Malos tiempos para las mujeres (Están crecidos) Voces

Aprovechando la inseguridad general y el miedo, los sectores más reaccionarios pretenden imponer, además de su visión económica del mundo, su visión moral, expone Beatriz Gimeno.

Manifestación del 8 de marzo en Madrid./ Gaelx

Manifestación del 8 de marzo en Madrid./ Gaelx

Cuando llegan tiempos de crisis (no es una crisis, es una estafa) que expanden la injusticia y la inseguridad entre millones de personas, suele producirse un crecimiento del populismo, la xenofobia, la intolerancia. En condiciones de inseguridad económica, mucha gente vuelve la vista hacia ideologías (o sectas, o movimientos) que no solo prometen cambios políticos y económicos, sino también sociales y personales. Cuando el mundo se desordena por razones que tienen que ver con la injusticia, se buscan ideologías que ofrezcan parte de la seguridad perdida. Muchas personas buscan esta seguridad en ideologías conservadoras, que son siempre profundamente patriarcales, porque no hay un mundo más seguro que aquel que salvaguardaba, al menos, el poder masculino, una de las más antiguas certezas, uno de los pilares del mundo que conocemos, aunque sea un pilar que las feministas luchamos para derribar.

Ahora que desde el Gobierno se promueve una visión tradicional de las mujeres y de su papel social, que se dificulta el aborto y que se intenta borrar el feminismo; ahora que los obispos tienen barra libre para decir cualquier barbaridad y que desde los medios de comunicación de extrema derecha lanzan insultos y expresiones de odio día sí y día también, mucha gente antifeminista e intolerante se siente legitimada y fuerte para sacar a pasear su rabia

Está claro que los llamados recortes, la expropiación económica y de derechos, nos afectará mucho más a las mujeres que a los hombres. El llamado Estado del bienestar nos ayudó a liberarnos. La socialización, aunque muy incompleta, del cuidado de la casa, de los hijos e hijas, de las personas mayores y dependientes, supuso un enorme cambio en la vida de la mayoría de las mujeres. El acceso al trabajo, aún en condiciones de desigualdad, también. El cambio nunca ha sido completo porque las estructuras de género –el reparto de responsabilidades familiares- lo han impedido y las resistencias han seguido existiendo, pero aun así ha sido muy grande. Ahora, el ahorro se está produciendo en los sectores que sirvieron para liberar a las mujeres: servicios sociales básicos, educación, sanidad… Y, puesto que no se ha llegado a producir un cambio completo de roles o responsabilidades familiares, este trabajo, asumido parcialmente por el estado, volverá a manos de las mujeres. Pero, aunque esto sea terrible, lo conocemos, llevamos décadas denunciándolo y es posible identificarlo como desigualdad o injusticia.

Sin embargo, aprovechando la inseguridad general y el miedo, los sectores más reaccionarios pretenden imponer, además de su visión económica del mundo, su visión moral. Aprovechan ahora que la protesta está en parte debilitada por el miedo para promover una guerra cultural que intenta revertir los avances sociales de los últimos años, de las últimas décadas incluso; para promover, en definitiva, un retorno al pasado. Y ese pasado que añoran es siempre profundamente patriarcal. Es un mundo en el que el aborto es un crimen, la maternidad es un elemento fundamental de la identidad femenina y, además, es una maternidad tradicional en la que las madres se dedican a sus hijos casi en exclusiva y en el que eso les hace felices, los hombres y las mujeres son completamente diferentes, la homosexualidad es una anormalidad a erradicar o, al menos, a silenciar. La reacción, la caverna, quiere imponer su idea de familia, de mujer, de hombre, su visión del mundo con dos sexos, dos géneros, dos roles sexuales, la tradicional idea dicotómica de los géneros rígidamente construidos que construyen la base de la sociedad patriarcal.

