SOStener la vida: Asamblear la crianza Participa

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Eva

Escribo y me sumo a mis detonadoras. A todas. Y sobre todo a la pregunta de June Fernández. Quiero todo, desocupar la maternidad y maternar el mundo. Lo quiero todo porque lo que celebro es que las mujeres nos  reapropiemos de nuestra potencia de vida. Vida para concebirla y/o dejarla estar.  Y aún deseo más: me gustaría que quepamos en la crianza todas las personas (cuidadoras migrantes que teleasisten a su propia descendencia, abuelas de padres-madres ausentes, hermanos solteros y los y las esteriles y las maternofóbicas)

Necesitamos  urgentemente asamblear la crianza. Para otorgarle relato plural. Porque sólo así podremos imaginar la maternidad, no como un debe (más o menos utópico, más o menos casposo o posmoderno), si no como un haber (un materialismo, un izar a la realidad lo que vivimos para legitimarlo: por raro, aberrante o convencional que parezca). Solo así, nombrando cómo criamos hoy, podremos criar socialmente.

Lanzo mi desafío: denunciar lo habitada que está la maternidad del relato hegemónico de feminicidio, y de vidacidio. Nada tiene que ver la crianza en sí, con el envoltorio que le han puesto quienes no crían, pero mandan, y construyen relato. Mis hechos son que mi maternidad me logró poliamorosa, desclasada, me desaburguesó y me desnuclearizó. Embarazarme supuso quedarme sin “marido”, y sin casa, y sin sueño. No podía dormir y casi me vuelvo loca. Después de 38 años de cordura y omnipotencia, sucedió. Caí. Yo también fui vulnerada. Y solo entonces pude preguntar a un mantero, que vendía pelis a la puerta de mi casa, honestamente: ¿qué tal estás? Y todo eso me lo dio la posibilidad de ser madre. Justo lo contrario de lo que me contaron fue lo que viví.

Para mejor cuando Laia nació en su mirada nuda, una ameba que no se sujeta ni el cuello, que ni mira, ni ve pero repta hasta la teta y se agarra, vi ahí pura vida de la que no es de nadie.  Esa capacidad de Laia me reveló porqué el capitalismo no aguanta la maternidad. Ni el patriarcado, ni el capitalismo aguantan la emergencia de la vida. Y de ahí las cuarentenas y los putos puerperios, para esconderla.

El embarazo en si ya es es una proeza. Las mujeres vivimos con todos los órganos detrás de las tetas. Una proeza como tantas otras funcionalidades diversas del mundo. Por eso apenamos tanto las embarazadas, como las locas, cuando en realidad, somos monstruas maravillosas.  La maternidad nos pasa a diversas funcionales. A la mayoría. Incluso si el embarazo no te saca mucho de la “normalidad”, luego siempre llegará el momento en que tendrás un carro incrustado en las manos, e irás con cuatro ruedas y cuatro piernas.

Por otro lado, embarazarse devuelve la vida, la de verdad, la que no es manejable, ni atiende a dueños o se mercantiliza. Por eso esta sociedad tara la maternidad, la mina de riesgos. Yo viví las clases de preparación al parto como un susto y una estupidización. Te enseñan a respirar como si fueras idiota, mientras te advierten de todo lo malo. ¿En qué instancia humana eso se permitiría? Decretar que toda la población, por elevadísimo riesgo de contraer algún cáncer en su vida, debe perfectamente sana asistir a unos cursos para aprender a reaccionar cuando enferme. Esa idiotización se traslada luego al recién nacido tratado también como un gilipollas.

Conservo un odio activo a los manuales de maternidad. Desde los de las tetinas anticólicos de los biberones, hasta cualquier otro. Ni una matización, ni un beneficio de la duda a la perspicacia de la madre, ni a la diferente capacidad de succión del bebe. Puro nazismo. Tetina cero meses= bebe cero meses. Pero resulta que Laia succionaba como si tuviera tres años a los cero meses. Menos mal que cuando Laia nació lo suspendí todo, y me presté atención a mí y no a la literatura sobre el cólico del lactante.

Luego de superar las clases de preparación al parto “mortal” y después de habernos tratado en el embarazo a las mujeres como si ya fuéramos una tumba o a una cuna, u otro receptáculo cualquiera, llegaba al principio de la crianza la posibilidad de enunciar todos los trastornos que seguramente padecerán nuestros hijos, por no haber seguido el prospecto: síndromes de hiperactividad, terrores nocturnos, cólicos del lactante. El vocabulario del temor, de la carencia es durísimo.

