¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, o abolirla transformarla? En red, Opinión

Jokin Azpiazu analiza las contradicciones del popular discurso de las nuevas masculinidades: el excesivo protagonismo, la escasa vinculación a las teorías feministas, el heterocentrismo, el binarismo, o las resistencias a renunciar a los privilegios

Jokin Azpiazu Carballo, sociólogo y activista de los movimientos sociales

Masculinidades./ Señora Milton

Señora Milton

Artikulua jatorrizko euskerazko bertsioan irakurri

Durante los últimos años, el estudio de la masculinidad (o las masculinidades) ha recibido gran atención tanto en el ámbito de la investigación como en otros ámbitos sociales, como por ejemplo el de los medios de comunicación. Al amparo de los estudios de género, en varias universidades se están realizando estudios sobre masculinidad, y las líneas de investigación sobre el tema se están fortaleciendo y afianzando. Al mismo tiempo se están impulsando diferentes iniciativas en el terreno de los movimientos sociales así como en el de la intervención institucional, siendo probablemente las más conocidas los denominados “grupos de hombres”.

La idea que subyace en la atención que la masculinidad está recibiendo en el terreno académico es la siguiente: el género es una construcción social (tal y como la teoría feminista ha argumentado ampliamente) que también nos afecta a los hombres. Por lo tanto, poner el “ser hombre” a debate e iniciar una tarea de deconstrucción es posible. Así, los estudios sobre la masculinidad nos animan a ampliar la mirada sobre el género, a mirar a los hombres. Esto tiene sus efectos positivos, ya que los hombres no nos situaríamos ya en la base de “lo universal” sino en el terreno de las normas de género y su contingencia histórica y social.

Las investigaciones tienden a centrarse en la identidad (qué significa ser hombre para el propio hombre) y no tanto en las relaciones de poder. Son cada vez más auto-referenciales, en vez de basarse en las aportaciones de las teorías feministas

Sin embargo, de este planteamiento pueden emerger un gran número de dudas y contradicciones. El movimiento feminista ha conseguido en las últimas décadas redireccionar la mirada (científica, medíatica, social) hacia las mujeres. Este fenómeno se da además en un mar de contradicciones y contra-efectos al que los feminismos han tenido que responder a través de la crítica, la implementación y, al fin y al cabo, la transformación de esa misma “mirada”. Las ciencias sociales han observado a menudo a las mujeres como meros objetos sin capacidad de agencia y sin voz, y debido a ello ha sido necesario reivindicar que no sólo se trata de “mirar a” sino de “cómo” mirar. De cualquier forma, lo que ahora nos atañe es que en los últimos años esa mirada se dirige hacia los hombres. A menudo, sin embargo, no se pone suficiente énfasis en explicar que todo el periodo histórico anterior (y el actual en gran medida) se caracteriza precisamente por la negación de la existencia social de las mujeres. Es decir, que la mirada -social, académica, mediática- siempre ha estado dirigida a los hombres.

En el terreno social y asociativo, los “grupos de hombres” son probablemente las iniciativas más conocidas, pero no las únicas. Se han realizado en los últimos años varias acciones más que nos han tenido a los hombres como protagonistas. Muchas de ellas se han desarrollado en torno a la violencia machista: cadenas humanas, manifiestos, campañana publicitarias y foto-denuncias… Los hombres hemos anunciado en público nuestra intención de incidir en la lucha contra el sexismo y el machismo, y a menudo hemos recibido por ello abundante atención mediática, más que los grupos de mujeres que se dedican a lo mismo.

El punto de partida de estas iniciativas es la necesidad de que los hombres nos impliquemos contra el sexismo, lo que se ha enunciado de maneras bien diversas: se ha dicho que nuestra implicación es indispensable, que es nuestra obligación, que supone una ventaja para nosotros también, que sin nosotros el cambio es imposible… Cada forma de plantear el asunto implica matices bien diferentes. En cualquier caso, estaríamos hablando del uso y ocupación del espacio público (las calles, los medios, los discursos) y en ese terreno se ha visualizado de manera bastante clara que una palabra de hombre vale más que el enunciado completo de las mujeres, aunque ambas hablen de sexismo.

Durante los años 2011 y 2012, realicé una pequeña investigación respecto a estas cuestiones en el marco del máster de ‘Estudios feministas y de género’ de la Universidad del País Vasco. Mi objetivo era señalar algunas cuestiones que pueden resultar problemáticas sobre el trabajo con “masculinidades” tanto desde el punto de vista académico como movimentista. Traté de señalar algunos de los anclajes en los que se está amarrando la construcción discursiva en torno a las masculinidades hoy en día.

Al mismo tiempo que se reivindican diferentes maneras de vivir la masculinidad, se identifica con sujetos concretos: diagnosticados hombres al nacer, heterosexuales, involucrados en relaciones de pareja. Quienes no encajábamos en la norma, quedamos fuera

En el terreno académico hubo especialmente dos cuestiones que llamaron mi atención. Por un lado me parece que a la hora de investigar sobre masculinidad hay una tendencia bastante general a centrarse en la identidad, en detrimento de los puntos de vista que priorizan el enfoque sobre el poder o la hegemonía. Se estudia mucho qué siginifica ser hombre para el propio hombre, y no tanto cómo incide en las relaciones entre personas que hemos sido asignadas en diferentes sexos. Por otro lado, tengo la impresión de que los estudios sobre esta cuestión se están conviritiendo cada vez más en auto-referenciales. Los estudios sobre masculinidades parten de presupuestos teóricos construidos en los propios estudios sobre masculinidades, y cada vez se nutren menos de reflexiones feministas.

Esto tiene consecuencias de impacto tanto en el enfoque (o mirada) que se utiliza para abordar el tema, así como en el contexto del que se parte. Por ejemplo, una cuestión difícil y problemática en la teoría y práctica feminista de las últimas décadas ha sido la del sujeto, la pregunta clave que intensos debates tratan de contestar: ¿quién es hoy en día el sujeto político del feminismo, ahora que precisamente las diferentes expresiones feministas han cuestionado la categoría mujer como única, partiendo de las diferentes experiencias y posiciones de las mujeres en lo social? El intento de articular la capacidad política y subjetiva de las mujeres en esta red o maraña de diferencias es una cuestión de vital importancia, y por lo tanto, muy complicada. Sin embargo, las implicaciones que la participación de los hombres en “el feminismo” podrían suponer no son un tema de debate principal en las teorías sobre masculinidad. Esto determina la dirección en la cual se desarrollan los debates, dejando de lado temas que para los feminismos son de crucial importancia.

Saltando al terreno de los movimientos sociales me dediqué al estudio de algunos escritos y documentos publicados  (en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca) por grupos de hombres e iniciativas institucionales en torno a la masculinidad. En ese trabajo, incompleto aún, pude empezar a dibujar algunas claves que en mi opinión merece la pena poner sobre la mesa:

Para empezar, hablamos de masculinidad y aún nos referimos a un modelo muy concreto. Al mismo tiempo que se reivindica que existen diferentes maneras de vivir la masculinidad, se identifica el ejercicio de la misma con sujetos concretos: personas que han sido identificadas como hombres al nacer, heterosexuales, en la mayoría de los casos involucrados en relaciones de pareja. El resto, quienes hemos tenido algún problema que otro para encajar en el carril de la masculinidad “hegemónica” (hombres trans, homosexuales, afeminados…) quedamos fuera de esa categoría. Esto supone un doble riesgo: por un lado decir que no somos hombres (por mí bien, ojalá) pero por otro, pensar que por ser masculinidades “marginales” no ostentamos actitudes hegemónicas y poder.

En este sentido, la mayoría de propuestas vienen a cuestionar y modificar las relaciones que se dan entre hombres y mujeres, sobre todo en el terreno familiar y doméstico, dejando de lado (o prestando mucha menos atención) a otros espacios, sujetos y situaciones. Reivindicamos que los hombres nos tenemos que poner el delantal, pero no tenemos demasiadas propuestas para cómo (por ejemplo) rechazar los privilegios que ser hombres nos aporta en el mercado laboral.

En cambio, nos resulta más fácil denunciar las cargas y “daños colaterales” que el patriarcado nos ha impuesto. Señalamos los espacios que nos han sido negados por ser hombres y subrayamos la necesidad de conquistarlos, pero tenemos más dificultades para enfatizar el otro lado de la moneda, los espacios que el patriarcado nos ha dado, aquellos que tenemos que des-conquistar. No señalamos, además, que esta moneda no es casi nunca simétrica, que estos privilegios nos vienen muy bien para movernos en el mundo actual.