Lo cierto es que es evidente que en este momento estamos en el centro de una fuerte reacción patriarcal. Después de años de avances, en los que la ideología reaccionaria estaba en retroceso, ahora vemos de qué manera están crecidos. Nunca se fueron, en realidad; simplemente se callaron o se escondieron, pero ahora que se sienten alentados y apoyados desde las más altas instancias, salen y se muestran como son: intolerantes, fanáticos, agresivos, irracionales. Ahora que desde el Gobierno se promueve una visión tradicional de las mujeres y de su papel social, que se dificulta el aborto y que se intenta borrar el feminismo; ahora que los obispos tienen barra libre para decir cualquier barbaridad y que desde los medios de comunicación de extrema derecha lanzan insultos y expresiones de odio día sí y día también, mucha gente antifeminista e intolerante se siente legitimada y fuerte para sacar a pasear su rabia.

Leo que un tipo ha agredido a un grupo de mujeres y hombres que celebraban con Píkara el Día de la Visibilidad Lésbica; el presidente de una ONG que combate la intolerancia me comentó el otro día que las agresiones homófobas se están multiplicando aunque aún no sean tan graves como para salir en los medios. Los antifeministas no sólo se han organizado, sino que ahora están crecidos y ya no se cortan en agredir e insultar en la calle, cuando antes sólo lo hacían amparados en el anonimato de sus medios digitales. Lo cierto es que en las últimas semanas, yo misma he sufrido dos episodios de transfobia y lesbofobia al ir de la mano de mi novio trans. No han pasado de imprecaciones callejeras, pero nunca antes me había pasado y eso demuestra que el clima está cambiando muy rápidamente.

Son malos tiempos para las mujeres y para todas las personas diferentes, sean lgtb o inmigrantes. Sólo espero que reaccionemos pronto.

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Malos tiempos para las mujeres (Están crecidos)
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Beatriz Gimeno

Activista lesbiana y feminista, escritora (de novela, ensayo y poesía) y bloguera

    Comentarios recientes

    1. Paula

      Creo que tu escrito está cargado de estereotipos. Y los estereotipos son demasiado abstractos. Nunca he entendido cómo quienes supuestamente se erigen como defensores de la mujer, se vuelven contra ella defendiendo prácticas como el aborto. Sí, el aborto es un crimen. El feto es una persona; una semilla que germina. ¿Verdad que no pisarías sobre un campo recién sembrado para atajar una ruta? Lo mismo ocurre con el aborto: el embarazo es una consecuencia de algo anterior, que se ha querido, que se ha deseado, que se ha hecho. El aborto es un atajo que se lleva por delante una persona, un camino egoísta que se carga a ese-que-no-soy-yo, al otro. El aborto nos hace egoístas. Pero, además de aniquilar a un nuevo ser humano, mata a la mujer, sumergiéndola en la nada. En su vida-para-ella-sola, en sus intereses, en lo que cree que le conviene. Le hace egoísta. Y aún más egoísta es que no se les deje decidir a los hombres, que pusieron su parte, si quieren quedarse con ese niño. Menuda igualdad. Vaya defensa de la mujer más mediocre.

    2. Irati

      Son malos tiempos, sí. Los intolerantes ganan apoyo, poder, “legitimidad”. Y están crecidos. Pero CUIDADO: también son malos tiempos para los reaccionarios. Ahora que se quitan la máscara de lo políticamente correcto, ahora que nos muestran todos los rasgos de su intolerancia, su dialéctica pierde todo el sentido -si alguna vez la tuvo-. Y es ahora cuando podemos claramente ver quien posibilita y quien sabotea nuestros derechos. Y nos desaburguesamos. Y dejamos de tratar de imitar su ideal del matrimonio y de la familia. Y dejamos de creer en su concepción de lo público y de lo privado, en aquello de que “a nadie le importa con quién me acueste o deje de acostarme”. Y recuperamos esas reivindicaciones que gobiernos y partidos políticos habían echo suyos, y despojado de todo sentido. Lo diré otra vez: nos desaburguesamos. Y ponemos la mirada más lejos.

