de multi-amores y poli-conflictos Participa

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Yaiza Blanch

multi: muchos, poli: diversos

Ilustración de Laura Olivas

Ilustración de Laura Olivas

Me di cuenta de que a la hora de establecer relaciones íntimas y ‘de pareja’, me oprimía tanto la categoría de monogamia como la de poliamor. Sentí que ninguna de ellas tenía sentido si únicamente quería sentirme amando en libertad. Y vi que la libertad era serme fiel a mí misma y a mi propia esencia; amar desde un sentimiento de calma y confianza.

Así, no se trata de marcos discursivos sino de personas y la singularidad de los vínculos que generamos entre nosotrxs. Y esto me sitúa en un tránsito relacional entre dos polos aparentemente opuestos. Amar desde un no lugar, sin referencias, sin proyecciones pre establecidas y sin manual de instrucciones.

Estoy en un proceso de aceptación difícil. Huí de la imagen de mujer sumisa y dependiente que proyectaba a través del estereotipo monogámico de las relaciones y elaboré un disfraz de ‘mujer desprecia hombres’ y de ‘yo sola puedo’ que me ha causado mucho dolor; y consecuentemente yo lo he causado a los hombres con los que he compartido íntimamente. He sentido en mi propio cuerpo la batalla de la militante feminista versus la princesa Disney, y no he sabido qué hacer. Y sigo aún investigando, con ciertas dificultades, qué es esto del amor sencillamente libre.

Estoy comenzando a aceptar que soy una persona que busca estar en relación íntima con otra persona, hombre o mujer; que soy celosa y que la dependencia no es necesariamente un arma de destrucción masiva. Hasta ahora, negaba estas partes de mi porqué creía que una feminista trabajada, leída y politizada no puede habitar espacios de debilidad y vulnerabilidad.

Duro y difícil responder a estereotipos, sean cuales sean.

He procurado no caer en la trampa del ‘todo se soluciona amándose a unx mismx’; o al menos a mí, este mantra no

Ilustración de Laura Olivas

Ilustración de Laura Olivas

me funciona. Me amo y me respeto y me siento tan feliz con lo que soy y lo que tengo que hay una necesidad enorme en mí de compartirlo y hacer que se multiplique. Y así sucede con mi gente más cercana y toda mi red de afectos, amplia y diversa. Y lo siento insuficiente, hay en mí la voluntad de generar un vínculo todavía más íntimo, más comprometido y estoy empezando a aceptar, que esto no es dañino, ni me hace menos feminista, ni menos autónoma, ni menos auto-suficiente. Y releo lo que escribo y me emociono.

En estos últimos años he navegado de punta a punta, del así a priori y sencillo, abanico de modalidades relacionales; he leído los libros y artículos de lxs gurus que habían de guiarme y he acabado enfadándome. Entiendo que una función importante de los discursos es generar nuevos espacios que permitan la emergencia de nuevas prácticas. La categoría poliamor o amor libre, nos permiten ubicarnos en otro lugar fuera de la monogamia y nos dan aire y apoyo para (de)construir, reflexionar y escapar hacia delante.

Pero pienso que hay una cara B de elitización de esas prácticas y discursos. Se convierten en el cliché al que las personas politizadas debemos aspirar, empezando a reproducir otro tipo de vínculos y espacios relacionales que, sin un trabajo personal y un desarrollo de los cuidados, se convierten en campos minados. Y estoy de acuerdo en que todo es aprendizaje y el proceso de prueba y error es potente y transformador; pero nuestros cuerpos y alrededores siguen supurando patriarcado a mansalva.

Ilustración de Laura Olivas

Ilustración de Laura Olivas

Y en este espacio de conflicto no he encontrado cobijo.

Muchas de lxs autorxs que reproducen estos discursos emancipadores, y a lxs que les doy las gracias de todo corazón, lo hacen desde un lugar de privilegio, pues han cumplido con sus funciones sociales; han estado casadxs, viviendo en monogamias estrictas, con su casa ajardinada, han dado a luz nuevas personitas, etc. y de repente ¡boom! Acaban con todo esto y se vuelcan a predicar el milagro, han descubierto la verdad.

¿Pero qué pasa con las mujeres de 30 que seguimos solteras y queremos ser madres?, ¿Cómo encajamos en toda esta deconstrucción? ¿Dónde está nuestro nuevo lugar ahora que el punto del que partieron estxs autorxs y gurús, ya no es válido?

No les responsabilizo de mi orfandad en cuanto a referentes vinculo-sexo-afectivos, sólo refuerzo mi apuesta por construir nuestro propio relato, que beberá del romanticismo clásico y también de la necesidad de empoderarnos como mujeres y hombres amantes.

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que mis compañeras y referentes viven en pisos con sus parejas, bajo una modalidad de monogamia descafeinada, y paro ahí mi tren; ¿Qué he estado haciendo todos estos años? 🙂 Qué mal llevado este rechazo frontal al patriarcado 🙂

Y nunca es tarde para tomar aire de nuevo, revisar qué nos define y proclamar que comienzan nuevos tiempos para la ternura, con una misma, permitiéndome y abrazando mi propia esencia; y ternura para los demás con lxs que comparto mi vida y con lxs que compartiré mi cama; en ese no lugar, fuera de cualquier marco discursivo cargado de instrucciones.

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Comentarios recientes

  1. fanny

    respuestas tampoco tengo, pero pienso lo mismo…¡qué fácil descubrir la sopa de ajo para algunos!¡y qué difícil para las mujeres de 30 años que aspiran a lo que sea que aspiren, tal vez, probablemente, a experimentar la maternidad en un entorno seguro que parece que nunca llega!
    En mis viajes y mi deconstrucción, siempre difícil, aprendí esto: que un día va a llegar lo que merecemos, y sabremos verlo. Que nuestrx mejor amante no será quien mejor hable ni quien mejor se deconstruya, sino quien mejor nos cuide.
    Un abrazo!

  2. Susana

    No te dejes engañar. El feminismo no implica la renuncia al cuidado. Y quien lo haya hecho creer así, no es feminista, es claramente machista (aunque no lo sepa), porque obliga a las mujeres a elegir entre independencia y cuidado. Esto es de una perversidad intelectual brutal. Quien, en su sano juicio, puede pretender renunciar al cuidado de los demás, o de una persona en concreto? Quien ha dicho que una mujer para ser feminista tiene que ser a-social? Lo social se apoya en el cuidado. Y el cuidado tiene una componente colectiva, pero también individual. La independencia no lleva necesariamente a la soledad. Y en todo caso…la soledad es tan humana, como el deseo de compartirla. Eso no tiene nada que ver con el feminismo. El feminismo es otra cosa.

  3. Pingback: Libertà, amore e fantasia | semenella

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