La industria oculta de los óvulos Cuerpos, Opinión

El control de la reproducción ha sido siempre un espacio de lucha política. Bajo el eufemismo de “donación”, se sostiene un mercado en el que los cuerpos de las mujeres precarias son sometidos a tratamientos e intervenciones agresivas. Entonces, ¿cómo es que el feminismo español no incluye este tema en su agenda?

Ilustración: Emma Gascó

Ilustración: Emma Gascó

El otro día una periodista francesa me llamó para hacerme una entrevista sobre la donación de óvulos. No dejó de mostrarse asombrada por que España sea uno de los países en los que, habiendo un mayor tráfico de compraventa de óvulos (al mismo tiempo que un país con un fuerte movimiento feminista) sea uno de aquellos en los que menos se habla de esta cuestión. Es cierto.

El auge y la utilización de las tecnologías de reproducción asistida y la compraventa (donación) de óvulos sí son temas feministas. Sólo las mujeres se embarazan y paren mediante estas tecnologías y sólo las mujeres tienen óvulos. Ya sabemos que la tecnología, toda la tecnología, tiene un enorme interés para las ciencias sociales en sí misma en tanto que es, además de una técnica específica, una práctica social y discursiva de representación. Por supuesto que las tecnologías, la técnica, el conocimiento, la misma ciencia, todo ello está mediado por relaciones de poder, y si hacemos referencia a cuestiones reproductivas, estarán mediadas por relaciones de género, obviamente; que es lo mismo también que decir “poder masculino”. Ni por un momento debemos olvidar que el control de la reproducción ha sido siempre un espacio de lucha política, y lo sigue siendo.

La reproducción asistida que ocurre en la sanidad pública cubre una ínfima parte de la demanda existente, y en todo caso, habría mucho que escribir acerca de cómo se genera esa demanda, de cómo se crean nuevas categorías de mujeres estériles y enfermas (antes infértiles) necesarias para mantener de manera creciente la demanda, de cómo se relaciona esta demanda con categorías de consumo, con modas culturales, etc. Y no olvidemos que estamos hablando de una enorme industria mundial, una industria cuyo interés es el lucro y cuya materia prima son los biomateriales humanos (esperma, óvulos, embriones).

Las técnicas de reproducción asistida tienen un enorme impacto social que puede afectar a las relaciones de género, de parentesco, a las concepciones tradicionales de lo que es la maternidad y paternidad, pero que afecta también a la salud de las mujeres. Recordemos que la industria que utiliza como materia prima los óvulos no se dedica sólo a la reproducción asistida, sino que además de esta, está la investigación en clonación terapéutica y células troncales. En esta industria de biomateriales, la razón tecnocientífica capitalista ha generado una lógica utilitarista que requiere de óvulos de manera masiva. El problema es que los óvulos son un recurso limitado y de difícil acceso y para conseguirlos la industria ha puesto en marcha toda una batería de discursos médicos, jurídicos o científicos, además de una maquinaria publicitaria, en la que el papel de aquellos y la explotación de los cuerpos de las mujeres se invisibiliza y banaliza socialmente.

Hay muchas maneras de hacerlo. Por ejemplo, en todo este proceso, se suele hablar, en general, de “embriones”, como si estos surgieran de la nada, invisibilizando que son necesarios miles de óvulos para conseguir esos embriones. No se dice dónde ni cómo se van a conseguir esos óvulos, ni el precio que hay que pagar por ellos.

Otra manera de invisibilizar la cuestión es llamar “donación” a lo que en realidad es una compra. Como en el caso de los vientres de alquiler, la excusa que se da al hecho de que haya dinero de por medio y que aun así se llame “donación”, es la de que es necesaria una “compensación”. Lo que oculta dicha compensación es que, sin ella, no habría donaciones suficientes para cubrir la demanda. No hace falta “compensar” la donación de sangre, ni la de esperma y tampoco pagamos por la donación de órganos.

Aunque tampoco hay aquí espacio para profundizar en el papel de los mercados, lo cierto es que siempre que se abre un mercado en una situación de desigualdad estructural, las personas más pobres se ven obligadas a vender lo que sea demandado al precio que los más ricos fijan y quedan, a su vez, excluidos de los supuestos beneficios de ese mercado. Los pobres que venden un riñón no pueden acceder a comprarse uno en el caso de necesitarlo, etc. La inmensa mayoría de las mujeres que donan sus óvulos lo hacen por motivos económicos. En la actualidad, por ejemplo, es muy corriente encontrar publicidad para estas donaciones en las universidades. Sabemos que esta ha sido la manera en la que muchas estudiantes han podido pagarse las actuales matrículas universitarias. Y también sabemos que hay una auténtica industria de óvulos procedentes de los países más pobres de Europa: Rumanía y Polonia principalmente.

