Adiós al macho Ficciones, MúsicA

En 1991, un hombre de 24 años llamado Kurt Cobain trastocó la industria musical al convertir su disco ‘Nevermind’, un fragmento de cultura punk rock, en un éxito millonario. El fenómeno hizo real una idea tan poderosa que parecía inconcebible: de la noche a la mañana, una estrella del rock masculina que pulverizaba todos los clichés de las estrellas del rock masculinas, se deslizaba con un mensaje feminista, antirracista y anti-homófobo en la conciencia de toda una generación.

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La voz de Kurt Cobain suena neutra y desafectada a través de la grabadora, como si su confesión perteneciese a otra persona, y no al adolescente asediado que él mismo había sido años atrás: “Para una sociedad que celebra las hazañas sexuales del hombre macho, yo era el inmaduro, el hombrecito que nunca tuvo sexo, y me hostigaban por ello”. Kurt tiene dieciséis años y, con frecuencia, miente a sus amigos, alardeando de una serie de encuentros sexuales que nunca llegan a producirse.

Hasta que una tarde, con las hormonas borboteando, el futuro líder de Nirvana se desliza en casa de una chica discapacitada y comienza a manosearle los pechos, dispuesto a perder su virginidad de forma drástica. De pronto, se ve invadido por una sensación de abatimiento: “Intenté tirármela, pero no sabía cómo. Me empezó a dar asco su olor corporal, así que me largué”. Pese a no haber podido consumar el coito, la doble humillación (el autodesprecio por su falta de determinación, los remordimientos tras el abuso infligido) le perseguiría durante el resto de su vida.

El episodio, registrado en los diarios del músico y reproducido por él mismo en una grabación exhumada en el documental ‘Cobain: Montage Of Heck’ (Brett Morgen, 2015), marca un punto de no retorno en la existencia de Kurt: es el inicio de un lento repliegue en sí mismo, que precipita su definitivo exilio mental de una ciudad cuya rudeza le había convertido en un torbellino de ira y miedo.

En una posterior hoja promocional destinada a presentar el álbum ‘Bleach’ (1989), el debut discográfico de Nirvana, Cobain recordaría Aberdeen (Washington) como una comunidad “compuesta mayoritariamente por madereros ignorantes y fanáticos, mascadores de tabaco, cazadores de venado y homófobos”. Allí crece aterrado por un ambiente de masculinidad brutal que comienza en el instituto, donde sus compañeros le persiguen por su supuesta homosexualidad, y se extiende hasta los varones de su familia: un abuelo que “solía contar chistes racistas” y un padrastro que, ante la infrecuencia con la que Kurt lleva a chicas a casa, le arenga diariamente con la idea de que “un hombre necesita ser un hombre y actuar como tal”.

Poco a poco, el adolescente comienza a defenderse del mundo con las pocas armas que tiene a su alcance: llenando la ciudad de pintadas que brotan como úlceras (la más famosa, ‘Dios es gay’, sería recuperada años después en la canción de Nirvana ‘Stay Away’), y acribillando sus cuadernos con reflexiones y dibujos que reflejan un estado de aislamiento cada vez mayor.

Esos cuadernos, publicados parcialmente bajo el nombre de ‘Diarios’ (Mondadori, 2003), se integran con naturalidad en el conjunto de una obra que debemos entender, ante todo, como la gran tentativa de Cobain de transformar su marginación en arte. En una de las páginas, con estilo tosco e inflamado, Kurt esboza un cómic protagonizado por Mr Moustache: un personaje rudo y primitivo que sintetiza a todos los paletos que tanto le atemorizaban en Aberdeen. En la primera viñeta, Mr. Moustache se acerca al vientre de su mujer embarazada y expresa sus deseos: “¡Hijo mío! El chico será todo un hombre. ¡Mira qué fuerza tiene en esas piernecitas! ¡Este va para futbolista!”. De pronto, Mr. Moustache se enciende: “Más vale que no sea una asquerosa niñata. ¡Quiero un macho americano de carne 100% pura, honrado, trabajador, y que odie a los judíos, a los hispanos, a los negros y a los maricones! Le enseñaré a arreglar coches y a aprovecharse de las mujeres”. En la penúltima viñeta, el personaje se transforma de nuevo en un falso amasijo de ternura (“Ahhh, mira qué patadas da con esas piernecitas tan fuertes”), antes de que el feto responda a sus anhelos de forma determinante: propinándole un enérgico y resolutivo puntapié en la cara.