En este sentido, me parece muy importante identificar las motivaciones que nos llevan a implicarnos en las luchas por la igualdad. Estamos dispuestos a asumir algunos de los trabajos que históricamente han realizado las mujeres (los trabajos de cuidado son paradigmáticos en este caso). Decimos que el cuidado de nuestras criaturas (de aquellos que las tengan, claro) es fundamental, y más aún, señalamos las ventajas que esto nos traerá. Sin embargo, mencionar a las personas enfermas, o con autonomía reducida por cualquier motivo, nos cuesta bastante más. Decimos que con la igualdad ganaremos tod*s, pero si lo que el patriarcado supone es precisamente una red de poder de distribución desigual, no guste o no, alguien tendrá que perder con la igualdad. Y así deberá ser, si algunos sujetos se empoderan, otros tendremos que des-empoderarnos (si es que existe el concepto). Deberíamos dejar claro que esto no será una ventaja, no será bueno para todos, no será un regalo del cielo. Pero eso no quita que haya que hacerlo.

En las dos últimas décadas las teorías feministas han cuestionado el carácter binario del sexo. Nosotros parece que sentimos más apego del que pensábamos hacia la noción de masculinidad, seguramente porque sabemos que nos aporta privilegios

Asimismo, identifiqué en al análisis de algunos textos ciertos discursos de presunción de inocencia; la necesidad de reivindicar, ante un supuesto exceso de radicalidad de los feminismos, que todos los hombres no somos iguales. Es evidente que todos los hombres no somos iguales ni ejercemos de la misma manera la masculinidad, pero sería interesante estudiar por qué nos sentimos culpables o atacados y por qué nos enfadan según que críticas o discursos. De alguna manera, se intuye la búsqueda de una nueva identidad personal y grupal, la de los hombres “alternativos”.

Unido a todo esto, el concepto “nuevas masculinidades” emerge con fuerza en los últimos años, en algunos casos con vocación descriptiva (en el terreno académico) y en otras como propuesta de modelo a construir (en los movimientos sociales). En ambos casos me parece necesario y pertinente problematizar el concepto.

En el primero de los casos, me parece excesivo afirmar la existencia de “nuevas masculinidades” de manera acrítica. Claro que la masculinidad está cambiando, pero ¿cuándo no? Y, ¿en qué sentido y en que contexto está cambiando? ¿No será la masculinidad de cierta clase social en cierto contexto la que está cambiando o al menos la que hace visible su cambio? ¿Son todos los cambios en la masculinidad “positivos” y “voluntarios”? Estos cambios y novedades que nos son visibles en lo identitario, ¿en qué medida y cómo afectan a las relaciones entre hombres y mujeres en el terreno material (reparto de recursos y poderes de todo tipo)? Diría que es posible trazar formas distintas  en las que hombres y mujeres han vivido la masculinidad a lo largo de la historia, pero sólo en este momento preciso hablamos de “nuevas masculinidades”, precisamente cuando es el grupo “hegemónico” el que está dando pasos hacia la transformación consciente del modelo masculino (transformación, que dicho sea de paso, valoro positivamente). No quisiera por tanto cuestionar la capacidad para vivir la masculinidad de formas distintas señalada en el término “nuevas masculinidades”. Es su inflación discursiva lo que me preocupa.

En el terreno social, reivindicar la búsqueda de “nuevas masculinidades” (que, a menudo, como he expuesto anteriormente, se limita de antemano a ciertos sujetos) puede tener además de su lado positivo un lado problemático. En las dos últimas décadas las teorías feministas han cuestionado el carácter binario del sexo. A pesar de las diferentes opiniones en el seno de los movimentos, diría que los debates han sido ricos y productivos. Sin embargo, nosotros todavía ni nos hemos planteado en la mayoría de los casos qué hacer con la masculinidad: ¿reformarla? ¿transformarla? ¿abolirla?

Parece que sentimos más apego del que pensábamos hacia la masculinidad, seguramente porque de manera consciente e inconsciente sabemos que los privilegios que nos aporta no están nada mal. Pero aún cuando hacemos un intento de cuestionar los privilegios no somos capaces de retratar nuestras vidas y utopías más allá de la masculinidad (sea “nueva” o no). Sin obviar que la deconstrucción de la feminidad y la masculinidad conlleva consecuencias diferentes a muchos niveles, deberíamos intentar atender al debate sobre si queremos ser otros hombres, hombres distintos o simplemente menos hombres.

¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, o abolirla transformarla?
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Comentarios recientes

  1. DeVera

    Dioses, ¡qué ganas tenía de leer algo así! Cuando esté un poco menos ocupada lo releo y me aclaro mejor punto por punto. ¡Pero qué falta hacía este artículo!

  2. Miguel

    excelente artículo!

    renunciar a privilegios (en casa, en el trabajo, en el espacio público, en las luchas políticas…), cooperar con toda mujer (y con todo ser humano oprimido) en sus luchas diarias por la emancipación (sin liderar esas luchas ni sustituirlas a ellas), cuestionar cada atributo y etiqueta (en singular y en plural) de acuerdo a su contexto de poder…

    son muchos los retos que tenemos para acabar con el sexismo y muchos hombres ni siquiera sabemos cómo enunciarlos más allá de consignas facilonas…

    gracias por este y por otros artículos que nos muestran feminismos tan necesarios!

  3. Beatriz

    Me gusta mucho el artículo y es muy necesario pero…¿qué pasa con las masculinidades queer que no conllevan privilegios sino, si acaso, discriminaciones: personas transexuales o transgénero. ¿En qué queda la masculinidad cuando se le quita el privilegio e, incluso, un cuerpo masculino?

    1. Al

      Hola Beatriz.

      Me atrevo a contestarte por mi afinidad a la teoría queer y los estudios feministas.

      La masculinidad es una identidad y un ejercicio mitopoietico complejo pero que centralmente requiere la valoración positiva del concepto hombre/macho y la situación de estos en una escala de poder donde las son las últimas.

      Como bien se comenta en el artículo los hombres, por mucho que se intenten redefinir en masculinidades alternativas se sitúan por encima de los no hombres en la estructura patriarcal. La concepción de lo queer, suma de adjetivos equivalentes en castellano como puta, maricón, raro, etc, se posiciona en muchas ocasiones fuera de la masculinidad misma. Pero no siempre. Un hombre “maricón” sigue siendo hombre y por ello tiene un poder reservado en una sociedad masculina. Puede que menos poder que otros hombres pero mucho más que muchas mujeres.

      Por otro lado, los y las transexuales dependen enteramente de lo bien que se les acepte y reconozca en el rol que desempeñan. Pero no son una categoría homogénea. Cada caso es único y diría que en relación de su mimetismo al género que adoptan tendrán más o menos problemas o detentarán más o menos poder. La cultura queer pretende salir de las categorías pero siguen adoptando unas identidades u otras dependiendo de la situación concreta con lo “hombre” queer no abandonan la capacidad de uso del poder pues este les es reconocido por la sociedad misma.

      Los privilegios masculinos no se pierden a pesar de haber una gradación desde la masculinidad hegemónica hacia las periferias masculinas. Ningún hombre independientemente de su masculinidad siente los cuestionamientos ni las inseguridades que se les inducen a las mujeres.

      Un saludo.

      Jose.

  4. RomaAlRevesEsPolitica

    Me resuena este planteamiento, este sí lo siento afín a mi feminismo :)

  5. Smerdiakov

    Uno de los ejes del artículo, que es nada más ni nada menos que una autocrítica de los hombres que luchamos por la igualdad, y que podría resumirse en esto: “no tenemos demasiadas propuestas para cómo (por ejemplo) rechazar los privilegios que ser hombres nos aporta en el mercado laboral”. Y no por ser tan obviamente cierto quiere decir que no peque de sesgado ¿O es que no es obvio mencionar que a cualquier persona le cuesta criticar lo que le produce beneficios sobre los demás?

    Está claro que si el problema no te afecta directamente a ti o al grupo social al que pertenezcas, es más difícil que te des cuenta y mucho menos que lo denuncies y te sientas comprometido a eliminar esos beneficios. ¿Habéis visto a alguna mujer rechazar la custodia de su hijo, el piso, el coche y todos los beneficios sobre los hombres que reciben en los casos de divorcio? No, y es lógico. Es más, ¿Habeis visto a alguna feminista denunciarlo? No, es lógico, porque el problema no le afecta a ella ni a su grupo social. Eso no quiere decir que no estén de acuerdo en que es una discriminación hacia los hombres, pero de ahí a denunciarlo y luchar por una ley de divorcios más igualitaria hay un paso muy grande.
    Lo mismo ocurre con los hombres, y le doy toda la razón al autor del artículo, pero se le había olvidado establecer la comparación que yo he hecho, lo que hace que el artículo desprenda inevitablemente un tufillo radical y sesgado, propio más bien de periodistas que de sociólogos. Quizás lo considerara tan obvio que no pensó que mereciera la pena establecer la comparación. Puede ser compañero, pero yo considero que es necesario hacerlo si buscas una objetividad científica, si no no es necesario, para esos casos están los periodistas.

