Brasil: elecciones libres y vientres controlados Crónica, Planeta

El próximo 5 de octubre serán las elecciones presidenciales en Brasil, país de dimensión continental y con más de 200 millones de habitantes. Posicionado como la octava economía del mundo y con avances importantes en la disminución de la extrema pobreza, la ronda electoral tiene como protagonistas a las mujeres. La presidenta Dilma Rousseff se juega la reelección en una arena electoral en la que agenda de debates sobre los derechos de mujeres, las demandas LGBTI, así como los derechos sexuales y reproductivos aparecen accidentalmente.

Marcha en San Pablo. Foto: Legaliza O Aborto 28 De Setembro (Facebook)

Marcha en San Pablo. Foto: Legaliza O Aborto 28 De Setembro (Facebook)

En la televisión la propaganda electoral inunda los canales con las candidaturas políticas vendiéndose como jabón en polvo. Los partidos mayoritarios anuncian promesas y resultados con largos spots estilo Spielberg, mientras que los partidos minoritarios con apenas segundos televisivos se desgañitan para gritar sus nombres y un número de fórmula en el bingo electoral.

Las feministas brasileñas reclaman la poca atención que las demandas de las mujeres obtienen de quienes se postulan en la próxima contienda electoral, pese a que el número de candidatas mujeres haya crecido un 46,5 por ciento en relación a la disputa de 2010. Las mujeres representan más de la mitad de la población en Brasil y son a su vez más de la mitad del electorado (52,07 por ciento). Las responsables de gran parte de la riqueza producida en el país se encargan del trabajo doméstico y de las tareas de cuidado de la niñez y de mayores, parte fundamental en la reproducción cotidiana de la vida de las personas.

La militante y educadora Silvia Camurça, representante de la Articulación de Mujeres Brasileras, ha destacado en medios de comunicación que “inclusive con tres mujeres en la corrida presidencial –Dilma Roussef (Partido de los Trabajadores), Luciana Genro (Partido Socialismo y Libertad) y Marina Silva (Partido Socialista Brasileño, exintegrante del PT)-, hay un vaciamiento de la agenda feminista en el juego electoral. En la mira del fundamentalismo religioso las propuestas ligadas a derechos sexuales y reproductivos están siendo evitadas por las campañas y presentadas como una maldición para el electorado”.

Con tres mujeres en la corrida presidencial -Dilma Roussef (Partido de los Trabajadores), Luciana Genro (Partido Socialismo y Libertad) y Marina Silva (Partido Socialista Brasileño, ex integrante del PT)-, hay un vaciamiento de la agenda feminista en el juego electoral

De las tres candidatas a la presidencia aquella con menor intención de voto, Luciana Genro (con un uno por ciento según sondeos recientes), es la única que ha manifestado una posición sólida en defensa de los derechos humanos, especialmente la despenalización del aborto, así como asuntos referidos a la descriminalización de la marihuana. La candidata Marina Silva, por su parte, asociada al costado más conservador de la sociedad brasileña, ligada al poder de las iglesias evangélicas y al agronegocio, sorprendió a todos con la rápida consolidación de su candidatura tras el accidente que mató a su excompañero de fórmula y candidato, Eduardo Campos.

La entrada en juego de la iglesia evangélica

“Brasil siempre fue un país con una mayoría sometida al poderío de las iglesias -analiza la periodista Najla Passos del periódico Carta Maior-. La diferencia es que, hasta 30 años atrás, ese poderío era exclusivamente católico y hoy hay una competencia de las iglesias evangélicas, con su estilo político bien más agresivo. Los evangélicos forman bancadas políticas cada vez más fuertes en el Parlamento, se apropian de los medios de comunicación en velocidad récord y ya responden a la preferencia de casi un 30 por ciento de la población. Para que tengan una idea, en estas elecciones, dos de los cuatro candidatos mejores posicionados en los sondeos de intención de voto para la presidencia de la república son evangélicos: Marina Silva (PSB) y el Pastor Everaldo (Partido Socialcristiano). Marina, inclusive, aparece como la favorita para disputar el segundo turno con la presidenta Dilma Rousseff (PT). Es posible, entonces, que a partir del próximo año, el país sea gobernado directamente por una evangélica”.

Respecto de la consolidación en la participación de las mujeres, el Centro Feminista de Estudios y Asesoría  (CFMEA), que divulgó una interesante Guía Feminista para las Elecciones 2014, señala: “En los espacios públicos -donde se deciden los rumbos del país y donde son aprobadas las leyes, además de ser implementadas políticas públicas y los proyectos de desarrollo-, las mujeres son minoría”. Existe en el país una ley de cuotas que obliga a los partidos políticos a presentar por lo menos el 30 por ciento de candidaturas de mujeres en las elecciones; y por eso las organizaciones de mujeres llaman a votar en una mujer como una “acción afirmativa” para fortalecer la participación de las mismas en la política.