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Otras muchas anotaciones, en especial las que tienen que ver con su incipiente interés en el feminismo, proceden ya de su nueva vida en Olympia (Washington), hacia donde Cobain escapa en 1987, tratando de borrar cualquier rastro de su paso por Aberdeen. En esta pequeña ciudad universitaria, donde el punk rock florece dentro de una escena tan reducida como entregada, Cobain entra en contacto con las mujeres que están empezando a sentar las bases del movimiento riot grrrl: una intensa corriente que, estimulada por la ética punk, lucha colectivamente por el empoderamiento femenino, partiendo de la intervención activa de las chicas en la música rock.

El día en que Kurt conoce a Tobi Vail, impulsora del destacado fanzine riot Jigsaw e inminente cofundadora de la banda Bikini Kill, se siente tan abrumado por la solidez de su discurso (y por su inabarcable colección de discos) que acaba vomitando de puro nerviosismo. Poco tiempo después, con ambos unidos en una fugaz relación de pareja, los diarios de Kurt revelan ya la intensa construcción del icono feminista que hoy conocemos.

La inspiradora influencia intelectual de Tobi y otras riot, como Kathleen Hanna, se hace patente en las abundantes listas de discos favoritos elaboradas por Cobain, que comienzan a llenarse de referencias hacia el pop femenino, subterráneo y de vanguardia facturado entre los años 70 y 80: The Raincoats, The Slits, Marine Girls. Además, la conciencia del músico parece estallar en cualquier página, en cualquier rincón: “La gente no puede negar ningún ismo ni pensar que hay unos más subordinados que otros. Salvo el sexismo. Él manda. Él decide. Sigo pensando que, para que se desarrollen los demás ismos, hay que poner al descubierto el sexismo”. O: “Me tranquiliza el consuelo de saber que las mujeres son generalmente superiores y por naturaleza menos violentas que los hombres. Me tranquiliza el consuelo de saber que las mujeres son el único futuro del rock’n’roll”.

En enero de 1992, tras fulminar a Michael Jackson en el Top 1 de la lista Billboard con el álbum de Nirvana ‘Nevermind’ (1991), Kurt Cobain se convierte en una de las dos estrellas del rock masculinas más famosas de los EEUU. La otra es Axl Rose, el líder de Guns N’ Roses, una banda ultraconservadora que encarna todavía los valores más feroces del reaganismo. La tensión entre ambos no tarda en estallar públicamente, escenificando un conflicto en el que se difuminan los límites de lo personal y lo político: ante Cobain, convertido ya en el eventual portavoz de la juventud azotada por el neoliberalismo salvaje de las administraciones de Reagan y Bush, Axl se presenta como una ampliación monstruosa de todos los matones de Aberdeen: la metáfora de una Norteamérica de pesadilla. Tanto que la simple idea de compartir una audiencia común comienza a aterrarle.

Sin embargo, los discos superventas que ambos entregan casi al mismo tiempo no pueden ser más opuestos. Con ‘Use Your Illusion’ (1991), un doble álbum barroco y desmesurado, Guns N’ Roses persisten en la tradición del rock androcéntrico, con canciones que acolchan a las mujeres entre algodones románticos o las presentan como simples bitches. Al mismo tiempo, Cobain logra algo que hasta el momento parecía improbable: introducir un puñado de oscuras reflexiones sobre la alienación, el abuso sexual o el machismo en los canales de difusión musical de mayor audiencia. En menos de cuatro meses, ‘Nevermind’ alcanza los tres millones de copias vendidas. Hoy lleva más de treinta y cinco.

El crítico Charles R. Cross, que años después firmaría la biografía definitiva de Cobain (‘Heavier Than Heaven’, Random House, 2005) recibe el “fenómeno Nirvana” con escepticismo, argumentando que la banda “tiene audiencia, pero ojalá tuviera un mensaje”. Cross apenas rascaba en la superficie de ‘Nevermind’ –un gran disco de pop distorsionado, insuflado con el aliento poético de un bicho raro- sin llegar a percibir que Cobain estaba detectando las llagas adheridas a su época con una eficacia inédita en sus contemporáneos.

