La vida adulta Participa

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Lili

La vida adulta es:

Soportar la ciclotimia de tu jefe; comerte las lágrimas cuando te trata de forma despectiva y se te cierra el pecho de angustia, convenciéndote de que estás aprendiendo a ser todavía más eficiente como secretaria.

Que el plomero insinúe quedarse a cenar y te mande un mensaje al teléfono móvil diciéndote “linda”, y dejándote asustada en la oscuridad de tu departamento/piso, donde vivís hace tres años. El primer lugar donde vivís sin la presencia constante ni la protección (a veces asfixiante) de tu familia.

Es que el encargado del edificio (que tiene un mes de vacaciones y  al que le regalas un vino cada fin de año) no te dé las llaves de la terraza para que una empresa te conecte internet porque la vecina simpática de al lado con la que compartías el gasto de internet se mudó.

Es viajar cada mañana al trabajo en el centro de la ciudad y sentirte una más del rebaño de ovejas que sigue la zanahoria mugrienta de poder e infestada de plaguicidas.

Collage hecho por la autora de su ciudad, Buenos Aires.

Collage hecho por la autora de su ciudad, Buenos Aires.

La vida adulta es querer hacerte un ovillo y meterte bajo las sábanas mientras un asistente personal se encarga de que: la canilla deje de perder agua, te conecten internet, no te falte comida en la heladera, pasar la aspiradora sobre la alfombra, pida un turno para ver a tu ginecóloga para la semana próxima y no, para dentro de dos meses…

Si la hija que no ha nacido me preguntara qué es la vida adulta, le diría que es aprender de los errores, perdonarlos y que solo ella podrá darse lo que le pedirá a los demás: confianza, amor, paciencia. Que día a día perderá la inocencia, y que eso le dará seguridad y fortaleza en sí misma.

Le diría que NO sea “correcta”, amable y amorosa con cualquier persona de su alrededor, que todos somos distintos y que con cada persona es necesario construir relaciones distintas.

Le diría que sea como las lobas que muestran los dientes para defenderse de los depredadores. Le diría que ojalá crezca para ser dueña de su vida y de su cuerpo, porque lo es, lo somos. Porque tenemos el don de dar vida, de crear y de accionar al servicio de NUESTR@S necesidades, sentires y deseos.  Le diría que por todo esto somos sabias, fuertes y más resistentes al dolor. NO pueden llamarnos el sexo débil, no existe la fortaleza sin flexibilidad o sin empatía ya que en nuestro hacer y sentir habitan los opuestos complementarios, somos seres llenos de dualidad.

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La vida adulta
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