¿Locas? Cuerpos

¿Estamos locas o tanta desigualdad nos vuelve locas? Expertas en salud mental aseguran que la diferencia de diagnóstico y tratamiento entre hombres y mujeres hace más profunda la brecha de género. Además, las propias desigualdades estructurales abocan a más mujeres que a hombres a sufrir enfermedades como la depresión o la fibromialgia. Los psicofármacos se administran a un 85 por ciento de mujeres frente a un 15 por ciento de hombres. Pastillas contra la desigualdad. La solución pasa por la educación en perspectiva de género en las facultades.

Fotógrafo: Iñaki Landa

Fotógrafo: Iñaki Landa

Emilia Laura Arias Domínguez

M en Conflicto

Una de cada cuatro mujeres tienen riesgo de padecer algún problema de salud mental: casi un 25 por ciento frente al significativamente más bajo 14 por ciento de los hombres. Son números de la Encuesta Nacional de Salud. Numerosos estudios aseguran que el género tiene una influencia determinante en la salud mental, y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) cuenta entre sus estrategias con trabajar por la emancipación socioeconómica de las mujeres, mejorar el acceso a la educación y la concesión de microcréditos. Según cifras del mismo organismo, unos 450 millones de personas en todo el mundo padecen alguna enfermedad mental, sin embargo, no ofrece datos por sexos.

El 20 por ciento del gasto sanitario en los sistemas de la Unión Europea lo ocupan los procesos de tratamiento y rehabilitación de las enfermedades mentales, de hecho los psicofármacos son los medicamentos que suben más la factura farmacéutica desde 2003. Aquí si hay datos diferenciados: se suministran a un 85 por ciento de mujeres frente a un 15 por ciento de hombres. El 9 por ciento de la población española padece una enfermedad mental, de nuevo sin datos por sexos.

“En septiembre de 2001 nos casamos, con 20 años. Tuvimos problemas porque él era muy celoso y no me dejaba salir ni a tomar un café. Nunca tenía tiempo para mí, solo trabajar y limpiar. Los celos fueron a más y hubo malos tratos (…). No podía seguir así, lo amaba pero no cambiaría nada y tuve que dejarlo. Ahí empezaron las persecuciones y amenazas…”.

Una de cada cuatro mujeres tienen riesgo de padecer algún problema de salud mental

Así empieza el relato de Laura (nombre ficticio) cuando le preguntan por su enfermedad. Después de rehacer su vida, un abandono amoroso fue el factor que disparó todo: pastillas, alcohol, intentos de suicidio, peleas con su familia, policía, cuerdas, una camilla…Con 32 años Laura sobrelleva un Trastorno Límite de la Personalidad, gracias a sus visitas a la psiquiatra y a la medicación que, asegura, le deja atontada.

Carme Valls, doctora en Medicina y Cirugía, coordina un programa que intenta responder a la ausencia de estudios sobre la morbilidad entre mujeres y sobre su creciente medicalización. Para esta especialista existen diferencias en el diagnóstico y tratamiento de las patologías mentales por cuestión de género. La diferencia radica “en la abrumadora administración de psicofármacos y en la psiquiatrización de cualquier problema psicológico o biológico que presente una mujer”.

La brecha de género se siente en una falta de diagnóstico de los problemas reales que padecen las mujeres, según la doctora Valls. “Son sedadas a base de pastillas y así pierden recursos para conseguir una mejor autonomía personal”, expone.

Diferencias en el diagnóstico

Cristina Polo es psiquiatra y coordinadora del centro de salud mental de Hortaleza, (Madrid). Esta especialista en salud mental y género, coordina la Sección de Género en el grupo de Derechos Humanos de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Ella considera que se diagnostica de forma diferente a hombres y a mujeres en todas las especialidades médicas. “En atención primaria numerosos estudios muestran cómo ante los mismos síntomas físicos se prescriben a las mujeres más tratamientos ansiolíticos y antidepresivos y a los hombres se les realizan más pruebas físicas”, cuenta.

En urgencias los resultados son parecidos: a los hombres se les hacen más pruebas diagnósticas que a las mujeres pensando que en ellas el origen del malestar es psicológico y no físico.