Pero en el caso de los óvulos y bajo el eufemismo de “donación”, subyace crudamente la desigualdad de género. Una muestra de esta desigualdad es el tratamiento que se da a esta “donación” en la publicidad y en la información social y técnica, como equivalente a la donación de esperma. Se ha construido así un imaginario en el que supone lo mismo donar óvulos que esperma, lo cual es una desinformación interesada que vulnera los derechos de las mujeres, sin que hasta ahora la ley, ni el feminismo, hayan mostrado mucho interés en esto.

Para empezar, el esperma no necesita de ningún tratamiento para ser donado. Los óvulos sí, y muy agresivo. La donante tendrá que someterse a multitud de pruebas invasivas y dolorosas, la mayoría sin anestesia. Las mujeres, además, producimos un solo óvulo al mes, una producción claramente insuficiente para la industria. Para sortear esta bajísima productividad natural, se somete a las mujeres a una hiperstimulación ovárica, de manera que en lugar de un óvulo produzcamos de diez a veinte. Esto supone un tratamiento hormonal muy agresivo que mediante inyecciones diarias y constantes visitas al médico para pruebas de todo tipo, que convierte el cuerpo de la “donante” en una bomba de hormonas, con consecuencias psicológicas y físicas muy profundas.

Después de un control del proceso mediante ecografías y análisis constantes, se procede a la extracción de los óvulos mediante la introducción de una aguja aspiradora por la vagina hasta llegar al ovario en el que, mediante una punción, extraer el óvulo. Se trata de un procedimiento quirúrgico que requiere anestesia en todo caso, y anestesia general algunas veces, y que es doloroso antes y después.

El procedimiento completo para la “donante” conlleva riesgos –y dolores- de los que las clínicas no informan en su publicidad, ni tampoco a las donantes, y que está muy lejos de ser inocuo. La producción artificial de más óvulos de los que se producirían naturalmente puede dar lugar a menopausias precoces. Recordemos que los óvulos son limitados (unos 450 a lo largo de la vida fértil de una mujer) y la producción estimulada químicamente puede terminar obstaculizando una ulterior gestación por parte de la donante. También el ovario puede sufrir daños durante la extracción.

“Las drogas que se utilizan para la estimulación provocan numerosos efectos secundarios (problemas de visión, nauseas, vértigo, quistes ováricos, daños irreversibles en el ovario que produce esterilidad e incluso cáncer de mama asociación al tratamiento con clomífenos)”. Recientes estudios han señalado que entre el 0,3 y el 10% de las mujeres que se sometieron a este procedimiento padecieron el síndrome de hiperestimulación ovárica. Los casos más severos pueden incluir fallo renal, pólipos intrauterinos, quiste de ovarios, tromboembolismo, distrés respiratorio adulto y hemorragia por la rotura del ovario e infertilidad. La ASRM señaló que la aparición de estos síntomas más graves “no es en absoluto extraña” (Pérez Sedeño y Ortega Arjonilla 2014). A su vez, muchas de las hormonas utilizadas no han sido suficientemente testadas y las mujeres que las reciben son un laboratorio viviente de la biotecnología, como dice Silvia Tubert. Los riesgos se multiplican si una mujer se somete a estos tratamientos varias veces seguidas y, aunque la ley en teoría lo prohíbe, en la práctica no hay control y muchas mujeres “donan” en varias ocasiones poniendo claramente en riesgo su salud.

A las supuestas donantes que se enfrentan a todo esto por 600 o 1000 euros no se les informa adecuadamente de los riesgos. Y no se trata solo de riesgos potenciales, sino que demasiadas veces se hacen realidad. He conocido hace poco el caso de una chica, donante universitaria, que entró en coma después de someterse al procedimiento. Aseguró que no había sido bien informada y quiso denunciar, pero la clínica la presionó para que no lo hiciera y, finalmente, la indemnizó a cambio del silencio. Estas clínicas patrocinan todo tipo de publicaciones y congresos, y además contratan mucha publicidad en los medios.

