¿Espacios seguros? El reto de enfrentarse al patriarcado en contextos militantes En red, Opinión

¿Qué es lo que pasa para que mujeres con experiencia política, formación teórica, sensibilidad y armas suficientes reaccionen ante agresiones sexistas precisamente como el patriarcado espera de ellas?

Nagua Alba Goveli y Lucía Alba Martínez

Ilustración: Naiara Zabala

Ilustración: Naiara Zabala

“Era un sábado por la noche después de una asamblea. Tranquilo. Estaba con unas amigas. En un momento dado se unió a nosotras un compañero suyo. Era simpático. Nos tomamos unas cuantas cervezas y fuimos a casa de una de ellas. Era tarde y tuvimos que quedarnos a dormir. Nos quedamos a solas. Sólo había una cama y por no parecer desconfiada acepté dormir con él. Me intentó besar. Le dije que no. Me tocó. Le dije que no. Pareció que lo asumía, pero en cuanto apagamos la luz siguió insistiendo. Le repetí que no quería. Pero hasta las cinco de la mañana no pude dormir porque cada vez que cerraba los ojos tenía sus manos encima. Me dijo que no me entendía y por fin se durmió.”

“Era un compañero al que conocía desde hacía tiempo. Compartíamos espacios de militancia y de ocio. Había tensión sexual pero nunca había ocurrido nada. Una noche no tenía donde dormir y me ofreció su casa. Acepté. Cuando llegué la cama estaba abierta y había una botella de vino en la mesilla. Él me gustaba. Pero estaba cansada y la situación me hacía sentir incómoda. Nos metimos en la cama y le dije que quería dormir. Empezó a tocarme. Le dije que no. Empezó a increparme diciendo que si no quería por qué había ido a su casa. Le dije que no necesitaba justificarme y me di la vuelta para dormir. Siguió tocándome e insistiéndome. Al final accedí. Follamos. Así me dejaría dormir tranquila.”

Resulta muy complicado denunciar a alguien en quien confiabas y en quien además todo tu entorno confía. Sabes que te van a cuestionar, y tú vas a acabar cuestionándote a ti misma.

Estos dos relatos, inspirados en anécdotas propias y de algunas compañeras, son sólo dos ejemplos de algo que vivimos demasiado a menudo. Sabemos que casi todas las mujeres hemos sufrido situaciones parecidas, pero resulta estremecedor pensar hasta qué punto estos episodios se reproducen en espacios que consideramos seguros, es decir, entornos de izquierdas y feministas.

Si una noche vamos por la calle y un desconocido, navaja en mano, nos pone contra una pared y nos agrede sexualmente, casi todas somos conscientes de que lo que tenemos que hacer es ir a comisaría y poner una denuncia. Sin embargo, cuando un amigo, un compañero, o incluso nuestra pareja, nos exige hacer algo que hemos dejado claro que no queremos hacer, nuestra reacción suele ser muy distinta. Lo asumimos como algo normal, le quitamos importancia, procuramos olvidarlo.

Y sobre todo, nos sentimos culpables. Doblemente culpables. Primero, porque algo habremos hecho: hemos sido simpaticas con él, puede que incluso hayamos tonteado, hemos ido a su casa, hemos bailado con el toda la noche, tal vez hasta le hayamos dado un beso. Por otro lado, cuando ha comenzado a insistirnos, no nos hemos ido, no le hemos partido la cara, no le hemos dicho todo lo que como feministas radicales le deberíamos haber dicho. Cosa que además hemos hecho mil veces con el imbécil que en el bar se arrima demasiado o con el machirulo que nos suelta un piropo que no es un halago sino una intimidación.

Y sin embargo, al día siguiente, cuando nos sentimos sucias y violentadas, resulta muy complicado tomar la iniciativa. Tomar la iniciativa de denunciar a alguien en quien confiabas y en quien además todo tu entorno confía. Sabes que te van a cuestionar, y tú vas a acabar cuestionándote a ti misma. ¿Estás segura?, ¿y por qué no te fuiste?, ¿no le darías a entender lo que no era?, ¿pero no me dijiste que te gustaba? Seguro que no fue para tanto, estábamos todos borrachos y ya sabes cómo son estas fiestas, todos nos liamos con todos y al final…

¿Estás segura? Lo estaba hasta que me lo han preguntado.
¿Por qué fuiste a su casa? Tantas asambleas, tantas cañas debatiendo sobre feminismo me hicieron creer que su casa era un entorno seguro en el que se iba a tener en cuenta lo que a mí me apetecía y lo que no.
¿Por qué no te fuiste? Es difícil de saber. Por miedo, por dudar de hasta qué punto yo me lo había buscado…
¿Por qué no le partiste la cara? Por pensar que al no tener una navaja en la mano no se trataba de una violación, porque no quería parecer una exagerada.
¿No me dijiste que te gustaba? Sí, me gustaba. Pero no así. No cuando empezó a invadir mi espacio, cuando empezó a ignorar mis negativas. Cuando se convirtió en una obligación.

