intentar someter el movimiento a un concepto de mujer definido por la misma matriz heterosexual contra la que trata de luchar. Es decir, al admitir que somos mujeres, asumimos el concepto de mujer que define la diferenciación binaria. Y no sólo eso, el mismo término abarcará sólo a un tipo de mujeres y no a otras -mujeres blancas y no negras, bolleras y no heterosexuales, burguesas y no proletarias-, distinciones que, a su vez, pueden diferenciarse entre sí -entre las burguesas, según su orientación sexual, por ejemplo- y así hasta el infinito, dinamitando la posibilidad de una lucha conjunta. La propuesta butleriana será admitir que el concepto de mujer no tiene que ser cerrado sino contingente, abierto a una permanente disputa. Esto no pasa por seguir añadiendo adjetivos a la noción de mujer -negra, trabajadora, madre, soltera- sino porque dejar el término abierto, de manera que siempre puedan incluirse nuevos cuerpos, nuevas formas de ser. El objetivo es acabar con los cuerpos abyectos, aquellos que no se comprenden porque no pertenecen a ningún discurso.

Teoría desde los cuerpos

La propuesta puede parecer vacía, en el sentido de que si no definimos qué es una mujer resulta difícil entender cómo podemos demostrar que está sometida a una desigualdad por el hecho de serlo. Pero, si considero acertada la teoría de Butler en este punto es porque no parte del lenguaje, sino de los cuerpos, y es ahí precisamente donde esta teoría puede resultar liberadora. No es un simple juego conceptual sino que libera a los cuerpos oprimidos de un lenguaje que no los describe y niega su existencia. Hay cuerpos sometidos por diversos motivos -discursos- bien sea color, tamaño o sexo. Permitir que los diversos tipos de sometimiento sean desentrañados supone analizar el lenguaje que los define, controla, discrimina o ignora, y generar un lenguaje nuevo. Hacer cosas nuevas. Esta acción, que es política, supone para Butler hablar de manera distinta, definir y defender de forma distinta a como lo hace el lenguaje del poder. Donde el lenguaje del poder dice ‘eres mujer’ y te somete en virtud de ese término, nosotras nos definiremos como queramos y en función de eso, actuaremos.

Esto no supone ignorar la discriminación que se da hacia la mujer por el hecho de serlo, sino entender que se le somete por decir que lo es. Y al mismo tiempo incluye al feminismo en una lucha más amplia, la que da luz a la teoría queer y abarca más géneros que los propuestos por la matriz heterosexual. Es decir, el feminismo de Butler no sólo entiende que su género y sexo son construidos, sino que todos los géneros y sexos lo son. La autora afirmará, con Monique Wittig, Deleuze y Guattari, la polisexualidad, la existencia de tantos sexos como individuos. Y aunque Butler se resiste a poner esta discriminación por razón de sexo al mismo nivel que otras, lo cierto es que en el prefacio de ‘El género en disputa’ considera la posibilidad de aplicar la teoría de la performatividad a cuestiones como la etnia.

Esta comprensión del lenguaje y de la naturalización de los conceptos resitúa la cuestión feminista en un marco más amplio de resistencia que el de la mera igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, ahora que asistimos a la paradoja de, por un lado, vivir un repunte mediático del feminismo y las cuestiones de género de la mano de películas y series, mientras que por otro lado ciertas voces y estudios alertan de un repunte de violencia machista y homófoba, cabría preguntarse cuál es el efecto real de la teoría queer en el logro de la igualdad. ¿Es efectiva esa lucha para lograr la emancipación? ¿Es suficiente con trabajar en el nivel de los conceptos y repolitizar lo que hasta ahora se había dado por natural? Es más, ¿es el objetivo del feminismo sólo exigir al poder mayor igualdad de derechos, como parece apuntar Judith Butler? Ella considera que su teoría no debe ser entendida como un mero análisis del lenguaje, sino como la semilla para crear realidades. Pero parece que esas realidades deben emanar del statu quo logrando en él la integración de los cuerpos abyectos y que no se orientan a cambiar el sistema de poder en sí, a lograr un cambio más profundo que trascienda las normas en vez de insertarse en ellas. Una suerte de queer pro quo. Quizá en esta disyuntiva se sitúe gran parte del debate actual de la izquierda en general y del feminismo en particular, lo cual se reduce a una vieja pregunta: ¿qué hacer?