Estamos hablando de bioeconomía; de un lucrativo nuevo nicho de mercado en el que la materia prima son los biomateriales procedentes de hombres y mujeres, pero en el que es el cuerpo de las mujeres el que sufre. La publicidad dirigida a los donantes de esperma y óvulo está claramente sesgada según género. A las mujeres se les habla de generosidad, de posibilitar que otras puedan ser madres, se las señala como mujeres comprometidas con la justicia social y con la maternidad. Es la imagen que ellas quieren tener de sí mismas, pero lo cierto es que sin dinero de por medio, la mayoría no se sometería estas técnicas. En el caso de los varones, por el contrario, no se menciona ningún tipo de sentimiento altruista, sino que más bien se busca dar una imagen divertida y desenfadada de la donación.

La biotecnología está utilizando los cuerpos femeninos como productores de materia prima biohumana y como laboratorios andantes para productos de consumo y para satisfacer un nuevo nicho de mercado: el mercado de la reproducción humana. Es un mercado que genera muchas dudas éticas y que, además, está fuertemente sesgado por el género y la clase social en cuanto a las posiciones de poder y de conocimiento que ocupan compradores/as y las vendedoras.

No conozco la razón de que el movimiento feminista no tenga aquí muy en cuenta esta cuestión, aunque tengo algunas sospechas; todas ellas, en todo caso, necesitadas de una comprobación empírica. Digamos que tengo la sensación de que en España aún seguimos presas de discursos falsamente contra hegemónicos (ahora mismo son, de hecho, hegemónicos) que se han construido a la contra de aquellos discursos salidos de una sociedad fuertemente represiva en lo sexual, como lo fue ésta hace medio siglo. No estoy segura, naturalmente, pero algo tiene que explicar el por qué en España triunfan discursos que mezclan el sexo, el cuerpo, el comercio, y triunfan precisamente en espacios en los que esos mismos discursos referidos a otras cuestiones generarían una enorme contestación política.

Sea o no sea ésta la razón, podemos estar seguras de que se trata de una anomalía, ya que aunque los debates sobre cuestiones como los vientres de alquiler, la prostitución, la compraventa de fluidos, óvulos, etc. se reproducen casi en sus mismos términos por todas partes, lo cierto es que defensoras/detractoras no son aquí y en Europa las mismas. El discurso anticapitalista está muy presente entre las feministas europeas que sostienen un discurso fuertemente crítico hacia estas prácticas, mientras que aquí ocurre lo contrario.

El feminismo tiene que implicarse en esta cuestión de lleno, porque estamos en riesgo de aceptar sin discusión una nueva fuente de despoder y desigualdad radical para las mujeres.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Print this page
La industria oculta de los óvulos
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

¿Quieres debatir en un espacio tranquilo, seguro y libre de (machi)trols? Vente al foro de debate de Pikara Magazine

Beatriz Gimeno

Activista lesbiana y feminista, escritora (de novela, ensayo y poesía) y bloguera

    Comentarios recientes

    1. Pepa

      Trabajo en una clínica de reproducción asistida y doy fe de todo o que se dice este artículo. Los óvulos se “compran” a mujeres de bajos recursos económicos que necesitan desesperadamente esos 1000€ euros de compensación: madres (muy) jóvenes con hijos, paradas, estudiantes, inmigrantes, etc. Al final la donación sólo se hace por parte de mujeres desesperadas y, por lo tanto, mujeres que se dejarán hacer lo que sea para poder obtener esta pequeña compensación (1000€ es una miseria para todo lo que comporta un ciclo de donación). Y como siempre en esta sociedad ultra capitalista, acaba pagando el más pobre y desprotegido. En los seis años que llevo trabajando en la clínica sólo he visto donar a gente que necesitaba ese dinero. El altruismo en la donación de óvulos no existe.

      1. Oti

        Hola Pepa. Yo no me había planteado nunca las cosas de las que se habla en el artículo, y me han surgido algunas dudas, quizás puedas ayudarme. ¿Los 1000€ son en concepto de “ayuda” por las molestias que causan a las mujeres los tratamientos?¿Siempre son sumas tan elevadas? Yo pensé que sería una cantidad más “simbólica”. ¿Los donantes de semen no reciben nada por sus donaciones? ¿Las mujeres suelen donar más de una vez? Muchas gracias.