Estamos seguras de que muchas nos sentiremos reconocidas en esto. La pregunta es, qué es lo que pasa exactamente para que mujeres con experiencia política, formación teórica, sensibilidad y armas suficientes reaccionen ante estas situaciones precisamente como el patriarcado espera de ellas.

Como buenas compañeras, comprensivas y solícitas, decidimos darle la oportunidad a nuestro agresor de justificarse, apelamos a su conciencia feminista y esperamos que reflexione. Su reacción suele ser doblemente patriarcal.

“Durante la violación, llevaba en el bolsillo de mi cazadora Teddy roja una navaja (…) que yo sacaba con bastante facilidad en esa época globalmente confusa. (…) Esta noche, la navaja se quedó escondida en mi bolsillo, (…) ni siquiera pensé en utilizarla. Desde el momento en que comprendí lo que nos estaba ocurriendo, me convencí de que ellos eran los más fuertes. Una cuestión mental. Luego me he dado cuenta de que mi reacción habría sido diferente si hubieran intentado robarnos las cazadoras. (…) En ese momento preciso me sentí mujer, suciamente mujer, como nunca me habia sentido antes y como nunca he vuelto a sentirme después. No podía hacer daño a un hombre para salvar mi pellejo. Creo que habría reaccionado de la misma manera si hubiera habido un único chico contra mi misma.”

Este fragmento forma parte de la narración que hace Virginie Despentes de su violación en ‘Teoría King Kong’. Y esto parece contestar a la pregunta que nos hacíamos antes: reaccionamos como se esperaría de una mujer, precisamente cuando nos agreden como mujeres. Más aún cuando esta agresión tiene lugar en un entorno íntimo y que considerábamos seguro, con las defensas bajas y desprovistas del apoyo que nos da el grupo, nuestras compañeras. Nos vemos indefensas, no sólo porque se nos esté agrediendo como mujeres, sino además porque al tratarse de un compañero nos vemos desprovistas de todas nuestras armas y aflora toda esa carga contra la que luchamos día a día y de la que es tan difícil librarse. Nos volvemos sumisas, inseguras y vulnerables, pero al mismo tiempo, compasivas, preocupadas y culpables.

Y esto nos lleva al día después, cuando nos vemos en la tesitura de si contarlo, a quién y cómo. Denunciar a un compañero es muy duro. Por todo lo que ya hemos dicho antes, las dudas que suscita tu relato, las dudas que a ti misma te acaba suscitando. El riesgo de que se acabe olvidando y tengamos que convivir con la persona que nos ha agredido. Pero cuando alguna de nosotras decide darle la importancia que debe y da el paso, incluso cuando se la deja de cuestionar, salen a colación nuevos argumentos disuasorios: las consecuencias que tendría para él -pobrecito, ¿vale la pena destruirle la vida por algo así? Deberíamos tener cuidado, no tomar medidas “demasiado drásticas”-. Lo cual se parece sospechosamente al “histérica” o “exagerada” de siempre: toca enfrentarse a una nueva agresión. Al final, en algún sentido, se acaba convirtiendo al agresor en víctima.

A menudo, estos argumentos hacen mella en nosotras. Como buenas compañeras, comprensivas y solícitas, decidimos darle la oportunidad a nuestro agresor de justificarse, apelamos a su conciencia feminista y esperamos que reflexione. Pero resulta que cuando se acusa de machista a un hombre que se dice feminista su reacción suele ser doblemente patriarcal. Parece que el feminismo es una parte más de lo que constituye su ego militante masculino: se siente herido, injustamente tratado o víctima de una malvada conspiración feminazi. Y nosotras, ¡ilusas!, que pensábamos que el feminismo consistia precisamente en deconstruir tus actitudes a través de un proceso de reflexión constante, y no en una medallita que colgarse para ser el militante definitivo. Entonces nos sentimos decepcionadas, frustradas y doblemente inseguras.

