La poliamorosa realidad Salida de socorro, Voces

Recuerdo que un día mi padre me llamó “golfa”. Yo debía tener dieciséis años y me dio durante una racha por tontear con obreros. Ahora, fíjate tú, me leo un libro y resulta que ya no soy una guarra, sino que soy poliamorosa. Ética sí, pero insana.

Ilustración de Núria Frago

Ilustración de Núria Frago

Hoy quiero verborrear sobre poliamor. Y empezaré citando a Alicia Murillo con su “Yo siempre he sido una tía muy moderna, ¡uh! ¡¡Qué moderna!!”. Poniendo esa voz de señora que se toma un martini y acaba piripi. ¿Sabéis cuál? Pues esa. Como soy bollera conversa y conversadora, tengo el pelo largo, poco sexo, muy genitalizado, denominado vainilla por Miss Camisetas Rotas Mojadas que me miran por encima del hombro, y básicamente quitando que soy gorda, mi estética es más o menos “normal”, quizás puedo parecer una aburrida de mierda total. Me hago cargo. De hecho estáis en lo cierto. Pero en estas líneas quiero dejar constancia escrita de que, por muy antigua que parezca yo, lo del poliamor lo practicaba desde que tengo uso de razón. Siempre tuve mi novio de la ikastola, mi novio de veraneo, mi novio de solfeo, mi novio del portal…en fin. Ya tú sabes. Que me pasaba por la piedra infantil-adolescente imaginaria a todo kiski si me hacía un mínimo de caso y me atraía por algún motivo. ¡¡Quienfuera!! Porque, como ya he recordado en contadas ocasiones, y como dice la personaje bohemia de la famosérrima serie Girls, “los primeros siete segundos me siento absolutamente atraída por toda la gente nueva que conozco”. A ver, yo no diría tanto. Porque no sé si me siento atraída “en realidad”. What does that even mean?! Lo que sí sé es que, sin motivo aparente, quiero gustar a todo bicho viviente durante esos primeros siete segundos que duran las primeras impresiones. Y hago triquiñuelas sonrientes mientras pongo ojitos, además de otras paranoias raras que no sabría concretar en este instante. Añado que hasta el día de hoy nunca hubiera admitido tal gilipollez. Porque a ver, luego ya, que no cunda el pánico, me relajo y me rasco la entrepierna o me huelo el sobaco como hacéis el resto de lxs mortales. Pero paso de negar la readidad durante más tiempo. Ligo con piedras. ¿Cómo te quedas? ¿A alguna más le pasa? Venga Zorrón, que sabes que a ti te pasa lo mismo…¿¡a que sí!? Pues nada. Que por algún motivo que no sabes cuál es, eres la fresca de tus amigas y al principio te gusta todo el mundo (¡¡hasta lxs prohibidísimxs y privadísimxs novixs de tus amigxs!!), luego te morreas con todo el mundo (algunas veces hasta lxs prohibidísimxs y privadísimxs novixs de tus amigas también!!) y last and least, como no puede ser de otra manera, tienes encuentros eróticos con todo el mundo que se cruza en tu camino y te mira de reojo (efectivamente, también en alguna contada ocasión con esas personas que queda mal admitir). Quiero insistir en que antes “ponía los cuernos”, “era infiel” o “no sabía lo que quería”. Al menos eso es lo que escuchaba desde fuera. Recuerdo que mi padre un día me llamó “golfa”. Yo debía tener dieciséis años y me dio una racha por tontear con obreros. En fin. No digo que no lo fuera, pero si yo le hubiera llamado “so payaso” podríamos habernos recorrido la discografía de Extremoduro de manera bastante