Vigilando las fronteras del sexo en el deporte femenino Análisis, En red

Con la corredora Santhi Soundarajan, la prensa habló de “estafa por cromosoma Y’. La judoca Edinanci Silva tuvo que operarse y hormonarse para poder seguir compitiendo. Los cuerpos de muchas deportistas rompen con las expectativas sobre las mujeres y con la tiranía del dualismo sexual que las presupone siempre inferiores físicamente a los hombres. La respuesta: controles médicos sexistas para probar que son “verdaderas mujeres” y ensañamiento mediático.

Nota de la dirección: La intersexualidad de una supuesta amante del nadador Michael Phelps ha sido motivo de polémica en algunos medios de comunicación sensacionalistas y en las redes sociales. Esto nos ha recordado a las otras veces en las que intersexualidad y deporte han protagonizado titulares, a menudo con enfoques contrarios a los derechos humanos basados en analizar irrespetuosamente la expresión de género o la orientación sexual de una deportista que estaba consiguiendo marcas “sorprendentemente” parecidas a las de los hombres de su disciplina. Por ello, republicamos, con permiso de su autor, este artículo de Dauder publicado en 2010 en el nº14 de la Revista Full Lambda.

Caster Semenya, en los juegos de Bislett en 2011./ Chell Hill

Caster Semenya, en los juegos de Bislett en 2011./ Chell Hill

De forma intermitente en los últimos años, hemos presenciado cómo la prensa y las instituciones no respetaban los derechos humanos básicos de intimidad y dignidad de mujeres deportistas a las que se ponía su sexo bajo sospecha.

Por tradición, el mundo del deporte siempre ha sido un espacio masculino y machista que ha partido de dos supuestos: que las diferencias físicas de las mujeres las hacen estar por naturaleza siempre en desventaja y que el deporte las masculiniza. En general, si la práctica y el progreso deportivo confieren hombría y virilidad a un hombre, confirman su identidad de género, en una mujer ponen bajo sospecha su feminidad y heterosexualidad.

Los cuerpos de muchas mujeres deportistas rompen con las expectativas de género y representan una doble amenaza: el acercamiento a los varones en marcas y, lo que es peor, el acercamiento físico. De ahí la irritación que provoca en los medios deportivos la mujer con apariencia y fuerza física “masculina”, con grandes marcas, y que no se pliega al juego de deseos hacia los hombres.

Ello ha llevado a utilizar el término anglosajón “the female apologetic athlete” para referirse a las expresiones de feminidad y heterosexualidad obligatoria de mujeres atletas para compensar una imagen “masculina” de logros en el deporte. Y su complemento: la preeminencia en los medios de comunicación del juicio estético de las atletas, en un contexto de mirada heterosexual, frente a la información sobre su rendimiento, regulando un “necesario” equilibrio entre logros y feminidad.

Pero sobre las mujeres deportistas no sólo recae este peso de la dualidad de género y del sexismo, también la vigilancia de la dualidad sexual. En la década de los 60, el Comité Olímpico Internacional y algunas federaciones internacionales como la de atletismo, decidieron hacer controles de sexo a mujeres deportistas, también llamados tests de verificación de género o certificados de feminidad. Estas pruebas se crearon en el contexto de la Guerra Fría para detectar posibles fraudes de competidores varones que se hicieran pasar por mujeres y así sumar triunfos en el medallero de sus respectivos países. El chequeo sexual consistía en una inspección anatómica realizada por un comité de expertos que examinaba a las deportistas desnudas, con la humillación que ello implicaba. Más tarde, en 1968, se pasó a pruebas menos invasivas como el análisis de la cromatina sexual a partir de la mucosa bucal o, en 1992, el test de la reacción al gen SRY. Se asume, así, que el caleidoscopio sexual formado por cromosomas, hormonas, gónadas, genitales externos, caracteres sexuales secundarios, etc. es único y que todos sus componentes se alinean según un dualismo que responde a los estándares o prototipos del cuerpo sexuado de varón o de mujer.

Nada mejor que el espacio deportivo, donde el cuerpo y la segregación sexual son protagonistas, como laboratorio
donde poder analizar cómo estas complejidades son disciplinadas y forzadas a encajar en dos casillas. Se trata de pruebas sexistas, en tanto sólo se aplican a mujeres, científicamente cuestionadas por su validez, pero fundamentalmente pruebas que atentan contra la autonomía e intimidad sexual de mujeres deportistas acabando en algunos casos, y con ayuda de los medios, con su carrera profesional.