Y sí de esas furias, de haber tenido que atender relatos que miserabilizan la crianza, reivindico, nos reivindico la necesidad de narrarnos, de revalorizar el saber de las criadoras, madres… Nuestro saber no frugalizado, ni de color rosa y azul clarito. Fuera moñeces. La crianza es punk: es roja, violeta… negra, blanca… Hablamos de la  emergencia de la vida, hecho tan fundante como su desaparición, para mí de igual intensidad y violencia. Un bebé llega a quedase en un “para siempre” tan poco determinable como la vida y su finitud. Sin embargo, esa comparación: nacer es como morir, tan violento y potente; está inédita. Y yo creo que la necesitamos.

Mi maternidad fue fruto de una aberración social: atreverse a enunciar el padre (un tabú decirlo, una costumbre hacerlo) que no quería criar, ni ocuparse de un bebe y decirle yo, no hay problema, yo crío. A mí me pareció pura lógica, en mi prepotencia; pero no, luego casi me estalla la cabeza. Porque yo no lo sabía. Pero nuestro imaginario de la crianza es estrecho, estrechísimo y desde ahí respeto a quienes proponen desocupar la maternidad. Si ser madre es eso: no me llamen madre asegura Brigitte Vasallo.

Y por eso insisto en que relatemos para que abramos el campo, para que quepamos más. Cada una/o desde su experiencia, para que podamos realizar (izar a la realidad) la propia experiencia: nuestra crianza-nuestra construcción.

La realidad es lo hacemos y lo que nos hacen. Y el límite de nuestro hacer es el límite de lo que alcanzamos a imaginar que podemos y nos ponemos a poder. ¿Qué creemos que podemos las mujeres en la maternidad/la crianza/el cuidado?

Para mí la maternidad, insisto, significo la  liberación del cuidado consecutivo (familiar), y liberación del amor patrimonial, (el del territorio del dos como único habitable). Yo respeté que otro no quisiera criar y yo sí y logré seguir amándole cuando me pude querer sola. La cadena de cuidado garantista, de las familias nucleares, a mí se me rompió y lo que en principio fue un duelo, luego fue un regalo. Mi madre tuvo una trombosis en mi sexto mes de embarazo y mi pareja no soportaba acompañarme al parto. Y de repente el cuidado extenso, llegó, de regalo para maternar. Contarlo es lo que más me motiva a articular este texto. El embarazo me suministró cuidadoras imprevistas: Sonia, una antigua novia reconvertida en madre bollo, intermitente e indisciplinada, pero para toda su vida. También la panadera de mi viejo barrio, que me daba calabaza asada, y una bebita, Laia, mi hija, que me enseñó a cuidarla, cuidándome y me enseñó a aprender a amar a quien no sé cómo será, ni cuánto me ayudará a vivir. Aprender a quererla porque me engatusó ese venir suyo a la vida, sin nada, desde el principio de su existencia. Un corazón que late en un cuerpo que no se sostiene.

Mi maternidad sobrante e imprevista, insólita, me hizo mejor, pero podía haberme matado. A mí casi se rompe la cabeza, hay otra gente a la que se le rompe del todo y conste que no me lamento, es justo estar al fin menos blindada,  como tanta gente, sentirse también mantera, diversa funcional, muerta de miedo… Solo, que ahora sé lo que me hubiera hecho bien. Y haberme podido imaginar más allá de un papá, y una mamá, más allá de una casa y un trabajo -porque ésa es otra, ¿cuántas madres asalariadas sobreviven su asalariamiento en la crianza?; yo no-.

Me jode en el alma que la maternidad, sí sea reñible, reprimendable, pero no asambleable. Siempre me viene a la mente como extrema consecuencia el caso de una mujer que me contó la psiquiatra. Ella se quedó embarazada de in-vitro de dos niñas, las parió como madre sola y al sexto mes se suicidó. No lo pudo soportar. Criar así, en pura soledad. Y es que nos han dejado jodidamente solas como madres o cuidadoras o lo que sea y eso sí que no lo acepto. Solas y entontecidas, las madres. Solas e incomunicadas. Porque maternar es un acto  pudoroso en extremo, casi como el sexo. No se puede mirar, pasa de puertas para adentro, lo que favorece el cúmulo de neurosis que se da en el entorno familiar, y dificulta en extremo el abordar a la sociedad, a la economía, interpelarla desde ahí.

