Lenguas diversas, luchas comunes En red, Opinión

Del discurso tradicional sobre la necesidad de visibilizar a las Personas Sordas* a un nuevo discurso que aúna la diversidad funcional auditiva, el género y el lenguaje inclusivo

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Mayte Greco Sanabria y Raquel Lucas Espinosa**

Es curioso que hasta que no te acercas a esta realidad desconoces que es incorrecto, resulta molesto e incluso violento  decir “sordomuda” o “lenguaje de signos”. Aunque antiguamente se pensaba que las personas sordas eran mudas y no podían desarrollar la capacidad de articular palabras, ya hoy sabemos que esto es una falacia, como tantas otras que minan nuestras realidades. A pesar de ello, es habitual que se sigan utilizando estos términos. Del mismo modo, decir “lenguaje de signos” significa no otorgar la categoría de lengua a las lenguas de signos, ya que lenguaje es la capacidad que tenemos para comunicarnos, mientras que lengua es la consecuencia, y se compone de normas y reglas gramaticales definidas, algo que se viene reivindicando desde hace años en la comunidad sorda y que aún no se ha incorporado a nuestras cotidianidades.

Desde la lengua dominante, la lengua oral, hemos intentado superar la tradicional invisibilización de las personas sordas, pero lo hemos hecho olvidando lo más importante: hacerlos accesibles a su lengua natural, la lengua de signos

El reconocimiento oficial de las lenguas de signos se recoge en la Ley 27/2007, de 23 de octubre. Sin embargo, a día de hoy y tras recién cumplidos seis años de su aprobación, continuamos luchando contra las mismas barreras de comunicación que vulneran nuestros derechos más fundamentales, como el acceso a una educación, a la cultura o a una consulta sanitaria.

Desde la lengua dominante, la lengua oral, hemos articulado discursos y prácticas reivindicativas desde la interseccionalidad de la diversidad funcional, el género y otras categorías, intentando superar la tradicional invisibilización de este segmento de población, pero ¡ojo! lo hemos hecho olvidando lo más importante: hacerlos accesibles a su lengua natural, la lengua de signos. Si la teoría es inaccesible para las Personas Sordas, ¿qué ocurre con la práctica y en el sentido inverso? ¿Y cómo se traduce esto en situaciones de vulnerabilidad y de violencia para las Personas Sordas?

Un ejemplo.  De lo invisible a las violencias 

Una mujer sorda no tiene garantizada, por ejemplo, la accesibilidad en algo tan cotidiano como para una mujer oyente puede ser la visita a Ginecología en el servicio sanitario público. La primera barrera que se encuentra es que no hay intérpretes de lenguas de signos en el propio centro, por lo que la mujer deberá solicitar una intérprete a la Asociación de Personas Sordas de su localidad o alguna cercana, porque quizás en su localidad no exista tal Asociación. Con el panorama que vivimos de recortes, las intérpretes de lenguas de signos son un bien escaso, repercutiendo tanto en la calidad de la asistencia como en la cobertura total de las necesidades. Si no es posible conseguir un servicio de interpretación, se recurre a las redes personales y familiares, que en algunos casos son signantes pero en la mayoría no lo son. Como consecuencia, esto tiene un efecto de sobreprotección e infantilización; la mujer no entiende el mensaje en su totalidad y tampoco es escuchada. A veces, se viven situaciones vergonzosas y humillantes. Otras veces, hay que recurrir a menores, a hijos e hijas oyentes, para interpretar situaciones del mundo adulto.

El proceso de socialización de género de las Personas Sordas

Una situación vivida en la práctica de nuestras intervenciones formativas con la comunidad sorda, ocurrió durante el transcurso de un taller sobre autoestima para mujeres sordas jóvenes y adultas. A priori, pensamos que el objetivo principal sería cómo desarrollar la autoestima… pero ellas no habían escuchado nunca ese concepto y no sabían aplicarlo. Entonces, retrocedimos en sus vidas para saber cómo habían sido tratadas de pequeñas y detectamos que existían carencias muy importantes en su educación afectivo-sexual: desconocimiento de procesos biológicos y sociales que no habían sido explicados en su lengua, generando lagunas de significado en torno a la menstruación, el orgasmo o el embarazo.

Son muchos los factores que influyen en el proceso de socialización de una Persona Sorda: si su entorno familiar-social conoce la lengua de signos o no, la edad de aparición de la sordera, el género de socialización y si recibe una educación oralista (sin ningún contacto con la lengua de signos) o bilingüe (lengua de signos y otra lengua oral). Pero si hay algo en común con todos estos perfiles que surgen a partir de la combinación de unos factores u otros es la influencia de las imágenes en la interpretación del mundo, porque su canal de interacción es visual.

Desde pequeñas, las Personas Sordas interiorizan los estereotipos y roles de género que están presentes en los medios visuales (películas subtituladas, Internet, anuncios publicitarios, revistas, libros…) pero se encuentran con otra barrera más: ¿cómo acceder a combatir el patriarcado desde la identidad de mujer sorda, persona trans, etc.?  Y hallamos dos problemas. El primero, hay escasez de herramientas adaptadas a su lengua, para identificar desde sí mismas, desde una perspectiva de género. El segundo, también escasean herramientas adaptadas para llevar a cabo acciones de prevención y sensibilización desde una perspectiva de género y feminista.

Y aunque se elabore material desde su contexto como Persona Sorda, que esta producción de contenido salga de la comunidad sorda es vital para instaurarse en otros contextos de producción feminista y de género, equiparando las lenguas orales y las lenguas de signos como principio de integración y herramienta de lucha contra las opresiones. Y aquí reside la responsabilidad de librarnos de los privilegios de la lengua oral en pro de la inclusión de las Personas Sordas.

Líneas estratégicas de micro-acción

Desde nuestra experiencia, nos percatamos de que una de las líneas estratégicas de micro-acción consiste en incluir la perspectiva de género en las lenguas de signos, sensibilizando a profesionales y estudiantes a través de acciones formativas. En el transcurso de esas acciones formativas, hemos detectado  la necesidad de contar con material que adapte a las lenguas de signos todos esos conceptos que trabajamos. En la mayoría de las ocasiones, hay que explicar el significado de un concepto en lengua de signos, ya que no hay un signo específico que lo contemple. Nos ha ocurrido, por ejemplo, con conceptos como sororidad, empoderamiento o pansexual. También queremos que nuestras compañeras sordas nos acompañen a todos los eventos feministas que celebramos, garantizándoles la plena accesibilidad mediante la presencia de intérpretes de lengua de signos y que intérpretes y compañeras sordas tengan la posibilidad de formarse en género.

Nuestra propuesta estriba fundamentalmente en construir herramientas que reconozcan lo excluyente del lenguaje en relación a la diversidad funcional y el género, uniendo fuerzas entre colectivos y tejiendo estrategias de acción accesibles e integradoras para personas con lenguas diversas pero luchas comunes.

*Persona Sorda (en mayúsculas): Se refiere a aquella persona que utiliza la Lengua de Signos como modo de comunicación primario y se considera perteneciente a un grupo específico de personas (la Comunidad Sorda) con las que comparte valores, experiencias, cultura. La sordera no es pues el único rasgo común entre ellas.

Persona sorda (en minúsculas): Aquella persona con deficiencia auditiva que no se identifica con la Comunidad Sorda y que participa en la cultura y en la comunidad mayoritaria (la cultura oyente). Su forma de comunicación es a través del lenguaje oral con mayor o menor competencia en su uso y expresión verbal de acuerdo a sus condiciones posibilidades y rehabilitación.

