Porno para mamás y porno sin más Crítica, Ficciones

Beatriz Gimeno habla de qué fantasías y roles representa la pornografía hegemónica, al hilo del éxito de ‘Cincuenta sombras de Grey’

Señora Milton

Señora Milton

Cuando me pidieron que escribiera sobre ‘Cincuenta sombras de Grey’, en principio me pareció bien porque es de lo que hablan todas mis compañeras de oficina desde el verano, así que se lo pedí prestado a una de ellas. Me vino con tres tomos, miles de páginas, un poco más breve que ‘En busca del tiempo perdido’, pero poco. La verdad es que leer leer sólo he aguantado la mitad del primer tomo, después ha sido un ojear por encima y listo. Se trata de una cursilada imposible de tragar, mal escrita e insoportablemente sexista. Una novelita rosa remozada de sexo explícito para la era postporno.

La novela ofrece porno conservador y moralista para mujeres convencionales y amorosas, a las que enseña que pueden jugar tranquilamente con la dominación siempre que, naturalmente, sean ellas las dominadas y no se salgan ni un milímetro de los roles de género

‘Cincuenta sombras de Grey’ se anuncia como “porno para mamás”, lo cual dice mucho del tipo de porno que se supone que ofrece: porno para mujeres convencionales y amorosas, que buscan ponerse al día y renovarse. Porno que enseña a las mujeres que pueden jugar tranquilamente con la dominación siempre que, naturalmente, sean ellas las dominadas porque lo contrario no sería propio de mamás. Juegos excitantes a los que puedan entregarse las mujeres casadas sin salirse un milímetro de sus roles de género; porno conservador y moralista que se ofrece “con excusa” incorporada: el protagonista de la novela, el hombre dominador, es así no porque sea un perverso, no porque se lo pase bien sin más, sino porque tiene una infancia desgraciada. Y ella no se convierte en una sumisa porque lo encuentre excitante, sino que lo hace por… ¿adivináis? Sí, por amor, para curarle a él de su perversión. Ella, sometiéndose a sus deseos, incluso disfrutando con ellos, le hace bueno, es decir “normal”, y ambos acaban siendo felices y practicando sexo convencional.

Me parece que estamos ante el descubrimiento de un nuevo mercado; un mercado enorme de millones de mujeres. Porque si hasta ahora el negocio del porno se nutría de hombres casi en exclusiva, ahora se va poco a poco abriendo a las mujeres: nuevos nichos de negocio.

El porno está de moda, todo es porno pero, en concreto, todo es sadomaso. No hay más que ver la publicidad: mujeres vestidas de cuero, látigo en mano, andando a cuatro patas, con collares de perro, altísimos tacones, corsés muy apretados… Todo eso sirve lo mismo para vender un coque que un champú. El sadomaso es ahora el porno mainstream. Pero no vale cualquier porno, claro. Me pregunto si esta novela hubiera sido elevada a los altares del best seller si el argumento tratase de un rico ejecutivo que lo pierde todo al enamorarse locamente de su asistenta, por ejemplo, que además gusta de sodomizarle a él, que a su vez encuentra dicha práctica irresistible, y en todo caso ambos disfrutan de la situación y acaban también bastante felices aunque más pobres. ¿No estaría bien que las mamás aprendieran también eso? Por variar, digo.

En una cultura como ésta, que es sádica de verdad con las mujeres, el porno hegemónico es demasiado parecido a la realidad. Si el porno es la representación de las fantasías sexuales, podemos preguntarnos si es casual que las fantasías de dominación y sumisión se distribuyan de manera tan desigual entre los sexos. Y preocuparnos porque sea la escuela de sexualidad de la juventud.

Dice María Llopis que le sorprende que todavía se pueda reflexionar sobre la pornografía; a mí me sorprende que no reflexionemos más. Es cierto que a veces las feministas tenemos opiniones no matizadas sobre la pornografía, que es tan compleja como la sexualidad misma. Para empezar, habría que decir que la sexualidad es ambivalente y no necesariamente una fuerza positiva. Y la pornografía puede también ser alienante y liberadora, luminosa y oscura, conservadora y transgresora, placentera y pacífica, o dolorosa y violenta, como el sexo.

