Vegana y feminista Participa

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Antes que vegana era ya feminista. Pero no lograba establecer la conexión. Hasta el día que comencé a pensar en las féminas de otras especies.

En las violaciones, en los secuestros, en las obligaciones a parir, y parir y parir… Como meros objetos, meros receptáculos, hasta que sus cuerpos no dan más de sí y bien mueren extenuadas, por complicaciones de salud o en mataderos… El caldo de gallina, la carne de vaca vieja hecha pasar por buey…

Una vez lograda la conexión, descubrí la forma de pensar en el veganismo como la manera ética de vivir acorde a mis principios feministas. Se trata de una opción no personal, sino política. Porque lo personal es político, que diría Kate Millet. Cada vez que compro, que hago la comida, cada vez que necesito algo, estoy haciendo uso de mi capacidad de elegir. Y elijo la ética del respeto y de la igualdad. No la ley del más fuerte ni de la instrumentalización patriarcal. Como feminista no puedo seguir esos postulados. Al estudiar y comprender la opresión que sufren los animales no humanos entiendo la correlación existente con la opresión que sufrimos las mujeres humanas. Ambas se refuerzan y son alimentadas por el mismo sistema.

feminismo

La historia de la humanidad es la historia de la dominación. La dominación por la fuerza que otorga poder. Y se domina a cualquier ser que sea o parezca más débil, pequeño, inofensivo, vulnerable.

Las mujeres humanas hemos y seguimos siendo consideradas, en mayor o menor medida, dependiendo del tiempo, espacio o cultura patriarcal de turno, propiedad de los hombres. Y, si no propiedad, una sirvienta cuidadora, menor de edad que ha de ser tutelada. La perfecta madresposa que denuncia Marcela Lagarde. Así, los mismos hombres que determinaron sus derechos sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres humanas, los extendieron al resto de animales. La idea de que los animales existen para nuestro beneficio ahonda sus raíces en el mismo principio ideológico de la dominación sobre las mujeres y que éstas, nosotras, existimos para uso, disfrute y beneficio de los hombres.

Todos los seres sintientes, y aquí entramos animales humanos y no humanos, tenemos nuestros propios intereses, una vida propia, autónoma e independiente. Creer, sostener, que un ser debe su existencia únicamente para servir a otro se aleja del principio de igualdad que defendemos las feministas y todos y cada uno de los feminismos. Cada ser sintiente es un fin en sí mismo, y no un medio para que otros seres logren nada.

La condición de seres racionales que tenemos las personas no nos convierte en bestias despiadadas sino en agentes morales. Es nuestro deber moral respetar, cuidar y proteger al resto de seres sintientes que no sólo poseen capacidad de sentir, sino que además, tienen intereses propios. Y ni sexo, género, raza, orientación, identidad sexual o especie han de considerarse relevantes para ejercer o merecer ningún tipo de discriminación u opresión.

Cuando las feministas exigimos el respeto hacia nuestros cuerpos, hacia nuestra persona, nos basamos en que somos alguien. Somos personas por nosotras mismas, no para nadie. No la mujer de, la hija de, la hermana de o la madre de. Y aquí es donde se establece el puente. Si nos posicionamos en contra de la instrumentalización de las mujeres humanas, de la explotación y la violencia cotidianas que se ejerce sobre nuestros cuerpos, es casi una obligación moral estar contra la violencia y la explotación hacia cualquier ser sintiente. No es correcto utilizar a otros seres sintientes de la misma manera que nos sentimos usadas basándonos en los principios contra los que luchamos. Siguiendo el juego a quienes establecieron las reglas de opresión contra nosotras.

Porque la explotación animal se basa en la consideración que les damos de medios, de recursos, para conseguir nuestros propios fines. No tenemos en cuenta sus intereses propios. Ni su consentimiento. Y desde esa perspectiva, los torturamos, asesinamos, violamos, usamos a nuestro antojo y conveniencia ya que los leemos como recursos desde la perspectiva de la propiedad, los consideramos nuestros. Nuestros recursos. Al igual que las personas esclavizadas eran (son) usadas como recursos para quienes las esclavizaban (esclavizan). Y las esclavizan porque las consideran su propiedad.

Y contra esta instrumentalización surge el veganismo, como principio moral que se opone a la explotación de cualquier animal no humano. Para las personas veganas, todos los seres sintientes están dotados del mismo valor y nos focalizamos en los sujetos oprimidos, los animales no humanos. Las feministas lo hacemos con las mujeres, sujetos oprimidos bajo el patriarcado.

Tanto feminismo como veganismo defienden que mujeres y resto de seres sintientes no pueden ser tratados como objetos sino como sujetos con derechos iguales, inalienables e intransferibles. Por lo tanto, sexismo y especismo son prejuicios que van de la mano, con la misma estructura ideológica. Sexo y especie. El sexismo, gracias a la lucha incansable de las feministas, está rechazado en los niveles más conscientes de la sociedad. El especismo es una forma de discriminación asumida y apoyada por la práctica totalidad de la humanidad. Incluidas las mujeres. Incluidas la práctica totalidad de las feministas.