elegante. A lo que iba. Ahora, fíjate tú por dónde: que me leo un libro y resulta que ya no soy una guarra, sino que soy poliamorosa. Porque además, con esta sinceridad que diosa me ha dado, tengo bastante ética y recursos verbales suficientes para que, explicándome, no se me odie mucho. Poliamorosa ética. ¡¡Toma!! Adjetivos que me meto en el…saco. Pero no vayáis a pensaros nada chachi, que soy tan cutre que no soy poliamorosa sana. ¡Sólo faltaba! Soy poliamorosa ética enferma. O insana. O algo. Resulta que a mí me fascina flirtear con seres vivos e inertes, pero lo que no me gusta tanto es enterarme de que mi pareja (inexistente right now, así que abrimos la veda y estoy en el mercado de nuevo:¡¡ueeeeee!!) lo hace. No me entendáis mal, no soy “de esas” que hacen y no dejan hacer. Que cada cual se relacione con lxs otrxs terrícolas como le plazca… pero Diosita que yo no me entere. No voy a llegar a las manos. ¡Nunca! Pero mi puñetero cerebro traicionero y retorcido empieza a imaginarse posturas del Kamasutra en las que yo no salgo, conversaciones cursis de película de Antena 3 susurrantes. ¡¡Soy muy insegura!! ¡¡Y yo no quiero que por querer a otra se me deje de querer a mí!! Como dice Alma en la película Inconscientes: “A mí no se me deja por un motivo tan prosaico”. Algo así creo que decía. Joder, y es que una vez más, supongo que echaré la culpa a que de pequeña pasaban de mi culo para explicar que ante tales situaciones me entran sudores varios, angustias y unas inseguridades tremebundas de agárrate y no te menées. A mis treinta y un años paso en sanchesqui de estar toda la tarde margarita de plástico en mano “me quiere, no me quiere, me quiere no me quiere”. No es plan. Que una no va vinculando por la vida con gente de la que se enamora sin conocerla ni haberla visto nunca aunque haya señales que te digan que corras lejos sin mirar atrás, para llevarse malos ratos y preguntarse sin hallar respuesta qué ha hecho mal. Y es que yo quiero una pareja que piense que soy supermaja, superguapa, supergraciosa, superlista, divertida, interesante, que haga siempre todo lo que yo quiero y que nunca se canse de estar conmigo. Vamos, lo normal. Lo que todo el mundo cuenta en su primera cita para que nadie se asuste. ¿Verdad? Pero seamos francas: si todos esos requisitos se cumplen, a mí me importa tres rábanos fritos que mi significant other copule con quien le venga en gana. Lo que pasa que es muy complicado saber “gestionar” esas situaciones. Y escribo el verbo “gestionar” entrecomillado mientras me remango con cara de pocxs amigxs, porque hace dos años decir “gestionar” me parecía la monda lironda, pero hoy me cansa soberanamente y me produce gases. Como alguien en una conversación me diga la palabrita de marras, acompañada del abstracto término asertividad y algún otro postureo que yo considere (in)oportuno, voy a sacarme los ajos del bolsillo y la cruz cristina apostólica y romanda para, chillando la canción ‘Loca’ de Malena Gracia de hace mil veranos, llevar a cabo un exorcismo en riguroso directo. Gente que utilizáis “gestionar” como muletilla, tengo un mensaje para vosotrxs: tenéis que parar. Sí, parecéis gente lista cuando lo decís, pero cansa que te cagas. Yo no sé gestionar más gestionares. En euskera se dice “kudeatu” y también me pone