Su compañera Marisa López, psicóloga clínica en el mismo centro, también es especialista en salud mental y género. Coordinan juntas un grupo terapéutico para mujeres en situación de violencia de género en su centro y aAmbas coinciden en que una de las cuestiones es cómo vienen ya derivadas desde la Atención Primaria, ya que a ellas se las deriva más por problemas familiares, separaciones, divorcios, ansiedad, estrés y depresiones. “Ante quejas de problemas físicos ellos vienen con más pruebas para descartar organicidad, mientras que ellas son derivadas con menos pruebas físicas”, explica la psicóloga.

A los hombres se les hacen más pruebas diagnósticas que a las mujeres pensando que en ellas el origen del malestar es psicológico y no físico

“Hay médicos que no te toman en serio. Llegué con muchos dolores al hospital y un médico me dijo que me fuera al psicólogo. Me sentí maltratada”. Marisa Rozas padece fibromialgia y depresión desde hace 20 años, dos enfermedades que se dan más frecuentemente en mujeres.

“Chica, no es para tanto”
Marian García, directora de ALAI, organización que apoya a las personas afectadas con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) en Valencia, considera que el estigma afecta más las mujeres. Uno de los síntomas de la TLP es mantener relaciones sexuales de forma compulsiva o consumir sustancias. “Muchas veces se piensa que si son mujeres lo hacen porque son unas…. Se entiende más normal ese comportamiento asociado a un chico”, relata. “Hay un índice alto de mujeres con TLP. En nuestra asociación son un 40 por ciento de hombres y un 60 por ciento de mujeres”. En ALAI reciben apoyo Laura y su familia.

Laura cree que no ha evolucionado tanto esta sociedad: “Hay gente que considera que las mujeres tenemos que encargarnos de las tareas del hogar y cuidar de marido e hijos, trabajar, estar guapas…”. Y explica que “cuando sufres esta patología hay muchas cosas que te ves incapaz de hacer. Todo te supera, no puedes a veces ni con tu aseo personal. Es muy duro escuchar que te llaman vaga por no ocuparte de tu casa, porque tu pareja tiene que hacer las tareas y cocinar mientras tú estás en la cama”. La directora de ALAI lamenta que “en el entorno familiar hay una mayor incomprensión con las chicas”. A veces tienen que escuchar cosas como “venga chica que no es para tanto”.

Si tienen hijos o hijas la cosa empeora. Ellas son consideradas malas madres; ellos, enfermos. “Ellas cargan mucha más culpa que un hombre. También en situaciones de violencia hay más culpa por parte de las mujeres porque parece que ellas no deben ser violentas… y que en ellos la fuerza y la violencia son más comunes por eso si es la chica la protagonista de un episodio violento parece que duele más”, relata. Marisa Rozas es madre soltera con dos hijos y cuenta que debido a su fibromialgia sentía culpa por no poder cargar con todo, “porque todo dependía de mí”.

Hay estudios que muestran como las mujeres se derivan con menor frecuencia a recursos de rehabilitación laboral que a los hombres

La psicóloga Marisa López considera que ser mujer y tener un trastorno mental grave es sufrir un doble estigma: “Ni desde el movimiento feminista se le ha dado prioridad y tampoco creo que se considere lo suficiente desde las mismas asociaciones de pacientes”. Prueba de ello es que si el diagnóstico de trastorno mental es grave hay estudios que muestran como las mujeres se derivan con menor frecuencia a recursos de rehabilitación laboral que a los hombres.

Desigualdad de género y salud mental
La pregunta sería por qué las mujeres tenemos una peor salud mental. Para la psiquiatra Cristina Polo, los trastornos de personalidad histérico y dependiente pueden corresponderse con funcionamientos “extremos de comportamientos y rasgos asociados socialmente a la feminidad como seducción, fragilidad, dependencia, deseo de llamar la atención, etc.”.

Existen relaciones entre la mayor presencia de trastornos depresivos en mujeres y su mayor vulnerabilidad en las sociedades. Ser mujer se asocia a tener más riesgo con sufrir violencia en cualquier momento de la vida. “Además, los factores de riesgo por sobrecarga familiar y laboral en mujeres no se han investigado lo suficiente”, expone Polo.