En segundo lugar, la pornografía no es sin más una representación de la realidad, sino una representación de determinadas fantasías sexuales con el propósito de excitar. A su vez el papel que las fantasías sexuales juegan en la vida sexual de las personas también es complejo. En general, no tienen por qué cumplirse para ser efectivas en su propósito de ser el combustible del deseo, y muchas personas ni siquiera querrían verlas convertidas en realidad. Por eso, las fantasías no tienen que ser políticamente correctas, son fantasmas creados por el inconsciente, material en bruto, la misma materia de los sueños. E incluso si las hacemos realidad, un juego sexual consentido no tiene por qué, necesariamente, tener su correspondencia social o política. Es decir, la relación entre deseo y realidad, entre fantasía y realidad, entre follar y pensar, no es lineal ni simple. Y, aun así, las feministas sabemos que hay un problema con el porno.

En una cultura como ésta, que es sádica de verdad con las mujeres, el porno hegemónico es demasiado parecido a la realidad y ésta no es un juego consentido entre adultos, sino una realidad de desigualdad e injusticia. Hay muchos estudios, mucha literatura sobre pornografía pero pocos sobre el deseo en bruto, sobre las fantasías sexuales, sobre cómo se construyen. Si el porno es la representación de las fantasías sexuales, (masculinas puesto que son los principales consumidores) podemos preguntarnos legítimamente si es casual que las fantasías de dominación y sumisión se distribuyan de manera tan desigual entre los sexos. Podemos preguntarnos también si la realidad da forma al imaginario sexual, al subconsciente sexual o si es el subconsciente el que se empeña en dar forma a la realidad. Y preocuparnos más aun cuando sabemos que la pornografía es hoy la principal escuela de sexualidad de la juventud. Los jóvenes, ellos y ellas, creen que el sexo es así, como muestra el porno mayoritario y, lo peor de todo, que debe ser así (heterocéntrica, coitocéntrica, androcéntrico y misógino).

Dadas las múltiples disidencias a estas fantasías hegemónicas, es obvio que existe un interés político en producir y mostrar sólo un tipo de pornografía. ¿Podría ocurrir que la visibilidad de otra pornografía –que no basta con que sea hecha por mujeres- pudiera llegar a cambiar la realidad sexual?

En todo caso, lo que se hace muy evidente cuando se ve pornografía es que, aunque la mayoría de ésta es brutalmente misógina, existe también un amplio espacio para la disidencia: es decir, hombres que fantasean con ser violados y sometidos, mujeres que quieren penetrar hombres y violarlos, mujeres que fantasean con jovencitos, hombres que fantasean con ancianas o mujeres gordas o feas… Es decir, lo contrario de lo que se supone que es la fantasía patriarcal hegemónica. Fantasías que, y el contenido de estas fantasías lo deja claro, no son más que eso, fantasías. Así que la desigual distribución de las fantasías de dominación y violencia seguramente se debe a una diferenciación estadística que a su vez es fruto de la realidad sexual en la que vivimos, pero está muy lejos de ser tan uniforme como a veces parece.

Las múltiples disidencias a estas fantasías hegemónicas nos hacen ver que el imaginario sexual de las mujeres podría ser muy parecido al de los hombres si lo representáramos en la misma medida. Puesto que, a pesar de la enorme presión, existe un amplio espacio para la disidencia en este campo, es obvio que existe un interés político en producir y mostrar sólo un tipo de pornografía. Es aquí donde nos tenemos que preguntar si podría ocurrir que la visibilidad de otra pornografía –que no basta con que sea hecha por mujeres- pudiera llegar a cambiar la realidad sexual; e incluso si es necesaria esta pornografía alternativa para cambiarla.