En ocasiones, como en el descarnado terremoto punk de ‘Territorial Pissings’ (“Nunca he conocido a un hombre inteligente / y si lo era, era una mujer”), el músico se revuelve explícitamente contra el machismo, reclamando atención hacia el enfoque feminista que tanto le había estimulado en Olympia. A veces, como en ‘Polly’, una canción abstracta sobre la violación que Kurt había escrito desde el punto de vista del agresor, su tendencia a los textos oblicuos provoca malinterpretaciones con consecuencias fatales. ‘Polly’ se basaba en un suceso real ocurrido años antes en Tacoma (Washington) y desencadenó otro terrible, cuando dos fans de Nirvana asaltaron sexualmente a una mujer mientras tarareaban la canción, ajenos a la angustia punzante que transmitía la letra.

Cobain, que consideraba la violación como uno de los crímenes más graves que podían cometerse, redacta las siguientes notas, destinadas a incluirse en el libreto del álbum de rarezas ‘Incesticide’ (1992): “El año pasado, una chica fue violada por dos desperdicios de esperma y huevos mientras cantaban la letra de nuestro tema ‘Polly’. Tengo dificultades al pensar que hay plancton así en nuestro público (…) Llegados a este punto, tengo una petición para nuestros fans: si alguno de vosotros odia a los homosexuales, a la gente de otro color o a las mujeres, hacednos un favor: dejadnos en paz. No vengáis a nuestros conciertos y no compréis nuestros discos”.

Una entrada en su diario, escrita en la misma época, incide así en el asunto: “Recuerdo lo que contaba Kathleen Hanna sobre el instituto. Que había una clase en la que enseñaban a las chicas a prepararse para una posible violación. Y cuando te asomabas fuera y veías a los violadores allí jugando al fútbol, decías: “Es a ellos a quienes deberían enseñar estas cosas”.

Ya en 1993, Cobain graba ‘Rape Me’ (‘Viólame’) una especie de respuesta a la controversia suscitada por ‘Polly’, en cuyo título recicla una provocadora consigna empleada habitualmente en el círculo de las riot grrrls. La canción podía haber sido doblemente eficaz. Por un lado, desde su privilegiado estatus de celebridad pop, Cobain ayudaba a amplificar el discurso de las grrrls. Por otro, legaba su definitivo himno antiviolación: una composición de cruda justicia poética, en la que “un hombre viola a una mujer, es enviado a la cárcel, y termina siendo violado allí”. Sin embargo, vuelve a ser malinterpretado, esta vez por asociaciones feministas que se estrellan contra la ambigüedad del título. Cobain se convierte en una bomba que, caiga donde caiga, provoca reacciones encendidas, a menudo encontradas, y no siempre limpias.

Con frecuencia, la prensa conservadora y sensacionalista comienza a disparar contra él, pero utilizando como blanco a su nueva pareja, Courtney Love, una presa aparentemente más fácil. Procedente de la prehistoria del movimiento riot, aunque nunca llegó a integrarse en su dinámica, Love era una mujer fuerte y autosuficiente que construía su propia carrera luchando bajo la sombra de Nirvana. Los discos de su banda, Hole, que exploraban sin complejos los tabúes de la feminidad, eran difícilmente asimilables por la cultura patriarcal en la que continuaba diluyéndose la industria del pop, pero ella persistía con fe ciega en el poder de la discrepancia.

Muy pronto, la suma de una mujer sin pelos en la lengua (“parece que nosotras sólo podemos llegar a alguna parte utilizando nuestro coño, mientras que ellos lo consiguen tocando buenas canciones”) y un hombre feminista se convierte en una veta irresistible para los medios: un canal idóneo para intoxicar la imagen pública de ambos. Tanto, que, poco a poco, Kurt comienza a ser percibido como un ser pusilánime, manejado por una bruja sin escrúpulos. Una versión que Brett Morgen, autor de ‘Cobain: Montage Of Heck’, desmentía recientemente en una entrevista concedida al diario El País: “Kurt era un gran feminista. Hace 20 años todo el mundo se sentía amenazado por una mujer de fuerte personalidad como Courtney, pero él no. Supo darle su sitio y convivir con igualdad de poder en su relación. Eso hacía que muchos le vieran como un títere ante una mujer manipuladora. No creo que fuera así”.