Pero luego la inseguridad da paso al cabreo. ¿Por qué no podemos ser simpáticas sin que nos metan mano?, ¿por qué no podemos quedarnos a dormir sin follar?, ¿por qué no podemos denunciarlo sin que se minimice?, ¿de qué sirve construir espacios feministas si el tío que se sienta a nuestro lado en la asamblea es el mismo que por la noche nos va a insinuar que somos unas estrechas?, ¿por qué tenemos que ver cómo en nuestros espacios de ocio supuestamente liberados se reproduce toda la mierda contra la que luchamos?, ¿por qué tenemos que asumir que al ser mujeres ningún espacio es seguro?

Queremos salir, queremos bailar, queremos emborracharnos, queremos tontear, queremos tocar, queremos besar, queremos ser simpáticas, queremos poder vestirnos como nos dé la gana, queremos quedarnos a dormir sin que esto nos arrebate el derecho a decidir qué nos apetece y qué no nos apetece hacer. Queremos que cuando este derecho nos sea arrebatado, denunciar no sea motivo de más angustia sino lo justo y lo coherente. Queremos, sobre todo, que nuestros compañeros se den cuenta de que lo realmente coherente es que no sea necesaria ninguna denuncia porque no haya agresión alguna. No queremos ser lo que el patriarcado pretende que seamos: queremos ser libres y ser nosotras mismas, signifique lo que esto signifique.

Pero sobre todo, exigimos que un NO sea siempre un NO, sin interpretaciones ni ambigüedades, sin imposiciones ni exigencias. Sólo así podremos seguir construyendo espacios que se parezcan al mundo en el que queremos vivir.

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Comentarios recientes

  1. Arancha

    Quiero daros las gracias por haber escrito este artículo. Parece que los espacios militantes de izquierdas y feministas son territorio protegido, cuando realmente, al producirse violencia machista (en cualquiera de sus grados) en su seno ésta goza de incluso mayor legitimación que en otros contextos. Para las mujeres es muy difícil denunciar este tipo de agresiones sin exponerse a un cuestionamiento de todas las compañeras y compañeros, suspicacias, acusaciones e incluso la expulsión (tácita o directa) de la organización. Me siento totalmente identificada con esta situación, por una experiencia personal que a nadie deseo, y de nuevo quiero daros las gracias, tanto por definirlo con esta claridad como por denunciarlo públicamente.
    Seguid así. Un fuerte abrazo feminista.

  2. Lola

    Pues sí, yo esto no lo he vivido sólo en el tema del sexo… pienso q hay poca escucha y respeto por lo que l.s demás SÍ o NO quieren en general. Salir, beber, implicarse más o menos en cosas… (y más a nosotras o otros colectivos desautorizados – salut mental, enfermedad, minorías en general…)

  3. WT

    Hola,
    Sé que lo que voy a decir podría levantar ampollas, pero necesito decirlo y aunque no pretendo ofender, sé que de alguna forma lo haré y pido perdón de antemano -aunque de nada valga, lo sé. Soy un cishombre, soy activista feminista -trabajo en ello, me queda mucho por aprender y cambiar- y al leer esto me he acordado de todas las veces que me he visto en la misma situación que estas compañeras, sólo que yo siendo hombre y la “deseante” siendo mujer. Creo que sólo una vez en mi vida he sido capaz de decir NO a una compañera a mantener relaciones cuando yo en principio no quería. El resto accedí o bien para que una vez terminada me dejase tranquilo o, la mayoría de las veces, para no hacerla sentir mal o rechazada. Y es algo que he hablado con otros compañeros y es más frecuente de lo que parece. Con amigos y familiares no concienciados o no feministas la frase común es: “si una mujer quiere acostarse contigo, da igual si tú quieres o no, al final lo logrará”. No quiero que se malinterprete esto que digo con intentar equiparar la situación de las mujeres con la de los hombres en las relaciones de poder en el sexo, pero tengo la sensación que lamentablemente el problema es más de RESPETO, límites, autogobierno y empoderamiento en general que algo sólo referido a un único género. Tal vez esté equivocado, mi visión está sesgada por mi condición sexual y de género, soy consciente, pero es sintomático que no sea algo que sólo me haya ocurrido a mi, sino que -como he comentado anteriormente- es algo muy habitual entre otras personas y en distintas situaciones (dentro de asambleas feministas mixtas, espacios supuestamente seguros y también fuera de ellos donde impera con más fuerza o evidencia el heteropatriarcado). Espero no molestar con este apunte, estoy básicamente para aprender.