    Otro aspecto similar a lo dicho anteriormente es el hecho de que si hay que reformar o abolir (verbo muy fuerte, cargado de una interpretación social muy concreta y radical, demasiado para un artículo científico en mi opinión) la masculinidad, es obvio que también hay que reformar o abolir la feminidad. Es tan descaradamente obvio que no merece la pena ni explicarlo, aquí si que creo que el autor decidió obviarlo en su artículo, pero bueno por si acaso yo considero al menos mencionarlo, sin entrar en explicaciones que rebunden de lo obvies que son.

    Aún con todas las discrepancias, da gusto leer a un sociólogo en esta revista, alguien que de verdad tiene potestad y legitimidad científica para hablar de temas de género, y no periodistas que tienen intenciones distintas que la de los científicos sociales.

    1. Anarres

      ¿”luchamos por la igualdad”? ¿En serio? ¿Te incluyes??? Lo tuyo es impresionante.

      “alguien que de verdad tiene potestad y legitimidad científica para hablar de temas de género” Supongo que es pura casualidad que, cuando finalmente encuentras a alguien con legitimidad, resulte ser alguien que se ha identificado como hombre…

      1. Smerdiakov

        “cuando finalmente encuentras a alguien con legitimidad, resulte ser alguien que se ha identificado como hombre…” Con esas frases y esas insinuaciones no haces más que darme la razón con mi opinión sobre los periodistas.

          1. Smerdiakov

            Tu no eres periodista, simplemente eres la consecuencia de que los periodistas opinen tanto de todo, como si supieran de todo más que nadie. Luego la gente los lee, loes escucha y tu eres el resultado.

      2. ignacio w

        El feminismo ha trabajado mucho, mucho, no por repensar las relaciones de poder. Y no sólo en la familia, sino también en las ciencias sociales, en la academia y los mercados laborales.

        Desde una lógica totalmente contraria, disminuyes la capacidad y seriedad intelectual de periodistas, sobreponer unas profesiones a otras y legitima discursos científicos por el título de quien lo enuncia, pretendes “objetividad científica” siendo que la deconstrucción y el ánalisis del rol que las ciencias humanas han tenido en la sociedad avanza en la dirección contraria, en partir del “antipositivismo” de la imposibilidad de lo objetivo. Sin querer eres violento, en una lógica que recuerda la competitividad histórica de la masculindad hegemónica y ejerces una violencia profunda que nada tiene que ver con las (re)(de)construcciones de la masculinidad que tratamos de impulsar.

        Hay feministas que sí han criticado sus privilegios, incluso grupos por la custodia compartida.

        A diferencia tuya, no quiero hablar desde la superioridad, sólo te invito a que conversemos con respeto, si te interesa, intercambiamos lecturas y material crítico y a tener más cuidado con lo se dice, si quieres, en un ánimo “científico” pero siempre cuestionando ese concepto. (nachitowatson@gmail.com)

    2. DeVera

      Hombre, ¿no tienes nada mejor que hacer? Vienes y comentas en una página feminista sin tener la menor idea de las teorías que sostienen los artículos, de forma que comentas gilipolleces que no se sostienen ni por un pie. Ya sabes que no eres bien recibido, pero te gusta regodearte en el desprecio ajeno. No te culpo, es algo que yo hago a menudo en cuanto salgo de mi círculo habitual (compuesto por grandes amigos que me respetan como persona)para entrar en el mundo corriente. En cuanto salgo y me expreso, el miedo y el desprecio hacen su aparición, y me encanta bañarme en ello. Pero te hace falta más cuajo del que tienes para exigir que vengan sociólogxs a darte palmaditas en la cabeza. No, sociólogos, porque se traduce que no aceptarás a un humano con la carrera de sociología mientras tenga útero (o lo haya tenido alguna vez). Si te sirve, yo soy antropóloga. Y desde un punto de vista antropológico, tú sigues sobrando aquí.

    3. R. Royo

      Voy a responder a las preguntas retóricas de Smerdiakov:
      1) Sí, es obvio, y el artículo lo aborda como tal.
      2) Sí, conozco algunos casos.
      3) No he visto a nadie denunciar a alguien por renunciar a la custodia, pero sí he visto gente denunciando las guerras por la custodia motivadas por el rencor.

      Estás creando una imagen maniquea del feminismo para desprestigiarlo.
      Por supesto que hay que redefinir la feminidad, llevamos muchos años haciéndolo, el artículo lo menciona pero tú dices que se ha obviado.

  6. Guillermo

    Hola, me ha parecido muy muy interesante el texto y sobre todo la parte que tiene que ver con las renuncias y tal. Me pregunta por la parte en la que hablas de renunciar a privilegios, porque aunque puedan parecer de sentido común, quizás no está mal enunciar cuales son los prioritarios y dónde se podrían situar. Y distinguir algunos.

    Por ejemplo, hay unos privilegios salariales, que creo que no pasan tanto por la renuncia masculina como por la equiparación por arriba.

    En el texto mencionas algunos ligados al cuidado no del tipo que nos proporciona placer, sino aquellos más duros, etc. Ese me parece uno de los prioritarios. Pero por ejemplo, ¿las cuestiones de visibilidad mediática o de representación? Y también por ver qué otros tienes en la cabeza.

    Un saludo y muchas gracias.

  7. Maria

    Me ha gustado mucho el texto, enhorabuena por lo afinado que es. La parte en la que hablas de otras masculinidades no hegemónicas que siguen ostentando privilegios es muy importante. Creo que ya estamos en una generación de varones que se curran un poco mas las relaciones y la distribución del poder, emergen otras maneras de ser hombre, pero aun así mi impresión es que hay algunos hombres que se reducen mucho a la teoría. Por ser gay por ejemplo y sufrir opresión o discriminación homófoba, consideran que están libres de cualquier rasgo patriarcal. Sin embargo es importante recordar que nuestra fisonomía continúa marcando un status, a pesar de nuestros esfuerzos por deconstruir.Con esto quiero decir que es notable el esfuerzo que muchos varones hacen por encontrar otras maneras de ser y hacer, pero entiendo que el texto habla de dar un paso mas. Me ha gustado mucho también la parte del reparto de cuidados, hoy que la corresponsabilidad en la crianza de hijos e hijas es una actitud incluso hipster, es el cuidado de otras personas y la mentalización de este cuidado, lo que sigue recayendo sobre las mujeres por ser una ocupación mucho menos glamourosa.

  8. !!!!dios mio!!!

    que teneis en contra de los heteros ? buestros padres son heteros buestros abuelos todo el mundo casi x eso estais marginadas x que quereis destruir lo puro

  9. Noógrafo

    ¡Hola!

    Pues como el resto de quienes han comentado, me parece estupendo leer una crítica hacia el tema de las “masculinidades”, y que se haya abierto el debate, que por cierto es tan interesante como el artículo de Jokin.

    He participado de varios grupos durante algunos años, pero en todos he concluido de la misma manera: soy incapaz de identificarme en ese modelo de “nueva masculinidad” o quizá no me entero de lo que me cuentan. ¿La nueva masculinidad es el gesto magnánimo de los heteros que no queremos ser agentes del patriarcado? ¿es el refugio de los “nuevos padres”, de los separados, de los hombres que no se hallan?

    Esta ironía no malintencionada esconde simplemente la pequeña reflexión que me ha hecho separarme de este movimiento (aunque no por ello dejo de respetar el esfuerzo que hacen): soy incapaz de definirme desde la patologización de mi condición sexual.

    No es “sano” que un movimiento de liberación (pues creo que debe ser así) se conforme desde el supuesto de la renuncia de privilegios. Se configura desde la lucha por la igualdad de derechos, por la conquista de espacios para todas y todos. No hay tal supuesto de renuncia, puesto que un privilegio es una agresión a tu condición, al menos así lo siento. Si te metes en el ajo, o has rechazado tales privilegios o eres un estafador (o estafadora). Tal y como está el patio, adoptar la postura de quien vive en el paraíso y magnánimo bajas para aceptar al otro, a la otra, al diferente de nosotros es complicado de tragar. Si nos ponemos así, no nos estamos dando cuenta que la imposición política de los mandatos de género (nos) limita tanto como al resto.

    Y más: me parece profundamente insultante que alguien se defina como “sensible” a los temas de género. ¿Por qué sensible, si estamos profundamente afectados? Y lo de profeminista, lo siento, me revienta: sin querer estamos otorgando graciosamente legitimidad al feminismo aceptando ser aliados, como si estuvieran esperando que apareciéramos (¡anda ya, por favor!)

    El movimiento feminista empezó desde muy abajo y lleva mucho camino recorrido. Está muy bien cimentado política y filosóficamente. Es inclusivo. Y es complicado comenzar y pretender situarse al mismo nivel, porque sin querer (o queriendo) te pones en la tesitura de pelear por cuota de mercado de las luchas por la igualdad.

    ¡Saludos, flipo con vuestra revista!

  10. Jokin

    Hola!