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Judith Butler: ‘Queer pro quo’
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Teresa Villaverde

Periodista, está realizando un doctorado en filosofía.

Comentarios recientes

  1. tiririri

    Dar vueltas para no llegar a nada. La teoría queer es genial en papel, pero solo son unas poquitas, muy poquitas personas quienes se adscriben plenamente a ella, y esto es debido a la gran complejidad y aristas que dicha teoría traslada. En algunos caso, en algunas prácticas incluso opuestas a lo que se puede entender por feminismo convencional (tema de la testosterona en beatriz preciado, por ejemplo). Altamente complicado, altamente disruptivo, interesantísimo, pero en el dia a dia, en la influencia social y educacional, absolutamente inviable.

  2. Pau

    las teorías, teorías son. Naide tan profundamente comunista como para no participar por ejemplo de alguna lógica de mercado capitalista. Lo queer para mí, sin que sepa demasiado es como otras teorías un magma desde el que construir en firme cosas distintas a las que ya conocemos y que sabemos que no funcionan del todo. Me considero un marica feminista, hoy soy capaz de decir eso porque lo queer me ha permitido experimentar identidades, y no simplemte gay, que era lo que me esperaba por posición social y nivel socicultural. Se trata de una llamada a la agencia, no sólo al discurso y desde mi punto de vista donde no acaba calando esta teoría, lo agencial es tan subconciente, tan hiponoético, que a duras penas logramos cambiarlo, por más que nos cortemos el pelo y participemos de debates sobre el sexo de los ángeles en la okupa de moda o en la charla de la Universidad que toque. De cualquier modo, creamos realidades que difieren de lo que nos enseñaron que era lo correcto, quizás como una suerte de modismo, pero difieren, subvierten y molestan. Seguiremos caminando, no queda de otra. Gracias por el artículo.

  3. Marco del Campo

    No es genial en papel tampoco. De entrada es sospechoso que la teoría haya surgido de gente de una manifiesta ambigüedad sexual. Si el ser humano es como se dice, podía haberse visto así por mentes menos interesadas.

    Lo que ocurre con la teoría queer en el fondo una especie de venganza social. El mecanismo psicológico es sencillo. Las personas homosexuales o ambiguas sexualmente (productoras de la teoría) han podido sufrir un estigma, y son las que más han sentido la opresión de las normas sociales acerca de la idea de ser hombre o mujer, ya que no se han sentido nunca como hombres o como mujeres. Por eso sienten la necesidad de defenderse y normalizar su condición particular. Pero en vez de reivindicar una naturaleza propia (porque por ese camino lo tenía difícil), lo que hace es la jugada maestra de normalizarla condenando a los demás, a los que se consideran naturalmente hombre o mujer y heterosexuales, ya que serían éstos los equivocados, los sometidos y oprimidos.

    Pero lo cierto es que nuestra sexualidad y nuestro comportamiento según el sexo, es algo natural, como en cualquier otra especie animal. El sexo no es nada construido, es algo que la naturaleza creó desde hace miles de millones de años, y que sirve nada menos que a la perpetuación de las especies. Si no hay una orientación sexual natural, entonces igualmente podrían atraernos los niños, o los viejos, o los animales… Si cada uno fuese dueño de lo que quiera ser o sentir, si nuestra sexualidad no fuese natural, entonces no se puede entender que, por ejemplo, exista la homosexualidad incluso en los ambientes más opresivos, porque no se puede entender que se prefiera elegir la humillación. No, cada uno no es dueño de lo que es, como no le era David Reimer tras el experimento del Dr. Money.

      1. Marco del Campo

        ¿Algún argumento, aparte de insultos? ¿Por qué hay tanta hostilidad aquí?

      1. Marco del Campo

        Sí he leído algo. La teoría queer niega la naturalidad del sexo y la orientación sexual, y lo entiende como construcciones sociales y como lgo abierto, algo que puede elegirse. Pero eso es falso.

        1. Pao

          No puedes elegirse. Ahora bien, es una construccion social. Lo que significa que de haber sido engendrado en una organización social con otras categorias sociales o formas de comprenderse, comportarse, relacionarse, tu te identificarias y comportarias a la manera de ellxs. Osease, tus identificaciomes y comportamientos no los llevas inscritos en los genes.

