Bisexualidad política Participa

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Laura Planells

Me preguntas si la bisexualidad puede ser política.

Se me ocurren muchas respuestas posibles. Trato de contestar alguna de ellas, pero se me quedan la mayoría pendientes, y siguen revoloteando por mi cabeza durante días, semanas. ¿Qué es una identidad política? Diría, sin pensar demasiado ni pretender ser muy académica, que es una identidad que permite hacer política. ¿Y qué es hacer política? Supongo que intentar cambiar la sociedad.

Así que digo que sí, rotundamente sí, mi bisexualidad* es política. Cuando decido usar esta palabra para situarme ante otras personas, lo hago con una intención claramente política. Pretendo, entre otras cosas, combatir el heterosexismo y el monosexismo. Es decir, la presunción de heterosexualidad y de que ser heterosexual es mejor o más aceptable, y la presunción de monosexualidad y de que ser monosexual* es mejor o más aceptable.

Las series de televisión suelen usarse para ver qué tipo de representaciones de nuestra sociedad tenemos. En ellas vemos, por ejemplo, que la gran mayoría de personajes son perfectamente heterosexuales, y se nos muestra repetidamente un comportamiento heterosexual, en forma de relaciones afectivas y/o sexuales, en forma del lenguaje no verbal representado, e incluso de las feminidades y masculinidades mostradas (entre muchos otros puntos). Pero no solo eso. Cuando aparece algún personaje no heterosexual, suele seguir un patrón de conversión mágica, espontánea e instantánea a una homosexualidad totalmente rígida.

Este planteamiento va mucho más allá de las series o de las representaciones que tengamos, es el planteamiento que funciona en la mayoría de cabezas de la población general.

Otro ejemplo, este de mi propia historia. En cierta ocasión, estando en una reunión social en el “mundo hetero”, alguien quiso contar algo muy “gracioso”. En un programa de televisión habían enseñado a un curandero que pretendía “curar” a una lesbiana dándole una agua milagrosa. Según nos contaba (con muchas risas ambientales y otros comentarios jocosos, por supuesto), gracias a esta agua, pasarían a gustarle los hombres. Es decir, todo el planteamiento se basaba en que ella era lesbiana porque, pobre, no podía sentir atracción per un hombre (como dios manda). Este episodio es obviamente homófobo, lesbófobo, pero también bífobo. Creer que una pasa de hetero a lesbiana sin más opciones, es bífobo. Creer que si a una lesbiana le gustaran los hombres, elegiría estar con uno de ellos, es bífobo.

La bisexualidad no es heterosexualidad, ni siquiera a ratos o por temporadas según quién sea tu pareja (comentario común y que, por cierto, también presupone monogamia obligatoria). La bisexualidad es una identidad aparte. No es la única identidad no-monosexual, existen muchas más. Por nombrar algunas: pan, multi, skolio, omni… Cada identidad tiene su razón de ser y todas ellas deberían ser respetadas. La diversidad es algo positivo, no algo de lo que deberíamos avergonzarnos. Algunas usamos el paraguas de identidades plurisexuales (puesto que muchas de las personas que usan otras etiquetas no se sienten cómodas usando “bisexualidad” como paraguas). [Seguiré escribiendo sobre bisexualidad puesto que la pregunta era específicamente sobre esta identidad, pero la mayor parte de lo dicho puede ser extensivo a muchas otras identidades plurisexuales].

Sé que algunas personas tienen problemas para entender por qué necesitamos poner tanto énfasis en este tema, si (según estas personas) la única opresión que recibirá una persona bisexual será por homofobia. Pero esto es falso.

Leyendo por internet en foros varios me he encontrado una cantidad increíble de comentarios bífobos. Por ejemplo, he visto repetidamente lesbianas, orgullosas de ser gold*, diciendo que estar con una bisexual les daría asco, pensando en que esa boca ha estado en contacto con una polla. Otras lesbianas, considerando que una mujer bisexual es automáticamente menos merecedora de confianza, tanto como pareja (monógama), como en cualquier otro tema. También, en contexto activista, se ve a las personas bisexuales en general como menos comprometidas, armarizadas, quejicas (lo dicen las mismas que luego se quejan de que la gente heterosexual no entienda la necesidad de su lucha contra la homofobia), y un sinfín de otros calificativos.