    Antes de nada, decir que me parece emocionante que la lectura del artículo esté suscitando comentarios, algunos de ellos además muy interesantes! Es genial que podamos intercambiar puntos de vista.

    Beatriz comenta sobre las masculinidades “queer” que en lugar de recibir los privilegios masculinos reciben sanciones. Bueno, me parece un poco difícil generalizar, está por ejemplo el tema del “passing” que puede hacer que esta experiencia sea diversa dentro del propio “grupo” (no existe nada como tal) de trans masculinos o personas transgénero. O las legislaciones de distintos países, u otros muchos vectores que se cruzan con “ser” trans. De cualquier manera, como bien apuntas, creo que la masculinidad va fuertemente ligada al ejercicio legítimo de la misma. Es decir, las actitudes masculinas están muy bien aceptadas, siempre y cuando sea alguien identificado como hombre que las tenga… Sino… Y claro, luego está el hecho de que no adecuarse a la norma binaria del género es profundamente castigado… Qué queda de la masculinidad en cuerpos no masculinos? Pues en verdad un sistema de significados y significantes que tienen sentido en la economía discursiva binaria, no? No sé, es un tema muy interesante que otra gente está trabajando con mucha más profundidad y acierto que yo…

    Guillermo, me parece potente tu pregunta, que va un poco al lío de la cuestión, si mal no entiendo. Comentas el tema de la equiparación salarial, pero en mi entorno cercano, por ejemplo, uno de los problemas potentes en parejas heteros con hij*s, suele ser el tema de quién deja de lado su desarrollo profesional/académico/artístico/político cuando nacen las criatures. Aún siguen siendo las mujeres en su mayoría. Y claro, eso no supone pedirle al jefe que te baje el sueldo, pero bueno, igual supone otras medidas que sí podemos tomar. Y no me gustaría reducirlo al terreno laboral/empleo, que a menudo esto se nota en la participación en MMSS, hace poco Marina Sagastizabal presentaba un trabajo sobre “triple presencia/ausencia” en los movimientos (empleo/trabajo doméstico y cuidados/militancia política) que confirmaba esto que comento, además de evidenciar las estrategias de diferentes mujeres para poder continuar participando. El de la visibilidad mediática y representativa me preocupa mucho, sobre todo porque entra en directa contradicción con realizar este trabajo, con escribir este artículo, con muchas cosas… Es algo que en los movimientos sociales tenemos en cuenta para “hacer la foto” pero luego, en los momentos informales (el 90%) se nos escapa. Hay muchos más privilegios que deberíamos poner sobre la mesa: el de generar discursos legítimos (el ejemplo perfecto es el del comentario de Swerdiakov, que legitima lo que yo he dicho por ser sociologo y no periodista feminista de ésas, ya ves cómo está el patio), el de la mirada (en el arte, en la música, en lo simbólico)… Podríamos enunciar algunos más. De todas maneras, no me parece una cuestión absoluta, además de saber a qué renunciar lo interesante es saber también que estos privilegios se rompen en lo cotidiano por la acción de gentes que los cuestionan intentándolos poner patas arriba, y atender a qué está pasando ahí y cómo contribuir a esos procesos es importante. Porque sino hacemos cancioncillas sobre violencia sexista (por ejemplo) pero aún no hay visibilidad para otros sujetos que no sean masculinos en el mundillo musical… No sé si me expliqué.

    María, los comentarios sobre masculinidad gay son super acertados, es por donde iba. No hay más que darse una vuelta por “el ambiente” de diferentes ciudades para comprobarlo (o desgraciadamente por las ejecutivas de muchas organizaciones LGT e incluso por muchos colectivos queer). Una vez más, interesante ver dónde se rompen esas dinámicas…

    Noografo, me cuesta bastante entender por dónde vas… Yo no pienso en los grupos de hombres como un movimiento de liberación, de hecho me cuestiono incluso la existencia de los grupos tal y como la mayoría están constituidos hoy (en verdad si algo me ha sorprendido es que dentro de la homogeneidad general, también hay grupos muy especiales, diferentes). Aún así creo que no hace falta generar espacios para trabajar en la renuncia de privilegios (no necesariamente). Creo que la sociedad se compone en un 99% de espacios mixtos, y es donde hay que poner en práctica esto. Claro que si necesitamos espacios para reflexionar, pero a menudo se trata más de escuchar y leer, y buscar alternativas. Con esto no quiero decir que los grupos mixtos tengan que asumir este trabajo en un 100%, que sería un tanto desequilibrado. Pero creo que la idea de “fotocopiar” los grupos de conciencia feminista (en gran medida creo que los grupos de hombres vienen de ahí), no es quizás la más adecuada, porque partimos de lugares, demonios, muy diferentes.

    Me perdonáis que os haya contestado así, una a una, como si fuera el profe o yo qué sé, pero es de las primeras veces que me publican un artículo con tanta réplica, me ha hecho mucha ilusión y quería agradeceros vuestras aportaciones, pues eso, contestando. Igual las de Pikara me matan por el comentario XXL. Espero que esto no corte el debate posterior…

    Saludos

    1. Noógrafo

      Hola de nuevo. Es normal que no me hayas seguido Jokin, porque he escrito de una manera atropellada, lo siento. Además, mi experiencia es política y no académicaporque hablo desde la experiencia personal y puede que no sea una fuente muy fiable.Cuando hablo de movimiento de liberación me refiero a que la lucha por la igual, de hecho me cuestiono incluso la existencia de los grupos tal y como la mayoría están constituidos hoy (en verdad si algo me ha sorprendido es que dentro de la homogeneidad general, también hay grupos muy especiales, diferentes). Aún así creo que no hace falta generar espacios para trabajar en la renuncia de privilegios (no necesariamente). Creo que la sociedad se compone en un 99% de espacios mixtos, y es donde hay que poner en práctica esto. Claro que si necesitamos espacios para reflexionar, pero a menudo se trata más de escuchar y leer, y buscar alternativas. Con esto no quiero decir que los grupos mixtos tengan que asumir este trabajo en un 100%, que sería un tanto desequilibrado. Pero creo que la idea de “fotocopiar” los grupos de conciencia feminista (en gran medida creo que los grupos de hombres vienen de ahí), no es quizás la más adecuada, porque partimos de lugares, demonios, muy diferentes.

      1. Noógrafo

        Hola de nuevo, nuevo. Es normal que no me hayas seguido Jokin, porque he escrito de una manera atropellada, lo siento. Y además el comentario inmediatamente anterior ha tomado vida propia…

        Solo puntualizar que al escribir “liberación” hablo de un deber ser desde lo político. El mismo que el feminismo, no otro distinto.

        Te doy la razón en lo autorreferencial de los estudios y sigo pensando que desembocan quizá sin querer en una patologización de “lo hombre”, alternativo o no; y se cae demasiado en el victimismo como forma de reafirmación. Y que sí, por lo que he leído y experimentado está demasiado hetero-centrado.

        Y sí, finalmente, me parece que exista cierta “inflación discursiva” (pero no solo) de esa nueva masculinidad, y que es una forma de acaparar espacio y de retomar una posición de poder.
        Perdón por el lío…

    2. Smerdiakov

      Te agradezco que respondas, ya es algo diferente y positivo. Entiendo que defiendas a los periodistas, porque te dejan escribir en la revista, es lógico, es como si insultaras a alguien que te invita a un café en su casa, no es de ser buen invitado. Ahora, que insinúes que los periodistas no son los grandes “enemigos” de los sociólogos me parece que faltas a tu ética profesional. Una cosa es ser mal invitado, y otra cosa es que por quedar bien dinamites tu casa, eso ya es demasiado.

      No sé si la metáfora sirve muy bien para lo que quiero decir, pero básicamente lo que quiero expresar es que los periodistas, así como norma general, o mejor dicho tal y como actualmente está su profesión, no pueden equipararse a un sociólogo. No tiene la misma legitimidad científica para hacerlo, pero ni este tema ni en muchos otros. Los periodistas están sujetos a otros tipos de intereses, no tienen ningún interés científico ni didáctico, solo piensan en “expulsar” su opinión en un artículo o en vender su periódico, conseguir audiencias y lectores, etc. Que tú como sociólogo seas capaz de negar algo así, te deja muy mal.

      Simplemente le digo a la gente que compare un artículo de un sociólogo con el de un periodista, y que analice lo que quiere expresar cada uno, y cómo lo hace.

  11. Fefa Vila Núñez

    Abriendo la caja de Pandora!! Un artículo que abre un debate muy interesante. Enhorabuena!
    En un momento histórico de rearme del machismo (el machismo de siemre aunque le llamen “neomachismo”).
    Si las feministas establacemos alianzas, necesarias, tenemos que asegurar que estas no sean falsas; no nos lo podemos permitir.

  12. Discodante

    La elite y los oligarcas deben estan deleitados con este nuevo metodo de disension y desviacion de la atencion. En fin que siga el espectaculo ya que lo unico que se consigue es abrir una brecha entre “sexos” y un enfrentamiento con mucho componente artificial.