Mediante el activismo podemos visibilizar la opresión que ejercemos hacia el resto de seres sintientes, de la misma manera que las feministas tomaron las calles para sacar a la luz la opresión que la mitad de la población humana mundial ejerce hacia la otra mitad. Por el mero hecho de haber nacido en un cuerpo leído mujer. Por el mero hecho de haber nacido en un cuerpo leído animal…

Fuente: Filosofía vegana

Post publicado originalmente aquí

Vegana y feminista
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Comentarios recientes

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  2. Lucía

    Enhorabuena a la autora del artículo y a Píkara por darle espacio, ¡y gracias por darme la alegría de leer un artículo que tanto echaba de menos! Ya ha llegado el momento de tratar estos temas en los diferentes colectivos políticos y sociales… 🙂

  3. Victoria

    Gran artículo hace tres años q soy vegetariana y muchos más feministas pero nunca había echo esta referían. Gracias

  4. Zi Orr Tza

    Da gusto leer algo así. Es totalmente cierto lo que pone en el artículo.

  5. María

    ¡Enhorabuena!
    Perdonad si éste no es el espacio adecuado para este tipo de comentario. Os dejo, al hilo de este artículo, una traducción que he hecho de otro artículo de una colega de EEUU. (Pego el enlace al original abajo del todo)
    “La política sexual del veganismo moralmente superior”

    La línea de moda vegana de Stella McCartney apareció en un reciente artículo de la revista feminista Bustle en la sección “Moda y belleza”. Al principio, me sentí encantada de que presentasen el veganismo en un espacio feminista, cosa que no suele suceder tan a menudo como debería.
    Parece que la autora, también, es consciente de la falta de conexión política entre feminismo y veganismo, pues se encarga de amortiguar a los lectores con una advertencia. Siguiendo una declaración de McCartney que dice que su marca es “la empresa más ética y amorosa de la industria de la moda”, Bustle aclara:
    La declaración apunta que ella dijo eso en broma, indicando que no se siente moralmente superior acerca de su postura libre de crueldad, cosa que no siempre es el caso de los activistas por los derechos animales.
    Encuentro esa advertencia bastante curiosa, estando en el contexto de la política feminista. Las feministas generalmente ponen resistencia cuando alguien intenta controlarles el tono en que dicen algo y a menudo castigan a las celebridades que se niegan a identificarse a sí mismas como feministas. Pero todo vale cuando hablamos de los derechos de los animales no humanos. En otras palabras, las feministas fomentan con determinación un feminismo fuerte y orgulloso, en un esfuerzo por desestigmatizar el activismo de justicia social, pero pueden darle rápidamente la vuelta y vilipendiar a aquellas que hacen lo mismo en nombre de los otros animales.
    Dado que el 80% del movimiento por los derechos de los animales no humanos está formado por mujeres y siendo que el veganismo está extremadamente “feminizado”, es importante reconocer los matices sexistas en la estereotipación de las veganas. Es posible que esa “superioridad moral” asignada a activistas y veganas sea de hecho una forma de vigilancia de género. En otras palabras, estos estereotipos trabajan para avergonzar y silenciar a las mujeres “engreídas” que se atreven a politizarse.
    Las feministas deberían mantenerse al margen la ridiculización de la justicia social. Preocuparse por la opresión de las demás no debería ser algo que ocultar o que minimizar. El compromiso para acabar con la injusticia debería ser algo de lo que estar orgullosa. Deberíamos estar celebrando el activismo. Es un trabajo duro, se ganan pocos amigos, es mentalmente agotador y pocas personas están dispuestas a participar. Las feministas no deberían poner añadidos a esa dificultad, cuando podrían ser una fuente importante de apoyo. Esto especialmente cuando la mayor parte de activistas por el veganismo son mujeres y cuando el especismo está íntimamente ligado al patriarcado.

    http://veganfeministnetwork.com/the-sexual-politics-of-holier-than-thou-veganism/

  6. Roma

    Qué alegría ver un artículo así en esta revista 🙂
    ¡Basta de toda discriminación y opresión!

  7. Mavi Parra

    Hace algunos meses que soy vegana, feminista desde hace años, y en esta inmersión al veganismo me topé con el libro The Sexual Politics of Meat de Carol J. Adams y por primera vez hice la conexión y me sorprendí además de no haber nunca antes escuchado o tan siquiera leido algo al respecto. Ojalá vayan saliendo más artículos como este y de a poquito nos vayamos todos dando cuenta <3

  8. Olga

    Me ha encantado la sustentación teórica y las reflexiones planteadas. Yo soy omnivora pero estoy repensandome. Lo comparto porque creo q hay que generar más debate al respecto.

    1. franloud

      Estoy en la misma situación que tú, y artículos como éste ayudan MUCHO a acelerar el repensamiento. Gracias.

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