    1. chuuuuchiiii

      No, no estás equivocado tranquilo. El problema es que los hombres, los cishombres, nunca nos sentimos acosados, y no es porque no se ejerzan presiones sobre nosotros para tener sexo (que suceden,vaya que si sucede) sino que el sistema sexo-genero no nos hace percatarnos de que eso exista, y es más, y hay que admitirlo, en muchos casos nos gusta. Como mucho podemos rechazar a alguien por “pesada” o porque sexualmente no nos apetezca nada de nada de nada. Pero es bastante cierto que si una mujer desea acostarse con un hombre, suele conseguirlo, si su determinación es la suficiente. Porque sucede no lo se, pero sucede. Y esto pasa en todos los ambientes, feministas o no.

  4. Lola

    Hola WT, para enlazarte… yo pienso que el tema está en nuestra relación con el poder, los límites, respeto, autogobierno, etc…como nombras. Y sobretodo agravado en colectivos a los que nos está más inculcada la sumisión o la opresión ante otro grupo. Vamos, que yo pienso que sí, que es un problema humano en general de escucha y respeto, y agravado por las opresiones que cada unx vivimos (género, social, económico, diversidad psicológica…). Yo, por ejemplo, tengo ataques de ansiedad y me cuesta que alguna gente respete los NO que digo (empezando por yo misma… – no quiero salir, no quiero ver esta gente ahora…), soy tratada de histérica y más aún con personas que marcan lo que ‘debería y lo que no debería ser’ (they have the power…).
    También aprendiendo…

    1. WT

      El problema de las “enfermedades” “mentales” o psicológicas es que, a diferencia de una amputación de una pierna -por ejemplo, soy consciente de que soy muy malo con los ejemplos-, son invisibles y la gente que no está sensibilizada ni concienciada con ellas es incapaz de entenderlo. Si tienes ansiedad, te dirán “relájate”, si tienes depresión te dirán “anímate”, si tienes psicosis te dirán “céntrate”, si tienes una fobia te dirán “espabila”, etc. Lo invisible, tanto en el caso de las enfermedades psicológicas (o como queramos llamarlas) como con los comportamientos machistas no tan evidentes, hace que mucha gente parezca incapaz de entenderlo. Digo “parezca”, pero tal vez sea más bien que no quiere esforzarse en hacerlo.

  5. Eustakio

    Todo esto que planteas es muy relativo. Yo creo que tod@s, de ambos sexos, llegamos a hacer lo que en realidad no queríamos por complacer a la otra persona, por pena, por compasión… Si lo pienso, creo que seguramente seamos más los hombres los que al final reculamos y hacemos lo que ellas quieren por razones como que la idea de que el hombre simpre tiene ganas, a ellos les gustan todas… tienen un peso enorme. Un hombre que rechaza una invitación se enfrenta a ser tachado de maricón (como insulto) o menos hombre… Y, además, creo que esto hace que la mujer esté menos acostumbrada a recibir “NO”-es, se lo toma de una manera mucho más personal y piensa que si un hombre no quiere acostarse con ella algo grave pasa. No sé si lo creeréis pero da mucha pena. Y la mujer, cuando quiere, insiste mucho… pero mucho mucho. Con lo cual, la presión es grande y nuestra respuesta viene prefabricada.

    Esto me lleva a pensar lo que muchas veces pienso: cuando se escriben éste tipo de artículos, al pensar en una situación concreta que sufren las mujeres, ¿se piensa en como sufren estas mismas situaciones los hombres?, y sobre todo, ¿se les pregunta a ellos? Porque muchas veces me parece que se parte de un padecimiento de las mujeres sin saber si los hombres también sufren esto o algo parecido y se le achaca al sometimiento de la mujer por parte del hombre: patriarcado.

    También pienso: a esto que sufro yo como hombre, ¿cómo le llamo? matriarcado, sexismo, hembrismo, hombre-objeto, misandria…

      1. Eustakio

        Como quieras, pero era una pregunta: ¿cómo le llamamos a esa opresión que padecemos? Estaría bien tener una propuesta.

        Por otra parte, un apunte más: me doy cuenta de que se reacciona de diferente manera a las presiones sociales que padecemos las mujeres y los hombres. Es decir, una mujer se queja de que esa presión le lleva a tomar unas decisiones forzadas y l@s demás le reconocemos esa condición de “victima”, que detrás de esas decisiones bajo presión estamos tod@s y esta sociedad que entre tod@s mantenemos. En el caso contrario, cuando yo me quejo de presiones sociales y las decisiones que he “tenido que tomar” forzadamente, se me hace responsable de las mismas. Como hombre no tienes ningún reconocimiento de tu condición de sometido.