    Esta bien tratarse los cortes mientras se sufre de una mestastasis pero eso no va a solucionar nada ni alterar el resultado. El resultado global es que las personas pasar a ser pura mercancia, un valor mas como cualquier otro y en clara deflacion. Lo bonito es que si nos dejan (controlan todos los grandes medios de informacion, manipulacion, creacion de tendencias, estereotipos etc) y algun dia logramos esa equiparacion e igualdad estaremos todos hermanados en el lodazal en el que nos han metido mientras nos preocupabamos de nuestros respectivos : ” QUE HAY DE LO MIO”!

    Enhorabuena por seguir haciendoles el caldo gordo.

    1. !!!!dios mio!!!

      !!!a veis caido !!! es una conspiración financiada por la masoneria quieren destruir el amor hombre mujer , ese prototipo de hombre que se empeña la mtv , las peliculas disney etc etc . es todo un plan , ese prototipo de hombre que os hacen soñar con el son hombres que no aman a las mujeres . son homosexuales wue a su vez ese tipo de hombres han sido programados para convertirse asi , ellos saben mucho sobre nuestras emociones y es hay donde atakan

      !!!! LA FALACIA DEL HOMBRE FEMENINO !!! EL MAYOR TIMO HACIA LA MUJER

      http://www.rafapal.com/?p=19916

      que sepais que no gano nada contando esto es mas estoy en peligro

      1. DeVera

        No has entendido nada, colega. Estás en primero de conspiración, así que todavía no te persigue la CIA.

      2. R. Royo

        ¿!!!a veis caido !!!? ¿Pero esto es un troll irónico o uno que realmente opina todo eso? Es que a mí se me da muy mal identificar la ironía por escrito. Hay que tener en cuenta la ley de Poe.

  13. Nuria

    Un tema muy interesante. Creo que necesitamos un nuevo modelo social y que al irlo definiendo/concretando iremos/se va también definiendo/concretando los nuevos ideales/modelos de personas para ese otro mundo. No es algo que pueda ir por separado, así por ejemplo, el ideal/modelo de persona en un orden neoliberal no es el mismo que en un orden comunista. Y si ese otro nuevo orden social es un orden sin diferenciación funcional ni jerarquización en función del sexo resulta absurdo hablar de nuevos modelos de masculinidad o de feminidad. Se trata de encontrar/elaborar/decidir los nuevos ideales/modelos de ser, estar y relacionarnos como personas.

  14. Marcos

    Me resultó muy interesante el artículo. No comparto todas las apreciaciones o razonamientos, pero creo que devela y aporta marcos de discusión muy provechosos. Enhorabuena!

    No obstante, hay argumentos que me hacen ruido y que atañen a un marco de discusión frecuente en los feminismos, y es el peso que se le otorga a la intención del individuo de actuar. Puntualmente me refiero a frases como “ceder los privilegios” o a términos como “des-empoderarse”, equiparable en otros escenarios a la suposición de que alguien pueda modificar sus gustos, identidad u orientación sexual voluntariamente y a consecuencia de convicciones derivadas de argumentaciones racionales, en particular si son normativizadores y apelan a lo que “debería ser” a partir de determinados criterios éticos o estéticos.

    En este sentido me apego a la frase “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Creo que quien tiene poder, hace uso de él, que ambas proposiciones son indivisibles. Quien tiene poder y no hace uso de él, no tiene tal poder, porque incluso el negarse a hacer uso del poder es un ejercicio discrecional del poder, tanto como dejar de negarse en el futuro y arbitrariamente. Es decir, yo no siento que ceda poder por resignar a ciertos privilegios que me confiere tal poder, si preservo la prerrogativa de recuperar estos privilegios a mi antojo en cualquier momento.

    Hablar de una “cesión de poder” voluntaria (o “desempoderarse”) es inapropiado porque no hay una transferencia real del poder a un otro, tal que impida que yo pueda recuperar los privilegios asociados. Luego, tampoco hay una “cesión” de privilegios, a lo sumo habrá una “suspensión voluntaria” de los mismos.

    El poder se pierde ante los límites concretos con que nos topemos, y si los limites surgen de los derechos de un otro, es por una imposición que deviene del empoderamiento que logra el otro.

    Y acá sí creo que entra en juego la identidad de la persona, en tanto la imagen de sí mismo que se proyecta a sí mismo y a los demás consciente o inconscientemente y afectan al nivel de comodidad del individuo, ante el registro de conductas propios que evidencian contradicciones en esa imagen reduciendo el nivel de comodidad por debajo de un margen de tolerancia.

    Concretamente, cuando “cedo” un privilegio (i.e., disposición para realizar tareas domésticas), no es un acto voluntario porque se ajuste a mi deseo, es porque de lo contrario recibo un cuestionamiento sobre esa imagen de mí mismo que reduce mi nivel de comodidad debajo de mi margen de tolerancia, que se suma a un conjunto de potenciales represalias por parte de los demás y de las que soy plenamente consciente. En otras palabras, porque hay gente a mi alrededor que me pone límites concretos, la forma más barata de prevenir conflictos de identidad y con esa gente es la “cesión” del privilegio.

    Distinta es la situación cuando ya fuimos educados para asumir responsabilidades y desempeñar las tareas correspondientes, y esto conforma esa proyección que configura a nuestra identidad, de tal modo que asumimos las responsabilidades ni bien no disponemos de un otro que lo haga, porque de lo contrario (nuevamente) el nivel de comodidad con esta imagen cae por debajo del margen de tolerancia. En este caso la imposición del límite se configura desde nuestra educación y queda integrada a nuestra identidad, y creo que es por este motivo que no resulta sencillo para muchas mujeres el empoderamiento.

    Me parece entonces que es ilusorio hablar de “nuevas masculinidades” en la medida en que no existan “nuevas feminidades” (o nuevas “X-idades” asociadas a otras identidades de género) empoderadas que oficien de contrapunto, y que el desarrollo de estas nuevas “X´-idades” sería el resultado de conflictos y negociaciones en el ejercicio del poder de las distintas partes, para lo que no es necesario ni posible “ceder” o “transferir” el poder, sino lograr empoderamientos que equiparen las relaciones de fuerza y posibiliten estas negociaciones.

    Y creo que esto se condice con los hechos, en tanto los logros del feminismo obedecen a acciones que otorgaron poder a las mujeres y a las demandas de estas mujeres empoderadas, y no a consecuencia de pedidos de cesión de poderes de los varones.

    En este sentido, me parece que muchos feminismos se topan ante un problema al pretender empoderarse preservando una concepción de identidad y de dignidad de la mujer -una feminidad- que le fue impuesta por el patriarcado a modo de privilegios que premian su “buena conducta”, ya que varios de los reclamos que formulan (ej. en referencia al abuso verbal y al acoso sexual) no adquieren el carácter limitante del poder y se traducen como pedidos de cesión de poder (que en el caso de un abusador, no tiene motivación para hacerlo).

    Esto no implica que los varones “no podamos” hacer nada al respecto. Creo que podemos y debemos plantearnos nuevas masculinidades y esto requiere visualizar y proponerle al feminismo el tipo de feminidades capaces de ponernos límites a nuestros privilegios. Lo que requiere determinar cabalmente cuáles son estos privilegios (y cuales son los privilegios que tienen las mujeres), considerando que existen privilegios que los varones podemos identificar y las mujeres no, y viceversa, y requiere de una contribución de mujeres feministas como “auditoras” que prevengan que caigamos en la trampa de justificar los privilegios que detentamos de hecho.

    En definitiva, el artículo me resultaría mucho mas aséptico si pudieran reformularse las ideas que apelan a “la buena voluntad” de las partes como motor para producir cambios.

    1. Jokin

      Muy interesante tu comentario. Me apunto varias cosas para reflexionar. La voluntad y el deseo memoarecen conceptos a tratar con ambivalencia. Creo que es fatal el voluntarismo (he intentado evitarlo oero se ve que no lo he conseguido) pero la falta de voluntad es muy peligrosa también, no? Está claro que no hay que depender de la buena voluntad para el cambio, pero a su vez eximir de voluntad (“buena” o “mala”) no se encuentra muy cerca (no tanto en lo filosófico y teórico sino en la práctica política) de eximir de responsabilidad? Le daré unas vueltas. Gracias.

    2. Anxo

      Marcos,

      quedé muy gratamente sorprendido com tu comentario. No lo esperaba pues la imagen que tengo de las argumentaciones de hombres solidarios con el feminismo no es muy buena como tampoco tengo una buena idea sobre los discursos feministas sobre el ‘poder’ y los ‘limites’. Pero puedo cambiar. Debo de estar equivocado porque de hecho me acabo de encontrar um texto feminista – de Jean L. Cohen – que, para mi, es muy interesante sobre esas cuestiones girando en torno a una reubicación sobre lo ‘público’ y lo ‘privado’.

