La participación de las mujeres en la historia del olimpismo Análisis, Voces

La integración de las mujeres en el deporte ha sido un proceso largo y sobre todo muy lento, pues no es hasta 1996 cuando la Carta Olímpica introduce que una de las funciones del Comité Olímpico Internacional (COI) es “estimular y apoyar la promoción de las mujeres en el deporte, a todos los niveles y en todas las estructuras, con objeto de llevar a la práctica el principio de igualdad entre el hombre y la mujer”. Pero ¿qué entiende el COI por el principio de igualdad entre el hombre y la mujer? ¿Qué ha causado que el olimpismo pase de excluir a la mujer deportista como así era en sus comienzos, a defender su participación?

Tamara Lucarini Cortés y Carlos Pulleiro Méndez

100 metros lisos Amsterdam 1928

100 metros lisos Amsterdam 1928

El deporte femenino en los comienzos del olimpismo

Las Olimpiadas se recuperan a finales del siglo XIX, siglo en el que la razón se instala como el camino fundamental para establecerse como ciudadanos iguales en el espacio público, frente a los privilegios y lazos sanguíneos del sistema del antiguo régimen. Para los intelectuales modernos, el nacimiento no resuelve su futuro, es la propia praxis individual la que provoca que los seres humanos mejoren, se perfeccionen y obtengan consecuentemente su destino. Sin embargo, en sus teorizaciones, características como la raza, las propiedades y la pertenencia al sexo masculino terminan por sentenciar las diferentes esferas en las que cada sujeto tiene capacidad de perfeccionamiento.

En este tiempo, el deporte surgido en la Inglaterra victoriana se va a contemplar como un instrumento fundamental para demostrar las capacidades del progreso humano, pero este no va a escapar de los discursos liberales que, como elemento fundamental para el progreso y el desarrollo humano, deja fuera a quienes consideraban que no eran susceptibles de avance. Se conciben los modelos binarios estereotipados de masculinidad y feminidad; caracterizando al masculino por contener los rasgos ideales del deportista, es decir fuerza, velocidad, resistencia… mientras que el modelo femenino estaba inscrito en lo delicado, lo frágil, pasivo, dependiente… categorizando a quienes los traspasen como seres cuasi monstruosos.

Asimismo, los discursos biomédicos del momento lo avalaban, señalando los peligros del deporte para las mujeres. Se decía por ejemplo que “el hockey era un inhibidor de la lactancia”[1], y solo las alentaban al ejercicio si este tenía beneficios para la maternidad o resaltaba sus aspectos artísticos. Dicho lo cual no es de extrañar que para cuando se recuperen los Juegos Olímpicos en 1896 se les niegue la participación. Habría que esperar a la segunda edición en Paris en 1900[2] para que veintidós mujeres de un total de 997 deportistas participaran en tenis, vela, hípica, croquet y golf; aunque solamente el tenis y el golf contaron con eventos femeninos exclusivamente.

EVENTOS DEPORTIVOS FEMENINOS EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS

1900 Tenis, Golf 1952 Hípica 1996 Fútbol, Softbol
1904 Tiro con Arco 1960 Patinaje de velocidad 1998 Curling, Hockey hielo
1908 Patinaje Artístico 1964 Voleibol, Luge 2000 Pesas, Pentatlón, Taekwondo, Triatlón
1912 Natación 1976 Remo, Baloncesto, Balonmano 2002 Bobsleigh
1924 Esgrima 1980 Hockey hierba 2004 Lucha
1928 Atletismo, Gimnasia 1984 Tiro, Ciclismo 2008 BMX
1936 Esquí Alpino 1988 Tenis de Mesa, Vela 2012 Boxeo
1948 Canoa 1992 Bádminton, Judo, Biatlón 2014 Saltos de esquí

Fuente: http://www.olympic.org/Documents/Reference_documents_Factsheets/Women_in_Olympic_Movement.pdf

 

El Barón Pierre de Coubertin, artífice de la recuperación de los Juegos Olímpicos, fue hasta su muerte un detractor de la participación femenina en estos. Declaraba que la mujer debía ser la espectadora, debía estar para mirar, aplaudir y coronar a los ganadores en lugar de intervenir; alababa al “auténtico héroe olímpico” que a su parecer era únicamente “el adulto masculino individual”[3]. Pero poco a poco las mujeres fueron entrando en disciplinas como la natación, uno de los deportes base de los JJOO; eso sí, siguieron conformando porcentajes casi ridículos de la participación total. Por ejemplo, en 1912 el número de deportistas mujeres se había doblado hasta alcanzar la cifra de 48 deportistas, pero porcentualmente se había descendido del 2´20% inicial hasta el 1´99%.

