La cerda punk Ficciones, Salida de socorro

“Este libro es un brillo insumiso que irradia la grasa de una proletaria de la belleza y la salud para reventar los moldes del pensamiento normativo”. Así empieza este libro que debemos comernos a cucharadas para desayunar. Y, mientras leía ciertas líneas sobre “la excesividad” entre las gordas ‘femme’, me sentí afortunada de formar parte de un nuevo grupo: las que no sabemos pasar desapercibidas.

Portada del libro 'La Cerda Punk'

Portada del libro ‘La Cerda Punk’

Ya conté hace un par de meses que fui a una charla que daba La Cerda Punk en el espacio no heteronormativo de Gasteiz, Sukubo. Quiero que conste en acta que en este lugar hay un ambiente tan bueno y las anfitrionas son tan tan simpáticas, que hasta mis amigas y yo que somos absolutamente antisociales, nos sentimos la mar de a gusto. ¡Un abrazo desde aquí para 7menos20! Total, que no sé si viviréis por allí, pero necesito que sepáis que, con el lema ‘Bihurriok Oihuka’, en Sukubo ofrecen un sinfín de posibilidades para pasar findes guays. Guays en el sentido de sesudos y entretenidos. Se entiende.  Vamos, que sería la alternativa a ver  la repetición de Gran Hermano o el programa de María Teresa. Y al hilo de esta última, tengo una pregunta para usté, Señora Campos, y la extiendo a las lectoras de Pikara  por si tienen respuestas para mí:  ¿los Supersingels esos, los tenéis ahí como si fuera algo serio, o salen a hacer playback  de broma para que nos riamos y busquemos fallos mientras mueven la boca? Otra duda que me corroe es si relamente se saben las letras de las canciones que cantan de memoria, o si tienen una pantalla y les aparecen ahí tipo karaoke. ¿Alguien lo sabe? Muero de intriga. Ya sé que soy una plasta, pero tengo que contaros esto. Hubo una época que iba todos los martes al cine de la Alhóndiga (me niego a llamarla por el  apestoso nombre que nos están intentando meter por embudo) cuando salía de currar. En Bilbao hay un cineclub fabuloso que se llama Cineclub Fas en la plaza Indautxu, en el Carmen (si no habéis ido nunca: ¡id! Saldréis encantadxs), pero como trabajaba en una academia y  había un único día en el que me soltaban antes de las ocho, me gustaba sentir que controlaba mi vida mínimamente, pudiendo elegir qué película ver de las cuatro que me ofrecían. Libertad heterocapitalista, divino tesoro, que diría Darío. El caso es que, antes de entrar a la sala,  iba yo a comprar mi cancarro de palomitas  y ¿¿ a que no sabéis a quién me encuentro en la cola de las palomitas?? ¡¡A Jon el de los Supersingels!! Tengo que poner un largo y sonoro “JAJAJAJAJJAJJAJAJAJA”, porque en estos momentos, cuando lo pienso, me río de verdad. ¿Sabéis quién es Jon, no? Posiblemente no. Es el moreno con voz de tenor. El que fue a Operación Triunfo hace no tanto, y era de Barakaldo. Más soso que un sándwich de cartulina marrón oscura. A ver, sigo. Resulta que iba yo a pagar mi carretilla de palomitas y este señor se apoyó en el mostrador junto a mí no sé por qué hostias. ¿Tendrá mal equilibrio? Algo desequilibrado sí parece. Total, que al apoyarse tan cerca, y siendo yo una Rara de manual que se pone nerviosa muy rápido con interacciones humanas, de mi boca salieron las siguientes  palabras  sin saber muy bien cómo, por qué, ni para qué: “¿Tú eres el de la tele, no?” Bueno, pues el muy hijo sarnoso de Satán me respondió con otra pregunta que yo no supe ni cómo tomarme: “¿Eso es sólo para ti?”-dijo señalando mi camión cisterna de palomitas.  El tío iba acompañado de la que yo supuse que era su novia. Y llevaban entre manos un cuarto de la mitad de un tercio de una palomita pequeña. Supongo que sólo la chuparían un rato para después escupirla y enjuagarse la boca con batido Biomanán  mientras hacían abdominales, o algo.  Me quedé ojiplática. “Si lo sé te voto pa´que salgas todavía antes, cabrón” – fantaseé decirle. Pero le respondí un descolocado: “Sí. Es sólo para mí y nunca comparto comida”. Me sentí rarísima. Llamé a la grúa para que transportara mis toneladas de palomitas, me giré y me fui a sentar en la sala que me correspondía. Y allí me puse a pensar en todas las respuestas ingeniosas que podía haberle dicho al aborto de mono este. Ojalá tuviera el teléfono de todo el mundo que me cae mal y les pudiera mandar audios con los comentarios que se me ocurren a posteriori después de discutir. Da mucha rabia quedarte sin decir cosas que podías haber dicho. Y mira que suelo ser rápida (hay quien me llama Miss Rotura), porque cuando trabajas con adolescentes si no tienes el callo para dar respuestas ágiles, literalmente  te hunden en la mierda… pero esta vez me pilló baja de forma y cero en guardia, supongo. Bueno. Total, que volviendo a Sukubo y a la Cerda Punk,  desde esta sección en la que me dejan decir lo que quiero, os digo que hagáis algo útil: apagad el ordenador ya mismo y leed su libro.