      Dejo link: http://www.debatefeminista.com/articulos.php?id_articulo=374&id_volumen=26

      1. Fresa

        Hola!

        Me parece que esta reflexión de Marcos nos devuelve de lleno a la identidad, ¿tal vez por eso gusta? Me parece mucho más productivo diferenciar entre dominación y poder como lo hacía Foucault, en el sentido de reestablecer nuevas relaciones de poder para resistir -creativa y no reactivamente- a la dominación masculina heteropatriarcal. O sea que, así entendido, tenemos que empoderarnos, hacernos poderosxs a través de la redistribución equilinbrada del poder mismo.
        Se cuestiona cómo ceder o suspender el privilegio en abstracto o con ejemplos, pero no se cuestiona el privilegio mismo, o sea, que nos imaginamos cambiando al yo en una estructura (de privilegios y desposesiones) que permanece intacta en este discurso. Una cosa son los privilegios a nivel cotidiano y micropolítico y otra los “privilegios estructurales”, tengo la sensación de que en estas reflexiones más psi y de estudios culturales siempre desaparece cómo la claserazanacionalidadedadcapacidad…sujetan los cuerpos, y con ella el capitalismo, el estado y el neocoloinialismo. Por cierto, que la última reforma laboral equiparó a la figura privilegiada de la sociedad asalariada -el varón blanco de mediana edad- a los sectores a los que ya se le había aplicado la fórmula neoliberal: mujeres, inmigrantes y jóvenes. O sea, que tenemos que debatir según el latir de las situaciones y no quedarnos en discursos repetidos desde los 90. A mí me parece un poco happyflower estar supervoluntarioso, hasta la idealización, con el trabajo doméstico y de cuidados y no luchar por una remuneración del trabajo reproductivo o por evitar que las reformas nos obliguen a cada vez más tiempo de vida dedicado al mercado de trabajo. Eso es lo que tiene poner la identidad, especialmente la personal, en el centro, que es lo que pasa en parte con los estudios culturales, que pierden de vista lo político y se quedan mucho en lo personal malinterpretando, a mi modo de ver, el lema.

        Gracias Pikara y a todxs!

        Fresa

  15. Anarres

    El tema de los privilegios es muy interesantes y muy importante, porque todas las personas tenemos algún tipo de privilegio. Ya sea por raza, ya sea por género o sexo, por educación, por clase social, etc. ¿Podemos realmente renunciar a esos privilegios? En su totalidad, no creo que sea posible, por muchas razones (algunas de las cuales ya se han expuesto en esta discusión).

    Por ejemplo, si hablan tanto un hombre como una mujer, y la sociedad solo escucha al hombre, no es algo que esté eligiendo ese hombre, así que difícilmente podrá renunciar a ello. Si pide que escuchen a la mujer, no está acabando con su privilegio, sino que lo está usando. Si calla, tampoco renuncia al privilegio, ya que tampoco implica que se vaya a escuchar a la mujer. Además, tampoco ganamos nada si para que se escuche al 50% de la población, el otro 50% debe renunciar a expresarse. Realmente lo único que puede hacer en este caso es dedicarse a escuchar cuando le toque y tratar de no invadir demasiado los espacios a través de los que se expresan las mujeres. Aunque siempre teniendo en cuenta que eso tampoco acaba con el privilegio.

    Alicia Murillo lo expresaba en su blog hace días: http://atravesespejoalicia.blogspot.com.es/2012/12/los-ejercitos-no-existen.html
    “Permanecer a un paso a distancia de quien sufrió por mi privilegio, aunque jamás yo pedí ese privilegio, aunque me esforcé cada día en que mi vida no fuese mejor gracias a él, aunque no lo acepté cada vez que me lo ofrecieron. Da igual, lo tuve, tuve la opción de elegir y otrxs no. Por eso, siempre, a un paso de distancia entre quien sufrió a causa de mi privilegio.”

    Sobre las musculinidades queer. Señalar que, igual que hay otros, también existe el privilegio cisgénero (que tenemos todas las personas que no somos transgénero ni transexuales). Y como con el resto de privilegios y discriminaciones, sufrir una discriminación no anula los propios privilegios, y a la inversa. Es una de las complicaciones de las múltiples identidades.

    1. yo

      Callar y escuchar o decidir que vas a ser tú (biohombre, blanco, europeo) quien cuide a tu madre enferma o quien se ocupa de limpiar el baño en el reparto de tareas domésticas, puede que no signifique que ya no tienes el privilegio de no hacerlo, pero probablemente te coloca en otro sitio con respecto al privilegio que decidirlo representa.

      En general, yo lo que conozco son biohombres que ocupan la mayoría del espacio en los debates (y ni siquiera se lo cuestionan), en la calle (y tampoco se lo cuestionan), que aceptan tranquilamente que sean sus hermanas, sus compañeras, o mujeres de una clase social más baja (y normalmente de un lugar de procedencia diferente) quien se ocupa de cuidar y atender a sus madres cuando enferman o se hacen mayores.

      Pero además algunos de los biohombres, blancos, europeos que conozco consideran que su actitud es “igualitaria” y profeminista.

    2. Jokin

      mmm. Interesante como complicado. Creo que Alicia Murillo hablaba de tener ese privilegio presente y ser prudente y respetuoso en consecuencia, cosa que comparto. Pero un privilegio no es la capacidad de hacer algo, sino la capacidad de hacer (o no hacer) algo por encima de otras. En ese sentido, y si ponemos el ejemplo de “hablar”, el problema no es hablar o dejar de hacerlo, la cuestión es, por ejemplo, cómo se repartem
      n los tiempos y turnos de palabra, no? A mí no me sale demasiado bien, pero a veces hay que callarse. Callarse es es metro de distancia de Alicia Murillo como yo lo he entendido… Aún entendiendo (creo) lo que dices, y compartiéndolo en gran medida, me surge esa duda…

      1. Anarres

        A veces es necesario callar, en eso estoy de acuerdo. Si eso es mantener o no el metro de distancia, no creo que sea yo quien deba decirlo…

        El privilegio, creo, más que en el poder hablar (que a menudo, también), es en el “ser escuchadx”, o que se valoren en su justa medida las propias opiniones. Un ejemplo que he observado alguna vez. Una cena en casa de una pareja tradicional. Ella ha cocinado. Alguien dice que las croquetas están muy buenas. Ella empieza contando cómo las ha hecho, él la corrige. Y las siguientes preguntas, en vez de dirigirse a ella (que es la cocinera y la que sabe realmente cómo lo ha hecho), se dirigen hacia él.

        Sobre el cómo mantener el metro de distancia que dice Alicia Murillo, no creo que haya una respuesta única y universal. Dependerá de las personas y las circunstancias. Lo que creo más importante es el hecho de tenerlo presente, porque el simple hecho de saberlo ya genera un cambio de actitud y permite reflexionar sobre el tema.

  16. DosTres

    Con el tiempo ya dejé estas discusiones por una simple razón:

    Lo que empezaba siendo una buena intención por mi parte daba pie a que me intentasen machacar de una manera constante sin importar al colectivo al que iba. Si era exclusivamente masculino era un masoquismo enfemizo y si era mixto… lo anterior más la imposibilidad de discutir los planteamientos que me insultaban.

    Así pues, seguí con la militancia y dije adiós a los colectivos,

    Sigo ayudando a personas maltratadas a recuperarse, sigo sin permitir que se digan machistadas delante mio, sigo compartiendo todos los trabajos de mi casa, sigo sin ser un baboso, sigo echando una mano a las amigas que tienen el rol pasivo heredado… sigo con la militancia, que al fin y al cabo es querer mejorar mi vida y mi mundo.

    Pero sin que nadie me mire mal por hace un chiste de pollas o de coños o que me digan tranquilamente y porque le apetece a cualquiera la asquerosa frase “Todos los hombres sois unos violadores” y que no pueda responder sin que haya una marabunta. Claro que existe el fanatismo feminista, pero solo afecta a aquellos que seguimos el juego a una pandilla de tristes; no creo que nadie quiera pasar de ser el dominante para ser un dominado, el objetivo es dejar de ser dominante para un mundo sin dominación.

    Besos

  17. Kostas

    Es un interesante artículo, bastante interesante.
    Varias ¿objeciones?.
    ¿Existe algún problema en reivindicar la masculinidad?. No lo creo, depende del contenido de esta ¿reivindicación?. NO creo que el problema…, sea la MASCULINIDAD, sino el PATRIARCADO.

    ¿Todos los planteamientos feministas asumen el NO PATRIARCADO?.
    Aunque esta pregunta parezca una tontería, si se reflexiona y se va a los orígenes y la evolución de la teoría feminista, me parece a mí que no.

    A todo el mundo que habla y habla y sigue hablando, debatiendo, etc. cualquier cosa sobre el PATRIARCADO, se os suele olvidar que existe una teoría -como es la teoría feminista, y no siempre es llevada a cabo…-, que se llama ANARQUISMO -A (sin) ARQUIA (gobierno). ¿Esto os dice/os suena a algo?.