    2. Pingback: La industria oculta de los óvulos | Beatriz Gimeno

    3. Maria

      Muy interesante….

      Una duda que tengo es si esto ocurre sólo en clínicas privadas, o tambien en la seguridad social hay dinero d por medio.
      Gracias

      1. Beatriz Gimeno

        Hola María, aunque no estoy completamente al tanto, supongo que la Seguridad Social compra los óvulos a bancos privados. El asunto con los óvulos es como lel caso de la GS, es molesto, doloroso y tiene consecuencias en la salud de la “donante”, sino fuera por dinero lo harían muy pocas mujeres y sólo en casos en los que se conociera a la persona receptora.

    4. maria

      Hola. Yo he sido madre gracias a un tratamiento con óvulos de otra persona, porque tengo una enfermedad que me impide producir mis propios óvulos. Sé que a las mujeres que donan se les paga, y me parece justo. En las clínicas no se las maltrata ni mucho menos, además que les hacen un completo examen de salud. Prepararse para la estimulación ovárica requiere un tratamiento a base de inyecciones, que yo misma tuve que ponerme cuando intentaba producir mis propios óvulos. Y varias veces. Esto no tuvo ninguna de las consecuencias que aquí se ennumeran, son efectos secundarios, pero no se presentan en todos los casos ni en alto porcentaje. La punción ovárica no es nada dolorosa, y lo sé porque me hice varias. Me parece que la óptica del artículo no es del todo correcta, y exagerada.
      Gracias a las técnicas de reproducción asistida muchísimas mujeres hemos podido ser madres, y no como quien va a comprarse un peluche nuevo como capricho, sino desde un profundo sentido de la responsabilidad y amor

      1. Elena

        Efectivamente, la punción y el tratamiento no son tan dolorosos como se comenta en el artículo. También es inexacto que se produzca un ovulo al mes, se producen varios y el cuerpo selecciona el mejor para fecundar. Lo que sí es cierto es que en los tratamientos de estimulación no te informan en absoluto de los efectos secuandarios a corto y largo plazo. Los tienen, muchos cambios inespecificos en tu cuerpo y muchos malestares que al menos en la sanidad pública se niegan. Estoy de acuerdo con el artículo pero creo que sería más efectivo si fuera un poco más riguroso con estas informaciones. Por otra parte es cierto que esta es una industria incipiente con la que mucha gente se esta forrando y que el feminismo no estamos haciendo nada, de hecho no hay mujeres tan mayores en las clínicas de reproducción, nos están contaminando con disruptores hormonales que afecta a nuestra salud y nuestra fertilidad y no decimos nada. Mientras unas mujeres son víctimas en forma de explotación, otras los son afectadas en su cuerpo, y alguien forrándose con todo esto.

    5. Mercedes

      Estoy con María en muchas cosas… El fin último de una ‘donación’ de óvulos es que otra mujer pueda ser madre porque tiene, desgraciadamente, problemas de fertilidad. la pena es que, como todo, se convierte en un mercadeo en la sanidad privada, porque la sanidad pública apenas cubre donación de óvulos porque es muy caro, solo en casos muy específicos. Pero me parece muy exagerado buscar sexismo en este tipo de cosas. No es que en los tratamientos de fertilidad haya machismo, es que, por cuestiones fisiológicas es más difícil extraer un óvulo que el esperma. Creo que a veces les damos vueltas a unas cosas que no tienen sentido cuando la desigualdad está en otro lado: sueldos, violencia de género, en la industria de la moda o la belleza…

      1. Oti

        Hola María. Yo también he pasado por dos tratamientos, con punción ovárica en los dos casos. Como tú, no sufrí muchas molestias. Ahora bien, yo lo hice PARA MI, no para otra persona. Quizás no se vivan de la misma manera las pequeñas molestias que pueda ocasionar el tratamiento si lo haces porque tú deseas tener un hijo que si lo haces porque necesitas 1000€. Por otra parte, tengo amigas y conocidas que pasaron por el tratamiento un par de veces y tuvieron tantos efectos secundarios que, aún sin haber conseguido ser madres, prefirieron no volver a intentarlo. Saludos.

    6. Amaia

      Totalmente de acuerdo con el artículo, al final es el mas puro capitalismo, compra quien puede, vende quien lo necesita desesperadamente para vivir. Quiero añadir que además hay carteles donde se exigen sólo mujeres blancas. En fin va todo junto.