Y sí, no es que considere gravísimo suicidarse pero sí no aguanto que sea obviable. Por eso creo que ha llegado el tiempo de coger lo mío, lo tuyo, y lo nuestro y asamblear de una vez las crianzas diversas, para poderlas recrear y que todas las mujeres -¡todas!- puedan imaginarse siendo como quieren ser. Madres, amigas, tías, abuelas, trabajadoras del cuidado permitiendo la vida, como es. Necesitamos pluralizar, no juzgar; ver los valores de cada una, los sís de cada no, porque además debiéramos asamblear la crianza, con toda la delicadeza del mundo. Es gravísimo que la maternidad sea un asunto privado, privativo, que se críe dentro y que sea una relación apenas construible colectivamente -la frustración de los cuidadores segundos o terceros o cuartos o los imposibles quintos-.

Ese hecho profundamente político que es criar, cuidar, sostener la vida, ¿cómo podemos pretender que interpele a la sociedad si le es privado, íntimo, inopinable? O así se nos presenta. No criamos a escondidas del contexto. Criamos desde el compromiso que esta sociedad tiene con las personas dependientes… Criamos sin la renta básica, en ciudades inhabitables y es mejor que se cargue con la responsabilidad al papá, o la mamá, para así no enfrentar el desafío. Para hacer indefendible la necesidad, la urgencia de un modelo cuyo centro debería ser la vida, toda la vida y no solo la que es autónoma para consumir, ir en coche o comprarse un pantalón vaquero.

Esta sociedad cría neuróticamente y ha neurotizado la maternidad hegemónica. Cualquiera nos embronca por llevar un bebe en un carro una noche de invierno. Un viejo, que no debió mirar a su hijos a la cara mientras pasea a su perro, se siente en el derecho de decirte: ¡Vaya horas, qué vergüenza!”. No te pregunta si necesitas algo, te riñe. Las madres estamos situadas a la altura de todos los betunes de la tierra, (que no es un mal lugar el a ras del suelo, cuando no permites la humillación, y te puedes reír y apenar de quien te reprimenda y te da una clase magistral). De la misma calaña son los  manuales de crianza, con sus aberraciones cientifistas, que ya ha abordado Carolina del Olmo, y sus simplificaciones disciplinarias desde el adultocentrismo al niñocentrismo. Se trata de clavarnos a las madres un universal en el alma para que nos serialicemos y seamos nicho de mercado, funcionales a la lógica del capital. La  responsabilidad de su prole es de la madre. La culpa si algo sale mal, suya también. No, del asilamiento decretado, no de los desahucios, no de las horas de curro, no de vivir con 400 euros, no del cisma ecológico o del desmontaje del escaso estado del bienestar. La culpa es de la mamá garante, responsable, dado que bípeda, de velar por la autonomía de un ser que es parido como una pura birria. Rose Jové, nos hace cargo a las mujeres de una causa civilizacional, y así nos va. No hay crianza que soporte ese peso. Quizá por eso aceptamos tanto las mujeres que todo el mundo nos explique cómo. Porque no hay cómo posible. Y vivimos la maternidad buscando desesperadamente una fórmula porque es demasiado lo que falla y es que son muchos siglos de despreciar nuestras destrezas e incluso arrebatárnoslas como a las matronas. ¿Y qué nos quedan? Las ruinas: muchas madres habitan unas enanas entidades beligerantes, un enfado largo, un disgusto interior que luego se somatiza en cuerpo enfermo.

Por eso reitero, necesitamos enunciar desde nuestra propia intuición y nuestras propias destrezas y nuestra propia vida. Necesitamos renegar de un discurso que no nos nombra, ni es el nuestro. Como es una crianza feminista, como la que viven las feministas: pues a escribirla… Tenemos escasísimas experiencias de crianza colectivas (sigue dando pudor ver a una madre y una hija discutir, giramos la cara, porque la crianza seguimos respetándola como un asunto privado, familiar). Así los padres, las madres saturadas, apenas imaginan ceder territorio de crianza a otros/as que quizá juegan papeles, pero en tanto que no reconocidos son papeles muy vasallos (el de los abuelos, la cuidadora emigrante, el hermano enrollado, la tía soltera que no pueden opinar apenas). Y queda algo insoportable que quiero romper: el mudo consenso, y la mirada oblicua y el arrasamiento de la diferencia, porque para criar o nos tiramos  los trastos a la cabeza, las madres o hacemos absoluta dejación.