En la década de los 80, la corredora de vallas María José Martínez Patiño luchó para que las autoridades deportivas dejaran de asentar el sexo de las deportistas en los cromosomas, un criterio que injustamente discriminaba a atletas mujeres con insensibilidad a los andrógenos que, como nos ocurre a la mayoría, desconocían las letras que conformaban su cariotipo. No obstante, al leer la prensa de aquella época, nos damos cuenta de hasta qué punto los medios pusieron en duda no sólo su sexo, sino también su género, su deseo y su moralidad. En las noticias se hablaba de su apariencia “complaciente y coqueta”, de su “deseo de casarse y tener hijos”, de sus creencias “católicas y monárquicas” y de sus “coqueteos” con los atletas varones. La vigilancia de sexo se confundía con una vigilancia de género y de deseo heterosexual como pruebas de su “ser mujer”, como si no fuera suficiente su “sentirse mujer”.

Las cosas no han cambiado mucho en el nuevo milenio. Las noticias sobre las corredoras Santhi Soundarajan o Caster Semenya o las de la yudoka Edinanci Silva nos muestran que, ante la imposibilidad de encontrar un criterio para determinar el sexo verdadero y encerrar la fluidez del sexo en una dicotomía rígida, se ha pasado a controlar la “verdadera feminidad” a través de la vigilancia aduanera de la coherencia sexo/género/deseo. Pero con la agravante, en estos casos, de la imposición racista de los estándares blancos y occidentales sobre la apariencia de una mujer. La fuerza física de las atletas negras símbolo de orgullo, se pone en entredicho al suponer un cuestionamiento de su feminidad. Confundiéndolo todo, las noticias mezclan cromosomas, con cirugías y hormonas, con un pasado “marimacho”, con la elección de pantalones grises sobre faldas a cuadros, con el deseo hacia las chicas en lugar de hacia los chicos, etc. O, como en el caso de Caster Semenya, y en un ejercicio de disciplinamiento de género, se presiona a la deportista a posar en una revista de moda, maquillada y con joyas, para así compensar con una feminidad que la pueda redimir de sus pecados de fuerza física y logros deportivos.

El ensañamiento mediático contra las personas que no responden a los moldes dualistas de sexo/género se plasma en la falta de respeto a la identidad de género subjetiva de las atletas y a su intimidad. Con Santhi Soundarajan, los titulares hablaban de “estafa por cromosoma Y”, “De triunfadora a impostor. De mujer a hombre. La medallista es él”. Parecería que, independientemente de la historia personal y del derecho inalienable de cada persona a elegir su propia identidad subjetiva de género, el periodista, al igual que el experto en medicina deportiva, se arrojan el derecho a decidir sobre el sexo, y por ende sobre el género, de la mujer deportista. El ensañamiento mediático viene, en ocasiones, acompañado de un sensacionalismo “comprensivo y victimista”. Noticias donde se busca en la infancia pobre y marginal de la atleta el sufrimiento inescapable de
ser diferente por su “ambigüedad sexual”. Como si ese dolor fuera el precio social a pagar para compensar sospechas de moralidad sexual.

De Edinanci Silva, se decía: “Tuvo que demostrar que es realmente una mujer ya que su cuerpo genera muchas dudas”. ¿Es el cuerpo el que genera dudas o una percepción social basada en esquemas rígidos y dualistas de género? Los medios asumen sin más que, gracias a la cirugía y al tratamiento hormonal a los que fue sometida, “pudo cumplir su doble deseo”: ser mujer y poder competir, ya que dichas intervenciones anulaban su “ventaja competitiva”. Para demostrar que “es realmente una mujer” su cuerpo tuvo que ser intervenido quirúrgica y hormonalmente. Desde el 2004 el COI permite a mujeres transexuales competir como mujeres, siempre y cuando se hayan sometido a una intervención quirúrgica de genitales y a un tratamiento hormonal durante dos años, suficiente como para anular su “ventaja”. Lo que constituye un avance para mujeres transexuales, resulta problemático si se establece como norma para mujeres con cuerpos intersexuados. Se plantea como “derecho al tratamiento” lo que no es sino una obligación quirúrgica y hormonal, que puede ser no deseada, para obtener
un certificado de feminidad y poder competir.