En la misma línea, Carme Valls explica que “la salud de las mujeres tiene condicionantes biológicos, psicológicos, sociales y muchos condicionantes que provienen del medio ambiente. La gran desigualdad está en que no existe ciencia de la diferencia y se ha tratado a las mujeres como si fueran hombres. Además, la doble jornada y la invisibilidad e ‘inferiorización’ de lo que hacen, desean, o piensan las mujeres ha empeorado su autoestima y las ha hecho más proclives a la depresión”.

Cristina Polo asegura que, además, “hombres y mujeres responden al estrés en función de las diferentes expectativas sociales existentes frente a cada sexo”. “En todas las sociedades hay desigualdades entre mujeres y hombres respecto a las actividades que realizan, en el acceso y control de recursos y todo esto influye de manera determinante en el proceso de salud y enfermedad poniendo a las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad para su salud física y mental”, explica.

A las mujeres se les indican más tratamientos farmacológicos

“La depresión tiene connotaciones sociales y está en relación con la poca valoración social de la mujer y los estereotipos de género. La fibromialgia ha estado entendida por algunos como un umbral bajo al dolor de las mujeres, como si fueran más sensibles. Ahora empezamos a saber que hay un trastorno orgánico debajo de la fibromialgia en el que también influye la afectación por tóxicos ambientales, pero se continua tratando con sedantes y antidepresivos”, relata Valls.

Pastillas
Todas las fuentes consultadas coinciden: para ellas, pastillas. Según Marisa López hay diferencias en los tratamientos según el género: “A las mujeres se les indica con mayor facilidad intervenciones grupales o familiares, cosa que a los hombres quizá por sus responsabilidades laborales no se les indica con la misma frecuencia mientras a ellas se les indican más tratamientos farmacológicos”.

Respecto a la estancia media de los ingresos hospitalarios de trastornos mentales, hay estudios que muestran diferencias en el número de altas entre ambos sexos, por ejemplo en el grupo de neurosis depresiva (el 68 por ciento de mujeres frente al 32 por ciento de hombres) cuya proporción se invierte en el grupo de psicosis (el 37 por ciento de altas en las mujeres frente al 63 por ciento en los hombres), según datos facilitados por esta psicóloga.

La solución: perspectiva de género
El reto es incorporar la perspectiva de género en el trabajo en salud mental. “Es totalmente necesario y no habría problemas en su incorporación si fuera regulada su obligatoriedad”, considera Marisa López, para quien uno de los problemas de género con más peso es la ausencia de mujeres tanto en los grupos de investigación como en los grupos objeto de investigación.

“La depresión tiene connotaciones sociales y está en relación con la poca valoración social de la mujer y los estereotipos de género”

Parece que en los nuevos programas del PIR, MIR y MAP (Psicólogo Interno Residente y Médico Interno Residente) va a incluirse algún tema relativo a la perspectiva de género. Una cuestión clave para formar a las nuevas generaciones de profesionales de la sanidad en género.

Carme Valls apuesta por diagnosticar de forma correcta y “ofrecer terapias alternativas, a través de grupos de ayuda mutua, terapia psicológica o actividades artísticas o danza, antes de utilizar psicofármacos de entrada ante cualquier síntoma”. Y por “mejorar la calidad, el tiempo y los recursos de los profesionales que se dedican a Atención Primaria y empoderar a las mujeres para que se asocien y busquen información y grupos de ayuda mutua para que no se fíen de que una pastilla les puede resolver todos los problemas”, termina.