Quizá no habría que examinar tanto el porno como preguntarnos de qué material están hechas nuestras fantasías sexuales y qué posibilidades existen de que cambiando en profundidad las relaciones de hombres y mujeres, cambiando el edificio sexo simbólico sobre el que se levanta el patriarcado cambiaran las fantasías o, al menos, su distribución estadística genérica. Podríamos pensar en cómo se pueden cambiar los roles de la pornografía y si eso tendría el poder de modificar roles sociales, o no. Mi opinión es que ambas cosas están relacionas y se retroalimentan, de manera que no basta con presionar para cambiar la realidad, sino que hay que trabajar también para pensar, y representar, prácticas, identidades y subjetividades sexuales disidentes de la norma patriarcal pensando en que eso tendrá efectos sociales y políticos.

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Porno para mamás y porno sin más
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Beatriz Gimeno

Activista lesbiana y feminista, escritora (de novela, ensayo y poesía) y bloguera

    Comentarios recientes

    1. Pingback: Porno para mamás y porno sin más « Beatriz Gimeno

    2. DeVera

      Yo estuve intentando hablar con unos amigos de esto mismo, pero la conversación no se nos dio bien. Intenté hablar con mi madre cuando se compró el libro, pero no quiere saber nada de razones para pensar diferente a como lo ha hecho siempre.
      Debe ser por culpa de mi “cerebro hipermasculino” (así llamaban al Síndrome de Asperger en los años 70), pero a mí me parece que el tipo se hubiera curado más rápidamente si la chica hubiese apretado el puño y lo hubiera dirigido hacia el interior del recto del millonario. Funciona como metáfora y en sentido literal.

      Respecto al material de las fantasías sexuales… ¿de qué nos extrañamos? Vivimos en una sociedad, y específicamente en un país en el que la calificación de una escena de violación es a partir de 13 años, mientras que una escena de sexo consentido es para mayores de edad. Nuestro imaginario sexual comienza en la infancia, y no vemos nunca imágenes de relaciones sexuales reales, consentidas, sin violencia o sin dominación. Viene desde hace 5000 años, no van a cambiarlo ahora. Ya por no hablar de sexo en vivo. Se toma como un trauma ver a tu madre follar con alguien (con el padre de una, por seguir la corriente), pero debería ser una oportunidad para todo niñx de aprender la sexualidad humana (que por muy castrada que esté, siempre logra echar un vistazo por encima del muro). Pero si alguien se decidiese a practicar sexo a la vista de unos niñxs le llevarían a la cárcel (y desde ahora digo que si en esta cochinada de mundo alguien folla delante de una criatura seguramente lo haga por razones poco honestas, no para que los críos aprendan, por triste que sea).
      Entendemos la sexualidad casi al revés porque la violencia y la dominación se ejercen a plena luz del día, como algo normal, pero la gente se esconde para follar (lo dijo Lennon y sigue siendo cierto hoy), por no hablar los prejuicios que tenemos que soportar aquellos que queremos vivir el amor hacia otras personas y el sexo sin dominio, sin obligación, sin hacer tratos. Sin dar créditos. Sólo por voluntad.
      Mi compañero y yo (entre otras cosas es mi compañero en el sentido tradicional, pues juntos luchamos contra las fuerzas del MAL) vivimos en conflicto con su familia, con algunos de sus amigos, con la opinión pública… ¿Porqué? Por la sencilla razón de que no pretendemos pertenecernos el uno al otro. Yo soy mía, él es suyo. No somos medias naranjas, no nos completamos, no nos necesitamos. Estamos juntos por amor (y sí, por conveniencia: es más fácil soportar la vida con alguien a tu lado) y ésa es la elección importante. Estamos juntos porque lo hemos decidido racionalmente (yo soy incapaz de decidir por otros medios que no sean el racional, qué se le va a hacer), y nos pasamos la mitad del tiempo intentando explicarnos la una al otro nuestras reacciones. Ésta es una técnica de ayuda a las personas con Asperger y sus parejas, pero debería llevarla a cabo todo el mundo. No somos compañeros para prohibirnos el serlo de nadie más, sino para estar juntos, para evitarnos el dolor el uno al otro y compartir las cosas buenas, para pensar juntos, por separado (paradojas estupendas).