Recientemente, en un contexto de personas bisexuales, hablábamos sobre mantener relaciones afectivas con personas monosexuales, y cómo muy a menudo, incluso aunque de entrada hubiera buena voluntad, se acaban produciendo situaciones de bifobia*. El más común es el miedo a que la persona bisexual se vaya con otra persona del “otro género/sexo” (he pensado en cómo escribirlo de manera no binaria, pero el planteamiento es totalmente binario). No hablamos de “algo que pasa a veces” porque “algunas personas son así”, sino de un hecho generalizado, repetido en múltiples relaciones de múltiples personas.

También sé que algunas personas reconocen la existencia de bifobia y de monosexismo, pero aun así, consideran que es un tema secundario. Es ese doloroso “si eso ya luego” que tan a menudo nos encontramos referido a otras luchas (antirracistas, feministas, LGTBI+, anticapacitistas, etc.) que son subordinadas a otras (por ejemplo, los movimientos de izquierdas). Duele especialmente cuando esto lo hacen las mismas personas que hablan de interseccionalidad. Es decir, las mismas que entienden que una persona no tiene una sola variable de opresión en su vida, sino que todas las opresiones se combinan entre ellas.

El efecto de la interseccionalidad en personas bisexuales (y otras identidades plurisexuales) consiste principalmente en la falta de espacios donde estas personas sean bienvenidas. Recuerdo que era un tema que tratábamos alguna vez en ambientes LGTBI+, una de las peculiaridades de estas opresiones es que la mayoría de personas LGTBI+ no teníamos una familia, una comunidad de origen, que fuera sensible a esta opresión, sino al contrario, muchas personas habían pasado por procesos de rechazo y maltrato (a diferentes niveles) por parte de su entorno más cercano. En el caso de las personas bisexuales a esto se añade el hecho de que al buscar comunidades de apoyo fuera de las de origen (por ejemplo, en forma de asociaciones) a menudo se vuelve a encontrar rechazo. Esto deja a las personas bisexuales en una situación de mayor vulnerabilidad ante sus opresiones particulares (opresión monosexista) y también ante el resto de sus opresiones (donde estaría, por lo menos, la heterosexista).

*Bisexualidad: atracción afectiva y/o sexual por personas de más de un género o sexo, no necesariamente en el mismo momento, de la misma manera ni al mismo nivel. (Existen otras definiciones, ésta es la que uso yo.)
*Monosexual: persona que se siente atraída por personas de un solo género. Las personas monosexuales típicamente se identifican como heterosexuales, gais o lesbianas (aunque existen otras monosexualidades menos conocidas).
*Bifobia: discriminación/odio hacia las personas bisexuales, y casi siempre también hacia personas de otras identidades plurisexuales.
*Lesbianas gold: lesbianas que nunca han tenido relaciones sexuales con un hombre.

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Bisexualidad política
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Comentarios recientes

  1. anna

    fantástico artículo! Muy de acuerdo con todo! Pienso que lo explicas de manera muy llana, clara y contundente y no es fácil. Muchas gracias por escribirlo

  2. Marta

    Muchas gracias, Laura!! Hacen falta artículos así, ojalá sirva para empezar a elaborar discurso y que el próximo no esté en la sección de “libre publicación”, sino que sea una línea editorial en Pikara!!! =)

    Un abrazo!

  3. Pingback: Bisexualitat política | Dones lesbianes, bisexuals i pansexuals a Catalunya

  4. Zoe

    Como bisexual, me encuentro día a día con comentarios bífobos. Tanto de gente que da por hecho que soy hetero por tener una pareja hombre (porque uno es heterosexual hasta que se desmuestre lo contrario, y hay mucha gente de mi entorno a la que no he visto necesario decírselo), como de homosexuales que me dan la brasa con que en realidad soy lesbiana y no lo quiero reconocer. He de decir que los más ofensivos suelen ser esos homosexuales, a los que parece molestarle (no a todos, por supuesto, sólo algunas excepciones) que no esté del todo “en su bando”, y asumen que no soy de fiar, que soy promíscua, etc, etc. He llegado a leer un artículo realmente bífobo del “activista” travesti Shangay Lily, persona que pide respeto para señores que visten peluca y falda (algo muy respetable, no diré yo que no), pero a quien al parecer los seres humanos que se enamoran de otros seres humanos sin fijarse en su entrepierna se le atascan en el gaznate. Es liberador ver que se publican artículos así, continúe así, por favor.

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