Tras abandonarse por problemas de validez científica en 1999, los controles de sexo se retomaron en los Juegos Olímpicos de Pekín-2008 y con la participación de Caster Semenya en los mundiales de Atletismo de Berlín-2009 se ha reavivado el debate. Ya se asume “que el sexo no es sólo una Y”, pero la sospecha viene ahora por dos motivos según las noticias: “la imagen masculina que dio en la pista” y la “increíble mejora en su marca”. Lo curioso es que ya no se discute sobre las tecnologías necesarias para detectar a la “verdadera mujer”. Se reconoce que hoy en día no tiene sentido hacer pruebas para detectar fraudes de varones que se hacen pasar por mujeres. El debate está ahora en torno al constructo “ventaja competitiva” que se ha convertido en un argumento circular que ancla a las mujeres en una permanente inferioridad en lo deportivo. El no tener una ventaja competitiva es lo que te convierte en “mujer”. Se parte de que, en el plano deportivo, las mujeres son inferiores por su naturaleza física a los varones, ergo, si existe una mujer cuyas marcas se acercan a las de los varones, “corre como un hombre”, y además posee un cuerpo musculado, fuerte y no es “apologetic”, está bajo sospecha de no ser realmente una mujer, insisto, independientemente de su propia historia personal y de su identidad de género como mujer.

El sexismo provoca que no se planteen los mismos debates en el ámbito masculino, que no se vigilen las ventajas competitivas en los deportistas varones. La tiranía del dualismo sexual provoca que no se vigilen otras dimensiones físicas de ventaja competitiva más allá de las relacionadas con el sexo, como nacer con una estatura que dote de superioridad para un determinado deporte. Obligar a una mujer deportista a hormonarse para compensar la “ventaja” que pueden tener niveles “elevados” de testosterona que genera su propio cuerpo, es como obligar a un jugador de baloncesto de altura “elevada” por efecto de sus hormonas a intervenciones médicas que compensen su ventaja respecto al resto. ¿Cuál es la amenaza? ¿La ventaja competitiva? ¿O la confusión de sexos, géneros y deseos que desestabiliza el principio del dualismo sexual en el que se asienta toda la institucionalización del deporte y, más aún, una estructura social basada en la diferencia sexual? Hacer que alguien se someta a una intervención quirúrgica u hormonal como precio a pagar por el reconocimiento de una autoridad deportiva o de otro tipo va en contra de los derechos humanos básicos.

Claramente, el temor que despierta Caster Semenya no es su ventaja competitiva, sino el miedo a un cuerpo de mujer hipermusculado, que no pide disculpas, gracias a las hormonas que naturalmente genera su organismo, pero sobre todo gracias al esfuerzo y al entrenamiento duro. Hasta que no se celebren conjuntamente las marcas y la “masculinidad” de las mujeres deportistas, en el sentido de fuerza, musculatura, ambición e indiferencia hacia la estética en beneficio del logro deportivo, de la misma forma en que se celebran las carreras de Usain Bolt, seguirán existiendo barreras para las mujeres en el mundo deportivo y se seguirán vigilando las fronteras del sexo.

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Vigilando las fronteras del sexo en el deporte femenino
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Comentarios recientes

  1. maria bastaros

    Me ha encantado el artículo, creo que todo el mundo debería leerlo poniendo toda su atención, con tiempo y voluntad. Considero que éste es un tema muy difícil de explicar y aquí lo han hecho de 10 🙂

  2. Jairo

    Este artículo me parece de los mejores que se han escrito en la revista.

    Cómo el deporte profesional, que consiste precisamente en superar metas que jamás imaginábamos, es el fondo tan conservador cuando algo se sale fuera de los roles hombre\mujer y cómo cuando surgen estos casos los aceptamos con incomodidad a cambio de que la deportista siga un mínimo de normas sociales.

  3. Pingback: Vigilando las fronteras del sexo en el deporte femenino

  4. Carmen

    Muy buen artículo. Abre muchos interrogantes para reflexionar y cuestionar los estereotipos sexuales y los roles de género.

  5. Andaya

    Claro, ponernos a competir con mujeres no biológicas nos deja en desventaja, como ponernos a competir con dopadas. Una cosa es que una trans sea mujer en el plano civil y otra en el deporte, las propias jugadoras saben que es una injusticia. Miren, el feminismo no es la igualdad a secas.