 

**Mayte Greco Sanabria y Raquel Lucas Espinosa pertenecen a AEGI-Asociación de Estudios de Género para la Igualdad. Facebook (AEGI Cádiz) y twitter (@AEGICadiz). Cursos de formación en: www.aegi-cadiz.es

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Lenguas diversas, luchas comunes
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Comentarios recientes

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  2. Estefanía Arroyo

    Después de leer este artículo, me gustaría dar mi opinión. Creo que la sociedad hoy en día, tiene en la cabeza la idea de inclusión para todas las personas, pero esto es algo que finalmente no se consigue en la manera adecuada. En primer lugar la mayor parte de las personas tratan a las personas sordas o con algún tipo de pérdida auditiva, como personas discapacitadas y desde este momento se establece la principal manera de que no se va a conesguir la inclusión. Hablando en términos generales, sin querer o queriendo tratamos a personas con sordera de manera diferente a nosotros, produciéndo así que no tengan las mismas oportunidades que las personas “normales”. Por tanto cómo hemos debatido en clase, debería extenderse más el término personas con diversidad funcional para no entrar en términos peyorativos. Aún así, a pesar de que hoy en día todavía hay muchas barreras cómo las mencidonadas en este artículo como la de no tener intérpretes en los médicos haciendo que no sea accesible toda la información pertinente, poco a poco todos estamos más concienciado para conseguir una mayor inclusión, porque es el medio quien debe adaptarse a todas las personas con diversidad funcional y que todos tuvieramos las mismas oportunidades.

  3. Estefanía Izquierdo

    Desde mi punto de vista, creo que es importante favorecer a la comunidad sorda el acceso, no solo a su lengua natural de manera normalizada tal y como el resto de personas lo hacemos, sino a cualquier oportunidad o experiencia que al resto como personas que somos se nos pueda presentar. De esta manera, pienso que se favorece una mayor integración en la sociedad y se les ofrece una igualdad de oportunidades. La inclusión es un término que hoy en día es muy utilizado de forma teórica pero muy difícil de observar en la práctica diaria. Aunque esta registrado por la ley los derechos que estas personas tienen, aún en nuestros días continúan luchando frente a algunos estigmas sociales. La realidad a la que diariamente se enfrenta la comunidad dista del ideal, siendo gravemente perjudicados y sintiéndose menospreciados. La inclusión de la perspectiva de género en las lenguas de signos ha sido algo absolutamente necesario frente al gran desconocimiento que tenían sobre aspectos relacionados con el tema. Se trata de llevar a cabo la elaboración de determinadas herramientas o estrategias que reconozcan la exclusión para este colectivo con diversidad funcional, con el fin de favorecer su accesibilidad e integración por parte de toda la sociedad.

  4. CRISTINA DEL MARCO

    En mi opinión, me gustaría hacer una pequeña crítica ante la diferencia entre Personas Sordas (mayúsculas) y Personas sordas (minúsculas), creo que si nuestra postura es crear una sociedad más implicada con estas personas, no pienso que sea necesario hacer énfasis en estas dos palabras, bajo mi punto de vista parece ser que las Personas Sordas en cierta manera tienen más importancia que las Personas sordas. Si hablamos de inclusión, creo que esta mayúscula se debería de erradicar. Todas las personas somos diferentes y es lo que hace “rica” a la sociedad, si intentamos normalizar ciertas situaciones, lo primero que debería de ocurrir es que no exista esta diferencia.
    Las personas que tienen algún tipo de discapacidad en este caso, las personas sordas, pueden que se sientan más identificada con el colectivo de personas que utilizan su la lengua de signos como principal medio de comunicación o no, pero para eso existe la diversidad, y no hace falta hacer distinciones que puedan dañar la sensibilidad de las personas. Porque cada uno es libre de elegir su medio de comunicación y su estilo de vida.

  5. Amelia Martín

    Echando balones fuera … ?
    Gracias por el artículo en el cual enseñáis una muestra de las situaciones con las que se encuentra una mujer con diversidad auditiva.
    Muchos de los aspectos relacionados con las personas con diversidad auditiva, nos pasan totalmente desapercibidos para mayoría de las personas, y no somos ni remotamente conscientes de ellos. Incluso podemos llegar a pensar que ni siquiera existen y que en una sociedad “avanzada” como la nuestra, está casi todo “solucionado”.

    Ante ti, persona con diversidad auditiva, instintivamente pienso en el esfuerzo que tendrás que realizar para hacerTE entender, a pesar de yo poner todo mi empeño en que nos entendamos y además:
    a) Tiendo a pensar que, por supuesto hay que poner los medios adecuados y que si no están ya implementados es “culpa de otros”… ¿del sistema?, ¿de la sociedad –a la cual juzgo como si yo no perteneciera a ella?, ¿de las instituciones?. ¿Por qué los “demás”, los “responsables” no mueven lo que haya que mover para que todo se ponga a punto y puedas tener acceso entre otras cosas a una educación adecuada y una participación en la sociedad como tú decidas?. Efectivamente, primer problema: echando balones fuera.
    b) Tiendo a pensar que la necesidad de inclusión en las aulas, en el ámbito social, laboral, cultural, etc., se trata de hacer que “otros” entre los que a veces te encuentras, puedan disfrutar de lo que puedo disfrutar yo; pero no se me ocurre que yo misma soy también parte de ese “otros”.
    c) Tiendo a pensar que la diferencia es lo que te distingue a ti con respecto a mí “que soy tan normal”.
    d) Tiendo a pensar que la discapacidad es una dificultad añadida que tienes a causa de tu sordera.

    Y tiendo a pensar así, hasta que le doy la vuelta y pienso que:
    a) los demás también soy yo. Tú y yo formamos parte del equipo → normalización
    b) no se trata de nosotros y otros, sino de “nosotros todos”→ inclusión
    c) la diferencia es el recorrido entre tú y yo, que es el mismo que entre yo y tú.
    d) que tu discapacidad, mientras exista como tal, me discapacita a mí (puesto que me limita el poder relacionarme contigo y enriquecerme de ti como persona) y nos discapacita a todos como sociedad por no contar con todas tus aportaciones.

    Y así, dándole la vuelta a todo, es como sigo avanzando …
    … nos encontramos en la próxima vuelta.

  6. Sierra Hernanz Ayuso

    A día de hoy vivimos en un mundo donde sigue reinando la ley del más fuerte. O eso nos quieren hacer creer.
    Se nos plantea un sistema educativo partidario de una “inclusión educativa” para toda aquella persona con necesidades educativas especiales que lo necesite. ¿Necesidades ESPECIALES?.
    Hace un para de semanas debatimos a cerca de diferentes términos como lo que era la normalización o la diversidad. ¿Que era para nosotros lo normal? ¿Qué diferencia existía entre diferente y diversidad?. Ahora planteo yo, ¿Que significa “necesidad especial”? ¿Y porqué especial y no anormal o diferente? para mi tienen todas la misma calificación despectiva e infravalorante.
    Bien, no me enrollo.
    Creo que todos ,como personas que somos, nacidos de nuestra madre y nuestro padre, por el echo de tener gustos, culturas o vidas diferentes, ya pertenecemos a una diversidad, ya sea cultural, personal, auditiva, visual, etc. que nos hace ver el mundo como nosotros queremos verlo, y no por eso somos menos que nadie. Y si yo no soy igual que el resto ¿ porqué a mi si me permiten tener la posibilidad de acceder a medios que me hacen llevar una vida más “fácil” y a ti, por el echo de ser sordo, no?

    Creo que el mundo no está hecho para los mas fuertes sino para las personas que saben “tirar para adelante” pese a las adversidades que la sociedad crea debido a sus prejuicios.

    Finalizo diciendo que , bajo mi punto de vista, no se trata de debatir acerca de una “integración”-“inclusión” de carácter más bien utópico, sino de proponer una serie de medidas y objetivos REALES Y ACORDE con la España que nos toca vivir.

    Gracias por escribir artículos que nos hacen, no solo empatizar con las personas sordas, sino con todo aquel colectivo que, por padecer una serie de dificultades se les niega o dificulta el hecho de poder llevar una vida “normal”.