1980 Nadezhda Tkachenko lanzadora de peso

1980 Nadezhda Tkachenko lanzadora de peso

Cabe destacar que el modelo olímpico no era el único en el comienzo de la expansión del deporte internacional a comienzos de siglo. Así, ese modelo único de “adulto masculino individual” propugnado por el Barón fue puesto en cuestión desde importantes celebraciones deportivas de carácter internacional. Desde la Unión Soviética, se promueve un deporte de concepción socialista, más comunitarista, dando lugar a las Spartakiadas. Estas ponen el deporte al servicio de la revolución, juntando en este evento deportivo a los trabajadores de todo el mundo.

De la misma manera que hubo una reacción desde el socialismo, también se dio una reacción a causa de la visión androcéntrica, ya que la exclusión de las mujeres en los JJOO continuó tras la I Guerra Mundial[4]. Así, en 1920, en los Juegos celebrados en Amberes, las mujeres seguían sin participar en el Atletismo, por lo que la francesa Alice Millat fomentó y organizó junto con otras deportistas de distintos orígenes la I Olimpiada Femenina en 1921. Ese mismo año constituyeron además la Federación Internacional Deportiva Femenina (FSFI) con la que buscaban la promoción del deporte femenino y la inclusión de este en el programa olímpico. Ante el inmovilismo del COI y de la Federación Internacional de Atletismo Amateur (IAAF) de cara a introducir a las mujeres en el atletismo olímpico para los JJOO de 1924, la FSFI organizó los primeros Juegos Mundiales Femeninos en 1922, que tuvieron tres ediciones más en 1926, 1930 y 1934 alcanzando unas 200 deportistas de 18 países. Esta organización de mujeres supuso una gran molestia para el COI y la IAAF que no tuvieron más opción que resignarse y aceptar la participación de las mujeres en el atletismo[5], lo cual conllevó a su vez la desaparición de la FSFI en 1938 y por consiguiente la de los Juegos Mundiales Femeninos.

La Guerra Fría Olímpica: Las mujeres como herramienta competitiva

Tras la II Guerra Mundial la participación de las deportistas crece de manera constante superando el 20% para la edición de Montreal en 1976. La división entre Este y Oeste de la Guerra Fría absorbe los JJOO y fundamentalmente las mujeres eran contempladas como un elemento más para la competencia entre bloques. En occidente se respiraba la edad de oro del capitalismo en la que se merman los éxitos logrados por las mujeres de la generación anterior. De nuevo, ante la reclusión en lo privado, las mujeres reaccionan, y en los 60 se dará la llamada segunda ola del feminismo; con la que ponen en cuestión multitud de principios que sirvieron para que a nivel deportivo se limitara su participación. Por otro lado, la entrada de la URSS y del resto de países comunistas en los Juegos logró alterar la valoración de la competición femenina.

Inicialmente la mayoría de mujeres que participaban en los Juegos eran aquellas de las clases socio-económicas elevadas de países desarrollados, al ser las únicas que gozaban del tiempo y de recursos para entrenarse. Pero la lucha de bloques que se desarrollaba en el plano deportivo hacía imprescindible obtener el mayor número de medallas posible para demostrar hegemonía. Así, los gobiernos socialistas desarrollaron una política más activa, promoviendo la participación y la competitividad femenina ya que no tenían reparo en quién ganara las medallas, si hombres o mujeres, mientras se lograra batir los números de los países capitalistas. El papel de las mujeres fue fundamental en ello, siendo empleadas como una forma de mostrar superioridad política[6].