  6. Jairo

    Es que no existen las mujeres «no biológicas» porque «mujer» es un constructo que ignora que la sexualidad es más compleja que una dicotomía. Esas personas tienen el inalienable derecho a elegir su identidad. Cualquier solución tiene que partir de ahí. ¿Adaptamos los derechos humanos al deporte o adaptamos el deporte a los derechos humanos?

  7. Andaya

    no va en contra de ningún derecho humano que para jugar se tenga en cuenta las diferencias biológicas, que existen, y sino.. se .perjudican a las de siempre. Me recuerda ala igualdad según la entiende la derecha.

  8. Andaya

    sí existen las mujeres no-biológicas, por no hablar en términos hembra-macho-hermafrodita es que utilizo mujer. Que opinen las que tienen que competir, y lo que opinan es que les parece injusto. Los demás con sus teorías de sofá.

  9. Andaya

    Y esta bien feo, a los hombres les encanta la teoría que elimina el sujeto “mujer”, porque será. No reconocer nuestra biología, ignorarla, para mi es lo más machista que hay. Siempre ocultándola, la regla era tabú, etc..y ahora estás cosas que nos niegan, y niegan realidades que nos acaban perjudicando y dejando en desventaja. Todo en el mismo sentido.
    Puede haber más categorías en los deportes que hombre-mujer para que nadie se quede fuera y todo el mundo compita en igualdad de condiciones.

  10. Sarastro

    No me llama la atención que de vez en cuando tenemos noticias de mujeres deportistas a las que se acusa de ser “poco mujeres” y que por ello, como si fuera una forma de “dopping” alcanzan marcas superiores a las de sus competidoras. Sin embargo, jamás he sabido del caso contrario.
    Entiendo que la sexualidad es compleja y que hay muchísimos casos en que la determinación de unas características biológicas es casi imposible pero en casi todos los deportes (el mus, por ejemplo, es una excepción), los hombres (que, por cierto, es algo que existe, constructos aparte) y las mujeres (ídem) no compiten en igualdad de condiciones. Quien se queja de la escasa masculinidad de esta o aquella no son los hombres porque vean peligrar sus marcas (¡vaya estupidez!), sino el resto de competidoras, o sea, las demás mujeres.

  11. Aranttx

    Las hembras, cariotipo XX, tienen una desventaja competitiva en prácticamente todos los deportes (desde atletismo hasta ajedrez) respecto a los machos, cariotipo XY.

    Es por esto por lo que hay 2 categorías, una para cariotipo XY y otra para cariotipo XX.

    Si compites en una categoría de hembras (XX) y tu cariotipo es XY estás haciendo TRAMPA.

    1. June

      A ver si leemos con un poquito de atención y actitud de comprensión. El texto no se refiere a personas con cariotipo XY, sino a dos casos diferentes: personas socializadas como mujeres con cariotipo XXY (¿entonces si una tiene XXY no puede competir? ¿Y si no conoces tu cariotipo, mereces tal persecución? ¿El cariotipo XXY te sitúa en ventaja) y mujeres con cariotipo XX que presentan niveles de testosterona más altos de lo habitual. Pero de lo que habla, sobre todo, es del hecho de que a las mujeres se les sometan a controles para hallar su cariotipo y medir su nivel de testosterona, como una forma de control de género, porque en un hombre nunca se considerará que tenga demasiada testosterona, siempre que no se dope, y porque si sus marcas son extraordinariamente buenas, la sospecha será de dopaje, no se cuestionará su sexualidad, su sexo ni su identidad de género.

      Por otro lado, tu comentario también es transfóbico y, de nuevo, deberías leer con atención. Las mujeres con cariotipo XY (o sea, las mujeres transexuales) pueden competir en las categorías femeninas siempre que hayan pasado por el tratamiento de hormonación. O sea que no es cierto que las categorías se establezcan en función de los cariotipos y no de las identidades de género, porque en ese caso las mujeres trans seguirían compitiendo en la categoría masculina.

      1. Andaya

        Si June, ese es el problema, las demás competidoras eran unas transfobicas. Y si no pasa al revés, proque los hombres trans no se meten a competir con hombres biológicos. Al revés sí.Y hay paranoia en general con el dopaje, las hormonas y demás.Cuando casi matan de una paliza a una jugadora de lucha libre, lo mismo..pero si se quejan, transfobicas. Maravilloso.