        La conclusión a la que podemos llegar creo que es clara: si insistes a una mujer eres un machista (y ella también tendrá su parte de responsabilidad) y si cedes a la insistencia de una mujer eres tú el responsable (y para nada ella). ¡Haber dicho que no!

        (Que conste que no hablo de la violación. No tiene nada que ver.)

        1. chuuuchiii

          A los hombres, en nuestro constructo de género aprendido se nos enseña claramente a aguantar y no quejarse nunca, so pena de simplemente “dejar de ser hombres”. Por este motivo, no reconocemos nunca las opresiones a las que ciertamente estamos sometidos también, porque se nos enseña a aguantarnos, a resistir, a ser fuertes y valientes, a autodefendernos. En nuestro pecado llevamos la penitencia que se dice. Nunca habrá un fuerte movimiento de hombres que denuncien las presiones y fuerzas que nos someten porque estamos diseñados y enseñados a hacerles frente, a no quejarse nunca de ellas, a ser fuertes.

      2. Lola

        Me ha gustado este artículo, para no caer en el relativismo.. Todxs sufrimos alguna-s opresion-es, pero algunas están instaladas en la médula de nuestros grupos y los poderes están concentrados.. también lo de usar variedad de palabras y no quedarnos con las tres categorias..

    1. Basque Patriot

      Ya era hora que alguien lo comentara. A mí me han acosado y pegado mujeres, varias. La cuestión es que yo soy capaz de defenderme por mí mismo, y vivir dignamente sin pedir todo a Papá Estado.

      Yo sinceramente no me preocupo de la diferencia de trato a los hombres (que somos los que morimos en el trabajo, los sin techo, la mayoría de suicidios son hombres…). Además dicen que tienen vida precaria! Que las asistentas de casa no tienen derechos! Y los que TODOS LOS DÏAS MUEREN EN CARRETERAS Y ANDAMIOS?

      Es todo mentira, victimismo para seguir vividendo a costa de los hombres. En la cueva? A cazar los hombres. En el medievo? A trabajar los hombres. Luego con el capitalismo por fín pudieron colaborar algo con nosotros, no les ha gustado, ahora piden vivir del aire!

      La mujer en cualquier sitio tiene y demanda siempre atención, por todos los White Knites. Lo tienen todo regalado: ayudas agrícolas? A la mujer. Ayudas por becas en la universidad? Es lo mismo cuando yo pregunto algo en la empresa, o cuando pregunta una chica? Siempre tienen la atención.

      Yo no me trago el feminismo, y ya ha llegado el momento de abandonarlo.

      1. Eustakio

        Me alegro si te ha gustado mi comentario.
        Pero no estoy de aacuerdo para nada contigo. Ni el tono ni en el razonamiento, además de que generalizas.
        Percibo rencor y odio en tus palabras.

  6. Haizea

    Gracias, gracias, gracias. Me he sentido muy identificada con el artículo. Especialmente en la parte del autocuestionamiento. He pasado por varias situaciones parecidas y una en particular me marcó mucho. Decidí no denunciar más que en mi círculo más íntimo porque dentro de mí pesó más la autocensura y el hecho de que él es una estrella de la música, de las letras y de la revolución. Le comuniqué mis sensaciones y emociones ante la agresión por escrito. Nunca tuve una respuesta por su parte y eso es lo que aún me pesa. El no reconocimiento. El no haber escuchado “traspasé tus límites, superé la barrera, me valí de una posición de superioridad”.
    A partir de entonces me decidí a emprender el camino la autodefensa feminista. Sobre todo el tener un grupo de afinidad feminista de aliadas con las que caminar preguntando ha sido clave en mi vida para afianzar mi autonomía y mi autoestima. Sigo aprendiendo.

    Abrazos feministas

  7. María

    Creo que demasiadas veces, una vez detectado, trasladamos a una causa (el feminismo o cualquier otro activismo social) la abnegación y sacrificio que el patriarcado nos impele a depositar en la familia y ahí, de nuevo, reproducimos todos y cada uno de los roles que tanto trabajo nos ha costado desmontar en la esfera privada. Y también las inseguridades y los miedos. NO siempre es NO, sin peros. Se lo tenemos que decir a ellos, y nos lo tenemos que creer nosotras. Gracias por el artículo.