nerviosita. Entiendo lo novedoso del concepto, pero por favor… tuvimos suficiente con la palabra empatía, luego vino asertividad… creo que ya el temita aburre a un muerto. ¿Dónde me he quedado? ¡Ah sí! Que “me sube la bilirrubina, cuando te miro y no me miras”, que decía aquel. Básicamente y sin darle muchos rodeos, es eso. ¿Alguien más se ha leído ‘Ética promiscua’ y le ha parecido que podía haberlo escrito hace quince años mientras echaba kinitos con sus amigas? Hay capítulos curiositos, que según a qué edad los leas y cuanta mierda te hayas tragado, podrían servirte para algo, pero lo cierto es que aunque tenga tanto renombre y suene tan especial, el libro en sí es una lectura repetitiva de la misma idea seiscientas veces seguidas una detrás de otra. Es mejor que estos arti-culos que tenéis entre manos, obviamente, (la duda ofende) pero no entiendo el por qué de tanto bombo repentino. No sé. A mí últimamente después de haber pasado de fiesta una noche en la que no bebí ni un mililitro de alcohol, me da por pensar que estamos todxs cortadxs por el mismo patrón. Si lo que siento en mis entrañas amorosas es lo anteriormente descrito, y a pesar de ser raruna suelo saber captar al resto de la gente con bastante exactitud… me temo que somos todxs igual de patéticxs y buscamos algo parecido. Utilizo el verbo “buscamos” de manera totalmente libre. Porque la búsqueda no es necesariamente activa. Y bueno, que el verbo en sí tiene connotaciones que no me apetecen. Pero a lo que iba. Este descubrimiento lo he hecho después de comprobar que, en sociedad y tomando unas copas de más, la mayoría de la gente somos la misma mierda. El objetivo vital de todo ser bailongo parece ser aparentar ser guay sin que se note demasiado y resulte descarado. A algunas personas se les nota más. A otras personas se les nota menos. Las segundas, lógicamente son las que acaparan más miradas y terminan pillando esa noche. Pero la clave reside en aceptar a la pardilla que llevas dentro, y buscar la que lleva la persona de tu lado. ¡Queremos amor incondicional disimulado! ¡Queremos alimentar nuestro ego a cucharadas de “molas cantidubi” y “eres la mejor”! De ahí que cuando tenemos eso atado, los escarceos amoroso-sexuales se vean como algo aceptable. Ahora bien, a tus treinta años, tu decimonovena pareja no te va a crear un apego seguro que te tranquilice los instintos suicidas cada vez que crees que dejan de quererte porque apestas. Así que o tu núcleo familiar hizo bien las cosas desde el minuto cero y te hizo sentirte fabulosa y especial estando en tus propias carnes, o la hemos cagado y no habrá hija de madre que te salve si no te gastas una pasta en terapia que puede, o no puede, funcionarte. Sentirte una mierda y querer que te quieran sin peros es ridículo y a la gente le cuesta admitirlo. Pero yo el otro día tuve una visión y quería contarla aquí. Lo dicho: aquí pringadxs somos todxs, o ningunx. Una cosa más añado: si tú que lees estas líneas estás libre de pecado, ¡hazme el favor! y deja el primer comentario. Cuéntame la pócima que te tomas por la noche para el lavado de cerebro. Si te funciona, (¡¡pero sólo si te funciona de verdad, no me times!!) te copio. Comparte tu secreto. ¡¡Te necesitamos!! ¡Viva la poliamorosa realidad! Por muy poco correcta y feminsita que sea.