  12. ingeniero

    Además de las diferencias biológicas determinadas por el cariotipo XY, estas mujeres tienen la ventaja de haber sido socializadas como hombres, es decir, en la competitividad, la agresividad, la independencia, la confianza en si mismos y la superación. Mientras que las mujeres con cariotipo XX han sido socializadas en la sumisión, la pasividad, el no destacar demasiado y en que lo importante es participar. No lo digo yo, lo dice la teoría feminista!

  13. Amador

    El artículo plantea un tema oculto e interesante. Pero no profundiza. Porque siguiendo la línea de pensamiento del artículo, se podrían eliminar esos controles; o mejor aún, eliminar la separación por sexo en los deportes. Con lo cual tendríamos algunas disciplinas en las que SÓLO habría mujeres como finalistas, y otras en las que SÓLO habría hombres, mayormente…

  14. Lau

    Estoy totalmente de acuerdo. Aunque al mismo tiempo creo que a muchas deportistas categorizadas como mujeres les convienen estas medidas y controles. Al fin y al cabo de este modo evitan competir con rivales que muchas veces son realmente superiores a ellas, ya sea una de estas personas hoy cuestionadas como mujeres y excluidas de las competiciones para sujetos categorizados como tales, ya sea alguno de los directamente categorizados como varones que hoy se miden en las competiciones para “varones”.

    Porque, efectivamente, que las personas categorizadas como mujeres y las categorizadas como varones no compitamos unxs contra otrxs beneficia deportivamente a aquellas personas categorizadas como mujeres que no triunfarían de verse compitiendo con deportistas categorizados como varones. Son muchas, muchisimas, las que deportivamente saldrian perdiendo. Y es a ellas a las que deportivamente les benefician estos esfuerzos para delimitar dos categorias, en una de las cuales compiten rivales mas debiles.

    Y aún así, si de lo que se trata es de alcanzar un futuro en donde el sexo nos resulte irrelevante, quizás sea el camino. De hecho, también hay deportistas que se verian beneficiados si existieran competiciones diferenciadas en función de la raza/etnia. Y es que es racista señalar diferencias pero, ciertamente, hay deportes que estan dominados por personas de etnias/razas concretas.

    Existen las diferencias individuales, esto no lo negamos ni las feministas de cualesquiera corriente ni los machistas. Y, como feminista, yo defiendo que vivimos en un mundo binario que a través de procesos de socialización diferenciados agudiza diferencias hasta hacerlas abismales. Así, socializa a los categorizados como varones para desarrollar fuerza y a las categorizadas como mujeres para no hacerlo. Ahora bien, también es cierto que existe una tendencia entre los categorizados varones a ser de por si mas fuertes que las categorizadas mujeres. Tendencia que creo que es innegable.

    Algo que nos diferencia a feministas y machistas, y a las feministas de distintas corrientes entre si, es como interpretamos y la relevancia que le atribuimos a esto. Desde las feministas que niegan tales tendencias (las diferencias son solo el resultado de procesos de socializacion diferenciados, sostienen) hasta aquellas personas (todas las machistas y las feministas de algunas corrientes) que interpretan toda diferencia como puramente biologica e inmutable, nada que ver con la educacion, con la socializacion. Interpretaciones que van acompañadas de proyectos a futuro. Asi, el machista propone que continuemos exacerbando diferencias y subordinando a las categorizadas como mujeres, porque así lo requiere nuestranaturaleza, afirman. Algunas feministas proponen que demos valor a las que consideran singularidades de las mujeres puramente biologicas, esenciales, naturales. Otras sostienen que no existen mas que las diferencias individuales, el resto es cultura (los categorizados como varones no tienden a ser de por si mas fuertes que las categorizadas como mujeres, sostienen, es solo el resultado de procesos de socializacion diferenciados) y aseguran que de socializarnos a todos por igual ya no seria posible establecer diferencias en funcion de categorias actuales (hombre/mujer, blanco/negro,..)

    (Yo tb creo que con iguales procesos de socializacion para todxs dejaria de ser posible introducirnos en las categorias actuales. Ya no nos seria posible afirmar que X es mujer y que X es diferente a Z que es hombre y similar a Y que tambien es mujer. Porque no habria entre ellxs las semejanzas y diferencias actuales sino otras, en funcion de otras variables)

    Me estoy enrrollando. A lo que iba. Extoy totalmente de acuerdo con lo que se señala en el articulo. Pero cual seria una alternativa deseable?

    L

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