  8. WT

    Soy el que ha comentado anteriormente. Ahora, tras leer los mensajes de algunos hombres aquí, entiendo realmente porque son necesarios este tipo de artículos. Aunque sean cosas que pasan a ambos géneros, lo cierto es que las mujeres tienen que soportan, además del acoso sexual que todos recibimos, todo tipo de improperios simplemente por comentarlo como en este artículo. Con tan solo leer los comentarios de tanto machista me doy cuenta que desde Pikara habéis hecho muy bien en publicar esto. En fin, es difícil ser hombre cuando compartes género con tanto capullo.

  9. JM

    Es un artículo muy interesante que plantea una pregunta muy interesante a su vez:

    Por qué mujeres emponderadas, emancipadas, autosuficientes, con conciencia política y feminista formada no frenan de manera tajante estos acosos, ni reprochan a los acosadores públicamente e incluso en algunos casos acceden a esas imposiciones sexuales.

    Ni en el artículo ni en los comentarios creo que se da una respuesta satisfactoria. Quizás porque no la haya (o al menos no una respuesta que explique todos los casos). O quizás falla la premisa de que esa empoderación sea real o total.

    Enhorabuena por estos artis que nos hacen reflexionar

  10. Alguien

    No concuerdo para nada con las ideas y conclusiones del arcticulo, creo que el patriacado y todo el analcis es completamente errado, SINEMBARGO doy 100% la razon en que NO es NO, indistinto del genero. Con esa sola cosa que nos pogamos de acuerdo, estaremos todos mejor, el resto de la idelogia no la comparto, pero NO es NO.

  11. ingeniero

    “¡NO!” elevando la voz y con la cara enojada es “NO”. “no”, con la boquita pequeña y me meto en tu cama en bragas y contigo palote es, cuanto menos, ambiguo.

    1. Lola

      sigo el debate a varias bandas…

      No con la boca pequeña o como a ella le dé la gana sigue siendo NO.
      A mi me parece que unx siempre puede comunicarle a su amigx o conocidx las cosas cómo le afectan.
      Pero ninguna persona está obligada a algo sólo porqué son sus apetencias o porque es algo que le es molesto. esto es violencia..
      Y más si por detrás se juega con vejaciones (eres una puta si no haces o si haces.. eres una calientapollas si blablabla…) o calientachuminos.. lo que sea. La putada es que no estamos lo suficientemente acostumbradxs (no todxs,entre las a decir como nos sentimos
      http://www.pikaramagazine.com/2013/09/calientapollas/
      http://www.pikaramagazine.com/2011/06/la-dificultad-de-decir-no-afinando-el-organo/

  12. Michel

    @WT
    Los hombres partimos muchas veces desde la culpabilidad a la hora de reflexionar sobre la violencia machista. No obstante, creo que la mejor posición para abarcar los problemas sociales es la responsabilidad individual y colectiva: Hacernos responsables de nuestros sentimientos y darnos cuenta de los momentos en los que inconscientemente ejercemos la violencia sexista y reproducimos los valores dominantes del capitalismo patriarcal. Pero nosotros también sufrimos estos “privilegios” en su versión oscura: accidentes mortales en el trabajo, suicidios por ser incapaces de interiorizar nuestro fracaso como “proveedores” o como “machos dominantes”, incapacidad para conectar con las emociones, etc. Y, nosotros (sí, los hombres) también hemos sufrido algún tipo de “acoso sexual” por parte de mujeres. La lógica es muy diferente, porque en este caso la el hombre se siente violentado por sí mismo (por sus valores de machito: Posibilidad de reacción A) ¡tengo que ser un hombre y cumplir!,Posibilidad de reacción B) ¿cómo es posible que esté siendo un sujeto pasivo??) y no por la mujer en sí (otro valor machista de doble sentido. “Una mujer no me puede hacer daño”).
    De todas formas, creo que en el movimiento feminista hay una tendencia a señalar a la mujer como continua víctima sin recursos y dibujar al hombre como un violador en potencia: me parece muy deshonesto y tramposo que el texto se mezcle el caso de Despentes (una violación brutal) con dos casos en los que no ha habido coacción física aunque sí insistencia y falta de respeto. Creo que es una forma de “aniquilar” el debate.

    1. ingeniero

      No estoy de acuerdo. Si un tío dice 10 veces que no, que no tiene ganas, que no le apetece o que para qué complicarse y al final acaba follando. La decisión y la responsabilidad son suyas, y la culpa no la tiene ni la sociedad, ni el patriarcado, ni las series de la tele. Y eso lo sabemos él, yo y Mats Wilander.
      Y con las tías, pues lo mismo.