Ilustración de Núria Frago

Ilustración de Núria Frago

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La poliamorosa realidad
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

    Comentarios recientes

    1. chus

      Me encantaria leerme este articulo entero pero es que temo que se me vayan a caer los ojos en el intento. Por favor, unos parrafos, que son gratis.

    2. Olatz

      Eskerrik asko María, me ha gustado, y sobre todo me he reído y mucho con tu artículo. Y además estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dices. Yo pócima no tengo ni una porque ni estoy ni quiero estar libre de pecado…pero en mi caso, que llevo años construyendo o intentando construir relaciones de pareja abiertas, pues a veces esto del poliamor y que parece que acabamos de descubrir el remedio para todos los males, pues también me deja bastante sorprendida.
      Que engancho bastante con que una cosa es tener libertad pactada, y otra querer enterarte de lo que ocurre con esa libertad, a mí tampoco me va nada bien, la mente es muy perra.
      Y que poco más nos queda, que bastante es, que intentar disfrutar lo máximo posible del amor, poliamor, sexo, golfería, exclusividad.,….o lo que sea que cada una queramos y elijamos libremente ¡

    3. Lu

      A mi tb me ha gustado mucho el artículo y me he reído bastante. En cuanto al poliamor, pues que más que poliamor son decisiones a las que se llega con la gente a la que quieres. Me parece q no existe tal pócima, sino que cada cual busca su remedio LOVE IS IN THE AIR 😉

    4. Mosca

      Bueno, el libro no es la biblia… Es un libro escrito en 1997 por dos señoras de 60 años. Y de ahí, en mi caso recojo lo que me parece valioso y lo completo con lo que leo de otras fuentes.
      Otra cosa es ese “poliamor romántico” en el que todo el mundo tiene que ser libre, donde no existen jerarquías y donde no existen los celos. Y ese es el que se cree quien acaba de entrar en esa historia. Cuando llevas unos cuantos años más en eso descubres que es tan complicado y poco ideal como cualquier otra relación humana. Y podría enrollarme mucho rato más pero ya volveré y dejaré más comentarios 🙂

    5. LaTomasa

      A mi me parece muy bien el libro de las señoras. Creo que dos mujeres de 60 años que llevan toda la vida relacionándose así merecen un respeto en el tema, y se podrá aprender más que de 2veinteañeras que van de guay (por decir algo) ¿no? Yo cuando pienso en poliamor la imagen que me viene a la cabeza es lo poco a gusto que estoy con el sistema relacional que existe… en el que mi madre cree, que abarca todo, cuyo núcleo es la pareja monogámica heterosexual hecha para tener hijos y que comparten casa y economía… que vale, estupendo, pero es como el centro del tornado que arrastra lo demás… que nos “obliga” a estar monas para pescar uno de esos porque se nos pasa el arroz… o a ellos a tener “éxito” sea eso lo que sea, que hace que vayas perdiendo (un poco) a tus amigos del sexo contrario a medida que van encontrando pareja y no quieren que la pobre tenga celitos, que la gente explore fuera de su pareja en la clandestinidad y cuando se descubre sea un drama, que se de por hecho que eres heterosexual… Para mi esto es violencia. Lo releo y se me ponen los pelos de punta, y “poliamor” simboliza para mi lo que se establece de mutuo acuerdo, de manera libre y sincera, lejos de toda esta mierda, porque creo que es una puñetera mierda en la que dudo que la mayoría esté a gusto, pero nos lo tragamos y sufrimos. Por eso creo que la idea del poliamor es valiosa, y me entristece un poco vanalizarla asi.

    6. Eustakio

      A mí el libro me gusto muchísimo. Lo que más me gustó fue el hecho de que está escrito con total humildad. De manera que cuentan su propia experiencia, con las que les ha ido genial, aunque reconocen que hay otras maneras de relacionarse que funcionen a otras personas, incluida la monogamia.
      No tienen nada en contra de la monogamia. Eso sí, siempre que sea una opción. El caso es que en la actualidad casi no se puede considerar opción. Es casi el único camino a recorrer si no te cuestionas nada. Ahí está la clave.
      Y estoy de acuerdo en que repiten todo el rato la misma idea.
      Una cosa que no me gusta es el hecho de llamarnos putones. No le veo connotación positiva posible. Es decir, si nosotros somos putones, ¿por qué no tenemos una palabra distinta para las monógamas? La palabra nos convierte en las raras cuando lo revolucionario es justamente dejar de serlo.
      Por último, tampoco me gusta la palabra “poliamor”. Suena a solución. ¡¡Wonder love!! Rechazar la monogamia obligatoria es una opción. Creo que le damos un bombo tremendo a estas cosas que parecen super revolucionarias y que tanto nos prometen. Que si no lo practicas estás fuera. No eres moderna ni estás liberada. ¡¡Punto en contra para tu autoestima!!
      Es diferente decirle a un amigo “soy poliamoroso” a explicarle tus necesidades amorosas y sexuales. En la conveniencia o no de reconocer los deseos de la persona etc.
      En mi caso, lo que más me funciona es, para decirlo en corto, tener siempre claro que en una relación somos dos personas (o las que sean) y no una. Cada una con sus deseos y ansias de libertad.
      Lo siento pero tengo una guerra con la palabrejas y sus connotaciones. Y sobretodo con esas palabras nuevas con pretensión de panacea… hasta que pasan de ser moda.