  7. Patricia Muñoz

    Hace un par de años en la Federación de Sordos de la Comunidad de Madrid, me hablaron sobre la discapacidad invisible: la sordera. Nunca me había parado a pensar en las grandes dificultades con las que se encuentra este colectivo.nos explicaron que para es resto de “discapacidades”, el mundo estaba adaptado, por ejemplo una persona ciega disponía un perro guía o de sonidos que le avisaban para poder cruzar una calle, una persona en silla de ruedas tenía a su alcance muchas rampas para poder moverse e incluso ancensores… pero una persona sorda no tenía estas ayudas a su alcance convirtiendose por tanto en una discapacidad invisible.
    Estuve pensandolo varios días pues es cierto que si vamos por la calle y vemos a una persona ciega somos muchos los que nos ofrecemos a ayudar o si se trata de una persona en silla de ruedas haciendo la compra siempre estamos pendientes en si podemos serle de ayuda pero … ¿qué pasa con una persona sorda? vamos por la calle como locos, porque el tiempo pasa y tenemos millones de cosas que hacer y no nos fijamos en las personas que aparentemente son “normales” y resulta que en este colectivo se encuentras las personas sordas. Es importante normalizar la situación de este colectivo así como poco a poco se va normalizando la vida de una persona ciega, o con algún tipo de minusvalía.
    Leemos este tipo de artículo y pensamos “ohh si lleva razon” pero al día siguiente se nos olvida y volvemos a nuestra vida de estres de un lado para otro sin pensar que cualquiera de las personas que nos rodean podrían necesitar nuestra ayuda y debemos integrar a las personas sordas en la sociedad, el cambio comienza en uno mismo.
    Tengo que objetar que no estoy del todo de acuerdo con lo que se comenta en este artículo, quizás sea porque no he llegado a analizar correctamente el valor intrínseco de lo que aquí se escribe, se habla de la falta de inclusión de la mujer sorda en la sociedad actualidad, de la falta de interpretes para estas mujeres y de la falta de información hacia estas, pero… ¿qué pasa con los hombres sordos? Considero que ellos tienen el mismo problema, acuden al médico y al igual que las mujeres deben solicitar una intérprete a la Asociación de Personas Sordas de su localidad y si por los recortes como bien se dice aqui no hay intérpretes suficientes deberan pedir ayuda a la familia o amigos o incluso seguramente algunos cancelen la cita hasta que tengan algún intérprete disponible y nos encontramos en un círculo vicioso que desde mi punto de vista ocurre tanto en hombres como en mujeres.
    Con esto quiero decir que para conseguir una correcta normalización de las mujeres sordas en la sociedad también debe de haber una igualdad entre ambos sexos para que sean integrados de la misma manera en el día a día sin exclusión.

  8. Jennifer Mateos García

    La lectura del artículo que nos mostráis hace que todos los que lo leemos dediquemos una parte de nuestro tiempo a realizar reflexiones sobre ello.
    El debate sobre dicho artículo comenzó en clase con una lluvia de comentarios llegando a plantear la pregunta más importante, ¿a qué llamamos normalización?, ¿a qué todo el mundo sea “normal”? y por lo tanto, ¿qué es lo normal?. Dentro de este mundo cada uno tenemos nuestras cualidades que nos hace diferentes al resto del mundo. Yo soy diferente, al igual que cualquier otra persona. La diversidad y la diferencia es lo que hace rico el mundo, es lo que hace que cada uno tenga su punto de especial. No por ser sordo no eres normal, eres uno más en este mundo de diversidad. Por ello, nos debemos de concienciar todos en que una persona sorda no posee una discapacidad, sino una peculiaridad más, una diversidad dentro de este mundo. La etiqueta de discapacidad se la ponemos los oyentes al no saber entenderlos ni darles las oportunidades que merecen al igual que todos los demás.
    Es fácil hablar de inclusión de una forma teórica dibujando un mundo idílico, pero a día de hoy el término no pasa de eso, de la teoría. Para ello, nos queda un gran camino todavía para quitar las barreras que nos separan en tener igualdad de oportunidades; para ello, debemos de saber subsanar los problemas que se les presentan.

  9. Gema Matesanz López

    Antes de entrar en materia, gracias a Mayte Greco Sanabria y a Raquel Lucas Espinosa por mostrarnos en este artículo las dificultades que puede encontrar una Mujer Sorda en su día a día, obstáculos que solo ellas salvan y que, los que estamos a su alrededor no vemos.

    Desde que somos pequeños nos diferencian, y nos diferenciamos, por el peso, la estatura, las capacidades de las que carecemos o las que tenemos; y la diversidad auditiva no iba a ser menos para hablar de diferente. Deberíamos, cada uno de nosotros, conseguir que tal y como somos nos sintamos integrados en la sociedad, y digo integrados y no incluidos ya que pienso que hay, en mayor o menor medida, integración pero aún no hay inclusión tal y como se define dicho concepto.

    Todas estas particularidades que tenemos todos nos lleva a…: diferencia o diversidad, esa es la cuestión. A simple vista resultan conceptos similares, y lo son desde mi opinión, pero los diferencio en si eres de los que ves el vaso medio lleno o medio vacío. Ser diferente obliga a compararte con un grupo normativo, e indirectamente tiene connotaciones negativas, eres diferente. Mientras que la diversidad… ¡Todos somos diversidad!

    Etiquetar como diferente puede llevar, en ocasiones, al término discapacidad, que hace referencia a la carencia que una persona tiene de alguna aptitud. Creo, que en el siglo en el que vivimos ya es hora de ensalzar las capacidades que uno tiene y no las que le falta. ¿La discapacidad la tiene la persona o la crea la sociedad en la que vive?

    Tras repasar estos conceptos y para finalizar, entendiendo la normalización, no como el cumplimiento de los cánones que llamamos normales, sino como la integración de la diversidad funcional y entendiendo esto como algo habitual dentro de una sociedad que es capaz de enriquecerse de ello.

  10. Leyre Andrés Ustárroz

    Creo que el título del artículo recoge muy bien su esencia “Lenguas diversas, luchas comunes”. La diversidad existente en la población no debe ser un obstáculo para ningún ciudadano, al contrario, debe ser un medio para lograr objetivos. La variedad aporta conocimiento, innovación… desde distintos puntos vista, lo que permite avanzar y mejorar de forma conjunta. La clasificación de las personas por sus características es algo que tendemos hacer normalmente privando, e incluso desprestigiando la acción de los colectivos con mayores diferencias que el resto.
    La posibilidad de no clasificar creando un mundo que avance hacia los mismos objetivos aumentará la posibilidad de éxito. Para ello se debe comenzar desde la base, con pequeñas acciones, creando grandes resultados. El uso de una correcta terminología hará que el pensamiento cambie, avance y se adecúe a las necesidades actuales, es por lo que los términos discapacidad, integración y diferencia evolucionan a diversidad funcional, inclusión y diversidad.

    Gracias por este pequeño espacio de razonamiento personal.

  11. Raquel Peláez Gonzalez-Cano

    Aun a día de hoy se tiende a mirar por la calle a toda persona que no es como tú. Pero no se mira de una forma especial a un chico rubio cuando se es moreno. No se le mira porque es “normal”.
    Se mira a aquella persona que se comunica con signos o que usa una silla de ruedas, porque estos ya no se consideran “normales”, se les considera discapacitados.

    Este término ya es incapacitante en cuanto se piense que no puedan llegar a hacer lo mismo que tú. Está claro, que dos personas no tendrán las mismas capacidades puesto que son personas distintas dentro de una comunidad muy diversa, pero ambas tendrán las mismas necesidades. No necesidades especiales, sino necesidades (una vivienda, alimento, sentirse querido…).

    Es en el acceso a estas necesidades donde estas personas presentan mayores dificultades precisamente porque aún no hay una inclusión en la sociedad e incluso a veces todavía es difícil la integración de los mismos.

    Por este motivo, creo que se debe poner especial atención en lograr, ya no sólo intentar, la normalización a través de la eliminación de barreras, para que estas personas puedan hacerse escuchar.

    Libremos a las personas sordas de la barrera del sonido.

  12. María Barrera Prieto

    En este artículo de Mayte Greco Sanabria y Raquel Lucas Espinosa, queda muy bien reflejado que el termino inclusión, es eso mismo, un término, que a día de hoy aún no se han consolidado unas buenas bases para conseguir igualdad de oportunidades, no obstante la lucha sigue y poco a poco se consiguen nuevos objetivos.