          Creo que compartiras que si hubieras nacido a una tribu amazonica no serias el que eres: no tendrias los habitos que tienes, no te comprenderias como te comprendes, no te gustaria lo que te gusta, no creerias lo que crees, no anhelarias lo que anhelas, etc. Serias uno de la tribu y te parecerias a ellos, no al tipo occidental del siglo XXI que has resultado ser al nacer aqui y ahora.

          Todo eso que hoy sientes ser, que vives como tan propio de ti, que drias que te define, que te diferencia, que te individualiza, seria diferente si hubieras nacido en una organizacion social radicalmente distinta.

          Butler lo que dice es que en una organizacion social en la que la gente no se viera como mujeres y varones las criaturas tampoco se desarrollarian identificandose como o bien lo uno o bie lo otro.

          Supongamos un futuro en el que se pueden crear niñxs a partir de 2 ovulos, en el que quien quiera se puede insertar un utero y vivir un embarazo, en el que existan uteros externos en el que engendrar criaturas, en el que la costumbre sea engendrar niñxs de alguna forma no sexual, en un laboratorio por ejemplo, en el que la gente con utero acostumbre a vaciarse muy joven, en el que el placer sexual no guarde relacion alguna con la procreacion, ni con relaciones sexuqles, que sea por ejemplo decision de la comunidad decidir engendrar una nueva criatura, en el que este de moda vestir con falda, llevas crestas de colores y desarrollar musculatura, de moda para todo el mundo..un mundo en el que sea tan irrelevante nacer con polla, vagina o ambos como hoy nacer moreno o pelirrojo, en el que no sea que no se ve que es diferente sino que no tiene la menor trascendencia, se espera lo mismo del pelirrojo que del moreno, no se presupone que uno sera mas asi y el otro mas asao..

          En ese mundo no sucederia que los nacidos con polla se pasarian la infancia jugando a futbol y las nacidas con vagina saltando a la comba y cosas de esas, sino que la gente se pareceria y diferenciaria entre si de formas radicalmente diferentes a las de hoy.

          Eso creemos algunas personas. Y lo creemos porque somos plenamente conscientes de que ese sentirse mujer o varon y ese comportarse como mujer o varon es tan cultural como sentirse español y verse como un español de los pies a la cabeza y comportarse como se supone que es un español y, en definitiva, ser un español. Pero no importa si tu crees o no crees en ello.

          1. Marco del Campo

            Sin embargo, incluso en esa tribu amazónica me imagino que seguiría mi preferencia por el sexo opuesto, como de hecho así sucede en esa o en cualquier otra cultura del mundo. Por más que cambie una cultura, en lo sexual hay algo que se mantiene, y es la predominancia de la heterosexualidad.

            Los argumentos a favor de la naturalidad de los sexos y la orientación son de muchos tipos, y muy difíciles de rebatir.

            Desde un punto de vista subjetivo, por lo que uno sabe de sí mismo y de lo que siente, pretender que si a mí, por ejemplo, me atrae una chica, me gusta su cuerpo, su voz, me excita su desnudez, me enamoraría de ella, (cosa que no sucede con un hombre), pretender, digo, que eso se debe a un factor externo, a la cultura, es suponer que somos marionetas de la cultura, seres vacíos sin deseo auténtico, tabulas rasas, actores de un falso deseo, es, en definitiva, otorgar un poder a la cultura que no tiene, pues el origen y el alcance de la cultura es solo el de organizar, regular y simbolizar lo biológicamente dado. Somos animales, y creer que en algún momento de la evolución se produjo un cambio radical en algo tan básico como el sexo, dejando de ser natural como en todas las especies, para pasar a ser construido socialmente, es creer en algo infundado e indemostrado. Pretender eso es no poder dar explicación a por qué la cultura funciona entonces solo en unos casos y no en otros, es decir, por qué puede surgir la homosexualidad incluso en la sociedad, o la familia más conservadora, superando el estigma. Si la educación y el entorno fuese lo determinante, esto no sería posible. Pretender eso es no poder dar explicación a los numerosos casos de niños con problemas en sus genitales desde muy temprana infancia, que habiéndose educado como niñas, acababan en trágicos fracasos (David Reimer es sólo el caso más sonado).