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Comentarios recientes

  1. DeVera

    Estupendo artículo. Aunque no está directamente relacionado, quería señalar que en el caso de los trastornos del espectro autista se diagnostica a muchos más niños que niñas, y a ellas se las diagnostica bastante más tarde. Suele haber diferencias entre las formas de expresar la frustración entre ambos grupos (los niños la suelen expresar por medio de la violencia y las niñas por medio de la tristeza o la “sonrisa perpetua”, que es mucho más perniciosa). Desde luego, esto contribuye a que se diagnostique antes a los niños que a las niñas. Además, como el resto de las niñas se socializarán precisamente en la socialización, la brecha entre la niña autista y las demás puede hacerse más ancha internamente, mientras (si tiene destreza para ello) practica las dotes sociales. Por otra parte, las habilidades asociadas con las personas autistas son aquellas que menos status social aportan a las mujeres (conductas sistémicas, matemáticas, mecánica…) por lo que pueden sentirse inclinadas a abandonar sus gustos por no parecer inapropiadas marimachos.
    Los niños autistas, por el contrario, son diagnosticados pronto, como ya he dicho, con toda la paz que eso trae (por tendencia general, al menos). Pero eso también hace que se le permita un comportamiento inadecuado y el niño no se esfuerce todo lo que podría en mejorar sus habilidades sociales (cuanto más porque eso de los sentimientos son “cosas de chicas” y ya se meten mucho conmigo en el colegio, gracias).
    Estas diferencias ponen de manifiesto el distinto desarrollo que se obliga a tener a las personas según tengan genitales internos o externos, y cómo mejoraría la vida para lxs niñxs de toda condición si la educación en la equidad se tomase en serio (y quizá podríamos empezar a plantear el adultismo como un problema serio a evitar).

  2. Paula

    Hola! Me alegra muchísimo encontrar este tema en Píkara, y tan bien abordado. La psiquiatría nos ha demostrado demasiadas veces su sesgo ideológico, y la falta de atención a la perspectiva de género una prueba más de ello. Sólo hay que recordar que hasta hace relativamente poco, la homosexualidad era considerada un trastorno mental. Importantísimo lo que dice Carme Valls a propósito de las alternativas y la ayuda mutua. Os digo por experiencia como persona diagnosticada de esquizofrenia que la ayuda mutua no sólo es complemento de las pastillas, sino que puede llegar a sustituirlas. El empoderamiento, una vez más, es clave, tanto para mujeres con o sin diagnósticos como para personas con diagnósticos psiquiátricos en general, independientemente del género, ya que lo que afirma Carme es de aplicación a toda la población.
    Enlazamos este gran artículo en nuestra página de Radio Prometea, un proyecto precisamente orientado al empoderamiento en salud mental. Hablaremos pronto de él, seguro.
    Gracias.
    Paula

    https://www.facebook.com/RadioPrometea?fref=ts un proyecto de radio

    1. DeVera

      Y tanto… ¿suena el término “drapetomanía”? S XIX.
      Es una enfermedad muy fea de los negros malos que les obliga a intentar escaparse de sus benévolos amos blancos, que les tratan muy bien aunque ellos son unos vagos que no quieren trabajar.
      Ya por no hablar de la histeria, la ninfomanía… y la FARMAFIA, que es muy lista y tiene una pastilla lista para lo que sea que te pase (no vayas a querer acabar con aquello que te preocupa y se nos cae el tinglado encima). Te limamos las aristas, te inyectamos un poco aquí y allá y así estás lista para volver a tu caja (y no te quejes, que está hecha a medida, en Cuba ni eso tienen).

  3. Sonia Herrera

    Llevo tiempo haciéndome preguntas sobre la excesiva medicalización que padecemos las mujeres a lo largo de nuestra vida y este artículo me ha parecido interesantísimo. ¡Felicidades!

  4. A Raíña Vermella

    Soy una psiquiatra feminista de 32 años, llevo 6 de ejercicio profesional y ante todo me gustaría felicitaros por este artículo,que trae a la palestra un tema generalmente olvidado incluso dentro del movimiento feminista. Sin embargo, me gustaría hacer un par de puntualizaciones:

    1. Aunque es innegable que las mujeres padecen más trastornos mentales que los hombres, cuando se analizan las cifras de trastorno mental grave (esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno depresivo recurrente) las cifras son mucho más ajustadas que si se contabilizan simplemente los casos que reciben tratamiento psiquiátrico. En general, las mujeres reciben más tratamientos también porque acuden antes al médico, reconocen con más facilidad que padecen un problema de salud (física o psíquica) y tienen menos dificultades para expresar el malestar psíquico. Esto también podría explicar en parte la sobreabundancia de las pruebas diagnósticas que se realizan en varones, que ante los mismos síntomas tienen más tendencia a relacionarlos con el plano físico.