Cómo criamos, igual que como amamos, es apenas discutido en entornos de familia nuclear, lugares muy viciados y ensordecidos…  Pero no asambleamos la crianza, no la socializamos, ni la abrimos con mínima dignidad a círculos de amistad, sociales… Así nos restamos la posibilidad de vínculos de crianza con mirada plana, sin reprobación, ni juicio previo, ni defensa antepuesta, por si acaso. Vínculos trabados para inaugurar crianzas apropiadas a nuestras vidas y nuestros cuerpos, para mujeres que no creíamos en la familia nuclear porque nos resultaba radioactiva, o para mujeres que se circunscriben al modelo nuclear pero sin pretender que sea su único lugar de socialización de la crianza…  Perdemos, siguiendo además el plan capitalista y patriarcal, la posibilidad de colectivizar la crianza, el cuidado de la vida, y en ese camino también perdemos la alianza con nuestras niñas y niños para criarles. Hemos asumido esos plurales que les eluden, o les generalizan desde una tolerancia posmoderna y dogmática. “Cada niño es un mundo”, decimos, para no meternos en su mundo… ni salirnos del nuestro. Y termino preguntando ¿pero el mundo es nuestro? ¿Es nuestro un mundo donde no nos hacemos cargo de la emergencia de la vida ni de su sostén? Eres tan nada que tu suelo sujeta, me escribía mi amigo Antonio… Sostén. S.O.S. Ten. S.O.S.tengamos.

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Comentarios recientes

  1. luisa

    qué mal te expresas hija mía; una pena, parece interesante lo que intentas decir …

    1. Eva Reo Ruiz

      Pues yo la he entendido. Resulta que no hay que saber perfectamente expresarse para poder comunicar algo con el corazón a los demás.

      Claro que algunas madres parecen felices siguiendo como corderitos el rechazo real hacia ellas y hacia la criatura que traen al mundo. Negando sus sentimiento y los de sus hijos por seguir las indicaciones de seres ignorantes que son incapaces de sentir la realidad cotidiana de criar un niño.

      Vistas como puros nichos de mercado se crean productos para ellas, y se las tratan de convencer de que es lo mejor para realizar su labor de madres. Se las trata de dictar continuamente que es lo correcto he incorrecto que deben hacer. En vez de ayudarlas a conocerse a sí mismas y al bebé.

  2. Ernesto

    Todos somos un solo ser. Todos ejercemos constantemente influencia sobre los demás y con eso cambiamos el mundo que nos rodea.
    El problema de una persona es en realidad el problema de todos. Porque esa persona se ha formado a partir de lo que ha absorbido de los demás.
    Y viendo el mundo de miedo y angustia en el que vivimos todos, creo fundamental que nos responsabilicemos de lo que hay a nuestro alrededor y tratemos de mejorarlo.
    La maternidad y crianza de un niño es una de nuestras más grandes responsabilidades y depende de todos el cambiarla. Para que los niños que se crían ahora sean seres Amados y Felices. Y sepan Amar y hacer Felices a los demás cuando sean adultos.
    Es también responsabilidad de todos, la educación de los adolescentes para que tengan una relación de pareja sana y responsable.
    Es una cadena… el desamor y la mala educación que se les da a muchos niños, suelen crear unos padres que les transmiten los mismos valores a sus hijos.
    En algún momento tenemos que romper esa cadena. Y eso es trabajo de todos. No solo de las madres. Tenemos impedir que la maternidad sea un estado de esclavitud. Y darle a la madre lo que necesita para que exprese su Amor, su Sabiduría y se la transmita a su hijo.

  3. JC

    Puro gozo literario en un estilo poético-reivindicativo maravilloso e inconfundible. El tema me parece interesante, aunque no está entre mis preocupaciones e inquietudes cotidianas, pero he disfrutado con esa forma de hacer llegar impresiones, sensaciones y sentimientos como inyecciones directas a la vena racional, sin pasar por los filtros y tamices que llevamos instalados para defendernos del sistema. Un auténtico bypass coronario que llega a la entraña misma saltándose todos los diques de contención. Maravilloso.

  4. vida

    Hola Eva.
    hay ciertas cosas de las que cuentas que me resuenan dentro.
    Había leido este artículo hace tiempo y ahora me he visto buscándolo durante horas hasta dar con él. Me gustaría poder preuntarte algunos aspectos de tu maternidad que me conectan con mi estado actual. podría ser por mail?? vida_vivi@hotmail.com
    muchas gracias!y un gusto leerte!

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