            No somos esa tabula rasa. En nuestro interior albergamos todo lo necesario para poder vivir, como ocurre en cualquier especie animal. Desde un plano cognoscitivo, Kant se dio cuenta de la aprioridad en el conocimiento necesaria para poder tener siquiera experiencia de algo. Chomsky sostenía acertadamente que el lenguaje es innato, y por eso sorprende que los niños de muy corta edad, sin apenas inteligencia, aprendan algo tan complicado como el lenguaje humano. Asimismo, los sentimientos son capacidades a priori que llegan a manifestarse cuando se da la ocasión, y por eso, por ejemplo, no se le puede enseñar desde fuera (desde la educación) el sentimiento de pena a un niño, no se le puede “inocular” en él, sino que éste debe sentirla ante una determinada situación por ser una capacidad que lleva dentro. En definitiva, lo fundamental en nuestra vida se encuentra ya en nuestro interior y es precisamente lo que hace posible nuestro desarrollo vital.

            No podemos decidir que el placer sexual sea independiente de la procreación. Aunque podamos disfrutar el sexo sin reproducción, son dos cosas biológicamente ligadas. El orgasmo masculino acaba en la expulsión del semen, el germen de la vida. El pene se prolonga y endurece para así asegurar la “siembra”. La naturaleza no da placeres gratuitos. Si sentimos placer al beber agua fresca cuando tenemos sed, o disfrutamos de la comida, o, en el extremo opuesto, sentimos el dolor físico como un sufrimiento del que tratamos de huir, todo eso es porque conviene a la conservación del individuo y de la especie. Lo mismo ocurre con el placer y la atracción sexual. Los rasgos atractivos, la belleza, la juventud, coinciden con la posibilidad de engendrar una descendencia sana. Lo que cambió en el tránsito de ser homínidos irracionales a ser humanos es solo un añadido: un deseo más evolucionado, no exclusivamente instintivo, mediado por la percepción de la belleza, acorde a una inteligencia mayor. Machos y hembras de chimpancés no se diferencian mucho en el aspecto. A ellos les basta su instinto sexual para perpetuarse. Nosotros, en cambio, fuimos adquiriendo nuevas percepciones, en virtud de las cuales fuimos seleccionando naturalmente las mujeres más bellas, creando así la diferencia sexual propia de nuestra especie. Por eso puede decirse: nos atraen las mujeres porque son diferentes, y son diferentes porque nos atraen.

            El sexo y la orientación sexual, son, pues, claves de la continuidad de las especies, y por eso son motores y deseos nacidos de lo más profundo de nuestro ser, algo que no puede depender del capricho, de lo cambiante y de lo falible de las culturas, de las ideas, de la razón, exactamente como la búsqueda básica del placer y la huida del dolor son motores de vida y no dependen de la cultura. Velle non discitur, decían los clásicos, el querer no se aprende, pues es la raíz de lo que somos. Por eso no creo que en ese hipotético y distópico mundo que pintas, la cosa apenas cambiase.

            Ahora bien, ocurre que lo masculino y lo femenino no se da de una manera binaria y tanjante, sino más bien como fluido, siendo posible en la naturaleza formas intermedias, mujeres masculinas y hombres femeninos. El problema de Butler es precisamente que ella no se ve como hombre ni como mujer. Por eso, su teoría dice mucho de ella y de todos los que de una manera natural se encuentran en puntos intermedios de esa fluidez. Pero dice muy poco del ser humano.

