Hechos reales El Conejo de Alicia, Voces

Quizás los hechos que te contamos en este vídeo te parezcan exagerados, incluso puede que te cueste creerlos, pero son reales como la vida misma. Este vídeo es una recopilación de testimonios (fotografías, anécdotas, relatos…) de mujeres que están viviendo una relación heterosexual. Como siempre, elegimos reírnos antes que llorar.

¿Tú también tienes alguna historia similar? Cuéntanoslo en el Foro de Pikara

 

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Hechos reales
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Soy la pesadilla de los novios heteroaburridos de mis amigas. Desayuno escroto ibérico a la brasa. Te cuento todo esto y mucho más en mis vídeo-artículos de Píkara. Blog: http://atravesespejoalicia.blogspot.com.es/

    Comentarios recientes

    1. Pingback: El Conejo de Alicia: Hechos Reales | Alicia Murillo Ruiz

    2. Rebeca Crespo

      Jajajajajjajajaj me parto! Pero me parto porque yo me veo al igual que todas en estas mismas situaciones. Y claro, a parte de resistir y luchar, me queda reir con tono sarcastico.

    3. Mar

      A mi las huelgas me pueden, porque mi novio nunca hace nada. No lo entiende, no lo procesa y viene de una casa de mujeres esclavas asiwue nada; mi solución: tabla semanal con los días y las horas de hacer las cosas cada uno. Y por supuesto un piso con dos baños. Sino, no hay chocho.

    4. Jesica

      Mi pareja me dice : ” estás obsesionada con la limpieza, con limpiar una vez a la semana hay….” joe que somos 5 , una gata y un perro ” chowuaca”

    5. Emiliana

      Yo tengo alguna anecdota también: Cuando me encuentro por el suelo los calcetines usados d mi novio (cuando él ya se ha ido a currar), simplemente los cojo y los tiro a la basura, porque después de tantos años ya estoy hasta los ovarios de que no le entre en el coco que no es un trabajo excesivo llevarlos a la bolsa de la ropa sucia. Quizás no sea ecológico pero ya no sé qué hacer y ya me caen mal sus calcetines, no pienso tomarme la molestia de meterlos en la bolsa, luego en la lavadora, luego en el tenderete y finalmente en el cajón. Llega un día que cuando abre el cajón se da cuenta de que el número ha reducido drásticamente… y se cuida más en sus descuidos (que conste que no me discute nunca mis radicales medidas, las acepta resignado y aún así, dispuesto a seguir en sus trece)… hasta que se vuelve a relajar y comienza d nuevo el homicidio d calcetines. Por supuesto, la renovación de calcetines, va a su cargo.

    6. Pepe García

      Me ha parecido un contenido viejuno, ¿todavía queda gente que vive con su pareja? ¿Todavía tienen hijos? ¿De qué tipo de hombres habla el vídeo, de Alfredo Landa? ¿Años 50, 60… 70? ¿Dónde puedo encontrar discursos feministas actualizados para hombres hipsters, metrosexuales, aseados, buenos cocineros…? ¿Qué pasa cuando la compañera de piso (no necesariamente la pareja) es más desastre, más desordenada, ni limpia ni friega…? Por favor, poneos al día, la sociedad lo necesita.

    7. Rita

      Hace varios años que ya no me sorprende nada en materia de hombres-hogar. Exactamente desde el día en que descubrí a mi ex novio limpiando el inodoro por dentro con estropajo y sin guantes. Escobilla de wáter, ¿qué es eso??
      Joder, y ahora que me pongo a pensar, hace unos añitos también vi a un conocido fregar sin guantes los urinarios de un bar, uno de ésos que, después de toda la noche, cierran a mediodía, de los que recogen a lo mejorcito de cada casa; vamos, de los que suelen estar más guarros. Luego llegaría a casa y le metería mano a su novia, puagh!!!!!

      1. Manicurapefecta

        Pero qué poco originales somos los humanos. Yo solía tener ese mismo show todas las semanas. Bueno, pues trataba de no meterme en el cómo, con tal de cumplir cada uno su turno. Si quieres meter las manos en el vater es tu problema. Así sé dónde han estado los guantes que yo sí voy a usar. La cosa es que él limpiaba, vale, porque estabamos de acuerdo en que limpiar es un engorro que hay que compartir, pero parece que ya ponerse guantes es de nenas.