    En la actualidad, las personas sordas, por seguir con la línea del artículo, deben de hacer un gran esfuerzo para integrarse y poder adaptarse a la sociedad ¿por qué es así, cuando la mayoría de los que estamos leyendo esto no hacemos grandes esfuerzos para adaptarnos a la sociedad? ¿Que nos hace diferentes de una persona sorda? La realidad es que nada, una simple característica, un matiz diverso, de los tantos que difieren entre nosotros. Cada persona es un granito más en la arena de la diversidad con el derecho de inclusión total en la sociedad, y si esto no es así, reflexionemos, participemos, propongamos retos, dialoguemos y avancemos.

    Concluir, que el artículo lleva a la reflexión personal, en mi caso a afianzar esquemas morales e incluso replantear otros, un buen artículo es aquel que mueve conciencias, y en mi caso lo ha conseguido. Garantizar la normalización, el ser conscientes que todos y cada uno de nosotros formamos parte de un todo, me parece un buen comienzo para las mentes de nueva generación y cómo no, para las nuestras.

  13. Sara Lara Díaz

    Es cierto que la sociedad está cambiando, que todos queremos incluir en nuestro vocabulario el término ”inclusión” o que ”cada persona tiene sus peculiaridades y todos somos diferentes”. Pero esto mismo hace preguntarme: ¿Significa que estemos poniéndolo en práctica?.

    Considero que el mero de hecho de plantearme la pregunta supone un avance a entender cómo cada persona es única y que todos podemos aprender de todos. Pero eso no es suficiente, llevarlo a la práctica supone dar un paso más y no solo cambiar un pensamiento si no cambiar una actitud. Hoy por hoy, y pensando en hace 20 años, la sociedad está evolucionando en este sentido, abogan por la igualdad de oportunidades, por romper barreras no solo arquitectónicas si no de pensamiento y por la riqueza de la diversidad. Y ahí la clave: la riqueza de la diversidad.

    Por último, gracias por el artículo pero sobre todo por hacerme reflexionar.

  14. Verónica Romero Oleas

    En mi opinión, cabe destacar la importancia del tema escrito debido a que nos hace reflexionar y caer en cuenta de las situaciones que suceden a diario en nuestra sociedad por la falta de recursos en el ámbito socio-sanitarios, así como en otros ámbitos.
    En el día a día , una persona oyente, no se plantea los inconvenientes que pueden tener las personas con diversidad funcional (y en este caso las personas sordas). Es de gran importancia el ´´ponernos en la piel de la otra persona´´ para poder lograr un verdadero cambio en el mundo o en la sociedad que vivimos.
    También decir que este cambio no se puede producir de la noche a la mañana, de una forma fácil y sencilla, debido a que tiene que surgir desde lo más profundo de las personas la conciencia, es decir, tenemos tomar conciencia y aprender a ceder en muchos aspectos o situaciones y no pensar siempre primero en uno mismo. Este cambio se basa en pensar en las demás personas para poder ir adaptándonos y adaptando el medio/entorno a la idea de que existe en todo el mundo personas con diversidad funcional (todos somos diferente, nadie es igual a otra persona). Hay que tratar de cubrir el mayor numero de necesidades para que con ellos consigan una mayor independencia y puedan romper las barreras.

    Por último, quisiera dar las GRACIAS por proponer que se construyan herramientas que reconozcan los distintos aspectos excluyentes del lenguaje.

  15. Inmaculada Noguero López

    Es triste que haya un desconocimiento tan grande en la sociedad sobre las personas con diversidad funcional, con la cantidad de facilidades que tenemos para el acceso a la información. A día de hoy es cierto que a todos aquellos que no son iguales a lo considerado “normal” son tratados de forma diferente consiguiendo así una falsa inclusión, es decir, lo único que se da es la integración en la sociedad porque, como personas debemos tenerlas presente, pero realmente están “apartadas”, en este caso porque usan el lenguaje de signos para comunicarse.

    Por suerte la comunidad sorda no se ha quedado paralizada y luchan por una verdadera inclusión y gracias al lenguaje de signos las personas sordas pueden comunicarse, pero, por mucho que estas personas intenten hablar con los demás, a no ser que el resto domine la lengua de signos, esta comunicación es casi imposible. Bajo mi punto de vista, es importante que la comunidad oyente haga lo posible para normalizar a las personas sordas y se eviten ciertas situaciones que puedan ser peor para ellos y viceversa, ya que todos formamos parte de la sociedad ya se sea sordo, delgado, con silla de ruedas o bajito.
    Una de las cosas más importantes que tiene el ser humano es su libertad y las personas con diversidad funcional, en este caso auditiva, también tienen esa libertad de la que muchas veces nosotros mismos les privamos poniendo en su camino barreras tan grandes como es la falta de comunicación. Es por ello que creo que todos debiéramos ser conscientes de que si no ponemos de nuestra parte y cambiamos nuestra forma de pensar hacia los demás, eliminando todo tipo de prejuicios, tanto por las personas consideradas “normales” como por aquellas que se apartan de dicha normalidad, no se va a conseguir, valga la redundancia, una verdadera normalización.

    Por último, y en relación con la libertad de los seres humanos, no estoy de acuerdo con la clasificación que hace el texto dentro de las personas sordas, separándolas en personas sordas en mayúsculas o personas sordas en minúsculas. Las personas sordas deben ser ellas mismas quienes decidan si quieren comunicarse de una u otra forma y nadie debiera categorizarlas con términos que puedan tener matices peyorativos porque con esta clasificación parece que se da menos valor a las personas sordas oralizadas y mayor a las personas signantes.

  16. Irene Salinero Miralles

    Después de leer este artículo hay algunos puntos que me gustaría abordar. Antes de nada resaltar lo escandaloso que me resulta el hecho de que en las consultas médicas no haya un intérprete para las personas sordas, o que el hecho de conseguirlo sea algo complicado. Me resulta vergonzoso pensar que nuestra sociedad no está preparada para abordar la diversidad.
    A partir de la lectura de este artículo deberíamos plantearnos como normalizar la vida de las personas con diversidad funcional de cualquier tipo. Si es cierto que la sociedad está más concienciada en cuanto a la ayuda y apoyo a las personas minusválidas (en silla de ruedas, con muletas…) ya que luchan por adaptar todos los espacios con rampas y facilidades, pero ¿Qué pasa cuando se trata de una diversidad funcional y no física?
    Como parte de esta sociedad TODOS debemos contribuir a incluir a todas las personas ya sean altas, bajas, gordas, flacas, con dos piernas, sin ellas o solo con una, sordas u oyentes… Aunque si es cierto que la sociedad inclusiva, todavía está muy lejos de convertirse en una realidad. Por eso es importante que este tipo de artículos llegue a gran parte de la sociedad, para que todos conozcan las limitaciones, algunas de estas podemos no darnos ni cuenta de que existe, y es fundamentalmente culpa nuestra por ser “normales”, para nosotros todo es accesible y por eso no nos fijamos en esos pequeños detalles, que para otro puede resultar un muro alto y grande imposible de traspasar.
    Aunque la idea de inclusión, es algo que está lejos de convertirse en una realidad si es verdad que se está intentando instaurar en la sociedad. Uno de los indicios para ver que esto no está sucediendo es por el hecho de que se trata a las personas sordas como personas discapacitadas. Hoy en día, las personas con “discapacidad” están luchando para apartar este término, y en su lugar instaurar el de diversidad funcional, con el que se incluye a todas las personas, incluso los que nos consideramos “normales”.

  17. Natalia Rojo Redondo

    Desde mi punto de vista, considero que este artículo nos ha mostrado las dificultades a las que se enfrentan las personas con diversidad auditiva, encontrándose con múltiples barreras en su vida diaria en ámbitos educativos, sanitarios, sociales… lo que demuestra que la sociedad pese a tener la idea del término inclusión para todas las personas y en todos los ámbitos, a la hora de aplicarlo a la vida real la cosa cambia. Esto se debe a que nosotros mismos clasificamos, puede que de forma inconsciente, a las personas por sus diferencias, diferencias con respecto a lo “normal”, pero yo me pregunto, realmente ¿quién es normal? Todas las personas somos diferentes y presentamos una amplia diversidad de características, que es lo que nos hace únicos y nadie debería encasillar a las personas por dichas diversidades. Creo que a la sociedad le queda un largo camino para conseguir una inclusión total para todas las personas con diversidad funcional y hay que tener en cuenta que los primeros que tenemos que luchar para que poco a poco se cumpla esta igualdad somos nosotros mismos.

