Mi pareja desapareció Derecho a decidir

En cuanto le comuniqué el positivo del primer test empezó a dejar de contestar a las llamadas o a los mensajes

Tenía 22 años y estaba trabajando en mi ciudad natal a jornada completa en un trabajo de baja cualificación para poder volver a Madrid a completar mis estudios universitarios, los cuales había tenido que dejar a medias por ser mis padres funcionarios y haber recibido ambos un recorte en sus salarios que impedía el que yo siguiera estudiando fuera de casa (y ser mis padres para el Estado demasiado ricos como para que yo pudiese recibir una beca). Tras mantener relaciones sexuales sin protección y tomarme en cuanto pude (a las 36 horas aproximadamente) la píldora del día después, dos meses y pico más tarde (nunca me preocupé demasiado, ni era la primera vez que tomaba la píldora ni mis menstruaciones han sido nunca demasiado regulares) me hice un test de embarazo. Dio positivo.

Por mis horarios en el trabajo no pude ir hasta 3 o 4 días después de esta prueba a un centro de planificación familiar, donde me volvieron a hacer la prueba y dio un positivo que no dejó del todo convencidas a las trabajadoras. Me mandaron volver a los 3 días para hacer una tercera prueba, y en este caso sí dio un positivo más claro. Papeleo, tiempo de espera, explicación por parte de las trabajadoras de que aunque estaba dentro de los plazos debería ir buscando rápidamente centro donde practicarme el aborto (estaba muy al límite), pudiendo optar además al químico, que es mucho mejor para la salud de la mujer. También me dijeron que, aunque el Estado podría sufragar el aborto, tendría que esperar varios meses, mínimo cinco o seis para recibir esa ayuda, y pagarlo previamente yo de mi bolsillo al centro privado al que me automáticamente me derivarían, por estar la sanidad pública de mi ciudad colapsada.

Dentro de la espera obligatoria de 72 horas de rigor y después de tener consensuada la cita con el centro privado al día siguiente estaba yo muy nerviosa por un leve sangrado que había tenido. Fui a urgencias al hospital, donde tras unas horas me atendió una enfermera a la que le conté la historia. Me sometieron a una cuarta prueba del embarazo, que volvió a dar un positivo poco consistente. Me mandaron inmediatamente a observación, a pasar la noche en el hospital para poder hacerme unas pruebas a lo largo de esa noche sobre la evolución que tomaban ciertas hormonas en mi cuerpo.Tras la incómoda noche me dieron los resultados a la mañana siguiente, a las 12, diciéndome que en los próximos dias tendría un aborto natural. Llamé a la clínica para cancelar la cita, sin ningún problema. Volví al centro de planificación familiar, donde se cerró mi expediente.

En ningún momento de toda esta historia sentí la mínima tentación de ser madre, ni siquiera pensé en aquello como un bebé o un ser vivo. Ni rastro de arrepentimiento, como así creo hubiese ocurrido de haber llevado a cabo el aborto en la clínica. Lo que sí comprobé es ver cómo mi pareja habitual, con la que mantuve la relación sexual y que vivía en otra comunidad autónoma desaparecía. Llevábamos felizmente saliendo un año y medio, y antes de eso habíamos sido muy buenos amigos. Manifestaba públicamente ser un feminista. En cuanto le comuniqué el positivo del primer test empezó a dejar de contestar a las llamadas o a los mensajes, me contestaba como mucho una vez cada dos días, y no quería ni oir hablar del tema, ni siquiera me preguntaba cómo me sentía. En el momento en el que me mandaron pasar la noche en el hospital le dije que si podía venir a verme, que me dejaban tener un acompañante. Dijo que le venía mal por fechas, y que no tenía dinero para venir. Por supuesto, el adelanto del dinero del aborto tendría que haberlo puesto enteramente yo de mi bolsillo. Decía que se sentía muy violentado con todo aquello, que le costaba asumir su parte de responsabilidad. Al cabo de un par de semanas de mi aborto natural me enteré de que se compró un iPod de 160 gigas, y entonces le dejé.

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