  13. Ortzi

    Es el clásico “sólo la puntita, tonta”. ¿A quién no le ha pasado? Y eso es lo peor, que como nos ha pasado a todas, lo relativizamos de tal manera que parece normal cuando no debería serlo. Supongo que los hombres también tienen que pasar por el aro en muchas situaciones (trabajo, relaciones sociales, etc), pero nosotras tenemos que soportar esas presiones en el trabajo, las relaciones, y también tenemos que quitarnos de encima a hombretones de 80 kgs cuando decidimos que no queremos echar ese polvo que nos proponen.
    Respeto profundamente los comentarios anteriores de hombres que afirman haber sentido presiones para mantener relaciones sexuales con mujeres con las que no les apetecía (de echo creo firmemente en que esas presiones son muy fuertes y más determinantes de lo que parecen a primera vista).
    PERO.
    No creo que ninguna de esas mujeres mostrara una superioridad física de más de 20 kgs. Me explico: yo cuando (por una mal pedo, la verdad sea dicha) he dicho que no a un hombre, no sólo he tenido que enfrentarme a la presión social que supone el sentirme una “calientapollas”, “frígida” o despendolada, sino que he tenido que quitármelo literalmente de encima, con un peso que casi doblaba el mío. Y en ese momento, cuando el tío, bastante malhumorado y con dolor de pelotas (eso dicen), accedió a quitarse de encima, casi di gracias al cielo, porque segundos antes me sentía totalmente vulnerable y a su merced.
    A mí me tocó el “civilizado”, el que tras un par de intentonas supo encajar el no. Y ya entradita en años, no os penséis que me pasó siendo una cría. Pero no puedo dejar de preguntarme: ¿y si él hubiera querido llegar hasta el final? ¿y si me hubiera pasado con 17 años con muchas más inseguridades, y sobre todo, mucha menos militancia? Pues, probablemente, me la hubiera metido hasta el fondo y luego, a ver. Porque cómo bien se matiza en el artículo, una cosa es denunciar al violador anónimo y otra al compañero de manifas, asambleas y borracheras.
    Creo que violación se asocia con violencia de una manera deliberada, para poder argumentar que si no hay resistencia no es violación. Y no debería ser así. No es no. Y por supuesto que sé lo que quiero: a ti, ahora, no te quiero dentro; si he cambiado de opinión, lo siento, pero es lo que hay. Antes quería, ahora no quiero. ¿No podemos cambiar de opinión las mujeres, sin ser tachadas de calientapollas? ¿No se nos puede complicar la borrachera, dejándonos fuera de combate? A mí también me han dejado con las ganas y me he ido a mi casa a hacerme una pajota como la copa de un pino. ¿Por qué lo que debería ser la normalidad (me dicen que no, me voy -a masturbarme, o lo que me de la gana), en muchas ocasiones no lo es? Porque todas, tanto hombres como mujeres hemos vivido con la convicción de que ellos son los que toman la iniciativa y nosotras, las que tras dudar el tiempo establecido (si no, somos unas putas) accedemos. Y así nos va.

    1. michel

      @Ortzi “¿y si él hubiera querido llegar hasta el final? ¿y si me hubiera pasado con 17 años con muchas más inseguridades, y sobre todo, mucha menos militancia? Pues, probablemente, me la hubiera metido hasta el fondo y luego, a ver. Porque cómo bien se matiza en el artículo, una cosa es denunciar al violador anónimo y otra al compañero de manifas, asambleas y borracheras.” Las emociones aceptan los “y si” y crean subjetividades, pero la realidad no acepta “y si”s sino ser o no ser. No se puede acusar a una persona de algo que podría haber cometido. No lo hizo. El tipo es responsable de no saber aceptar a la primera un NO y mosquearse. Mal pero que muy mal. Yo no me excluyo, también he cometido errores al respecto (por ejemplo, con el tema del preservativo, por supuesto). Pero de ahí, a “denunciar” por algo que jamás se cometió me parece ya policializar las relaciones íntimas más básicas y recurrir casi a un estado parapolicial. Y repito hablo de cuando se crean “sensaciones” y no hechos contrastables.

  14. michel

    Las mujeres tenéis tanto derecho a ser unas calientapollas y decir luego que no (porque vuestro cuerpo es vuestro y de nadie más) como los hombres a ser unos mojabragas y decir luego igualmente que NO. Se trata de dignidad humana.