  18. Vanesa Pérez Martínez

    Después de la lectura de este artículo puedo decir que me encuentro tanto a favor como en contra con él. Por un lado es cierto que a la “comunidad sorda” siempre se les ha tratado fuera de los límites que se entienden como normalidad o lo que la sociedad considera normalidad. Esto puede deberse a que las experiencias que viven, como el caso de pedir cita par aun ginecólogo, son distintas a las de la norma. La principal causa a la que se le suele “echar la culpa” a esta disparidad es el uso de una lengua distinta y desconocida por gran parte de la sociedad. Es debido a ella que se habla de la “cultura sorda” que se desarrolla alrededor de la lengua de signos.
    La idea que aún prevalece, a nuestro pesar, es que las personas sordas son diferentes o discapacitadas. Si se piensa con detenimiento, ¿quién no es diferente?, exista una deficiencia auditiva más o menos severa o se use una lengua distinta o incluso, tener unos gustos o cuerpo determinado. De manera que lo que marca el límite está en cómo somos capaces o no de adaptarnos al entorno y de cómo éste de adapta a nosotros. Es por esta inclusión, por lo que aún hay que luchar para poder eliminar términos como “comunidad sorda, cultura sorda o persona sorda”.
    Mi gran pero en lo referido a este artículo está en la última parte. Y es que no podemos hablar de inclusión si estamos estableciendo distinciones entre una persona por usar una lengua u otra. Y como muy bien se muestra en el título de este artículo, juntos a través de lenguas oralistas o no tenemos una lucha común para conseguir la inclusión y normalización de todas las personas.

  19. Cristina Manzano Miguel

    La transmisión de información interrelaciona personas, es por ello por lo que no podríamos concebir el concepto de sociedad sin comunicación.

    En el momento en el que una persona que se comunique mediante la lengua de signos no tenga la posibilidad de hacerlo, la estamos excluyendo de la sociedad. Y esto, que nos parece tan ajeno, es algo que ocurre día tras día, lo cual nos demuestra que la inclusión y la igualdad son tan sólo términos se quedan en los manuales siendo incapaces de ser llevados a la vida real.

    Todo esto me hace reflexionar sobre la preocupación que existe porque se cumpla la inclusión, porque todos nos encontremos dentro de la misma norma y… ¿acaso esto no nos indica que no tenemos asimilado que todas las personas somos diferentes y que cada una de nosotras tenemos necesidades distintas? Si realmente lo tuviéramos asimilado no pensaríamos en incluirlos, sino que lo haríamos ya de manera innata.

    Por todo ello pienso que somos una sociedad discapacitada incapaz de comprender que en la diversidad está la riqueza y esencia de lo que nos hace ser humanos.

  20. Emma Casteleiro

    Honestamente siempre he pensado que la discapacidad visual te aísla de los objetos,mientras que la deficiencia auditiva te aísla de las personas. La sociedad actual, nos bombardea constantemente nueva información a través de diversos medios, medios los cuales no suelen estar adaptados para personas sordas. A mi juicio, la realidad actual, referido al criterio de normalización, es una realidad muy egoísta, tendemos a sentir “pena”, “pena” por una comunidad sorda, por la que probablemente ellos, no sientan nada parecido a lo que nosotros llamamos pena, en esa pena, encontramos de una forma u otra, un egoísmo altamente vinculado con una frase parecida a ” que no me pase ami” , ” que no le pase a mis hijos…”.¿ es realmente la falta de información acerca sobre está comunidad la que nos hace sentir algo similar al miedo ante la noticia de un familiar sordo?.
    Realmente, ni el entorno ni la sociedad está preparada para una inclusión global, y más concretamente para la inclusión de una comunidad sorda, como mencionaba el artículo, incluso en sanidad pública, se deben buscar las castañas para poder acceder a servicios básicos para una mujer, como es el caso del ginecólogo, pero no me sorprende, la mayoría de personas que conozco, incluyéndome ami, tampoco está preparada ni siquiera para poder ayudar en tu propia ciudad a darle unas indicaciones correctas a una persona no oyente que te pida ayuda por la calle, ni siquiera esa misma persona sorda podría pedir otra talla de pantalón en cualquier tienda de ropa habitual.
    Nos alejan desde el principio, desde que nos separan en dos grupos claramente diferenciados y a la comunidad con más peso, nosotros, no se nos informa ni nutre de la diversidad que vivimos constantemente, en el colegio aprendemos castellano, aprendemos inglés, pero estamos obviando una parte bastante grande de personas, que viven probablemente puerta con puerta, o en la acera de enfrente, a la que no podremos acceder a priori, salvo con una educación encaminada expresamente para ello. Pienso que realmente, estamos lejos de cumplir la definición literal del término inclusión

  21. Esther Bautista Sáez

    En primera instancia, quería agradecerles a las autoras Mayte Greco Sanabria y a Raquel Lucas Espinosa por la forma de hacer reflexionar a toda la comunidad sorda y a todas las personas que no pertenecemos a ella de la situación actual en la que vivimos, porque a pesar de ser diferentes comunidades nos encontramos en la misma sociedad. Una sociedad que propone el término de “inclusión” como una igualdad de oportunidades en las que todos los individuos con una condición física, psíquica, sensorial o con algo fuera de lo que se considera “normal”… entramos, pero ¿todo el mundo se siente con las mismas oportunidades en el ámbito social, laboral o cultural? Yo no, todos tenemos aquellas peculiaridades que nos hacen diferentes a cualquier otro individuo y que finalmente por el entorno que nos rodea, basado en la normalidad, esto se considera algo peyorativo en vez de llamarlo diversidad funcional.
    Por último, en mi opinión es necesario que se contemple en la misma proporción la presencia tanto de la lengua oral como de la lengua de signos, propulsando el conocimiento y valoración de la cultura sorda mediante la facilitación de recursos que favorezcan una inclusión global a todos los niveles.

  22. Virginia Estremera Revuelta

    No sé cuanta gente se dará cuenta de todas las dificultades y barreras que tienen ciertas personas a lo largo de un día, pero parece que verdaderamente son un número muy escaso. Yo no había caído en cosas tan simples, que se cuentan en el artículo, como las dificultades de una mujer sorda a la hora de ir al médico.
    Desde hace un tiempo se viene hablando en los medios, en los colegios, en la calle…sobre la inclusión y la diversidad, pero en el fondo no se realiza gran cosa para que la sociedad avance y mejore.
    No hay que normalizar a las personas, si no que se debe educar para vivir y aceptar la complejidad de lo heterogéneo, valorar y cultivar las diferencias que hay entre unos y otros.
    Todas las personas deben tener las mismas oportunidades y recursos necesarios para participar en la vida social, económica, cultural, etc., y conseguir un nivel de vida y bienestar acorde a la sociedad.
    Ser diferente o formar parte de una cultura minoritaria no significa que no exista, la coexistencia de diferentes culturas enriquece la sociedad. Por lo que, no es el grupo minoritario quien él solo debe alzar la voz para conseguir esas igualdades, si no que todos debemos hacer por mejorar las oportunidades de todo el mundo.
    La sordera o discapacidad auditiva, no es algo nuevo, por lo que se debería haber avanzado mucho en términos de normalización e inclusión, espero que pronto se consigan grandes avances.

