Polyamor y redes afectivas: ¿reforma o revolución? Cuerpos, Opinión

A medida que vamos creciendo como colectivo, aparece una cuestión de fondo: ¿Hasta dónde llega nuestro pensamiento crítico amoroso? ¿Hasta dónde llega el poder transformador de nuestra propuesta, eso que insistimos en llamar política?

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Ilustración: Carlos Mol

El paragüas “polyamor” acoje y da cobijo a muchas formas distintas de vivir relaciones consensuadamente no-monógamas y no-posesivas, formas que están en construcción, en conceptualización y en proceso de puesta en común con todos sus matices. En tanto que incipiente y relativamente nuevo, no estamos planteando el polyamor, las redes afectivas, la anarquía relacional como sistema que sustituya al monógamo, sino como una serie de pensamientos y vivencias que abran espacio para construcciones personales y disidentes. No buscamos modelos, sino que compartimos referentes y propuestas. Las discrepancias entre nuestras formas de pensar y de vivir nos alimentan y nos ayudan a crear relaciones DiY [do it yourself; hazlo tú mismx] a partir de herramientas como la comunicación, la empatía y el desafío a las formas establecidas por una moral y unas costumbres que no sentimos como nuestras.

Sin embargo, a medida que vamos creciendo como colectivo, dándonos y adquiriendo sentido, aparece una cuestión de fondo que afecta directamente al alcance de la deconstrucción que las nuevas estructuras afectivas proponen. ¿Hasta dónde llega nuestro pensamiento crítico amoroso? ¿Hasta dónde llega el poder transformador de nuestra propuesta? ¿Hasta dónde alcanza eso que insistimos en llamar política?
Desgraciadamente, el polyamor se inscribe en un terreno, en sentido literal y metafórico. Un terreno marcado por centros y periferias, por privilegios y subalternidades.

El contexto desde el que tratamos de pensar y de vivir, muy a pesar nuestro, es el heteropatriarcado capitalista, esos palabrejos tan de trinchera que vienen a definir un mundo de relaciones desiguales, donde se nos asigna, así de entrada, un montón de imposibles, por ejemplo, una clase social que no mejora proporcionalmente al esfuerzo que le pongas, una nacionalidad que determina desde tu movilidad hasta tu esperanza de vida, un entorno cultural que te empapará de estructuras invisibilizadas, y un género que decidirá, al margen de tu opinión, desde tus deseos sexo-afectivos hasta tu gusto en cuestión de colores.

Que somos una amalgama de privilegios y opresiones es algo tan evidenciado ya que da vergüenza escribirlo. Pero, por obvio que sea, hay que seguir recordándolo hasta la náusea, hasta que saltarse por alto esa obviedad suponga un descrédito tan grande que acabe con tu vida social para siempre. Todos y todas somos una mezcla de opresiones y privilegios, y tenemos una sensibilidad a flor de piel para lo que concierne a nuestro cachito de opresión, pero somo bastante más laxas en lo que a opresiones ajenas se refiere, con la excusa aquella de que si no afecta directamente, parece que no se ve. Así, en el movimiento polyamoroso tenemos claro que la monogamia es el demonio, pero pensar la monogamia como si de un champiñón aislado se tratase es, como poco, hacer trampa: es querer abrir una brecha en el trocito de monogamia que nos oprime personalmente, pero dejar intactas las partes que oprimen a los y las demás… y en las que yo, probablemente, tenga mis privilegios bien asentados.

El ejemplo clásico es el omnipresente hombre, blanco, cis, hetero de clase media que, precisamente por haberle tocado el bingazo de la lotería del privilegio, tiene serios problemas para entender la relación entre el sistema monógamo y la violencia de género, convencido como está de que el machismo ni es para tanto, ni es necesario erradicarlo para construir relaciones amorosas más sanas. Pero este no es el único ejemplo, compañeras: las blancas, heteros, cis de clase media somos reacias a aceptar las críticas trans cuando hemos pisoteado una de sus áreas sensibles (¡y coreamos nosotras también el “vamos, vamos, chicxs, no es para tanto”!), o nos dedicamos a dar charlas y escribir artículos (esa tal Vasallo) como si no hubiese mujeres que necesitan la monogamia para asegurarse la crianza compartida de sus hijos e hijas, por poner un ejemplo sencillo.

Si nos nombramos políticas, tenemos que ponernos las pilas, remangarnos y cavar hasta encontrar las raíces múltiples del sistema. Tenemos que atrevernos a mover cosas que nos afecten, a reconocer errores, a escuchar puntos de vista y necesidades que ni hubiésemos imaginado. A no ofendernos cuando el problema nos apunta directamente: como decía Italo Calvino, el infierno lo formamos estando juntos y juntas. No lo hacen solo los demás.