    7. SLA

      He conocido el caso de una chica “donante” y se ajusta a ese perfil ya que lo hizo exclusivamente por el dinero, y sé que el tratamiento fue muy agresivo y doloroso. Después, los 1000 euros desaparecen en un abrir y cerrar de ojos pero los efectos quedan, y tal vez la tentación de repetir el proceso al tratarse de una chica muy joven. Estoy de acuerdo con la señora Jimeno en que es urgente que la mirada feminista y una información médica objetiva estén tengan más peso en las posibles “donantes” que los cantos de sirena entonando la cancioncita sobre euros y solidaridad maternal. También creo que tal vez haya que replantearse porqué hay que ser madre a toda costa, y cómo es posible tomar una decisión “por amor” hacia alguien que aún no existe y cuya presencia se prevé basandose en una idea de maternidad, no en la experiencia de maternidad. Por otra parte, supongo que aquellas posturas que defienden la dignidad de la venta de la sexualidad o la magnanimidad de vender ciertos trozos y líquidos de tu cuerpo no se opondrían a una vía más rápida y acaso empoderadora como la venta de bebés o, para envolverlo de manera más meliflua, la cesión de la patria potestad a cambio de una compensación. A fin de cuentas, un embarazo no tiene porqué suponer un desgaste abusivo para el cuerpo femenino y la opción de asegurar un futuro a la criatura y un reconocimiento económico y social para la engendradora gestadora reducirían la angustia y sufrimiento que pueden generarse en los casos de embarazos no deseados, abortos y abandonos. También podría reivindicarse un amparo jurídico aplicado a coitos pactados con intereses reproductivos para que la persona que aporta su semen u óvulo no pueda en ningún caso reclamar la patria potestad de la criatura nacida del feto engendrado. Más facil que la fecundación in vitro y sin necesidad de empresas bioeconómicopolíticas. ¿Son disparates? Bueno, a mí me parece un disparate que gente empujada por la necesidad confíe su material genético a desconocidos por cuatro perras, o que un señor que no se come un rosco pueda aprovecharse de la miseria ajena aliñada con machismo para tener su orgasmo y encima la sociedad le baile el agua.

      1. Manuel

        No quiero entrar en el tema directamente, porque al ser hombre, seguro que me llueven criticas. Pero me parece que esto no va mucho más lejos de los ensayos con medicamentos. Es más, seguramente aquí sea algo más seguro.

    8. Maria R.

      Yo doné óvulos estando en la universidad, al igual que muchas de mis amigas, alguna de ellas hasta tres veces. Nosotras no sufrimos ninguno de los efectos que se enumeran en el artículo aunque tengo una prima que tuvo que ser hospitalizada después de la punción por fuertes dolores. No recuerdo si el ginecólogo nos informó de todos los efectos pero en ningún caso nos sentimos alarmadas por lo que hacíamos, Ignorábamos todo lo que estaba pasando por nuestro cuerpo, alguna de nosotras se sentía pesada, hinchada pero otras ni eso. Tuvo que ser un amigo enfermero el que nos alertara de los trastornos que les suponía (en ese momento y en el futuro) a nuestro cuerpo estar hormonándolo de esa manera
      El proceso fue largo y molesto, teníamos que pincharnos todos los días nosotras mismas y acudir a muchas revisiones médicas, quizás lo que más me impresionó fue el momento de entrar en quirófano, recuerdo que había muchísimos médicos y eso fue lo que me reveló la importancia de ese gesto. Los 800 euros que gané no me compensaron ese mes de tratamiento, me quedó la satisfacción de ayudar a una familia que no podía tener hijos pero si hubiera sabido todo lo que sé ahora no lo hubiera hecho y mis amigas tampoco. Asusta la ignorancia que tenemos de nuestro propio cuerpo, yo desconocía hasta hace poco que los óvulos los tenemos contados, pensaba que eramos 100% fértiles hasta que nos llegara la menopausia a eso de los 50 años, ahora sé que a partir de los 35 años las posibilidades de quedarnos embarazadas son mucho menores que a los 28 años y que esos óvulos que donábamos estábamos restándolos de nuestro cupo de óvulos fertiles.
      Dos de mis amigas están teniendo problemas para quedarse embarazada y el ginecólogo les recuerda los óvulos que perdieron en esas donaciones.
      Cuanta más información y discusión haya entorno a estos temas más conscientes seremos de lo que estamos haciendo y no nos dejaremos llevar por el dinero que nos paguen, que hoy en día me parece una miseria pero cuando era universitaria me parecía un dineral.