      Pero nos encontramos con gente que no quiere pensar, nunca más allá del largo de su brazo, nunca pensar nada que cambie algo las ideas. Todos estos mitos y mentiras: medias naranjas, te querré para siempre (que lo haré, supongo, pero eso no quiere decir que siempre vaya a estar contigo en sentido matrimonial), sin tí no soy nada, me haces falta, soy tuyo, soy tuya, hasta el fin del mundo. No se trata sólo de la relación abierta, no es sólo el poliamor: se trata de intentar ser un ser humano más, sin cultura que te torture con mentiras, con la elección en el centro de mi glándula pineal, con la certeza de que lo que tú hagas es tuyo y nadie más que tú responderá por ello, y si llega la hora de pagar serás tú quien pague y tú quien cobre.

      ¿Quieres una verdadera experiencia romántica de “nosotros dos contra el mundo”? Prueba a no jugar el juego, te lloverán los palos.

      1. laura piruli

        Tu opinión sobre el amor es mas propia de un robot. Yo soy mia y mi cuerpo no lo manda nadie, pero me gusta pensar que algún dia encontraré a alguien que realmente piense que me querrá para siempre.
        Supongo que depende de personalidades. Yo soy muy emotiva, siento las cosas con mayor intensidad, con mas fuerza, que otras personas que sean mas frias… Así que no puedo pensar que el amor es puro conformismo y comodidad porque mi cerebro no funciona así… Seguramente tendrá alguna explicación neuronal…

      2. LA PERRA STRIKES BACK

        Soy de las que creen que si pensáramos más con la cabeza antes que con el corazón (o con el coño, también), seríamos más felices en el amor. Y que no me vengan con sentimentalismos y demás traumas de películas Disney. No comprendo ni a las mujeres ni a los hombres que, con tal de no estar solos, salen \ se acuestan \ permanecen con el primero o la primera que pasa o sin pararse a pensar en las consecuencias posteriores. La soledad anula el sentido común. Si aprendiéramos a estar bien con nosotros mismos, no estaríamos buscando esa falacia de “media naranja”: somos la naranja completa, como decía Lenon, somos personas que requieren su individualidad, incluso estando con alguien al lado. Cada parte de la pareja establece los límites. Tu manera de pensar me parece coherente y necesaria en estos tiempos que corren.

    3. juana druida

      DeVeras, que hermoso tu correo, al igual que el articulo me ayudan a desconstruir, destruir y crear una nueva forma de “hacer el amor”, inventar “el amor” despojado de toda cultura y sometimiento “civil”…

      aunque para ser sincera en la practica es dificil, aun me cuesta muchisimo comprender que el amor es el ahora… y no la eternidad…

      De todas maneras es increible encontrar experiencias de personas que cuentan que lo estan logrando… que se puede…

      Un abrazo

    4. Thais

      Genial, magnífico, perfecto. No añadiría nada más. Me llamo Thais, tengo veintinueve años y soy feminista, artesana, estuve metida en el mundo del porno y actualmente estoy publicando una serie de relatos de temática sexual que intentan romper con las ideas preconcebidas sobre el sexo en el patriarcado. Todo lo que has explicado y argumentado de forma tan precisa. Saludos y sigue así, Píkara.

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    6. Lobo Estepario

      Es significativo que la premisa inicial, él es un dominante porque tuvo un trauma de pequeño, convierte el BDSM en algo propio de trastornados. Y además, altera la realidad. Lo normal es que encontrar que la fantasía de hombres heterosexuales poderosos y ricos en la esfera pública sea ser dominados y humillados en el ámbito sexual.

    7. Ico

      De acuerdo en que es un libro cursi, malo y de nula calidad literaria.. pero qué pasaría si el dominado fuese él y las ventas hubiesen sido las mismas… ? Desde luego es un porno light pero si a algunas les sirve al menos para leer qué más da,cualquier otro sería más edificante, claro que sí, pero sólo puedo pensar que pobre vida sexual la que deben tener..
      un saludo.