    2. El trastorno límite de la personalidad (TLP) es una enfermedad psiquiátrica grave y crónica, con gran carga biológica en su etiología, que nada tiene que ver con eventos negativos en la vida adulta del individuo. Si bien las personas con TLP tienen más riesgo de sufrir violencia de género, y hay estudios que relacionan su génesis con estrés continuado en la infancia, no es correcto relacionar su aparición con una relación de violencia machista, como se desprende del artículo.

    3. Paula, la homosexualidad desapareció del sistema clasificatorio de enfermedades mentales en 1973, y en 1975 la Asociación Americana de Psicología emitió una recomendación a todos sus asociados de que desterrasen sus prejuícios homófobos. Muy por delante del cambio social y en cualquier caso no se puede considerar que 40 años sea “relativamente poco tiempo”. Claro que hay psiquiatras machistas, igual que hai administrativos, acomodadores o ingenieros machistas, pero desde la salud mental se ha producido un acercamiento a la perspectiva de género (como demuestra el hecho de que existan especialistas en salud mental y género) que aún falta por realizarse desde otras disciplinas.

    Por último, manifestar mi completo acuerdo con la necesidad de una perspectiva de género en el tratamiento de la salud mental, necesaria para comprender y visibilizar gran parte de los problemas que atendemos. La revolución será feminista o no será, y el feminismo será científico o no será feminismo.

    1. sara

      Estudio pricologia, y iba a decir algo parecido. Es muy importante saber que hay ciertas enfermedades mentales que se diagnostican muchísimo más en hombres.
      También remarcar que si es cierto que la homosexualidad desapareció en esas fechas como enfermedad, la transexualidad no desapareció hasta diciembre del año pasado, cuando se acordó que no apareceria en la quinta edición del manual diagnóstico de la APA DSM-V.

  5. yeah

    Hola, no tengo mucho tiempo de leer todo el contenido del articulo ahroa mismo, pero prometo que lo haré. No soy psiquiatra pero trabajo codo con codo con la problemática de salud mental y el tema me interesa sobre manera.
    Si que me gustaría reseñar, que si bien la depresión se diagnostica más en mujeres es debido en grandisima parte a que ellas tienen más facilidad para expresar dichos sentimientos, y acudir a consultas, por lo que son rápidamente diagnosticadas. Los hombres acuden a consulta por depresión en mucha menor medida, no se muestran tan abiertos a contarlo y canalizan dichas depresiones muchas veces con el consumo de drogas y alcohol, asimismo también con los suicidios cuando la situación es alarmantemente grave (la tasa de suicido es mucho mayor en varones, no se si se comenta eso en el artículo)

    En las enfermedades psiquiátricas graves (esquizofrenias, psicosis,etc) la variable género no es tan influyente, ya que esas enfermedades implican procesos biológicos mucho más definidos y marcados (otra cosa es la interpretación o atención de dichos pacientes en función del género, pero no en la propia existencia de la enfermedad en si). Las depresiones graves, conyeban siempre un desequilibro químico cerebral, eso es algo que no se debe olvidar nunca. Atribuir las causas de esas enfermedades graves al género (y repito, las causas y no su abordaje posterior) es un error garrafal.

    Está claro que condicionamientos culturales y de género influyen en las “dolencias modernas” tales como ansiedad, depresiones leves y malestar general. Pero no me queda tan claro que las diferencias en este aspecto hombre-mujer sean tan grandes. ES que simplemente, los condicionamientos de género hacen que a los hombres no cueste mucho más admitir la existencia de tales problemas (como los relacionados con el sexo, también) y reaccionemos tarde mal y nunca al trastorno. En este sentido podríamos afirmar que si bien puede haber una presión social mayor a las mujeres que les puede producir mayor inestabilidad emocional y ansiedad generalizada, es el propio constructo de género el que hace que tomen medidas antes, que se cuiden más, que acudan al médico y que se traten.

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