    8. Dani

      Yo lo que digo: si hoy en día las mujeres occidentales tenéis más oportunidades que nunca a lo largo de la historia de mantener una independencia económica, si trabajáis fuera de casa, si sabéis llevar un hogar como es debido, si a menudo valéis más que los tíos, ¿para qué os emparejáis como unas corderitas con ellos? A menos que haciendo balance, lo bueno de la relación pese más que lo malo. O bien que de lo que se trate sea de fundar una familia cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Que normalmente quienes caéis rendidas al final del día sois vosotras. En cualquier caso creo que echando cuentas y balances entro lo bueno y lo malo de la relación, a ellos les suele salir la jugada mejor que vosotras.

    9. Tokomocho

      La estrategia del emparejamiento y la competencia sexual son aspectos ignorados por la teoría feminista. Cada uno tiene unas preferencias que solo se materializan dentro de su mercado de emparejamiento objetivo, es decir, en su liga de competición. Si muchas mujeres aguantan a sus parejas en estos conflictos domésticos es fundamentalmente porque es lo mejor que van a encontrar dentro de sus posibilidades. Ellas pueden pensar que son seres maravillosos con un enorme valor sexual y de emparejamiento, pero la realidad es que no son percibidas así por los demás.
      Incluso en los ambientes feministas, es el machirulo infiltrado el que con su bravuconería, seguridad en sí mismo, aspecto físico agradable y su atractivo sexual el que se lleva de calle a las féminas más deseadas del grupo. No porque no se pueda identificar su comportamiento como el de un auténtico heteropatriarca a simple vista, sino porque es precisamente este valor el que atrae a las mujeres de manera mayoritaria. En estos ambientes, los pusilánimes sin carácter suelen tener que conformarse con lo que los otros descartan.
      En fin, que a todos nos gustaría tener lo mejor de lo mejor, pero nos tenemos que conformar con lo que realmente está a nuestro alcance.

      1. Dani

        Estoy de acuerdo con tu primera frase. Al menos con respecto a lo que yo conozco del feminismo. Y, dicho sea de paso, hay que agradecer a Alicia que mencione la cuestión. Lo mismo que es de agradecer -y aprovecho para hacerlo ahora, porque en su momento creo que no pude- cuando explicó hace tiempo que en su círculo de relaciones intentaba analizar críticamente la violencia dentro de las parejas lesbianas, no sólo en relaciones heterosexuales, pero eso era visto con malos ojos por algunas feministas. Volviendo al tema que trata Alicia en esta ocasión: es cierto que el emparejamiento y la competencia sexual no suele tratarse desde el feminismo. Pero el resto de tu argumentación me parece, en principio, demasiado tajante. A menos que puedas especificar en qué te basas para hacer esas afirmaciones. No niego que puedan ser ciertas, digo que menciones cuáles son tus fuentes, tus experiencias, observaciones, etc. Yo no pertenezco ni he pertenecido a ningún grupo feminista. Supongo que tú sí, y en base a ello emites las opiniones de tu mensaje. Pero todo ello debes dejarlo claro, para saber si estamos hablando sólo de meras suposiciones, deducciones escritas a modo de ‘micro-ensayo’ sobre el movimiento feminista… o es algo de más fundamento. Opinar sobre una realidad sin decir en qué te basas para opinar eso, no vale para nada. Es como repetir una serie de eslóganes al estilo del marketing y la publicidad.

        1. Manicurapefecta

          Es que es lo que hay. Los y las feministas, nos hemos educado en la desigualdad, vivimos en ella. Así que la realidad cotidiana choca a cada momento con los planteamientos igualitarios. Y bueno, esto no es resignación. Yo no convivo con lo que está a mi alcance, porque para eso puedo elegir estar sola, que se está muy a gusto. Hay otras formas de relación. Cuando elijo convivir con una persona, y renunciar a parte de mi espacio, es porque me compensa con creces. Luego hay que construir una convivencia desde esa idea del mutuo beneficio, de corresponsabilidad. Esa constucción es un baile, que se compone de muchísimos movimientos, algunos aparecen en el vídeo. La casa, los cuidados, pueden ser un infierno o un proyecto compartido, según sepamos enfocarlo.

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