Final 80 metros vallas JJOO Londres 1948

Final 80 metros vallas JJOO Londres 1948

Esto dio resultados rápidamente, especialmente en aquellos deportes basados en la fuerza, lo cual granjeó no pocas críticas desde occidente sobre lo que un cuerpo apropiado de mujer debería ser. En consecuencia, las atletas soviéticas y del bloque del Este se consideraron como desafíos implícitos “al imperativo heterosexual occidental y fueron retratadas como poco femeninas, ‘Amazonas’, lesbianas u hombres”[7]; levantando la sospecha sobre sus cuerpos y su sexo. Se introducen así las pruebas de sexo en 1968 reforzando el estereotipo de la forma del cuerpo femenino. Estos controles se refinaron, pasando de los iniciales análisis físicos “buscando aberturas en la vagina” a los análisis cromosómicos[8]. Tras fuertes críticas desde ámbitos médicos, deportivos y feministas, el COI los eliminó en 1999. A día de hoy la máxima autoridad olímpica aún mantiene el derecho a realizar el test en casos individuales y cuando lo considere oportuno.

La participación femenina tras la Conferencia de Pekín

Con el fin de la Guerra Fría, comienza por parte del COI un acercamiento explícito al sistema de Naciones Unidas y a sus agendas globales, que se vuelven punto de referencia a nivel mundial. La colaboración se va extendiendo entonces hasta casi la totalidad de agencias de la ONU: UNICEF, UNESCO, PNUD, FAO, OMS… constituyéndose una gran variedad de Comisiones Olímpicas que buscan la extensión del deporte por todo el globo, propagando los valores olímpicos entre la juventud en concordancia con los valores de Naciones Unidas en torno a la paz y el desarrollo del ser humano. Esta colaboración también se extiende hacia las mujeres, cabe recordar que el proceso del “decenio de la mujer” (1975-1985) supuso la intervención y aparición en el panel multilateral de un sector significativo de actores colectivos feministas y de mujeres. Su participación implicó en consecuencia, la introducción del concepto género como instrumento de análisis, una provisión que varió los contenidos y las propuestas de las agendas globales. El mismo año de la Conferencia Mundial de Mujeres en Pekín, en 1995, se organiza el grupo de trabajo olímpico Mujer y Deporte, que celebrará al año siguiente su primera conferencia. Se reúnen por primera vez representantes del Movimiento olímpico, del sistema de Naciones Unidas, de organizaciones internacionales y no gubernamentales, así como distintas académicas y centros de investigación de 96 países diferentes. Se aborda una multiplicidad de temas: mujeres y el movimiento olímpico, el papel de estas en la administración y el entrenamiento, educación y salud, apoyo al desarrollo del deporte femenino…[9]

No es por tanto una sorpresa que el gran avance en la participación femenina se realice en estas últimas dos décadas, donde se ha pasado de un 28´8% de mujeres deportistas en Barcelona 92 hasta los 44´2% de los más recientes JJOO en Londres. En cuanto a los de invierno, también se da un impulso alcanzando el 30% en 1994 y llegando a su tope en 2010 siendo el 40´6% del total[10]. Como se puede ver, en más de un siglo de historia, el Movimiento Olímpico se ha ido adaptando a los cambios sociales. Así, se ha pasado de construir un olimpismo excluyente y antagónico para las mujeres a otro olimpismo que busca ser la punta de lanza del deporte en la igualdad de participación de hombres y mujeres.

Svetlana Podobedova Londres 2012

Svetlana Podobedova Londres 2012

Sin embargo, la situación no es idílica, ya que, si nos fijamos en la relación entre hombres y mujeres que participan por cada Comité Olímpico Nacional (CON), existen diferencias notables de unos países a otros. En los anteriores JJOO de invierno, de un total de 82 CONs, 19 delegaciones no enviaron ninguna mujer deportista por las dos que no envió a ningún hombre[11]. En Londres 2012 solo 34 CONs -de 204- tuvieron más mujeres que hombres deportistas mientras que tres CONs no contaban con ninguna mujer. Para hacernos una idea más amplia, todavía en 2008 había tres Estados que no habían enviado nunca una mujer a competir en los Juegos Olímpicos: Brunei, Catar y Arabia Saudí. En el caso saudí, el propio presidente del CON llegó a afirmar que “no aprobaba”[12] la participación de las mujeres saudís en los Juegos Olímpicos, pero finalmente una doble invitación del COI a dos deportistas en Londres 2012 logró que por primera vez dos mujeres saudís participaran en unos Juegos Olímpicos -en atletismo y judo-.

Mujeres y olimpismo ¿Hay algo más que la participación?