      1. Elena

        Creo que culpar a la donación de óvulos de futuras infertilidades tampoco es justo, la gran mayoría de las mujeres en reproducción asistida no hemos donado nunca óvulos. Hay otros muchos factores que afectan a mucha más población como los disruptores hormonales de detergentes, herbicidas, plásticos, antibióticos de la comida, etc etc sobre los que no nos fijamos y consumimos tranquilamente. Esto también es un asunto político y con una clarísima repercusión por género y creo que deberíamos politizárlo bastante más antes de emitir conclusiones parciales.

        1. otra

          ojalá el amor que decías tener con vuestros bebes lo tuvierais con toda la humanidad y otras mujeres y apoyarais que se sepan todos los efectos secundarios con porcentajes y lo más claros posibles para donar verdaderamente en libertad, lo contrario al argumento “hay cosas peores”. Soy seres muy egoístas, me arrepiento de donar. Actuáis llamando exagerada como los hombres machistas. Todo por vosotros y poder tener vuestros bebes, no importa “los detergentes, ocúpense de eso”, lo mio no me lo toques.

    9. fan

      Qué grande Beatriz Gimeno, cada vez que escribe un artículo la clava y la borda, me reconcilia con la existencia leerla, vaya que sí. No podría estar más de acuerdo con lo que dice. Habiendo trabajado en comunicación para una clínica de reproducción asistida, doy fe de que mueven enormes cantidades de dinero. Pagar 1000 euros por un tratamiento de extracción de óvulos es irrisorio, de vergüenza. Vivimos en un mundo de ciencia ficción en verdad.

    10. Pingback: La industria oculta de los óvulos

    11. Lola Vicente

      Completamente de acuerdo con Beatriz Jimeno; como diria mi madre, claro. conciso y concreto.
      Pero ya sabemos de la fuerza de algunos sistemas, cuando se pone en marcha la maquinaria comercial es imparable, y este tema, se difumina y se pierde en el campo de lo ético y del mal entendido pudor.
      Estoy de acuerdo en que ser madre es maravilloso, pero a toda costa y a todo coste? La naturaleza es muy sabia….y forzarla tiene siempre consecuecias, y en este caso no solo para la donante, a veces también para el futuro embryonic y para la madre de ese embrión

    12. Meri

      Al margen de que pueda estar de acuerdo en muchas de las cosas que se dicen en este artículo, me gustaría puntualizar un par de inexactitudes. Yo trabajo en un laboratorio de Fecundación In Vitro y he de señalar que los hombres sí que cobran también una pequeña compensación por las “molestias” que supone la donación. Es cierto que son solo unos 60 euros, pero por supuesto su forma de donar es infinitamente más sencilla. Por otro lado, la estimulación ovárica no produce menopausia precoz, con ese proceso solo se recuperan aquellos óvulos que de manera natural en ese propio ciclo se perderían, ya que en un ciclo natural una mujer óvulo un único óvulo, pero muchos más crecen con el y se pierden de manera espontánea.

    13. María del Mar

      La información científica que se vierte en este artículo es falsa. Dese la fisiología básica del ovario (no producimos un solo óvulo al mes) hasta decir que la donación o venta de óvulos reduce la capacidad reproductiva de las mujeres y merma la reserva ovarica de las mismas. No deberían publicar este tipo de artículos que mienten directamente al público con un claro objetivo contra la disposición del cuerpo propio en reproducción asistida. Deberían, como poco, contactar con una persona especialista en biología o del ámbito médico antes de escribir ciertas cosas. Por la credibilidad de la revista y por respeto a su público, que no tiene por qué tener conocimientos avanzados en el tema (al igual que la autora que es ignorante casi total de la fisiología femenina). Un saludo

      1. Viviana

        Lee a Consuelo Alvarez, matrona y profesora de antropología, discrepa de mucho de lo que dices sobre la capacidad reproductiva también. Información para decidir libremente.