 

Sí. Le he dado al intro. Esto es un nuevo párrafo. Pero lo hago por una buena causa. Haced el favor de parar en seco, dejad lo que estéis haciendo mientras leéis estas líneas  y  leed su  libro de pasta dorada,  porque os vais a sentir recontrabien.

 

Y sí. Le he dado al intro de nuevo para deciros que, si por lo que fuera, no conseguís dar con alguna de sus charlas, y comprárselo a ella en carne y hueso por diez euros no es una posibilidad, siempre podéis entrar en Internet y bajároslo. Es muy fácil. Copyleft.

Ella dijo que nos animaba a hacerlo.

 

¿Y quién es ella? Ella es Constanzx Álvarez Castillo. En su libro lo escribe con minúsculas. Me recuerda a que yo en la uni siempre firmaba mis trabajos con mi nombre de pila sin apellidos ni florituras. ¿Y a quién le importa, María? Ya. No sé. Por comentar. Sigo. La Cerda Punk nació en Chile en 1991. Es Performer y  Tallerista. Mi formación me obliga a contaros que empezó los  estudios de Psicología en la universidad. Y diréis: ¿es relevante que sea de Chile, tenga 24 años y fuera a la uni? Sí y no. Pero en las reseñas normales la gente lo pone. Así que yo les copio si no os parece mal. Total, que lo verdaderamente importante es que la autora en todo momentos nos habla, desde los márgenes  y en primera persona autobiográfica “sobre las disidencias corporales”. ¿Y qué quiere decir eso? Pues que es gorda. ¿Pero cómo de gorda? –preguntarán las más curiosas. Pues más gorda que muchas, y menos gorda que otras. Curiosamente, cada vez que escucho comentarios sobre alguna charla relacionada con gordofobia, muchos de los comentarios post speech no están relacionados con el contenido de la ponencia, si no con cómo de gorda o no gorda es quien hablaba. Curioso cuando menos. ¿No? Otra cosa que me llamó la atención en esta charla, era que vi más gordas de lo habitual allí sentadas.¡¡¡Toma!!! ¡¡Viva Gasteiz!! Normalmente, una observación que también se hace después de las charlas sobre gordofobia, es que quienes escuchan suelen rondar la talla 40 (porque la 38 a casi todas nos aprieta el chocho, ya tú sabes). Y por algún motivo que desconozco y me da una rabia tremebunda, acaban por comentar las discriminaciones que sufren en las cenas de Navidad porque no han subido esos 200 gramos que les hacen falta para estar en su peso diez. Gente a la que la médico de cabecera le crea una dieta para engordar, hagamos autocrítica: ¿es realmente este el espacio en el que quieres hablar sobre tu estría invisible de dos milímetros? La autocrítica la hago yo también en alto, porque lo mismo yo soy muy poco moderna y demasiado cuadriculada y entiendo que al ser una charla sobre gordofobia hay que hablar de ese tema y no de otro. ¿Qué pensáis las demás? Lo digo de verdad. ¿Soy cerrada de mente?