Aunque el centro de la tormenta se desplazase de un lado a otro, aunque el poder de Kurt detonara en los escenarios de todo el mundo, es fácil concluir que la estrella nunca logró salir de Aberdeen. Cuando, en enero de 1992, en una emisión televisiva de máxima audiencia, el músico introduce su lengua en la boca de Krist Novoselic, bajista de Nirvana, lo hace regodeándose en la posibilidad de que al otro lado de la pantalla estén congregados “todos los paletos y homófobos” de su pueblo. Cuando entra en escena, atascado en un vestido corto de Courtney, hay algo de gozosa exploración en su lado femenino, y a la vez un acto de venganza contra un pasado que no acababa de diluirse.

Todo ello, sin embargo, escondía una poderosa carga simbólica que estimuló a millones de personas en todo el mundo. Una de ellas fue la periodista londinense Amy Raphael, que en su libro ‘Never Mind The Bollocks: Women Rewrite Rock’ (Virago, 1995) escribiría el más hermoso resumen del legado de Kurt: “Cobain reconoció lo femenino en sí mismo más que cualquier otro artista de los 90. Él fue, para nosotras, un modelo de conducta más subversivo de lo que [la teórica feminista neoyorquina] Camille Plagia jamás hubiera esperado ser”

Adiós al macho
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    Comentarios recientes

    1. Meik C

      Para mi fue un antes y un después conocer a Kurt. Es un icono de rebeldía, para mí sus canciones son el grito de rabia que nunca supe soltar. Odio que lo ridiculicen por todo lo que defendía, por como era.

      1. Carlos Bouza

        Hola Meik, eso es lo que sentimos much@s al escucharle por primera vez, y cuando le seguimos escuchando. Un saludo!

    2. Joxi

      Genial, Carlos. Muy buen artículo. Un grupo sobre el que podrías escribir para Pikara: PLACEBO. Ahí te dejo una propuesta. ¡Gracias!

      1. Carlos Bouza

        Gracias a ti por leer, por comentar y por la propuesta. Si todo va bien, saldrán más artículos sobre artistas y bandas masculinas con mensaje rompedor. Un saludo.

    3. CrisPuncha

      Congrats! De los artículos que más me han gustado, están los dos tuyos para Píkara.

    4. Pingback: Adiós al macho

    5. Pingback: Adiós al macho. De Carlos Bouza en Pikara Magazine. | Heterodoxia

    6. Blanka Leiva

      Excelente artículo! Gracias por mostrarle al mundo ese lado B de Kurt Cobain. Saludos 🙂

      1. Licenciada Gisella

        Realmente excelente. Y no es el lado B de Kurt, es lo que ERA él pero que opacaban en la época.

    7. Licenciada Gisella

      “Abortaré a Cristo por vos” Otra frase de Kurt. Gracias por tanto!

    8. Magali

      Amé esta nota, y termino de entender por qué con mis 16 años, yendo a un colegio católico de mujeres y en una ciudad casi pueblo en donde si te salías de la norma eras la “rarita”, encontré en Nirvana y en Kurt un escape.

    9. ANA

      No entiendo como podemos ensalzar una canción (Polly) que relata cuando Kurt quiso violar a una chica discapacitada. La letra dice que ella pide agua y una galleta (¿no será una niña que tiene hambre y sed y que está atada?
      No entiendo que digamos que Rape me es una buena canción cuando una mujer pide ser violada una y otra vez y a ella le gusta porque dice “violame amigo mio, no soy la unica”

      1. Carlos Bouza

        Hola Ana. ‘Polly’ es una canción basada en un hecho real, sobre una chica que consiguió evitar una agresión, ganándose la confianza de su violador y disuadiéndole. Cobain leyó la noticia en un periódico, le impresionó la fortaleza de la chica en esa situación y compuso ‘Polly’. ‘Rape Me’ tampoco trata sobre una chica que “pide ser violada porque le gusta”. El título recoge una expresión de desafío o confrontación utilizada por las ‘riot grrrls’ y su sentido, por lo tanto, es contrario al que apuntas. Un saludo!

    10. Guillermo

      Tu artículo llegó hasta Ushuaia, Argentina. Lo hemos republicado en “Hombres Feministas de Ushuaia”.

      Abrazo.

    11. Rosario

      Gracias por este interesante artículo. De verdad que hoy me has motivado. Un abrazo feminista.