    8. Erika Lust

      Muy de acuerdo con el articulo y la critica a las sombras, a ver si os gustará en febrero mi novela erótica “La Cancion de Nora”, le he puesto muchas ganas 🙂

    9. Smerdiakov

      No sé en que estudios estadísticos se basa la escritora del artículo para decir que el porno bdsm en el que el dominante es el hombre y la dominada es la mujer es mucho mayor que al revés. Por cierto, los libros son una mierda, más allá de fantasmas heteropatriarcas, machistas y todos los adjetivos que se os ocurran, literariamente no hay por donde cogerlos.

    10. Pingback: Porno para mamás y porno sin más — forosexy.com

    11. Canto de Ballena

      Me pregunto en qué estará pensado la escritora cuando habla de las fantasías y dice: “Por eso, las fantasías no tienen que ser políticamente correctas, son fantasmas creados por el inconsciente, material en bruto, la misma materia de los sueños. E incluso si las hacemos realidad, un juego sexual consentido no tiene por qué, necesariamente, tener su correspondencia social o política.”

      Desde mi punto de vista está justificando a la persona MALTRATADORA que tiene por pareja, ya que yo no creo que las prácticas BDSM sean material en bruto, ni que las fantasías las tengamos de manera inconsciente y que no podamos controlar.

      Beatriz, estás cargada de prejuicios y de confusión porque no sabes si el trato que recibes por parte de esx monstruo forma parte del plano fantástico y te resulta complicado asumir que no es así,o que forma parte de la realidad, de una realidad que tú estás viviendo y de la que no te tienes ni que justificar ni avergonzar.

      Estoy segura de que tienes a tu alrededor gente que te quiere y que te aprecia y con la que puedes contar. Si no es así, en Madrid hay asesoramiento para víctimas por malos tratos.

      Cuídate. Solo espero que no te tengamos que ver en los medios de comunicación por haber sido asesinada. Sería una lástima siendo feminista como eres.

      1. Beatriz Gimeno

        Te aseguro que eso no va a pasar. Las fantasías BDSM son perfectamente legítimas y las prácticas consentidas BDSM también. No tienen nada que ver con el maltrato. Tu desconocimiento de cómo funcionan las fantasías sexuales, por otra parte, es evidente. Te puedo recomendar muchos libros sobre en qué consisten, cómo se forman, qué relación tienen con la realidad etc. No es lo que tu creas, es que están más que estudiadas.

        1. Katrina

          No seas plana Beatriz una cosa es la teoría del BDSM y otra la práctica y lejos de tú mundo feminista progre en la práctica de personas no feministas y normales si hay como en otras prácticas sexuales muchos abusos de poder, violaciones y cosas raras, incluso diría que para algunas personas llega a ser una enfermedad. Buscan niñas jóvenes de menos de 21 porque les pone más y cosas por el estilo. Es más una mujer murió por intentar imitar alguna fantasía de ese libro.

          Yo fuí sumisa, tengo muchas cosas que contar y sí cumplo con el típico prototipo, sufrí abusos sexuales de adolescente, humillaciones en clase…y me llego a poner que me violaran o que me dominaran en el sexo. Las fantasías sexuales están condicionadas por la cultura y nuestras vivencias particulares, no salen de la nada sin más. Y me da igual que digan los sexologos que últimamente sólo hacen apología de este mundo sin profundizar demasiado.

          Puede haber un BDSM entre mujeres maduras y feministas que quede solo en juego y en respeto, pero no siempre es así, tabién es un mundo que tiene lados negros, abusos, puede llegar a ser una enfermedad para algunas personas, pueden verse cosas muy duras…así que hablemos profundizando no intentando ser “la más moderna de américa”.

          Y bueno, he visto gente que le gusta que le asfixien con una bolsa en la cabeza, gente que se come la caca de otros, etc…así que por favor esto yo no lo tengo que ver sano para nadie y tengo mi derecho a pensar que esas conductas provienen de algún trauma persona.

    12. Pingback: A veces, cuando me muevo, oigo el sonido de las cadenas que me han puesto- entonces puedo buscar cómo quitarlas

    13. silvia

      Pésimo titulo “porno para mamás” que falta de amplitud, las mamás también gozamos y vemos porno no-convencional. ¡entérate!

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