Aborté con 16 años Derecho a decidir

Mi conflicto y mi dolor sólo vinieron por el hecho de ser juzgada y condenada vilmente por mi entorno

Aurora

Aborté con 16 años en el año 1993, ha llovido mucho ya.

La noticia del embarazo me dejó noqueada, no me lo podía creer, tenía mi primer novio y eran mis primeras relaciones sexuales, usábamos preservativos pero alguno tuvo que romperse sin darnos cuenta o no sé, el caso es que me quedé embarazada, iba al instituto y cuando hablé con mi novio lo primero que pensamos fue en el aborto. Un amigo nos habló de una clínica para que llamáramos y pidiéramos cita, tenía que salir de mi provincia porque en mi capital de provincia no había. Nos pusimos en contacto con la clínica y nos dijeron que teníamos que llevar un certificado de mi padre firmado, a mi padre era imposible que yo le dijera nada, era muy retrógrado y me hubiera costado el disgusto de la vida contarle aquello, no lo hice, elaboramos nosotros un documento en máquina de escribir, (en aquella época no había pc, uf que tiempos) y falsificamos la firma de mi padre.

Salimos en tren una mañana y fuimos a la clínica, allí esperamos hasta nuestro turno, me hicieron una ecografía y me dijeron que estaba de siete semanas, al poco me trasladaron a otra sala a esperar y cambiarme de ropa y poco tiempo después me llamaron para la operación. La clínica era buena y fue con garantías de salud, nos costó 50.000 pesetas de la época.

Básicamente esto fue lo que hice, interrumpir un embarazo no previsto ni deseado, no podía hacerme cargo de un bebé y mi padre habría montado en cólera contra mí por estar embarazada, seguramente él me hubiera obligado a abortar, pero para eso ya lo hacía yo por mis medios y sin tener que tener follón en casa. No fue una decisión fácil, pero es que plantearme la venida al mundo de un bebé no entraba ni en mis esquemas ni nada, me sentía segura con la decisión, mi novio también, no lo veía con reproche, me liberó abortar, y en este punto es donde me rompió la decisión, no por lo que yo pensaba sobre lo que había hecho, que me sentía segura, sino por la reacción de mi entorno, fue durísimo.

Lo primera acusación que recuerdo fue la más terrible de todas, después de salir de la intervencion temblando de miedo, tan joven yo, me acompañó una de las enfermeras y me dejó en una sala con una cama para descansar un rato, como recuerdo sus palabras: “Quédate aquí quince minutos para llorar por lo que acabas de hacer”, me miró de un modo insolente y se marchó. Me dejó rota, no paré de llorar y hasta ese momento yo no me había planteado que había hecho algo mal, a pesar de ser una decisión segura, era una chica inmadura y sin las cosas claras, con dieciseis años mis ideas cambiaban constantemente. Han llovido ríos de mi memoria por aquella enfermera culpabilizadora, cuánto he reflexionado sobre ello, seguramente no era el trabajo de su vida, seguramente estaba en contra del aborto y tenía que trabajar allí por necesidad, pero si ella quería hacerme reflexionar, ¿por qué no lo hizo antes de entrar?, ¿por qué no me ofreció información y me dijo que si estaba segura de lo que iba a hacer?, ¿por qué tuvo que ejercer su crueldad después de aquello, qué mirada de desprecio merecía yo, qué palabras tan duras? Es como si un cura te dejara pecar para poder confesarte después, que moral más ruin, cuánto daño me hizo, me dinamitó los esquemas y me hizo plantearme como un error lo que yo había decidido de una forma sana.

Más rechazos sufrí por abortar, se lo conté a mi pequeño grupo de amigas y no lo pudieron entender, se lo conté porque eran mis amigas y necesitaba hablar de ello, alguna me apoyó y me sentí reconfortada pero hubo casi un cisma por mi decisión, unas me acusaron de egoísta caprichosa que no tenía conciencia de lo que había hecho, que era una barbaridad, dos me apoyaron y me ayudaron, pero se convirtió en algo público y de debate la decisión que había tomado, sin respetar en ningún caso la íntima decisión que yo había adoptado. Con el tiempo he comprendido muchas cosas, entre ellas el valor del silencio, pero en aquella época era aún una niña y no podía comprender determinadas cosas, no las podía prever.

Mi historia no es de grandes titulares, sin riesgos y con garantías para mi salud todo fue bien. Que tuviera una enfermera así y unas amigas así será una anécdota en una de tantas historias terribles de abortos clandestinos sin garantías. Pero me rompió el pecho, supuso para mí muchísimo sufrimiento en aquella época, me sentí acusada, juzgada y despreciada, me hizo plantearme mi decisión y me sentí culpable por lo que había hecho, en cierta manera las creí, dejé apartada mi decisión íntima y segura de que lo quería hacer y me entregué a sus juicios incorporándolos como propios. Me quería morir de verguenza y muchas veces deseé volver el reloj atrás para no haber abortado. Me costó enderezarme y pensar con perspectiva como viví mi aborto, logré liberarme de la culpa mucho tiempo después hablando con una psicóloga, fue muy duro volver a rescatar aquello y volver a repensarme, la culpa se instaló demasiado en mí. Me juzgaron sin piedad, me insultaron y rechazaron, perdí amistades, fue duro pero no eterno.

De todo esto ya guardo un recuerdo amable, era principios de los noventa y no había ni educación sobre sexualidad en mi IES ni nada, recuerdo un machismo atroz en como nos relacionábamos chicas y chicos, era una época muy diferente y eso me hace perdonar a los y las que me juzgaron, vivía en una capital de provincia pequeña y un aborto era algo serio para aquellos años.

Creo que mi historia puede poner en evidencia alguna cosa, que el llamado trauma por abortar es mentira en sí mismo como ente psicológico sin pasar por el rasero y el filtro de lo que dice la sociedad sobre lo que tenemos que hacer con nuestros úteros, si existe conflicto no es otro que la culpabilización por parte de la sociedad sobre nuestras decisiones, el ataque feroz a la mujer que aborta, el asco profundo que siento cuando me llaman asesina en foros y comentarios de prensa rancia y patriarcal. Mi conflicto y mi dolor sólo vinieron por el hecho de juzgarme y condenarme tan vilmente como se me hizo, no por el hecho en sí, pues fue una decisión sana. Mi dolor se produjo porque yo era una joven inmadura y sin las cosas claras, si se me presentara una situación así hoy en día, no me culparía en ningún caso, primero porque creo firmemente en mi libertad de elección y decisión, y segundo porque la sociedad está mucho mejor ahora y no sé me juzgaría como entonces.

Es de traca que nuestro GRAN MISÓGINO nos nombre a las mujeres como víctimas en el aborto, cuando de facto su ley nos criminaliza por elegir y decidir, nos impide ser mujeres libres, nos margina, nos ningunea. Es terrible que esta ley entre en vigor, es peor que la del 85, cuando yo aborté, nos deja en un periplo infame de suplicas de permiso y avales médicos para ejercer el derecho a una maternidad elegida, ¿pero qué se creen estos, que yo necesito sus permisos y sus diagnósticos para hacer lo que me salga del coño? Esta LEY INFAME caerá y espero que sea más pronto que tarde, tenemos que luchar mucho para ello, pero caer caerá, lo mismo que ha caído la máscara nunca creída de verso suelto del PP de este hipócrita.

¡¡¡¡GALLARDÓN, MISÓGINO CABRÓN!!!

Seudónimo Aurora.

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Aborté con 16 años
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