De lo contrario, el polyamor será apenas una corriente buenrollista de las que afirman que la monogamia no es un sistema sino una opción como cualquier otra, que el amor no se puede racionalizar para no quitarle la magia y que los Reyes Magos son tres y vienen de Oriente. Será, al fin, una reforma de la monogamia como quien reforma un baño de pisito desarrollista poniéndole baldosas nuevas. Y será, sobre todo, una ocasión perdida para hacer una revolución desde los afectos que constituya un cambio significativo, real, profundo y perdurable en nuestra forma de amarnos, de follarnos, de vincularnos.

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Polyamor y redes afectivas: ¿reforma o revolución?
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Comentarios recientes

  1. LaTomasa

    Jo. Supongo que debería ser revolucionario… una manera de no dejar tu vida por la de otro, por ejemplo, bueno, básicamente eso, que no es poco! como pasa a menudo en el sistema monógamo, que nos insta a compartir obligatoriamente espacio-tiempo y a depender completa y mutuamente de la otra persona (si no está adiós vida, todo montado a su alrededor)… quizá no es necesario ponerse en esa situación para amarse, ni siquiera para compartir ciertas cosas gordas como la crianza de hijos, una oportunidad de vivir como quiero, y los demás también, sin dejar de amarse… Otra cosa es que se ponga de moda y empecemos a machacarnos con ello: ay dios mío estoy siendo monógama, que falta de respeto a la revolución, soy una pringada, una antigua, socorro… generando montones de relaciones poliamorosas vacías e interesadas, lo que sería una completa gilipollez.

  2. Camarada Cartucho

    “el heteropatriarcado capitalista, esos palabrejos tan de trinchera”
    una trinchera mu’ calentita subvencionada por el gobierno vasco, claro.

    1. silvina

      Aqui en Argentina no hay ningun interes del gobierno vasco y “el heteropatriarcado capitalista” se vive y se siente.. creo que es algo globalizado que nos toca a todos y a todas en cualquier cultura capitalista, tambien comunista y socialista.. la heteronorma y el patriarcado hacen la desigualdad del vamos, dominación de unos sobre otras..del mas fuerte sobre la mas debil..

      1. Jose

        Ahí en Argentina existirá el equivalente del gobierno vasco: alguien que ha encontrado un nicho de mercado ideológico que explotar, basado en la idea de que existe un enemigo omnipresente y todopoderoso (el “heteropatriarcado capitalista”). El miedo al enemigo es un viejo producto que siempre se ha vendido bien… todo es cosa de ponerle nuevas caras. ¿El “target” de dicho producto? Mujeres y hombres. Las mujeres, cada vez más convencidas de su debilidad y dependencia, y de que necesitan la ayuda de ese alguien (gobierno, colectivo feminista…) para defenderse del agresor masculino. El hombre, aplastado por la culpa heredada y dispuesto a tragar con todo para expiar dicha culpa. En fin, ya lo decían en Trainspotting: “dentro de mil años ya no habrá hombres o mujeres, solo g…”.

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  4. Urien

    Aunque sepa que no es un camino de rosas, me gustaría mucho ver esa revolución; el mundo sería un lugar más amable.

  5. dcb

    “El ejemplo clásico es el omnipresente hombre, blanco, cis, hetero de clase media que, precisamente por haberle tocado el bingazo de la lotería del privilegio, tiene serios problemas para entender la relación entre el sistema monógamo y la violencia de género”
    Vamos, que los hijos de las que escriben aqui (las pocas que tengan hijos), son unos privilegiados por el mero hecho de ser varon.

    Mas tragico sera para su hijas cuando se hagan lesbianas y descubran que esas relaciones son las que tienen mas violencia, mucho mas que las heterosexuales. Pero claro, eso no es violencia de genero, a quien le importa no?

    1. Anduo

      Q tal? Me gustaria que el ultimo comentario de dcb lo aclarara ya q no se a q se refiere… Q es violento en el amor y el compartir vida entre dos mujeres? Dos hombres? Una vida solitaria? Una vida amnegada a la religion?
      Una vida anegada de dinero?
      No se a q te refieres con lo de violento… Aclaralo porfa q no puedo dormir sino…

      es broma 🙂

  6. Anduo

    Q tal? Me gustaria que el ultimo comentario de dcb lo aclarara ya q no se a q se refiere… Q es violento en el amor y el compartir vida entre dos mujeres? Dos hombres? Una vida solitaria? Una vida amnegada a la religion?
    Una vida anegada de dinero?
    No se a q te refieres con lo de violento… Aclaralo porfa q no puedo dormir sino…

    es broma 🙂

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  8. jose

    Me gusta un montôn el articulo..genial,relexionzr,cuesttionar,erradicar, por ejemplos,sIEMPRR AYUDA A MEJORAR YY MAS.FELICIDADRS Y GRACIAS POR POLIAMORNOS

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