          2. Marco del Campo

            Por cierto, lo anterior iba sobre todo por lo que a la orientación sexual se refiere. En cuanto al ser hombre o mujer, habría que distinguir entre sexo biológico (cuerpo XX o XY), y sexo psicológico, ya que normalmente van unidos, pero por decirlo así, en proporciones, conforme a la fluidez que mencionaba antes. La idea del “género” como una construcción social, es decir, como las ideas sociales sobre el comportamiento “adecuado” para un hombre o una mujer, es cierta sólo en tanto que en efecto, se han formado esas ideas y son motivo de presión social, pero no en cuanto supone que en nuestro comportamiento no interviene el sexo por naturaleza. Las hormonas no son algo social, e influyen en nosotros. La ciencia ha podido demostrar asimismo distintas capacidades cognitivas de los sexos. Sólo el cuerpo masculino ya revela una orientación al exterior, en relación a la capacidad visuo-espacial, y al trabajo físico, a la posibilidad de usar la violencia acorde a una mayor fuerza física, mientras que el cuerpo femenino muestra una orientación a la maternidad (caderas, senos). Sería por eso sorprendente que no fuese el hombre quien haya sentido una mayor necesidad de ordenar, explorar el mundo y fabricar herramientas y máquinas, y que no fuese la mujer quien haya desarrollado una psicología más acorde a su papel de madre. Es una cuestión de psicología evolutiva.

        2. Pao

          Ideas como las de Butler dan alas a nuevos proyectos sociales. La propuesta de un mundo no ordenado ya en función de categorías sexuales (de la existencia de dos tipos diferenciados de seres humanos, las mujeres y los varones, a cada uno de los cuales le correspondería diferentes cualidades y funciones) parece una locura, un imposible, si partimos de una creencia en la naturalidad de los sexos: “algo así no es posible, somos NATURALMENTE diferente, siempre lo seremos, siempre sentiremos, percibiremos, actuaremos diferente”. Y porque así se piensa nos continuamos organizando como si así hubiera de ser.

          Pero resulta que la ciencia&tecnología nos están ofreciendo ya nuevas posibilidades. A día de hoy el sexo no es necesario para la reproducción de la especie. No es necesario que un pene entre en un coño y eyacule. Por lo que tampoco la atracción heterosexual o las relaciones heterosexuales son necesarias para la reproducción de la especie. Se habla no solo de fecundaciones in vitro sino de clonación, de engendrar criaturas con dos óvulos, sin semen,…

          Por otro lado, hoy somos también capaces de modificar nuestros cuerpos: podemos quitarnos tetas, penes, úteros, hormonarnos para tener más pelo y musculatura, etcétera. Se dice que será posible proporcionar un útero y la posibilidad de embarazarse a quienes hoy no la tienen. En definitiva, en un futuro por obra y gracia de nuestra voluntad nuestros cuerpos pueden ser no solo muy diferentes a los que hoy nos conocemos sino resultarnos absolutamente imposible encontrar alguna semejanza con alguna de nuestras categorías sexuales. Hay que añadir que el cyborg podría ser también factible. Tu cuerpo puede modificarse a tal punto que ni tú mismo sabrías decir si es un cuerpo de hombre o de mujer. Los cuerpos, en un futuro, pueden haberse modificado de tal modo que para nadie tenga ya sentido hablar de mujeres y de hombres.

          En ese nuevo escenario podemos continuar siendo criaturas capaces de experimentar lo que hoy denominamos placer sexual. Un placer totalmente desligado de la reproducción, y quizás también de nuestras actuales categorías sexuales. Tú dices: “me atrae una chica, me gusta su cuerpo, su voz, me excita su desnudez, me enamoraría de ella, (cosa que no sucede con un hombre)”. Vale, te pasa eso, nadie lo niega. Solo que podría llegar un futuro en el que no exista absolutamente nadie que se parezca ni remotamente a esas personas que hoy te atraen. Por nuestra experiencia actual sabemos que a falta de esas personas a las que tú y otros encontráis tan ligadas vuestras atracciones y enamoramientos, en una cárcel por ejemplo, se incrementan los comportamientos y afectos homosexuales. Tus apetencias y afectos son mucho más flexibles de lo que crees, concluiría yo. ¿Tú qué dices?

          Ahora bien, tú y quienes pensáis como tú defendéis el statu quo, esto es, os oponéis a los cambios por el habitual método de declarar que tales cambios son imposibles, y que si acaso fueran posibles son o bien irracionales y absurdos o bien antinaturales.