 

Bueno. Allá vamos.  La obra consta de un prólogo del que rescato que “este libro es un brillo insumiso que irradia la grasa de una proletaria de la belleza y la salud para reventar los moldes del pensamiento normativo”. Qué bonito, ¿verdad? Luego tenemos una intro que empieza con la cita de Nomy Lamm, “cuando soy consciente de mi gordura, no puede usarse en mi contra”,  y para cuando llegas al primero de los ocho capítulos, tu lápiz ya se ha quedado sin punta de subrayar todas y cada una de las líneas que tus ojos han devorado como si fuera un gigante y grasiento bocadillo de alguna comida que te guste mucho. Mientras vas leyendo, notas que tienes litros de aceitoso conocimiento cayéndote por la barbilla, pero en vez de limpiártelo con la manga del pijama, te lo dejas secar, porque te da gusto. Ya lo saborearás luego. Me encanta leer cosas que pensaba de antes pero nunca había dicho en alto: “Escribir para sellar la herida, mantener aquella cicatriz, lamerla, colectivizarla, exponerla y politizarla, jamás borrarla (…) Escribir porque no tenía espacio para pensarme física, subjetiva y afectivamente desde otro lugar que no fuera desde ese malestar con mis curvas, con mis pliegues, con mi cuerpo”. ¿Mentiendeeeees? Y sigue: “Escribo desde mi gordura sin representatividad (…) porque me parece importantísimo relatar lo cotidiano desde la experiencia directa” ¿Perdonaaaaa? Maaaaaás, dame maaaaaás: “Escribir porque el patriarcado desde pequeña me enseñó a callar, a no manifestar si algo me molestaba, a no decir que no, a sentir vergüenza sobre mí misma por hablar fuerte, al ser inteligente, al ser gorda y no ser simpática, ni tampoco tener la cara tan bonita, por ser escandalosa y siempre querer llamar la atención, esas inconmensurables ganas de mostrarme y sacarme toda esta mochila de insultos, burlas y vergüenzas ajenas”. ¿¿¿Alma gemela???

Pero quizás lo más importante, y algo de lo que al menos yo no me había percatado, podría ser la superfrase lúcida que dice: “No todas las posturas sobre la gordura y su activismo son iguales, ni las experiencias son las mismas. Nos separa la clase, la raza, la sexualidad, la opción política, la etnia, la ubicación geopolítica, la edad. No se es una cuerpa política sólo por ser gorda, si no por cómo nos enfrentamos al mundo con nuestra gordura”. Bueno, y no voy a seguir copiando y pegando, porque me canso. Pero qué fuerte, ¿no? Yo me quedo flipada cuando personas con las que aparentemente no siento ninguna afinidad in situ, al leer las siento siamesas que han estado a mi lado toda la vida. El poder de las palabras, joder.

 