    12. Natalia

      Teníamos 14 años y escuchábamos Nirvana y Javier Corcobado en una ciudad pequeña del sur. Éramos a veces Kurt contra Aberdeen. A mí Guns &Roses me parecía la misma basura de siempre. Axl “cara-de-polilla-molesta”, le llamaba. Tenía la sensación de que no amaba ni respetaba a su “Sweet child of mine”. Luego llegó Radiohead y con Radiohead llegó otro hombre que las mujeres podían encontrar atractivo porque su androginia era poderosa y su mensaje intenso.

      Gracias por el artículo. Ha callado muchas voces cutres de una época en la que nos estábamos formando. Gracias mil. A ver si te seguimos leyendo más por aquí.

    13. Pablo

      ¿No crees que lo de la distinta influencia de la Paglia y de Kurt es una cuestión del medio? Al fin y al cabo Sexual Personae tiene 700 páginas y está dirigido a un público no necesariamente académico pero sí “culto”, mientras que una canción pop es eso, popular, más accesible en los dos sentidos de comprensible y a la vista. Paglia tuvo, y sigue teniendo, su momento mass mediático, pero da lo que da para una profesora de Artes. En cualquier caso supongo que Camille estaría de acuerdo en que el rock&roll y el footbal americano ejercieron sobre ella una mayor influencia, al menos inicial, que las lecturas de Beauvouir, Nietzsche o Freud. Cuando estaba en el colegio mayor en Madrid se publicaron los diarios y de cuando en cuando me acercaba al Vips a leer fragmentos, quedando casi siempre decepcionado por el galimatías y convencido de que sin haber sido el líder de Nirvana no tendrían ningún interés, tu artículo me prueba lo contrario. Gracias.

    14. jordi r.

      bastante en desacuerdo con la etiqueta de machirulos baratos a los GnR y a la movida rockera de los 80’s y parte de los 90’s, una opinión muy sesgada y bastante fundamentada en estereotipos MTV, si hemos de definir el grunge con la misma perspectiva también lo encontraremos vacío. Los GnR juguetearon con el glam, el maquillaje y el rock de género ambiguo, sobretodo Axl Rose (el primer hombre con mallas cortas) desde principios de los 80. Y aunque si que es cierto que no se centraron en un rock de clase social ni se significaron por ser de izquierdas, si que se dedicaron a retratar la vida dura de los suburbios de L.A.. Además también hicieron notoria su desconfianza en la policia. No creo adecuado llamarles de extrema derecha o fascistas o ultraconservadores puesto que no lo son ni pretenden representar a nadie con su opinion, incluso alguno de ellos que proviene del punk se cabrearía. ¿Hacer apologia del uso de drogas es ultra-conservador?. Si se escucha su último disco encontrareis versiones de los sex pistols, los misfits, iggy pop…vamos unas influencias de género nada marcadas por el ultraconservadurismo que dice el artículo. Y el “Use your Illusion” solo tiene de desmesurada la calidad y el buen rock. Te pueden gustar los Nirvana y los GnR a la vez y sin tener que resbalar por la crítica musical de dudosa calidad. Por cierto podrias haber comentado que parte del legado económico de Kurt Cobain se destinó a la creación de Indymedia una herramienta política virtual fundamental para las luchas sociales de la década pasada.