    7. Eustakio

      Ah! Y en principio yo también prefiero que no me lo cuenten…. No es fácil….

      Y muy buen artículo pero de acuerdo con que unos parrafitos ayudarían

    8. José Antonio Peñas

      Me entra una duda. Al margen de que esté o no de acuerdo con las opiniones de la autora, el párrafo final me ha sorprendido ¿por qué dice que el poliamor no es feminista? ¿debemos suponer entonces que la monogamia sí lo es?

    9. Nube

      PÓCIMA : Yo lo que he descubierto es que para pasarlo mal estoy sola y follo con todo aquel que me de la gana siendo ética o no, pero por lo menos no tengo que dar explicaciones ni buscarlas, ni plantearme movidas acerca de lo insegura o no que soy.Y luego cuando me apetece tener mantita, peli, paseitos de la mano y noches con corazones voladores, en fin pareja, pues la busco al uso hasta que me canse y volvamos a empezar.

    10. argizka

      Pardilla de mi interior, manifiéstate! Ah, que ya llevas tiempo manifestándote y más bien pareces pardilla exterior. Bueno, por lo menos ahora todo tiene sentido.
      Gracias Maria, me ayudas a entenderme y a que todo parezca normal o algo. Gracias de verdad, me identifico mucho.

    11. Mosca

      Sobre las palabras usadas en la traducción…

      Putón es la palabra que se acabó acordando con las autoras tras una larga serie de emails de ida y vuelta para conseguir traducir lo más acertadamente posible la idea detrás de “slut”. Usan slut o putón como manera de reivindicar el sexo, el placer sexual como algo bueno de por sí. No porque sea bueno para la salud, o lo que sea, sino que el placer es algo valioso de por sí, sin necesitar más justificaciones. Es la principal crítica que se le hace a toda mujer promiscua (ojo, que no-monógama): Guarra, puta, zorra, etc y lo que hacen ellas es recurrir a lo mismo que se ha hecho en el ambiente LGTB con otros insultos, resignificarlos, reapropiarse de esos términos.
      Putón no describe a las no-monógamas sino a las promiscuas reapropiándose del insulto.

      “Poliamor” es una palabra complicada, porque tiene trampa. “Poliamor” es la traducción que se empezó a hacer hace mucho para hablar de “polyamory”, algo que parece lógico… como con cualquier “false friend” (“sane”, que suena a “sano” pero es “sensato” / “sensible” en inglés, que suena a “sensible” en castellano, pero que es “razonable” / “crime” que parece que es “crimen” pero en realidad es “delito” y mil ejemplos más.
      El truco está en que, en inglés, QUÉ CASUALIDAD, no dicen “polylove”, no usan la palabra “amor”, que tantas connotaciones tiene. En su lugar usan “-amory”, algo que dicho a alguien común, en la calle, en EEUU/GB/etc no sabe a qué se refiere. “Amory”, como palabra en inglés, NO EXISTE, sino que se ha hecho usando raices latinas y griegas para inventar la palabra “polyamory”. INVENTAR. Es decir, que para hacer lo mismo que se ha hecho en inglés tendría más sentido utilizar palabras inventadas como “multiloving” por ejemplo, o “anarquía relacional”, que suena mucho mejor, en lugar de todas las connotaciones de la palabra poliamor. Pero a estas alturas es complicado o imposible cambiarlo, me temo. Por eso en su lugar la gente lo que está haciendo es “migrar” del poliamor a la anarquía relacional.

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