Por su parte, Guacira Oliveira, sociológa de CFMEA, aportó en redes sociales un análisis acerca de la composición de la clase política y de las minorías en el país: “Hoy en el Congreso Nacional, en la Cámara y en el Senado brasilero no existe un sólo representante de las poblaciones indígenas. Nosotras mujeres somos un nueve por ciento del Congreso brasilero. Los negros y negras son menos que un nueve por ciento. En este sentido, una plataforma feminista lucha por igualdad, libertad, justicia socioambiental, y un estado laico capaz de asegurar los derechos de todas y todos”.

Así mismo, muchas feministas consideran que cargan con un estigma pesado en este territorio y que son vistas como quienes “quieren destruir la institución familiar”. Sobreponiéndose al prejuicio, activistas organizadas crearon una página en Facebook, “Vote a una feminista”, en la cual divulgan información sobre candidatas con esta línea ideológica, sus números de lista de partido y las ciudades en las que actúan.

Existe en el país una ley de cuotas que obliga a los partidos políticos a presentar por lo menos un 30 por ciento de candidaturas de mujeres en las elecciones; por eso las organizaciones de mujeres llaman a votar en una mujer como una “acción afirmativa”

Volaron los años desde que Brasil celebró la llegada de Rousseff, ministra del Gobierno de Lula da Silva y ex guerrillera en los 70, a la presidencia. En aquel momento los votantes religiosos (Brasil es el país católico más poblado del mundo) habían castigado a la entonces candidata presidencial por manifestarse a favor de despenalizar el aborto y provocaron que hubiera una segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

El aborto, fuera de campaña

La agencia de noticias Geledés ha informado que en los últimos diez años entre 7,5 y 9,3 millones de mujeres han interrumpido su gestación. Pese a los riesgos que conlleva la interrupción del embarazo en la clandestinidad, a y que “le cuesta al tesoro público por lo menos 142 millones de reales por año, el aborto continúa siendo tratado como una cuestión delicada en las campañas a la Presidencia de la República, y así la mayoría de los candidatos procura esquivar el asunto”.

Debora Thome, científica, política, feminista, activista y periodista, recuerda que en el pasado mes de mayo, Dilma Rousseff, que se sabe personalmente a favor de la legalización del aborto, decidió revocar un proyecto del Ministerio de Salud que reglamentaba los procedimientos para el aborto legal en el SUS. Esto después de que la bancada evangélica actuara de forma intensa argumentando que se trataba de la aprobación del aborto en el país”. Y es que, algunas de las políticas públicas clave del actual Gobierno destinadas a la lucha contra la homofobia se dieron de nariz contra frente al bloque conservador. La entrega de un kit informativo en las escuelas nunca pudo ser implementado a causa de la presión de la bancada religiosa.

Mientras que Camurça, en declaraciones para la radio UFMG, ha señalado que hay una campaña mentirosa, que está creciendo entre la población, respecto una supervaloración de la maternidad y de la familia conformada por hombre y mujer (tal como es señalado en la Constitución), y en contra del casamiento “homoafectivo”. “El tema de la despenalización del aborto es uno de los que vuelven esta cuestión más maldita aún y que responde a las campañas del conservadurismo religioso”, ha añadido.

Manfiestación a favor del aborto. Foto: Joanah Dark (Facebook)

Manfiestación a favor del aborto. Foto: Joanah Dark (Facebook)

Thome comparte su análisis sobre las tres candidaturas principales, en las que “ninguno de los programas de gobierno con chances de ganar menciona la palabra ‘aborto’”. Sólo en el programa de Marina Silva se da la siguiente mención: “Consolidar en el Sistema Único de Salud (SUS) los servicios de interrupción del embarazo conforme a la legislación en vigor”. Silva está en contra de la práctica, pero admite que el asunto sea debatido en plebiscito.

“Preguntar si los candidatos están a favor o contra es una falsa pregunta. Lo que debe ser pautado es cómo esa prohibición está afectando a la vida y a la salud de las mujeres. La prohibición, sea legal o religiosa, no ha impedido a las mujeres interrumpir los embarazos”, dice la coordinadora de la ONG Católicas Por el Derecho de Decidir en Brasil, según señaló Rosângela Talib.

Rachel Moreno, periodista feminista y candidata a diputada por el PT, considera que son los movimientos feministas quienes intentan poner un freno a los avances de leyes retrógradas. “Hay varios proyectos a combatir, por ejemplo: el estatuto del nasciturus (o embrión humano) que intenta reglamentar que cuando el óvulo es fertilizado, según los sectores conservadores, a ese ser le corresponden más derechos que a la propia madre”, comparte.

En Brasil el debate por el derecho a decidir tiene a casi un 80 por ciento de la población como opositora. Hay tres casos en los que la mujer puede abortar (en caso de violación, cuando peligra la vida de la madre y cuando el feto sufre anencefalia); y además existe un proyecto que “quiere impulsar que, si la mujer fue violada y resuelve llevar el embarazo a término, ella pueda recibir una ayuda económica de un salario mínimo para su hijo hasta que él tenga ocho años. Nosotras conseguimos movernos y aún este proyecto de ley no ha sido rechazado ni aprobado”, explica Moreno.