    15. Dani

      Aunque no es uno de los temas centrales del artículo -¿o tal vez sí?- tengo serias dudas con respecto a las afirmaciones sobre Guns N’ Roses. Se trata de un grupo que, para bien o para mal, no fingía. Se mostraban, creo yo, tal como eran. Por cierto, esta actitud es, a mi modo de ver, la base del punk… pero eso es otra historia. Muchos grupos famosos, a buen seguro, serían igual o más tarambanas que Guns N’ Roses, si bien esas otras bandas se cuidarían muy mucho de esconder minuciosamente sus trapos sucios. Por ejemplo, igual de bandarras que los Guns probablemente hayan sido Bon Jovi, pero un libro que sacaba a la luz el lado escabroso del grupo fue retirado del mercado por su oficina de prensa.
      No me encaja el concepto de Guns N’ Roses como ‘encarnación de los valores del reaganismo’. “No necesito tu guerra civil que alimenta al rico y entierra al pobre/Los hambrientos de poder venden soldados en una carnicería humana/vaya jeta” (Civil War). “Echan abajo las puertas y violan mis derechos(…)/Vienen a por mí/no me cogerán/Soy inocente, joder/No me van a doblegar” (Out To Get Me).
      En general, varias de sus canciones está repletas de historias marginales, y ellos mismos vivieron así en los primeros tiempos, pasando hambre en no pocas ocasiones, durmiendo a veces en la calle. Ello no es garantía de estar en contra de Reagan, pero más bien parece que muchachos como ellos serían los ‘daños colaterales’ de las políticas ultraconservadoras. Si les cayera tan bien el presidente, hablarían del lado luminoso del sueño americano, no de su reverso oscuro. Digo yo.
      Hay una polémica -una de tantas, tratándose de este grupo- con la canción ‘One In A Million’: “Inmigrantes y maricones/no consigo entenderles/Vienen a nuestro país y creen que harán lo que les venga en gana/Como iniciar un pequeño Irán o propagar una puta enfermedad/Hablan de tantas malditas maneras/Es todo chino para mí”. La gente decía: ¿cómo pueden cantar algo así, sobre todo cuando el propio Slash es mestizo? La pregunta es: ¿en ésta canción hablan ellos o se meten en el pensamiento de alguien? También Kurt Kobain escribió en ‘Polly’ el punto de vista del violador. También ‘Money For Nothing’ de Dire Straits reproduce una imaginaria conversación entre dos operarios que están cargando y descargando electrodomésticos mientras ven la MTV en una televisión de la tienda: “Mira ese mariconcete con pendiente y maquillaje”.
      En cuanto a su visión de la mujer, sí es cierto que tienen dos momentos interpretativos: el de la ternura suscitada por una fémina y el de las ‘bitches’. Pero tienen más momentos. En un concierto, Axl presentaba ‘Used To Love Her’ con las siguientes palabras: “esta canción habla de cuando tu novia o tu novio se convierten en un puto grano en el culo”. Tu novia o tu novio. Seamos sinceros; todos y todas hemos vivido alguna vez esos instantes en los que nuestra pareja hace algo que nos lleva a pensar: ‘es que yo lo/la mato’. ¿Por qué no describir ese momento en una canción? Porque es políticamente incorrecto.
      En fin. No creo que todos los pecados atribuídos a Guns N’ Roses sean ciertos. Me despido con las estrofas finales de ‘Rocket Queen’, canción de amistad hacia una prostituta.
      “Te veo ahí de pie/tú sola/Es un sito tan abandonado para estar/Si necesitas un hombro/o si necesitas un amigo/Estaré aquí esperándote hasta que se te pasen las penas/Porque nadie necesita el dolor/Nadie necesita el quebranto/Odio verte caminando por ahí, bajo la lluvia/Así que no me hagas reproches/pensando que quiero herirte/Como esos que te toman/y luego te dejan colgada/No me dejes nunca/Di que siempre estarás aquí/Lo único que siempre he querido/es qué tú sepas/que me importas”.

    16. Á.

      Gran artículo, Carlos. No podías haber expresado mejor todo aquello que siempre he querido reivinidicar de Kobain y lo que supuso Nirvana. No sabes a cuantas personas he tenido que disuadir de poner a Nirvana de misóginos para arriba (¿se habrían parado a reflexionar sobre las letras?), o de acusar directamente a Love de la muerte de Kobain.
      Con respecto a la comparación Nirvana – Guns N’ Roses, quizá, como dicen aquí arriba no sea tan tan exagerado, pero sí que me he dado cuenta que hay una gran diferencia en el posicionamiento ideológico entre fans de ambos grupos que conozco, que además siempre tiran mucho más hacia un estilo que a otro, aun muchas veces sin conocer el significado de las canciones (que por algo estamos en Ejppaña).
      Enhorabuena otra vez por un artículo tan redondito, y un saludo de una colega socio-lógica.

    17. Donnie

      Que Kurt era feminista no es ningún secreto, como bien afirma el autor lo reconoció en muchas ocasiones y fue bastante activo en la lucha por la igualdad.
      En lo que ya no estoy tan de acuerdo es en lo de Courtney Love siendo un ejemplo al mismo nivel, ni en que atacaran a Kurt por su condición de feminista.
      Con respecto a la anécdota de la chica deficiente con la que se quiso acostar, su amigo de la infancia y lider de Melvins Buzz Ousborne, comentó en una reciente entrevista que eso nunca ocurrió, que Aberdeen era un sitio muy pequeño y el cotilleo hubiera corrido como la pólvora. Añadió que a Kurt le gustaba mucho imaginar sucesos y plasmarlos en su diario como si fueran realidad.