    3. SrChinaski

      Aristóteles, que era bastante machirulo para la mayoría de los asuntos, decía que el movimiento es el paso de la potencia al acto. Y lo explicaba, precisamente, con la metáfora tipiquérrima de la semilla y el árbol. Una semilla, decía él, es un árbol en potencia y, por eso mismo, no es, en efecto, esto es, en acto, un arbol. Yo, para explicárselo a mis alumnxs, utilizo el ejemplo de ellxs mismxs, que son, en potencia, Titulados en Bachiller -esto es, bachilleres- pero no en acto. De hecho, para serlo en acto, ellxs lo saben, tienen un largo -y a veces tortuoso- camino por recorrer, y no todxs están dispuestxs a hacerlo, y además, tienen derecho.
      Pues bien, lo mismo ocurre con la cuestión del aborto, Paula. El curso del embarazo, su implicación, su dedicación, etc, esto es, el movimiento, es un proceso que no todo el mundo está dispuesto a asumir, ni tiene por qué estarlo. Y hay que, si no entenderlo, al menos respetarlo. Asumir que no todas las semillas tienen por qué llegar a ser un árbol, ni todos los bachillerandxs bachilleres.

      Éso por seguir con las metáforas, claro, porque si realmente diera mi opinión, me bastaría con decir que esa guerra, la del aborto, se combate muy eficazmente desde la acera de enfrente. Y haí sí que no hay más que hablar.

    4. NiNeu

      Me ha gustado tu comentario Sr.Chinaski.
      En cuanto a lo que escribe Paula, dejar claro (no parece que ella lo tenga) que si se llama feto y mas adelante embrión, es porque no son personas, si lo fueran, no se denominarían de otra forma no crees? palabras diferentes con significados distintos. Eso por un lado.
      Por otro, para l@s proabortistas son mas importantes los derechos de un nonato que los de su madre, y, por si esto fuera poco, los derechos de la embarazada tambien estan a merced del dueño del esperma…
      La dignidad de las mujeres (al igual que la de los hombres) va de la mano de los derechos de los que goza. En este caso, Paula, donde queda esa dignidad si se la obliga a una embarazada a estarlo 9 meses y a pasar por el parto? la obligamos también a criarlo o una vez parido como no lo ha querido ni lo desea le mandamos al horfanato?
      Las implicaciones que tiene el aborto para una mujer ya son lo suficientemente complicadas psicológica y físicamente hablando como pero ni de lejos comparables a las consecuencias de la coacción a continuar con un embarazo y maternidad no deseadas.
      Agurrak

    5. Itziritzi

      Paula; ¿estás comparando semillas con fetos y personas con árboles? Nada que ver… Los trenes de alta velocidad se llevan por delante millones de árboles y nadie “se hace cruces” por eso… Por no hablar de las semillas que podrían germinar por donde pasan!¡Un poco de seriedad, por favor!

    6. susi

      El machismo está volviendo a pasos agigantados. Un organización ultractólica, llamada hazteoir.org promueve de modo descardo la vuelta de la mujer al hogar, ya ni guardan las formas ni disimulan. Buscadlo en Google, ya vereis. Cada vez cunde más la idea de q las mujeres están mejor, en casa, q con tanto paro, es como q los hombres tienen más drecho a un trabajo q las mujeres. Lo peor de todo es q oyes comentarios a muchas mujeres, más q a hombres, tales como:
      -Con lo bien q se está en casa, a las mujeres nos han engañado
      -Si mi marido ganara lo suficiente dejaba el trabajo
      -Yo soy madre antes q ninguna otra cosa…
      Si a eso le sumas las jornadas de este país, de salir a las 8 de la tarde, pyues q mejor entorno para q las mujeres vuelvan “voluntariamente” a casa

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