Derecho a tener derechos

La agencia de noticias brasilera Patrícia Galvão ha publicado un artículo en el que sostiene que las demandas de las mujeres están ausentes en las agendas electorales más destacadas. Según una encuesta realizada junto con otras ONGs, las prioridades invisibilizadas son: servicios de salud más eficientes (97 por ciento), transporte público más eficiente (88 por ciento), escuelas de tiempo integral para lxs hijxs (83 por ciento), parques gratuitos (76 por ciento), guarderías (75 por ciento) y restaurantes populares (64 por ciento).

En Brasil el debate por el derecho a decidir tiene a casi un 80 por ciento de la población como opositora

Los derechos LGBTI han ocupado también el centro de debate de manera atropellada. Lxs presidenciables con mayor llegada no difundieron un plan de políticas públicas, más bien actuaron de manera reactiva y acusatoria entre ellxs. En especial a partir de la marcha atrás que dio la candidata Marina Silva cuyo partido, en un primer momento, había señalado una inclinación favorable por la ampliación de los derechos LGBTI. Después de haber sufrido presiones públicas (realizadas a través de la plataforma Twitter) por un pastor evangélico con quien tiene alguna proximidad, la candidata declaró que habían “ocurrido errores en su plataforma política” y rectificó su propuesta en favor de una posición más conservadora y cercana a la iglesia.

Moreno, del PT, también recuerda que hay un proyecto propuesto sobre la `cura gay´, “entonces psicólogos y movimientos de la sociedad civil nos movilizamos para cuestionar cómo se piensa curar algo que no es una enfermedad”.

El panorama es complejo, desafiante y con mucha lucha en el horizonte. Más allá de quien gane la presidencia, el poder eclesiástico evangélico se impone con fuerza en el Parlamento y pone frenos a la formulación de políticas públicas más progresistas en relación a la mujer y a la causa LGBT. “Mismo el presidente o la presidenta electa tenga una posición más progresista y respete la laicidad del Estado, como es el caso de la presidenta Dilma Rousseff, no conseguirá la mayoría en el Congreso y, muy probablemente, tampoco el apoyo popular para avanzar” alerta la periodista Passos. Los movimientos siguen inquietos y en estado de alerta en vistas al próximo escenario político. Las feministas, por su parte, seguirán empujando lo más lejos posible la fatalidad y luchando por el respeto a la autonomía de las personas.

 

MUERTAS POR ABORTOS INSEGUROS

Pese al giro conservador de las elecciones, y al hecho de que el aborto está siendo considerado un asunto tabú en la agenda electoral, el 28 de septiembre –Día Latinoamericano de Lucha por la Descriminalización y Legalización del Aborto y también Día de Acción Global para el Acceso al Aborto Seguro y Legal-, centenares de mujeres brasileras fueron a las calles en diferentes estados del país. Pidieron un cambio en la legislación brasilera al tiempo que abogaron por el fin de la criminalización de las mujeres que realizan procedimientos de interrupción del embarazo.

Organizado por el Frente por el Fin de la Criminalización de las Mujeres y por la Legalización del Aborto, en San Pablo el acto tuvo lugar en la avenida Paulista y recordó con un cortejo fúnebre a las mujeres que murieron durante procedimientos clandestinos.

En el centro de Río de Janeiro, la protesta homenajeó a Jandira Magdalena dos Santos Cruz, de 27 años, y a Elisângela Barbosa, de 32, muertas recientemente después de haber realizado abortos de forma clandestina en el estado carioca. A lo largo del último mes, las muertes de Jandira y Elisângela en situaciones de abortos clandestinos e inseguros repercutieron en los noticieros y colocaron el tema en agenda. El Observatorio de Políticas de Sexualidad compiló noticias y artículos, en inglés y portugués, sobre las muertes de esas dos mujeres y sus conexiones con el escenario político (el trabajo puede ser leído aquí: Aborto no contexto de mortes maternas e das eleições no Brasil).

El pedido de los movimientos organizados se consolidó en un manifiesto del Frente Nacional Contra la Criminalización de las Mujeres y por la Legalización del Aborto y una petición en la plataforma Avaaz.

Por otro lado, el 24 de septiembre, Amnistía Internacional divulgó una nota solicitando que el aborto no siga siendo considerado en Brasil como una cuestión criminal, sino más bien de salud pública y derechos humanos. En Brasil, según los cálculos de la Federación Brasilera de las Asociaciones de Ginecología y Obstetricia, son realizados 700.000 abortos por año. El 30 por ciento de las mujeres son atendidas en hospitales a causa de diversas complicaciones.

Fuente original de la información http://agenciapatriciagalvao.org.br/ (El texto sufrió alteraciones en la traducción y edición)

 

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Licenciada en Comunicación Social (UBA), ciberfeminista (@DominemoslasTIC) y azafata en aterrizajes forzosos (@petalosoy)

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