  15. xarli

    Muy buen articulo. Gracias Pikaras!!
    Pienso que el articulo da en el clavo,da para mucho y desgraciadamente es demasiado cotidiano. Y mas en espacios y o movimientos donde el trabajo y las aportaciones del feminismo tendrian que haber calado o nos gusta (a los hombres) decir que somos feministas……por decir algo.
    Creo que es muy interesante la reflexion que plantea el articulo, la de que cuando una mujer sufre una agresion esta reacciona de la manera que espera el patriarcado, dificil cuastion la de hablarlo o no, hacerlo publico o no, denunciarlo o no, abrir un proceso colectivo con tu grupo de afinidad o no, y mas cuando es una persona de confianza, cercana, con cierto estatus y encima es un tio. Porque nos guste o no vivimos en un sistema patriarcal, ser hombre es un estatus social, y eso quiere decir que hay una relación de poder, de opresion, de desigualdad (lo digo todo pa dejarlo clarito) de un sexo hacia el otro. Y así, nos venimos socializando desde años A y desgraciademente todavia sin cuestionarnos lo justo y necesario. (Porque entiendo que si se lee y comenta una revista como Pikara por lo menos lo harán los izquierdosos).
    A la cuestion de como afrontar el patriarcado en contextos militantes, que creo o que es de lo que va el tema, y no de que algun tio se haya podido sentir acosado y al cuestionamiento sistematico de los casos que se exponen, por mi experiencia creo que siempre se parte de cero y eso un un problema. En la ciudad donde vivo se dieron casos de agresiones, en este caso no sexuales y si de violencia varia, cuando el grupo feminista lo denunció publicamente y forzaron, porque justificaciones y excusas habia demasiadas y mas con amenaza de desalojo, o sea no era un tema importante, se acabó partiendo el movimiento. Los defensores y os detractores del agresor cada cual por su banda. Lo que quiero decir es que el tema de afrontar el patriarcado en espacios militantes es algo tan importante que nos jugamos la unidad y el funcionamiento de lo que construimos. O sea, que no creo que sea un tema de segundo o tercer plano sino vital. Y creo que estamos muy pez, viendo los comentarios, donde parece que no entendemos que vivimos en un sistema de opresion y dominacion. Y le pese a quien le pese los tios estamos en el bando de los privilegiados.
    Si alguien piensa o entiende que como ns jugamos tanto no hay que denunciar ni senyalar, yo creo que si hay que hacerlo, una y mil veces si. Primero, porque si se hace bien, un proceso colectivo podremos ir haciendo teoria sobre nuestra praxis y no empezar de cero cada vez que una mujer denuncia una agresion. Y segundo porque me niego a esconder, evitar, proteger, ser complice y normalizar situaciones de abuso auqnue estas las lleven a cabo mis colegas.

    Vaya xapa me he marcado. 😛

    1. michel

      El problema aquí es ¿a qué le llamamos agresión?. Es una agresión que el tipo insista (mal) y la chica acepte para que no le de la chapa o para que la deje dormir? Aplicamos la violencia de género?. Me parece que estamos derrapando.

  16. ingeniero

    Como lo sabes, vaya chapa autoflageladora que te has marcado. Te castigas un poco más y te saltas el pellejo.
    Bueno, yo quería decir que este artículo es poco inclusivo con el colectivo de lesbianas. Deberíais haber narrado alguno de los muchos casos de mujeres abusadas o coaccionadas por lesbianas. No a la invisibilización de las bolleras!

  17. xarli

    Pues una agresion es cuando una persona dice que se ha sentido agredida.

    1. michel

      No, perdona, una agresión es cuando una persona agrede (sea verbal o físicamente) a otra, no cuando unx se siente agredidx. No es lo mismo la interpretación de un hecho que el hecho en sí mismo. Y para eso se inventó el derecho y tenemos -muy supuestamente- unos juicios justos basados en hechos y pruebas. ¿A dónde vamos a ir a parar? Ojo con el discurso de la víctima y el recurso al estado policial. Una persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. ¿Te suena?

    2. Eustakio

      Estaba rumiendo tu comentario hasta que he leído esto que acabas de escribir.
      Me parece una auténtica barbaridad lo que dices y me pregunto cómo un hombre puede llegar a decirlo.
      Con ésa misma lógica, en la ciudad donde viví y entre militantes, una chica denunció un abuso por parte de un chico. Los hechos que ella describió dejaban un lugar muy grande para la duda. Tanto como la presunción de inocencia del chico. Pues un dia, la chica con sus amigas militantes le dieron una paliza.
      No vale decir me he sentido agredida. Lo mismo pasa con “la agredida siempre tiene la razón”.
      O sea, ¿que todo el mundo necesita probar una acusación menos cuando se acusa de agresión sexista?
      Flipo

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