      Saludos.

    18. Kart

      Enorme modo de solucionar los problemas de la sociedad. Adiós al macho y adiós a este ser desequilibrado. Es el tipo de macho que quiere producir el feminismo, alguien que obedezca a las féminas, se odie a sí mismo y se suicide a los 27. Como el 80% de los suicidios, todos hombres jóvenes.

      Mientras tanto los machirulos hijos sanos del patriarcado seguiremos viviendo una vida lejos del feminismo, sanos, felices y libres.

      1. Molly

        Guau, la ironía de tu comentario no es la que pretendes, sino la del descalificativo típico de un ser reprimido. El problema de la sociedad es que alguien piense que el feminismo (personificar, otra falacia) pretende “fabricar” hombres sumisos a un matriarcado totalitarista. En fin, qué lástima que para abrir la boca no haga falta abrir los ojos. Salud, hijo sano del patriarcado.

      2. Dani

        Kart, un machirulo de verdad jamás se metería en una web feminista. Deberías revisar tus principios y tus obras, hijo mío, porque te estás saliendo del redil de la fe en el patriarcado. Ese pecadillo enfermizo y mezquino de entrar a mirar algo que desprecias, desmiente la idea de la que presumes: ‘machirulos sanos, felices y libres’. Y voy a despedir la homilía ya con unas palabras pronunciadas en ‘Get in the ring’, (Carta de San Axl Rose a los periodistas sensacionalistas, Use your illusion II, 5): “why you look at me when you hate me?”

        1. Kart

          Porque robáis dinero público (como los 10.000€ de esta revista todos los años), culpabilizáis al hombre e imponéis leyes discriminatorias (LVG) que llevan a la muerte a miles de chicos al día (es la mayor causa de muerte en hombres jóvenes, más que accidentes laborales). Hay que parar esta desgracia de alguna manera, empezando por hacer ver a estos degenerados que el feminismo es violento y mentiroso.

    19. guillermo

      que buena nota, la verdad me doy cuneta que me gustaba pero no entendía nada

    20. Eustakio

      Pues no sé vosotras pero yo, leyendo el artículo, no veo mucho más que autoodio. Odio a su propio ser y sus propios actos como hombre.
      Y me parece que es justamente lo que pasa con muchos hombres feministas. Denuncian a los cuatro vientos el patriarcado, el androcentrismo… Que luego son los primeros machitos. Y mientras tanto, muchísimos hombres que no participan para nada en esos abusos, haciendo uso del RESPETO. Ni más ni menos.
      Cuando me viene un tio hablando sobre teoría feminista, que si los hombres abarcamos todo el espacio, que si debemos dejar hablar a las mujeres, que si… que si… muchas veces me pregunto si no se estarán describiendo a sí mismos.
      Y es que en movimientos sociales es algo que se hace constantemente (mm y hh) . Denunciar lo que un@ hace. Como medio para dejar claro, antes de nada, que no pertenece a esa clase. Pero al final solo se demuestra con actos.
      Es que en serio, a veces, el feminismo parece una religión. Antes al cura, al confesarme, le decía: ¡¡pero si no he hecho nada!!
      Y ahora, al feminismo: ¡¡pero si no he hecho nada!!!
      Y en los dos casos la misma respuesta: algo habrás hecho. O sea, que soy sospechoso.
      Es que alguien que ha intentado violar a una chica (si es verdad) me venga a mi con teorias como q no.
      Por otra parte:
      – El título muy desafortunado. Carlos Bouza, eres macho (creo). No hay nada de malo. Si el feminismo resignifica, resignifiquemos “macho” y quitémosle la connotación negativa. Es tan digno como ser hembra.
      – Hay afirmaciones que para nada son feministas: “Me tranquiliza el consuelo de saber que las mujeres son generalmente superiores y por naturaleza menos violentas que los hombres”. ¿Cómo un hombre (Carlos) puede ensalzar ésta afirmación? ¿Y si decimos lo contrario? Además, muy discutible el que sean menos violentas. O “Nunca he conocido a un hombre inteligente / y si lo era, era una mujer”. En fin, autoodio.

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