    A estas alturas, no creía que este tipo de debate, llevado por aquell@s que tan enfrascado están en mirarse la viga en el ojo…, estuviera aún en pañales…

    Saludos.

  18. JM

    Todo se reduce a una cuestión de modelo. Lo que se suele llamar el sistema capitalista hetero patriarcal.

    Solo cambiando de paradigma avanzaremos en el reconocimiento y respeto de la diversidad y la igualdad de derechos y oportunidades.

    Y para lograr este cambio radical es necesario el concurso de todos y todas. Tan sencillo como difícil.

    Y la Identidad de cada cual es nuestra, de nadie más.

    Mi Identidad es Mía. Tu Identidad es Tuya

  19. Katryn

    joder, qué bueno este artículo; repleto de herramientas para pensar. gracias

  20. Mildred Largaespada

    Excelente artículo, planteado con claridad y conceptos sólidos y bien conjugados. Y más mérito por expresarlo tan bien para un público masivo, te felicito. No me preocuparía por “la inflación discursiva” de la nueva masculinidad, y de la masculinidad. Se habla tanto, y desde hace tiempo, de la trasformación de la feminidad, y mira cómo estamos, todavía. Lo que indica es que hay interés sobre el estudio del tema, y eso hay que celebrarlo. Mientras más estudios y reflexiones y ensayos como el tuyo se publiquen, más indagaremos sobre la masculinidad y conseguiremos desvincularla del amparo de la teoría feminista, que generosamente ha dado su aporte, pero cuyo sujeto de estudio es otro. La expectativa es muy interesante: si a las mujeres las miden siempre comparándolas con los hombres, ¿a los hombres con respecto a cuál sujeto lo medirán? Queremos seguir leyéndote, ojalá puedas publicar más.

  21. Ana

    Llevo tres horas discutiendo con un amigo “progre” el hecho de que los hombres, por el hecho de serlo, tienen privilegios y espacios de poder que han de estar dispuestos a compartir si quieren de verdad un mundo igualitario. Poco antes otro amigo también de izquierdas se ha sentido ofendidísimo cuando, en lugar de aceptar el comentario de que toda la sociedad ha de cambiar, le he señalado que a los que les toca ponerse a pensar ahora es a los hombres. Después de eso, leo este artículo y los comentarios y respiro mejor….Muchas gracias por escribirlo y a todo el mundo por comentar.

  22. Torombolo Bickert

    Bueno, si “el género es una construcción social”, entonces ambos géneros deberíamos poseer exactamente las mismas hormonas.

    Quizás quienes escriben estas notas y hacen esos extraños congresos “De género”, deberían prestar atención a los textos de fisiología.
    Las hormonas sexuales no sólo nos hacen crear más musculatura a nosotros o tener reglas y embarazarse a ellas, también determinan toda nuestra conducta.
    El género es biológico, lo otro es sanata.

    Ahora, eso no impide que las relaciones sociales evolucionen y se modifiquen los roles hasta cierto punto posible.
    La mujer ya no necesita depender enteramente de su poder sexual e inclusive no tiene la obligación de tener hijos.
    La mujer actual puede desarrollar otras actividades que en el pasado eran imposibles o muy difíciles de conciliar con su rol de madre-criadora.
    Puede compartir áreas de desempeño común con el varón.

    Para ello es bueno hacer campaña.
    Mas, no es necesario mentir ni inventar falacias insostenibles desde la lógica, generando odios y enfrentamientos.

    El género, de ningún modo es “una construcción social”.
    Los roles sociales sí.

    1. DeVera

      Tenemos las mismas hormonas. No las tenemos en la misma proporción , pero todos tenemos las mismas hormonas. Además, tenemos todo un grupo de hormonas, señoras y señores, que nada tienen que ver con el sexo: la adrenalina no tiene que ver con el sexo, ni las hormonas del crecimiento. Ni mi amiga tiene tantos estrógenos como yo ni yo tanta testosterona como ella, según el momento. Y los tipos tienen estrógenos, y su nivel crece cuando lo necesitan.
      Las hormonas cambian en cada persona según sus necesidades y circunstancias. Cuando un biohombre pasa mucho tiempo con niñxs pequeñxs, su nivel de estrógenos y prolactina (sí, la hormona del amamantamiento)crece y baja el de testosterona. Porque su vida cotidiana lo requiere. Las hormonas están ahí para fluir, no son absolutas e inamovibles. No todas las personas del mismo sexo tienen el mismo índice de hormonas sexuales. No todas las personas del mismo grupo sanguíneo tienen exactamente las mismas enzimas digestivas. Eso es un proceso que se desarrolla epigenéticamente.

      Por no mencionar que confundes sexo con género. A ver: el género es la actitud social de un sexo. El sexo es físico. Por lo tanto, el género es POR DEFINICIÓN una construcción social. Lo que no es social es el sexo. Antes de venir a predicar, deberíamos saber dónde nos hemos metido.

      1. Fresa

        perdón, estoy de acuerdo en tu estupenda respuesta, excepto en que el sexo no es social…Un sexo es una asignación que se hace desde una instancia de poder a partir de criterios culturales, en nuestro caso binarios (heteronormativos), de clasificación de los cuerpos…si no, ¿a qué mutilar los genitales de los bebés intersexuales para “ajustarlos” a lo que se supone que es un cuerpo “auténtico” o “natural” o “normal/tivo” de hombre o mujer? También la transexualidad es una sexuación claramente mediatizada. Es contradictorio utilizar la palabra biohombre y a continuación meterse en el binarismo de la teoría de género mainstream. Lo digo no por una cuestión de “razón”, sino porque una cuestión política sobre todo: utilizar el término “masculinidad” como eufemismo para decir “hombre”(biohombre) es invisibilizar los hombres con coño y/o tetas.

        Abrazos!

        1. DeVera

          Desde luego. Había omitido inter y trans por hacer la generalización más visible. Ahí he caído en el agujero de la invisibilización. Me refería a que la forma física con la que nacemos sencillamente es biológica, en caso de intersexuales, hembras y machos. Y que esos cuerpos funcionan como tal. La tragedia de los intersexuales es precisamente la identificación sistemática sexo/género que les mutila. Cuerpos que funcionan perfectamente tal y como son, pero son modificados para encajar. Frente a los trans que modifican su cuerpo (sutil o drásticamente)para encajar en lo que verdaderamente son. Se trata de dos categorías muy complicadas precisamente por ser parte del límite entre dos partes de conceptos binarios.

          Gracias por la puntualización, era necesaria.

  23. Iria

    Muy muy interesante el artículo; enhorabuena. El enfoque sobre los privilegios de los varones es fundamental. En especial me parece muy gráfico que para muchos varones sea mucho más facil sentirse igualitarios cogiendo el delantal, que precisamente, tal y como comentas en el artículo, cuestionarse sus horarios de trabajo o privilegios en el mercado laboral, o incluso, en las relaciones afectivo-sexuales. Creo especialmente que hay una especie de decálogo informal que debe cumplir un “hombre no sexista” y este decálogo sigue siendo muy light: lavar los platos, y no insutar a las mujeres casi es suficiente… aqui habría que hablar, claro, de como está el listón entre el resto de los varones. Y ciertamente, el tuerto es el rey en el mundo de los ciegos. En los movimientos sociales seguimos viendo, con cierta tristeza, como los varones “alternativos” siguen diciendo que ellos tienen más poder mediático porque las “chicas no quieren” hablar con la tele, la radio…. etc. Eso no es del todo cierto, pero a los hombres les cuesta estar en un segundo plano, prefieren sumar más mujeres, que ellos irse al segundo plano. Lo cierto es que las mujeres hemos recorrido el camino del empoderamiento, pero aún en esas masculinidades alternativas, se echa de menos un verdadero cuestionamiento de los privilegios masculinos. Gracias por el artículo.