No voy a ser una falsa redomada, y tengo que decir que la presentación de, poco o nada tiene que ver con su libro. En un principio, por temas personales o llámalo X, la autora a mí me pareció alguien que noté lejana. Me explico. A mí todo el mundo me impone. Así de primeras. ¿Por qué? No sé. Pero es así. Constanza no fue menos. La vi allí subida en el escenario, sentada en el sofá con su top negro y esa camiseta de red (“¿Dónde te has comprado la camiseta?” Era lo único que se me ocurría cuando llego el turno de preguntas),  hablando despacio con bastantes gestos entre manos. A mí la gente que presenta cosas delante de otra gente, me da mucha envidia, porque (momento autopromoción), Núria Frago creó una expo que llama ‘Des-enfadadas’ con sus ilustraciones y textos de esta sección que visto y calzo, Salida de Socorro. La expo tuvo lugar del 3 al 15 de diciembre en la Sala Stripart del Centro Cívico Guinardó  de Barcelona, pero yo por algún motivo que no sabemos cuál es, fui incapaz de siquiera… ya no digo pasarme a verla… si no sentirla mía. Lo único que mi cerebro piensa es “quévergüenzaquévergüenzaquévergüenza”. Y luego ya después de hiperventilar, “Esta Núria es una crack, qué guay”. No sé si me estoy explicando. Que la gente que sabe valorar lo que hace, mostrárselo al mundo y hacerlo suyo sin miedos, me parece que tiene tres cuartos del camino hecho. ¿Qué tipo de adulta soy? ¿Recordamos que soy profesora? ¿Cómo lo hago? No sé. No lo sé. Pero en mi trabajo soy buena. Eso es algo que me suelen decir siempre. Así que me lo he creído. However, ha llegado un punto en el que yo ya no sé ni decirle a la cajera del súper que me ha dado mal las vueltas. You know what I mean? Vamos, que yo si quien tengo delante no se deshace en sonrisas y me deja entrever que no me odia, me pongo muy nerviosa y no sé qué hacer. Y os preguntaréis: “¿Pero por qué piensas que todo el mundo te odia? La gente tiene mejores cosas a las que dedicar su tiempo, reina”. Sí, sí, la teoría me la sé. Es la práctica la que suspendo. Bueno. Que la charla yo la sentí algo fría. Pero el libro es una olla a presión.  Caliente caliente caliente. Cercano cercano cercano. Personal personal personal. ¡¡¡¡Y te explota en la cara toda esa lucidez!!! Así que leedlo con tranquilidad , mente abierta y ganas de entender lo que dice sin compararlo con lo que ya pensáis de antes. Ese es un maldito error muy común cuando la gente habla de su vida en público. La gente tiende a opinar sobre la vida del resto. ¿En vez de hablar sobre lo que yo te cuento, por qué no me cuentas lo que te pasa a ti? No lo entenderé nunca. Yo escribo sobre mí porque me siento mejor haciéndolo que no haciéndolo. ¿Qué mierdas me importa a mí que a ti te parezca que yo escribo mal? Si lo que yo cuento le sirve a alguna persona para sentirse menos pringada, ¿quién leches eres tú para decir que me vaya y deje de decir gilipolleces? Que quiero decir, personalizando el tema,  llevo unos artículos en los que no puedo estar más de acuerdo con que realmente debería ir retirándome, pero no porque no escriba bien, si no porque me está dejando de divertir hacerlo por este canal. Pero eso da igual. Lo que me intriga es: ¿por qué tenemos esa puñetera manía de sentir asco, rabia, vergüenza por aquello que no nos gusta y esa necesidad imperiosa de que la otra persona lo sepa? Llámame loca, pero no lo entiendo. Como dice La Cerda Punk, “yo hablo sobre mi gordura sin ánimo de representar a nadie”, ¿qué es exactamente lo que la gente no puede soportar de eso? Yo cuando voy a casa de mi familia, no abro la boca demasiado para no meterme en problemas. Pero sé que los días que llego con una incontinencia de aupa el Erandio, mi padre se pone muynerviosomuynervioso porque le da rabia mi personalidad. No quiere que yo sea así. Quiere que sea de otra manera y por eso me pide que me calle. Porque no le gusta enterarse de cómo soy en realidad. Yo sé que le causo un bochorno terrible. Que le desconcierta ver en mis comentarios sinsorgos debilidades que él sabe que tiene pero no se permite mostrar. ¿Alguna otra incomprendida en la sala? Pues con esto de censurar al resto cuando habla de sí misma, pasa igual. Mientras leía ciertas líneas sobre “la excesividad” entre las gordas femme, la verdad es que me dejé de sentir especial, y gracias a diosa me sentí afortunada por formar parte de un nuevo grupo: las que no sabemos pasar desapercibidas. Por traumas, por carencias, por necesidad imperiosa, por tara, por vicio, porque nos sale del coño, porque sí, porque no…yo qué sé. El caso es que existimos personas que disfrutamos llamando la atención. Me deja más tranquila saber que no soy yo sola. Y dirás: “Qué pena que estés siempre dando la nota”. Bueno. No sé. Todo el mundo que trabaja de cara el público y vive de lo que dice, es exhibicionista en un grado u otro. Y me atrevo a decir que no hay nadie que, con disimulo o sin él, no busque la aprobación de sus seres queridos y no tan queridos. En mi caso debo decir que mi familia nuclear se ha pasado toda la vida criticándome por ser una egocéntrica pesada que necesita demasiada atención,  y ¡fíjate tú! ahora tengo esta columna en Pikara, hago vídeos en Youtube, presento shows de burlesque y dinamizo aerobitones. Todo desde el Yo, mi me, conmigo. Seré una pringada, yo no digo que no. Y digo más, porque me estoy quedando muy corta. Yo no conozco a nadie que no sea una pringada.  Desde la bollera más misteriosa e inalcanzable, pasando por la bailarina más exótica, la cantante más ingeniosa, la fotógrafa más original, la actriz más ocurrente o la doctora que escribe tesis sesudas. Las viajeras, las caseras, las madres, las hijas. Las que vivimos con perras o gatas. Las que conducimos sin saber aparcar y las que aparcan con una mano. En mi entorno somos todas unas pringadas, y me temo que en el resto de los entornos también. No sé por qué me da.  La pringadas graciosas, listas, divertidas  y revolucionarias estamos por todas partes y nos reconocemos hasta cuando nos vemos de pasada.  Así que ya ves tú. Pringada o no pringada, notas o no notas, todo lo que mi familia (anti)nuclear me decía que odiaba de mí de pequeña y por lo tanto debía cambiar o esconder a toda costa, es lo que me hace hoy por hoy ser Yo. Paradojas de la vida. Sed vosotras, y a quien no le guste que se joda y se calle la boca, que lxs aguafiestas tienen mucha manía de rallarnos la cabeza. Joder.