        1. María del Mar

          Soy ginecóloga y tengo un master sobre reproducción, anticoncepción y sexualidad. ño que critico del articulo es pura y dura ciencia, fisiología e histología contrastadas y más que estudiadas donde no ha lugar las opiniones enfrentadas. Sobre los posibles efectos cancerígenos de la donación ya hay afirmaciones que apoyan un posible aumento del riesgo de cáncer de ovario pero no por el tratamiento hormonal, si no por la agresión física a la que se le somete con la punción.

    14. Viviana

      Si no tenemos miedo a la libertad se informa de todo, si vemos a otras como receptáculo no.


      Esperamos que ahora que las donantes de óvulos (y ex donantes de óvulos) están ha-blando, los políticos y el público van a empezar a entender que los estudios completos sobre los efectos en la salud de la prestación de los óvulos, son esenciales para que las mujeres jóvenes tomen decisiones informadas. Mientras tanto, instamos a los medios de comunicación para dejar de enfrentar a las mujeres contra las mujeres y reconocer que se trata de tener suficiente información objetiva y basada en datos para poder tomar una decisión informada. Se lo debemos a todas las mujeres jóvenes que proporcionan los óvulos, ya sea para la fertilidad o para la investigación” ://www.ankulegi.org/…/upl…/2012/03/0804Alvarez-Plaza.pdf

    15. María del Mar

      Estoy totalmente de acuerdo con que hay que informar de todo a todas las pacientes adecuándonos a sus conocimientos previos y su nivel socio cultural cerciorándonos de que salen de nuestras consultas con las ideas claras. En consulta de reproducción, de oncología o para hacerse un tratamiento estetico. Si una paciente firma un consentimiento informado donde no nos avisan de los efectos secundarios ni de su probabilidad estamos ante una falta denunciable ante la ley. Entiendo el punto de vista de utilizar a laa mujeres y aprovecharse de ellas pero no lo comparto porque creo que parte de una base maternalista que considera a las mujeres seres indefensos y creo que es una marcada tendencia de esta autora que me chirría y me separa mucho de sus planteamientos feministas en reproducción asistida, prostitución, lactancia materna…

      1. Viviana

        Cuando habláis que es paternalista informar de los abusos de una industria, o de cualquier tema (que es lo que se hace, aunque curiosamente el link que puse se vino abajo después de presentarlo acá) temo que es miedo a que dejemos de ser eso, vulnerables… y podamos tener decisiones en libertad con todos los datos (sobre todo si es algo que se hace para OTROS (que no están en peligro de muerte como un cáncer) y no para un beneficio personal o algo propio como un tratamiento estético, una enfermedad propia, etc. Mezclar ambas cosas denota que el cuerpo de otras se cree de una misma, es control sobre el cuerpo de las demás ese miedo a la información y a los testimonios que dan las personas que se sintieron engañadas o se arrepintieron). Un dato es que maltratadores cuando se habla de leyes de violencia de género, también dice que es paternalismo y que nos tratan como indefensa, todo lo que sea hablar de una realidad donde se han cometido abusos, información poco clara,etc… que nos sitúa en vulnerables, sí, es visto como una amenaza por gente que no quiere que salgamos de ahí y tomemos una decisión libre de verdad, que nos quiere en la indefensión y niega una realidad. Todo lo que sea informar de abusos de algo, o simplemente informar es visto como una amenaza, temo que, por personas que sólo nos ven como recipientes para su tan ansiado sueño. No lo entiendo, si necesitara un día óvulos me gustaría que fueran de personas que lo eligieron en total libertad, con todos los datos disponibles.

        No he donado óvulos, pero si lo hago será para una amiga o familiar, porque me da miedo hacerlo para personas que no le importan los demás.

        1. Viviana

          Quito lo último que fue fruto de la rabia después de leer algunos comentarios en foros. No creo que la mayoría de mujeres que acude piense así, así que si quisiera donar un día lo haría, mientras estaré a favor de que se de toda la información disponible, lo más rigurosa posible y que se visibilice como es realmente la situación actual.

    16. LaL

      Va a sonar fatal lo que voy a decir: estuve a punto de ser donante y con todo el dolor de mi corazón me arrepentí en el último momento. Por qué? Cero información del proceso o de los riesgos (y era un hospital público, encima), y tuve que sacar conclusiones de las pocas experiencias que leí en internet, algunas de ellas de película de terror. Menos mal que no lo hice.

    Los comentarios están cerrados

    Uso de cookies

    Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

    ACEPTAR