  24. DeVera

    Pues sí que ha suscitado comentarios. Quería compartir algunas ideas, aunque me temo que quizá he llegado algo tarde para comentar el artículo en sí. Me ha parecido óptimo, como he dicho en el primer comentario.
    En los comentarios se nota la falta de fluidez que se sufre a la hora de construir, destruir, reconstruir o transformar la masculinidad. En mi opinión, siempre va a haber problemas al intentar definir algo que es (en este caso, por necesidad) la mitad de un todo, sin la acción de ambas partes. Quiero decir, definir las masculinidades contando sólo con la experiencia de biohombres puede ser difícil por contar sólo con un punto de vista “interno”. Es tan absurdo e ineficaz como intentar “liberar” a las mujeres sin contar con la ayuda de los hombres. La masculinidad ha tomado forma según la femineidad y viceversa. Aquí la teoría queer da un importante paso: no te define según tu sexo físico, sino según tu propia preferencia, de forma que una persona puede definirse como masculina, femenina, neutra o extranjera al sistema binario. Es más, la prácticas queer contemporáneas sobrepasan el binarismo de sexo/género para entrar en otros criterios definitorios de la identidad (raza, cultura, circunstancias físicas, mentales, neurológicas y hasta digestivas). Esto es mucho más difícil porque nadie te explica qué es ser blancx entre negrxs, negrx entre blancxs, gitanx entre payxs, etc; pero por todas partes encuentras explicaciones de lo que es ser mujer u hombre. Otras muchas cosas aparte del sexo/género nos constriñen como individuos, y otras categorías, al aceptarlas, nos dan alas porque hablan de algo que somos (en cuanto algo que hacemos). Las etiquetas sólo sirven si lo que está en la palestra es un criterio que nos afecta. Más allá, son máscaras, y sólo son útiles para dar una impresión (esto no deslegitima el hecho de que se usen, para eso están).
    Por ejemplo, yo, como asperger (una etiqueta que me hace falta para comprenderme con respecto al resto)tengo una serie de características determinadas. Como un biohombre tiene unas determinadas características que no tiene que cambiar si no quiere (aparato reproductor, pelo, barba, musculatura…)pero la relación entre la posesión de estas características no impide a la persona tomar las actitudes que le venga en gana: de esta forma yo, que soy autista, sé que estoy asociada por la dificultad psicosocial con el resto de autistas (sean del grado que sean). Pero decido no responder al estereotipo de asperger (teniendo en cuenta que prácticamente soy una “Aspergrrrrl” de libro – el término es mío, el común es aspergirl-, lo que quiere decir que encajo en el cajón de chica con asperger, de personalidad activa o masculina, como decían) en cuanto a lo que de mí se espera a la hora de entender los sentimientos y emociones de otras personas. No lo puedo hacer instintivamente, así que lo hago conscientemente y los resultados son mejores: la comprensión consciente de la vida de esa persona y el conocimiento de mi propia empatía racional. Pero es casi imposible hacer esto sin contar con el punto de vista exterior.
    En el caso de las masculinidades divergentes, tampoco pueden construirse sino simultáneamente a las femineidades divergentes, por lo que la segregación que no para de darse en los grupos feministas no hace más que retrasar el asunto. No el asunto social, ése está más o menos por el siglo XVIII, qué se le va a hacer. Sino el asunto personal que podría llegar a ser visibilizado y cambiar el social.
    Creo que si queremos convertirnos en personas, no en biomujeres o biohombres, lesbianas, queers, maricas, negrxs, autistas, pobres, tullidxs, enfermxs… tenemos que ser conscientes de la verdadera diversidad a la que nos enfrentamos (porque ella no va a menguar, eso es seguro) y hacer titánicos esfuerzos de inclusión. Desde mi experiencia, el mayor esfuerzo para incluirme ha sido demostrar mi vulnerabilidad social ante aquellos que no la han sufrido (hablar de feminismo con quien no es feminista, hablar de mi regla con tipos, decir claro a alguien que me acosa sexualmente: “haces que tenga miedo, rabia, y no quiero que lo hagas, me estás jodiendo el día”. En el ejercicio de la construcción de las nuevas masculinidades no puede haber medias tintas, porque es en ellos donde descansa el traspaso de poder de la generación siguiente. Por mucha importancia que tengan las nuevas femineidades, serán las nuevas masculinidades las que constituyan la cara del movimiento feminista (ojalá no fuera así, pero este no es el mejor de los mundos). Tendremos que hablar nosotras por ellos y ellos por nosotras en alguna o muchas ocasiones. Mejor intentar comprendernos ahora, no pasando por alto las diferencias, sino teniéndolas como estandarte para que sea visible que es precisamente la diferencia y la diversidad lo que se reivindica.

      1. DeVera

        Y yo de los tuyos. Me temo que tienes mucha más paciencia y mucha más claridad mental de la que yo podré gozar nunca. Me llevo una sonrisa, que es lo mejor que puedo llevarme después de leer comentarios (porque por lo general, es un campo de batalla).

  25. Mª Antonia.

    Masculinidad y feminidad no son más que dos desmesuras del ser que la modernidad acepta como premisas axiológicas. Masculinismo y feminismo son sus respectivas praxis, sus lugares comunes. Uno hace ver más de lo que es y otro hace ver menos de lo que es, ambos son violencia, ficticia y vacua violencia. Muchas vueltas habría que dar a un tema que tanto mal está causando, pero nunca desde la óptica especular moderna. Cuando nos demos cuenta que el ser no puede ser reducido (o sea, identificado)con ningún género mucho habremos ganado (si hay algo que ganar, cosa que no es así). Toda crítica, insisto, moderna (por lo visto hoy en día no cabe otra), sacraliza aquello que erige como precedente (histórico) y antecedente (legal). El problema, una vez más, es la ley (ésta siempre se salva mientras jugamos a exculpar e inculpar); la dialéctica moderna, erigida en árbitro arbitrario de nuestras vidas, es incapaz de, simplemente comprender, o sea, pensar. Escindir el ser y duplicar la realidad no es más que un juego en el que ambos aceptan que la derrota de hoy es la victoria de mañana (la derrota perpetua, vamos). Todos salen ganando en sus juegos dialécticos, en los dos lados de la “barricada”.
    Solo los ciegos piden perdón a Dios, observaría Canetti.

    Un sincero saludo.

  26. Jokin

    Estoy muy emocionado con las aportaciones que está recibiendo el artículo, se ve que el debate es intenso y que (por norma general) las aportaciones son interesantes, desde diferentes puntos de vista. Siento no poder seguir comentando con atención cada propuesta, pero en estos momentos me es imposible. Gracias de todas formas por todo (o casi todo, ejem) lo dicho.

    1. Luis B

      Casualmente llegó a mis manos este artículo y me ha parecido encanta. Felicitaciones Jokin. Al fin una palabra masculina disidente desde un enfoque crítico feminista, al discurso hegemónico de las nuevas masculinidades . Los comentarios dan para mucho pero el tema de los privilegios y la necesaria renuncia a ellos me pareció muy rico.
      Quisiera hacer un aporte: Algun comentario apuntaba a que no estaría mal enunciar algunos privilegios masculinos. Resulta que trabajo hace tiempo en la necesidad de visibilizar y desnaturalizar los privilegios masculinos como una de los desafíos a enfrentar cuando se trabaja con hombres para combatir la desigualdad. Va a continuación y para quien le sirva una enumeración de algunos de estos privilegios (que también suelen nombrarse como prerrogativas, dividendos del patriarcado o “derechos a costa de las mujeres” -en la siguiente enumeración la palabra derecho se entiende en ese sentido- ): derecho al proyecto personal y a priorizarlo, a ser dueño de sí y reservarse para sí,a las libertades en el uso del espacio público, del tiempo y del movimiento, derecho a no dar explicación y al no, derecho a no hacer – que legitima el participar o no en lo doméstico “según las circunstancias”-. Derecho a requerir a las mujeres tiempo y energía sin reciprocidad restándoselo al que pueden usar ellas para sí. Derecho a la justificación y a no hacerse cargo del daño producido. Los micromachismos, que vengo describiendo hace tiempo, son una de las prácticas cotidianas por las que estas prerrogativas se perpetúan. Gracias nuevamente por poner en juego el pensamiento crítico no condescendiente.

  27. Joan Sanfélix Albelda

    Hola Jokin! Genial el artículo, aunque creo que hay algunos puntos en los que discrepo, y que debería releerlo porque me parece encontrar alguna contradicción.

    Yo también estudio el tema de las masculinidades, desde Valencia, y me gustaría que pudiéramos mantenernos en contacto, que siempre está bien que lo hagamos los y las que nos dedicamos a esto.

    Si tengo tiempo ya te haré alguna observación más, pero si es posible, me gustaría saber si tus trabajos de investigación están disponibles.

    Bueno, nada más, que aunque como decía discrepo en varias cuestiones, me parece que es un artículo muy bueno dónde tratas de abordar una complejidad enorme, todo lo que supone abordar la forma en qué los propios hombres y sus movimientos están o estamos afrontando en los diferentes ámbitos los cambios en las masculinidades.

  28. sos papa uruguay.Condicion Masculina

    Grupos de hombres existen desde hace 30 o 40 Años en USA ,Canada,Europa.
    Lo que está en juego es la ideología de “género”,el sexismo hembrista que ha suplantado el sexismo machista ,los aliados de la ideologia de “género” son los promotores del sexismo homosexual.
    Se ha implantado una dictadura de “genero” en toda ibero
    -américa:leer el libro del ex juez Serrano.
    PATERNIDAD ASUMIDA POR AMOR
    CONDICION MASCULINA
    FORO DE APOYO AL NIÑO
    MONTEVIDEO 1992-2013

  29. Pingback: ¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, transformarla o abolirla? | Taller de Teoria Queer

Los comentarios están cerrados