No se pueden negar los logros numéricos de la participación, pero ¿son el 50% de mujeres participando en los Juegos Olímpicos en un 50% de eventos una meta suficiente? En 1996 se estipuló que para el año 2005 el 20% de los cargos decisorios en los cuerpos deportivos olímpicos estuviera en manos de mujeres, pero hoy día, solo 11 están como presidentas de algún CON, solo hay un 17´6% en los comités ejecutivos de los CONs y un 18% en las Federaciones Internacionales olímpicas. Esta lentitud en la introducción de mujeres en cargos de poder dificulta aún más que los debates en el deporte trasciendan lo numérico, y no se centren por ejemplo en cuestionar, que quienes hacen deporte solo tienen como única referencia al héroe olímpico cubertiniano.

Por lo tanto, el olimpismo, aun promocionando la integración de la mujer deportista en su seno, sigue siendo incompetente en lo que corresponde a una integración en todos los ámbitos del deporte. De esta manera, en todo este proceso se ha perpetuado que a las mujeres se las siga contemplando como objeto a integrar y no como sujeto que puede modificar las taras androcéntricas.



[2] El perfil de estas mujeres correspondía al de aristócratas y burguesas, que según Cristina Lopez Villar “practicaban deporte como una forma de reforzar su identidad de clase”. http://www.uco.es/IVCongresoInternacionalEducacionFisica/congreso/Documentos/001-204-491-008-001.html

[4] Y esto a pesar de que la contienda mundial implicó que los hombres acudieran al frente y las mujeres en su ausencia ocuparan los espacios públicos, exhibiendo que también pueden realizar las mismas funciones que los varones, por lo que al final de la Guerra iba a ser complicado regresar a las anteriores justificaciones que las recluían en la esfera privada.

[5] Esta introducción fue lenta. En Ámsterdam 28 solo participaron en 100m, 800m, 4x100m, salto de altura y lanzamiento de disco lo cual conllevó la celebración de los Juegos Mundiales Femeninos en 1930 y 1934.

[6] Schaffer, K. y Smith, S., The Olympics At The Millenium: Power, Politics and the Games, New Jersey, Rutgers University Press, 2000, p. 122.

[7] Toohey, K y Veal, J, The Olympic Games: A Social Science Perspective, Oxfordshire, CABI, 2007, p. 216.

[8] Toohey, K y Veal, J, The Olympic Games: A Social Science Perspective, Oxfordshire, CABI, 2007, p. 217.

[10] También hay un incremento notable de los eventos femeninos en los JJOO, pasando de componer el 3´5% (3 eventos donde participan las mujeres de un total de 86 eventos deportivos) en 1900 a ser el 46´4% (140 de 302 eventos) de los JJOO de 2012. En Invierno se pasa del 12´5% (2 de 16 eventos) hasta el 50% (49 eventos donde participan las mujeres de un total de 98) http://www.olympic.org/Documents/women_participation_figures_en.pdf

[11] Cifras que en el caso de las Juegos Paralímpicos son peores, pues en 2010 hubo 121 mujeres (24´1%) y 381 hombres  (75´9%) con 10 delegaciones (de un total de 44 CONs) que no enviaron ninguna mujer deportista por las 4 delegaciones que no enviaron a ningún hombre; http://www.womenssportsfoundation.org/home/research/articles-and-reports/athletes/~/media/PDFs/WSF%20Research%20Reports/2008_Olympic_Report.ashx

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Comentarios recientes

  1. Javier

    ¿por qué aun existen categorias masculina/femenina en el deporte?

    ¿no es igualdad lo que queremos?

  2. Pingback: “La participación de las mujeres en la historia del olimpismo” por Tamara Lucarini Cortés y Carlos Pulleiro Méndez « Clásicas y Modernas

  3. ingeniero

    En un mundo feminista no existirían las categorías sexuales en el deporte. Estarían abiertas a todos los géneros y todas las identidades. No se medirían por parámetros de competición y victoria y todo el mundo podría participar independientemente de su preparación física, su destreza o su talento natural. No existiría el conteo de puntos y se establecerían tiempos de juego que no fueran discriminatorios con personas con discapacidad física o mental. Los trofeos se entregarían aleatoreamente mediante un sistema no basado en la matemática patriarcal, y en caso de que al menos un 50% de personas con vagina no fueran premiadas, se repetiría el sorteo hasta conseguir un reparto no discriminatorio.

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