          Así es siempre: fuerzas que abogan por el cambio y fuerzas que abogan por la tradición. En este tema pareces apostar por la tradición. Pero habemos también otra gente que creemos que sería mejor una forma de pensarnos, relacionarnos, organizarnos radicalmente distinta, y que además la creemos posible porque, entre otras cosas, ideas como las de Butler nos dan alas; ideas que compartimos porque cuadran con nuestras experiencias y percepciones. Quizás en un pasado hubo ya gente que soñaba en nuestra línea y que también lo creía posible, la verdad es que no lo sé, pero a día de hoy diría que la ciencia & tecnología nos ofrece posibilidades antaño imposibles que, en la medida en que las realizamos, transforman nuestros mundos y nos obligan a repensarnos. Dicho de otro modo: en nuestro mundo la ciencia & tecnología están al servicio del lucro, por tanto, han de ofrecer innovaciones constantes, productos y servicios nuevos, para vender, para hacer dinero. Y todo el tema de la reproducción humana y de las transformaciones corporales de muy diversa índole forma parte de un gran negocio, megalucrativo. Puede que la gente que se lucra con ello hasta comparta tus ideas, a saber, pero resulta que todas estas innovaciones nos llevan a mundos nuevos. Por supuesto, yo estoy totalmente en contra de que sea el afán de lucro el que marque ritmo y rumbo, únicamente señalo que así está siendo hoy, y que esto que está siendo se lleva por delante la tradición.

          1. Marco del Campo

            Pero la clave no es la ciencia o la tecnología, no es lo que sea o no sea posible, es nuestro deseo. No querríamos vivir en un mundo así, pero no por mantener un status o una tradición, no por fines ideológicos, sino porque así se contradicen nuestros más íntimos instintos. El problema de tu planteamiento es que ni se te pasa por la cabeza la posibilidad de que en efecto, el sexo y la atracción sexual formen parte de nuestra naturaleza. Yo ya he ofrecido pruebas suficientes, siendo la principal el hecho de que el ser humano es un animal, un ser nacido como cualquier otro del seno de la naturaleza, con sus cualidades e instintos naturales. La ignorancia de este hecho es lo que lleva a pensar que se puede inventar al ser humano y hacer de él cualquier cosa, crear mundos distópicos a lo Skinner o a lo Huxley. En realidad, más que por irracionales, esas ideas pecan precisamente de racionalismo, pues quieren ordenar y construir las cosas conforme a ideas de la razón, ignorando el deseo, el instinto, lo irracional, las emociones. Pero ignorar y reprimir todo eso es peligroso, porque puede llevar a la infelicidad. Las ideas pueden ser lo más torpe, están sometidas al error. Algo así es lo que sucedió con el comunismo, en cuyo fracaso contribuyó la ignorancia del deseo de libertad individual y del interés personal como motor económico y de vida. No querríamos vivir en un mundo donde no hay familia, donde los padres no cuidan de sus hijos y comparten con ellos afectos y emociones, donde no hay muchachas bonitas ni hombres atractivos, donde todo es un imperio de fealdad y de monotonía (todos seres iguales, musculados, con vello, y con crestas de colores, como pintabas). El deseo puede llegar a ser flexible y canalizarse, porque el sexo es una fuerza arrolladora, precisamente porque es lo que conduce a la perpetuación de la especie. Pero es una fuerza que ante todo exige libertad para que sea sana, y en esa libertad toma preferencias. Ese preso que llega a un comportamiento o deseo homosexual se encuentra en una situación de represión, y en condiciones de libertad no lo habría desarrollado. En ese mundo que imaginas, estaríamos igualmente en una cárcel sin opciones. Si lo femenino me atrae y me enamora, no es porque la sociedad me lo ha mandado, ni siquiera es por una elección personal, es por un deseo natural, inevitable en condiciones de libertad. Lo mismo ocurre con el homosexual, que desde niño SE DA CUENTA de que le atraen otros niños y los juegos de niñas, perteneciendo ambos, él y yo, al mismo entorno social y educativo.

            Personalmente, defiendo lo queer, entendido como diversidad, como derecho de minorías, como la posibilidad de ser por naturaleza diferente, y creo en lo sano de la libertad de expresión sexual. Lo que es falso (y peligroso) es la teoría que lleva ese nombre.

  4. Marco del Campo

    Es más, incluso aunque lo masculino y lo femenino fuesen construcciones sociales, lo que es seguro es que son fuente de deseo, y lo que tú querrías es, por ejemplo, quitarle a una butch su femme.

    1. Pao

      Una de las claves es si es posible. Otra es si lo queremos. Yo lo quiero. Tú no. Esto es una simple discrepancia política.

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