  23. Elena Arteaga Sánchez

    A raíz de este artículo me he dado cuenta de que en el día a día, no nos paramos a pensar en las dificultades que puede tener una personas sorda al realizar actividades que nosotros haríamos sin ninguna complicación como acudir a la consulta del médico, como se cita en el artículo, en la que, si no hay ningún intérprete, hace que estas personas sean dependientes incluso de sus propios hijos, limitando así su autonomía.
    Con artículos como este nos damos cuenta de que, aunque se empieza a hablar de “inclusión” y de “normalización” y de su importancia en la sociedad, no llega a ser una realidad. En el proceso que se está llevando a cabo para conseguir la normalización lo más parecido a la inclusión que vemos es la “integración”, esta incluye a las personas con algún tipo de discapacidad en la sociedad pero los tiene apartados, en el caso de las personas sordas están presentes en la sociedad pero a la vez están aisladas por su lengua y por la falta de recursos. Se considera a las personas con alguna discapacidad diferentes porque no se ajustan a la “norma” pero no somos conscientes que en la “norma” todos somos diferentes lo que nos lleva al término de diversidad en el que estamos incluidos todos.
    En mi opinión, hasta que no seamos todos conscientes de la diversidad presente en el mundo que vivimos no conseguiremos realizar una inclusión que nos lleve a la normalización, en la que todo el mundo tenga acceso a las mismas oportunidades.

  24. Lidia Labrandero

    En primer lugar, cabe destacar la importancia de este artículo, que hace tomar conciencia de la realidad que viven las personas sordas a día de hoy; que se siguen teniendo dificultades o siguen existiendo barreras en aspectos tan sencillos o fundamentales cómo lo son la cultura, la educación, la sanidad y el acceso a ellas…
    Está claro que la sociedad busca alcanzar la normalización; y para ello debemos hacer que la inclusión se haga de forma natural, pero para lograr esto necesitamos que TODOS colaboremos de forma unificada, logrando no dejar ver las diferencias entre la diversidad. Pero el término normalización es algo complicado de alcanzar.
    Partiendo desde el punto de que me parece injusto que una mujer, en este caso sorda, no pueda acudir con normalidad a una visita médica con la facilidad con la que lo hace una persona oyente, ya que no existe la posibilidad de contar con un intérprete de lengua de signos en estas situaciones. Desde esta perspectiva no se puede alcanzar la normalización, ya que no se están cubriendo las necesidades de estas personas de la misma forma que las demás. Es cierto que existe la diversidad, pero no por ello es imposible que se dé una normalización o que seamos incapaces de lograr una inclusión.
    Hay que tener en cuenta que muchos factores influyen en la socialización de estas personas pero en muchos de ellos está a nuestro alcance lograr proporcionar algo de facilidad. En mi opinión un paso importante sería el conocimiento general de la LSE (lengua de signos española), qué sería un gran paso como principio de integración para eliminar estas diferencias.
    Por último agradecer a las autoras la realidad que nos hacen ver abriéndonos los ojos con este artículo.

  25. Alberto Ibáñez García

    Hoy en día, son muchas las personas con diversidad funcional que buscan una forma de acceder a las mismas condiciones de vida de la persona “normal”. Pero ¿qué es ser una persona “normal”?
    Siguiendo la senda del presente artículo, son muchas las personas de la sociedad actual las que consideran a las personas sordas como discapacitadas, pero en realidad el término “discapacidad” sirve únicamente para diferenciar (como una etiqueta) a estas personas.
    Es verdad que las personas sordas son, cada vez más, consideradas como iguales dentro de la opinión general de la población gracias, principalmente, a la capacidad que se ha desarrollado de poder comunicarse con lengua de signos con los demás. Pero a nivel de inclusión social, no es únicamente el hecho de poder comunicarte con los demás, sino el sentir que puedes participar de alguna manera dentro de la sociedad (niveles educativo, laboral, atención sanitaria,…). Se deben superar las barreras existentes en la comunicación que son en apariencia, invisibles para las personas sin discapacidad.
    Pero la realidad es otra y en definitiva la gran mayoría de las intenciones se quedan en papel mojado. Es importante saber que las personas sordas, ante todo, son “personas” y tienen los mismos derechos que el resto de los ciudadanos para poder formar parte de la vida cotidiana actual.

  26. Andrea Ballesteros Ortiz

    Una vez analizado el artículo y tras ser discutido en el aula, me surgen varios pensamientos.
    No estamos hablando únicamente de la integración de una persona con discacidad auditiva, estamos hablando de la integración social, de un amplio colectivo que ya cuenta con su propia comunidad social, a la cual las autoras hacen referencia como Personas Sordas. Una integración real y sana de este colectivo radica directamente en la forma en la que nos relacionamos y más concretamente como son las relaciones entre sordos y oyentes. Desde mi punto de vista, toda integración deberá tener un paso previo social y mental individual.
    Para que este paso mental se vea reflejado en la sociedad serán necesarios ciertos valores, que bajo mi punto de vista, actualmente estan gravemente afectados en las nuevas generaciones, no podremos garantizar una sociedad inclusiva cuando no comprendemos la diversidad como un modelo de vida y de relación interpersonal. Debemos ser críticos con nuestros propios actos para posteriormente poder juzgar a la sociedad como reflejo de nuestros propios actos, cuando el paso mental individual se haya llevado a cabo nos daremos cuenta de que no podemos exigir independencia y normalización a personas con diversidad funcional, ya que nadie es independiente ni normal. Una sociedad heterogénea e inclusiva será intrínsecamente más rica gracias a la diversidad de las personas que la forman.

  27. Alejandra Agüero Grande

    Una vez más, con la lectura de este artículo, nos damos cuenta de las dificultades de integración que tienen las personas con deficiencia auditiva, bueno, realmente las personas con cualquier tipo de deficiencia. La normalización está muy lejos de existir, porque no existe ni va a existir una sociedad en la que unos nos sacrifiquemos por aquellos que están más necesitados. Creo que las personas con necesidades especiales de cualquier índole van a seguir encontrándose barreras en su entorno social, las cuales les van a impedir sentirse “normales”.
    Todos somos diferentes, o eso pensamos. En mi opinión este término no tiene connotación negativa alguna. Cierto es que decir inclusión queda más bonito, y también es cierto que tienen pinceladas diferentes en cuanto a significado, pero creo que es más la intención con la que se diga, que la palabra en sí…Puede que también tengamos que cambiar ciertas palabras con las que otras personas se sentirían más cómodas. Pero, ¿qué hacemos cuando un organismo público te obliga a ser etiquetado para poder optar a una vida más “normal”? La palabra minusválido es más bien ofensiva, discapacitado aun peor. Pero si no entras dentro de uno de este grupo, cuando tienes cierta diversidad funcional, no se te ofrece, por ejemplo, una plaza pública en un centro de atención temprana, o en un centro de día. Por estas cuestiones y muchísimas más, creo que es muy difícil que esto cambie, no creo en la normalización, y la inclusión bueno, en ello estamos.

  28. Anna Verónica Beviá Gallego

    Lo primero, enhorabuena por el artículo a Mayte Greco Sanabria y Raquel Lucas Espinosa, es muy enriquecedor y, aunque duro, ayuda a abrir los ojos y ver la realidad de lo que es la sociedad de hoy en día.

    Cierto es que, en la actualidad, existe la idea de una sociedad más inclusiva, en la que haya atención a la diversidad para que todo el mundo tenga acceso a las mismas oportunidades y puedan vivir una vida más normalizada. Pero, a pesar de que a todos se nos llena la boca con la palabra “inclusión”, esto no es más que una idea que todavía no ha logrado alcanzar la realidad. Para lograr llevarla a la acción, es necesario realizar numerosos cambios en el engranaje de la sociedad, adaptando absolutamente todos los aspectos de la vida cotidiana a todas las diversidades funcionales, desde cosas tan básicas y materiales como la infraestructura, hasta aspectos tan abstractos como la mentalidad de las personas, pasando por la implantación de una educación globalizada en la que todos los niños aprendan en el cole lengua de signos, lengua de signos apoyada, braille, y otras muchas cosas que todavía son desconocidas para la mayoría y que presentan una barrera en el camino hacia la igualdad de oportunidades de participación de las personas en la vida diaria.