Total. Que como viene siendo habitual, empiezo hablando de una cosa y termino en las antípodas de ese tema. Pero reitero lo dicho. Os ruego que si sois gordas, os leáis La Cerda Punk. Y resulta que, si no sois gordas, también.  Su forma de narrar acontecimientos en primera persona te va a llegar superhondo y vas a sentir que tienes una nueva amiga. Deberíamos comernos este libro a cucharadas para desayunar. El subidón con el que sales a la calle y la seguridad con la que pisas de repente es la monda. Tu discurso se va a ver enriquecido por un montón de conceptos nuevos y anecdotario que engrosará tus discusiones navideñas en familia. Cuando tu tío segundo se meta con tu barriga en la cena de navidad, suéltale una cita de Constanzx y se va a cagar encima. No me creo que te lo leas y no sientas una metamorfosis del copón recorriéndote por las entrañas. Así que, ¿¡ a qué esperas!? Si no coincide que pasa por tu ciudad a dar una charla, entra rápidamente en Google y búscalo. Está en pdf. Vete al curro y mientras tu jefe toma el café, lo imprimes  y te lo lees en vez de trabajar. Y si no quieres malgastar hojas y sabes leer en pantallas, te lo bajas en el móvil y se lee a las mil maravillas. No te vas a arrepentir. En serio.  ¡¡Verás que sorpresa más gorda!!

 

NOTA: Quiero decir que, para mi supersorpresa, en la cena de Nochebuena de Carmena en Madrid, para un par de cientos de personas con dificultades económicas, ¡¡¡tocaron tres de lxs miembrxs del grupo de música de María Teresa Campos!!! O sea que están de rabiosa actualidad y yo no soy nada visionaria. Shame on me!!! Ahora sólo nos queda averiguar, haciendo labores de inspectoras gadget,  cuál fue el supersingle que se escaqueó, para sacarle cantares. ¿Alguna lo sabe?

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La cerda punk
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

    Comentarios recientes

    1. Estela

      María me gusta leerte. Punto.

      Y te diré más! Me gusta mucho leerte.
      Comprendo casi todo lo leído, no siempre me siento reflejada pero sí me remueve, y esa es la cosa, no?
      Som-hi María!

    2. Pingback: [Publicación] “La Cerda Punk – Ensayos desde un feminismo gordo, lésbiko, antikapitalista y antiespecista” | abordaxe

    3. Izas

      Que magnifico magnifico articulo!!!!

      Me meo con la descripcion de la palomita chupada!

    4. laura

      “palomita chupada a medias” ajajajja “no comparto mi comida” ajajajaja Qué arte tienes!

    5. Susanna

      Me encanta, como sempre! ! Aun estoy en shock con que le hayas dado al intro… jajaja! Muy bueno debe ser el libro 🙂

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