    Esto todavía no se ha logrado, y en lugar de inclusión, el concepto que sigue abundando es el de integración, pero este no es funcional puesto que no son las personas las que deben adaptarse al sistema, sino que el sistema debe adaptarse a la persona, y este es el gran problema al que nos enfrentamos, que el pensamiento de las personas todavía no está adaptado para poder realizar este cambio. Para ello, es necesario eliminar el término “discapacidad”, el cual todavía se sigue utilizando, y sustituirlo por el término “diversidad funcional”, puesto que hasta que no se cambie de un vocabulario discriminatorio y peyorativo a otro en el que se considere por encima de todo a la persona independientemente de su condición, no se logrará instaurar la idea de que todas las personas somos iguales a pesar de nuestras diferencias y que no hay que darle tanta importancia a esta diversidad, ya sea funcional, física o del carácter que sea, puesto que absolutamente TODOS somos distintos unos de otros y eso no nos hace mejor o peor.

    En mi opinión, será solamente en ese momento cuando desaparezcan todas las barreras y logremos convivir todos en verdadera igualdad de oportunidades.

  29. Alexandra Smirnova

    Programas que no sólo sean documentales sobre tiburones donde salga un intérprete de lengua de signos?, ayuda a la hora de comunicar su estado de salud?…
    Estos son algunos de los ejemplos de situaciones que pasan por alto aquellas personas que no tienen una discapacidad auditiva y que acceden con mayor facilidad al mundo del sonido…
    Pero qué ocurriría si nos quitasen por un día este placer exquisito de escuchar hablar a los actores de nuestra serie favorita, a nuestra pareja susurrarnos al oído lo bonito que es nuestro pelo o a nuestro abuelo que nos llama desde un país lejano por teléfono? Nos quedaríamos frustrados…muchísimos y con razón, porque nos vemos privado de aquello que necesitamos para sentirnos bien, pertenecientes a la sociedad de nuestros amigos, familia, compañeros…
    Si el sonido nos acerca a percibir de manera más profunda el mundo en el que vivimos… ¿Por qué no tener en cuenta que todos deseamos acceder por igual a las mismas experiencias de la vida y facilitar el acceso a las mismas? ¿Por qué se silencian sus necesidades?
    El artículo reivindica una menor indiferencia hacia la población con lengua de signos y una normalización de acceso a la información y a las situaciones de la vida cotidiana hacia las personas con esta maravillosa lengua. Si todos bebemos del mismo río, y vivimos bajo las mismas nubes, y no hay nadie perfecto…¿Por qué unas personas se sienten menos humanas que las demás?
    Es preciso que este mensaje se expanda hacia todas las esferas y aumente el nivel de concienciación y no esperar a que en una película de dibujos salga una princesa Disney que se comunique con sus pretendientes a través de lengua de signos…
    Muchas gracias por este artículo.

  30. LAURA LANCHARRO AVILA

    El artículo me ha parecido interesante por su capacidad de concienciación sobre las carencias que existen para mantener una calidad de vida para la comunidad con diversidad funcional auditiva. También he de decir que las referencias que se hacen sobre los términos “lenguaje” o “lengua” o escribir con minúscula o mayúscula “Sorda” me parecen sobrevaloradas, ya que realmente no creo que nadie diga una cosa u otra sabiendo que una puede ofender a una parte de la población y porque me parece que hay temas más importantes que tratar a como escribamos o digamos algo que en principio no pretende ofender ni dañar a nadie.
    El camino hacia una normalidad “plena” hacia esta población en mi opinión es complicado, pues al fin y al cabo estamos tratando con una persona con diversidad funcional lo que lleva a la población a tratarles distinto por adaptación o desconocimiento, aunque realmente el concepto persona “dentro de la normalidad” no queda definido (pues todos tenemos nuestras dificultades y particularidades más o menos llamativas). También creo que la inclusión social y, en general, en todos los ámbitos debe ser un hecho para que así estas personas puedan conseguir la mayor normalidad y calidad de vida alcanzable. La sociedad, en mi opinión, sí está cambiando pero las adaptaciones son lentas y costosas. Pedir que haya una persona signante que ayude, utilizando el ejemplo mencionado en el artículo, en la consulta ginecológica me parece un mal ejemplo y no sé hasta qué punto puede ser eficaz pues es un tema muy delicado en ocasiones donde la mujer sorda puede sentirse violenta al tener que estar delante de una persona que no conoce nada relatándole lo que el ginecólogo le está contando. En este caso el hecho de que acompañe un intérprete de la asociación a la que acuda o un familiar me parece lo más normal y sensato, ya que suele ser alguien que conoce y de confianza para tratar ciertos temas. Ahora bien, el hecho es que la inclusión debe seguir avanzando para romper las diferencias que se dan entre la población con lengua oral y la población con lengua de signos, sobre todo en los ámbitos de más necesidad como son educativos y estructurales.
    También me lleva a pensar que las carencias mencionadas sobre la educación sexual, el autoestima,etc… son temas muy serios que deberían hacernos plantear un cambio educativo, pues es una información básica que todos deberíamos tener. Por lo tanto, vuelvo a insistir, en que necesitamos primordialmente mayor inclusión educativa que les permita un mejor desarrollo y formación. También me gustaría mencionar que aunque en el artículo se hace referencia únicamente a mujeres, los mismos problemas se aplicarán a los hombres y que sería importante trabajar sobre ello.
    Nuestra actitud hacia las personas discapacitadas o con diversidad funcional está cambiando, la inclusión idealizada que debería aplicarse, espero y creo que aquí a poco tiempo podamos conseguirla, ya que todos somos iguales y deberíamos tener los mismos derechos y oportunidades.

  31. Virginia Rodríguez

    Gracias a este artículo se ha puesto de manifiesto la realidad y las barreras con las que se encuentran las Personas Sordas (distinción que hacen las autoras) en aspectos tan cotidianos para nosotras como puede ser, por ejemplo, ir al ginecólogo.
    En general, no nos paramos a pensar con qué dificultades se pueden encontrar las personas con diversidad funcional en cualquier situación diaria, porque por desgracia, la sociedad no está pensada para ellos. Por ello creo que el principal problema o barrera con la que nos encontramos a la hora de que todo el mundo tenga las mismas posibilidades, es decir, a la hora de llevar a cabo una inclusión total, radica en nosotros, en la sociedad. Estoy parcialmente de acuerdo con las autoras con el hecho de que tenemos que “librarnos de los privilegios de la lengua oral en pro de la inclusión de las Personas Sordas”, porque es una estrategia que puede aunar fuerzas entre los dos colectivos, integrándolos. Pero creo que el concepto de “librarnos de los privilegios” no es el más adecuado, porque si tenemos en cuenta el término diversidad, no es necesario comparar con la normalidad, sino que parte de la idea de que todos somos diferentes. Este colectivo, gracias al Foro de Vida Independiente, puso de manifiesto querer ser llamados personas con diversidad funcional (personas que tienen funciones y maneras de hacer las cosas diversas, es decir, no es que no tengan capacidad para hacer las cosas, si no que las harán de otra manera).
    Por ello, y debido a que el lenguaje es muy poderoso y es lo primero que debemos cambiar, no es de mi agrado el que se utilicen distinciones entre “Personas Sordas” (en mayúsculas) y “personas sordas” (en minúsculas), aunque entiendo la opinión de las autoras y sé que hacen referencia a la cultura sorda, pero igualmente creo que para poder llegar a una inclusión total por parte de las dos culturas, la oralista y la sorda, hay que dejar de utilizar este tipo de distinciones utilizando términos más inclusivos. Insisto, el lenguaje es una herramienta muy poderosa y hay que ser muy rigurosos a la hora emplearla, y eso es algo que está en nuestras manos.
    Ciertamente, el desarrollo de la vida humana está marcado por la diversidad, pero también por los conflictos y carencias que la atraviesan. En todo caso, no es la perfección o la plenitud lo que caracteriza la normalidad, sino el área potencial que se abre a partir del reconocimiento de los límites y las ganas de superarlos.

  32. Cristina Velez

    Al igual que una de mis compañeras, me ha llamado la atención el término PERSONAS SORDAS o personas sordas, con este artículo podemos ver la cantidad de dificultades de integración a las que se enfrentan día a día estas personas, pero, ¿por qué esta distinción?, ¿por qué una tiene que ser mejor que la otra?, ¿en qué momento el camino a tomar por la propia persona o las que toman la decisión, en un primer momento por ellos, es mejor que la otra? ¿cuál es el término para no hacer distinción o discriminación? ¿Discapacidad? ¿Deficiencia?
    El problema aparece con comentarios que oímos a diario entre nosotros del estilo “no son normales”, “no tienen todos los sentidos al 100%, por lo tanto no funcionará igual”, la normalidad y la anormalidad la hacemos todos, incluso leyendo este texto encontramos distinciones. El hecho de tomar una vía u otra, de ser oralista o signante no debería ser reflejado en mayúsculas o minúsculas, no son más unos que los otros y creo que aquello de lo que se quejan es algo que practican.
    Desde el minuto 1 de nuestras vidas estamos expuestos a la diversidad y a las barreras marcadas por la sociedad y no todos nos sentiremos iguales o incluso podríamos decir normales, términos que según el contexto y la intención con la que los digas pueden ser peyorativos o con una carga positiva. A diario y sin pensarlo hacemos comentarios que pueden no tener relevancia en nosotros pero sí en el que se encuentra a nuestro lado.
    Me ha parecido un artículo muy interesante tanto como tema a debatir. No da lugar a dejarte indiferente o estar totalmente a favor o en contra de él, crea una “discusión” bastante interesante que recomiendo que sea abordado por muchos ámbitos.

  33. Cristina Torrano

    A partir del artículo leído, se ha demostrado que aunque por ley la lengua de signos existe y hay una normalización para toda la sociedad, sea sorda o tenga otro tipo de problema, se ve que no es así, ya que existen muchísimas barreras todavía para que exista una verdadera adaptación de la sociedad a las personas con esta dificultad (inclusión), como por ejemplo a la hora del ir al medico u algún lugar de entretenimiento, si ella no dispone de un interprete, se va a ver en situaciones delimitada a la hora de comunicarse.
    En cuanto los conceptos de diversidad y diferencia, en relación a la educación, si el niño va a un colegio ordinario, tiene que pertenecer a la lengua oyente, es decir va a haber diversidad en esa aula pero no porque el colegio haya puesto medios para ello si no que el niño ha tenido que adaptarse al aula, a sus compañeros y tutores, entonces dada estas situaciones es lógico que haya personas sordas que prefieran que se las vean como “diferentes”, y comunicarse con su lengua de signos, tener sus costumbres, ya que si para pertenecer a una gran diversidad ellos son solo los que tienen que cambiar, no se hasta que punto les puede llegar a compensar.
    En cuanto, a si son personas discapacitadas o no, en mi opinión no debería de existir ese término, todo el mundo es diferente, nadie es semejante a otra persona ni físicamente ni mentalmente, pero existen personas con algún tipo de problema que hace que no este dentro de una norma, en el caso de las personas sordas, se podría decir personas con problemas de audición. Hay que intentar eliminar términos que puedan hacer sentir mal a cualquier persona afectada.
    En conclusión, ha sido un articulo que en pocas palabras ha planteado una realidad, que muchas veces ni nos paramos a pensar, hay cosas que puede que no todo el mundo este de acuerdo, pero creo que esta abarcado de una muy buena manera.

  34. Patricia Muñoz Potenciano

    Hace un año en la Federación de Sordos de la Comunidad de Madrid nos mostraron un vídeo en el que se veía reflejado las grandes dificultades a la que se encuentran expuestas las personas con este tipo de “discapacidad”, a día de hoy la sordera sigue siendo una discapacidad invisible, y digo invisible porque otras “discapacidades” como pueden ser la ceguera o la discapacidad física están cada vez mas integradas en la sociedad; tienen adaptaciones para cruzar los pasos de cebra, rampas para acceder a lugares con escaleras, ascensores, perros guía… pero las personas sordas no disponen de este tipo de ayuda. Por ejemplo, si nos encontramos a una persona ciega en el mercado, todos estamos dispuestos a ayudar a esa persona cogiendole las bolsas o lo que precise pero una persona sorda va por la calle y nadie se da cuenta de que tiene una deficiencia auditiva perdiendo muchas posibilidades de ayuda.
    Aquel vídeo me hizo reflexionar mucho sobre la vida de las personas con pérdida auditiva o sordera, me hizo darme cuenta de detalles pequeños que en nuestro día día pasan desapercibidos, por eso es importante que todas las personas estén en igualdad de condiciones que la diversidad funcional no debe de ser un obstáculo sino una manera de enriquecer la sociedad.
    Por otra parte decir que en algunos conceptos que aquí se reflejan no estoy del todo de acuerdo, expongo mi punto de vista:
    En este artículo se dice que las mujeres que acuden al ginecólogo se encuentran con graves problemas por falta de intérpretes o de falta de información etc. y yo me planteo una pregunta … ¿Qué ocurre con los hombres sordos? Quiero decir, solo se plantean los problemas de las mujeres sordas pero los hombres también se encuentran con este tipo de problema al igual que las mujeres. Los problemas de accesibilidad ocurren en ambos géneros y se debe fomentar una igualdad entre valores sin infravalorar ninguno de los dos sexos.
    Muchas gracias

  35. Irene Fernández Cantero

    Considero que Mayte Greco y Raquel Lucas construyen en este artículo una reflexión interesante en cuanto a la figura de la mujer sorda ya que la inclusión de esta deficiencia en la sociedad oyente requiere aún mucho trabajo. La discapacidad auditiva está más normalizada en la sociedad que otras patologías sin embargo, situaciones comunes, como las expuestas en el artículo, aún no están superadas.

    Bajo mi punto de vista, este problema de inclusión tiene raíces políticas debido a que los Gobiernos que hemos tenido en España han escatimado en gastos del ámbito sanitario y educativo. Por ejemplo, si los hospitales públicos tuviesen presupuesto suficiente para contratar a un intérprete de lengua de signos no existiría el problema de que una mujer sorda no queda debidamente atendida e informada en el ginecólogo, otorrino, dermatólogo, etc y se evitarían situaciones vergonzosas e inapropiadas. Además, de esta forma se promovería la diversidad y la creación de puestos de trabajo y se mejoraría la calidad de la sanidad pública.

    En cuanto al ámbito educativo, no me parece normal que los niños con esta discapacidad deban acudir a centros de educación especial, ya que considero que la diferencia de estos alumnos puede normalizarse si mejoramos la calidad de la enseñanza obligando a los colegios públicos desde El Gobierno a ofrecer un mínimo de profesores que sean bilingües en lengua de signos y así cuando a un niño sordo le surjan dudas en clase, el profesor pueda explicárselas en su lengua para mejorar la comprensión de los diferentes conceptos y competencias enseñadas en clase.

    En conclusión, opino que aún queda un camino muy largo para la correcta y completa integración de la Comunidad Sorda en la cultura oyente ya que existe una barrera comunicativa difícil, pero no imposible, de superar. Como primer objetivo creo que es aumentar la confianza de estas personas con una correcta educación que permita que tengan un desarrollo normal en todos los aspectos de la vida de una persona.

  36. Silvia Vilaña

    Al leer el artículo queda en claro que lo que consideramos “normalización” de la situación que viven estas personas no basta con que se cree una ley que lo exponga sino que debería realizarse una concienciación directa sobre las carencia reales y actuar más activamente ante las personas en general y profesionales de diferentes ramas (charlas, artículos, etc) para procurar una inclusión real en nuestra sociedad y que no se les distinga como diferentes privándoles de disfrutar una forma de vida sin señalamientos ni miedos por desconocimiento; aclarar que existe la diversidad y que ello conlleva no hacer distinciones por el hecho de que sea una persona sorda.
    En conclusión y opinión más personal diría que la situación es un claro desconocimiento y como sabemos eso conlleva al miedo lo que a su vez conlleva a que se den situaciones como las experiencias que se leen en este artículo. Una solución, desde luego el fin que tiene lo leído, mayor difusión.

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