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Paula Medina (Escrito el 8 de marzo) Hoy me preguntaron si siento hostilidad hacia los hombres y si por ello soy feminista. Mi respuesta hubiera sido tan corta, como tan larga de explicar. Y a veces, ante una pregunta absurda, elijo la opción simple de contestar si/no. En este caso, la respuesta fue claramente no. Leer más

Paula Medina

(Escrito el 8 de marzo)

Hoy me preguntaron si siento hostilidad hacia los hombres y si por ello soy feminista. Mi respuesta hubiera sido tan corta, como tan larga de explicar. Y a veces, ante una pregunta absurda, elijo la opción simple de contestar si/no. En este caso, la respuesta fue claramente no. (Y creo que cualquiera que me conoce un poco lo puede corroborar).

He vivido un obvio mito de Edipo familiar, con un sentimiento de enamoramiento hacia la figura paterna y hostilidad hacia la materna. Desde muy pequeña, mis mejores amigos eran chicos -esos chicos guerreros que hacían que no me aburriera en clase- y durante mi vida, se ha repetido el mismo patrón; mi gran apoyo y comprensión y donde yo me encontraba más a gusto, han sido figuras masculinas: mi padre, mis amigos, mis parejas y mi gato.

A día de hoy mis mejores amigos siguen siendo chicos,- pero cada vez voy creando más lazos y más apoyos con buenas amigas-. No creo, tampoco, que haya sido casualidad que yo haya elegido a un terapeuta masculino para mi proceso de crecimiento personal.

El feminismo es tan importantísimo en mi vida, como que me ha ayudado a encajar las piezas de mi puzzle. A entender a mi abuela, a mi madre y a mi hermana. A mis amigas y a todas las mujeres del mundo. A equilibrar mi balanza y a ver el mundo de una forma más justa. A entederos y a enterderme. A juzgar al sexo masculino en muchos casos que antes justificaba, a analizar mis machismos y mis micromachismos (con ésto tengo aún una tarea larga, porque hay introyectos que no son fáciles de reconocer y trabajar). En definitiva, a defender una igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres y a reconciliarme con el sexo femenino, por el que siempre sentí más hostilidad que por el masculino.

El sistema patriarcal tiene los hilos tan bien atados, que a veces no es fácil desenmarañar la madeja. Pero en ello estoy, y en ello continuaré estando. Aunque la lucha cueste.

FELIZ DÍA A TODAS LAS MUJERES DEL MUNDO

PD. Sé que hay muchos hombres en lucha a nuestro lado, pero hoy el día se lo felicito solamente a las mujeres.

HOY, SOMOS NOSOTRAS LAS PROTAGONISTAS.

Una nota personal en el 8 de marzo
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Comentarios recientes

  1. Laura

    Me parece una forma sencilla y clara de expresar lo que muchas mujeres sentimos, pero muchas aún no saben poner nombre. Y es una pena porque se podrían conseguir cosas enriquecedoras. Me ha encantado!!!! Eskerrik asko!

  2. DeVera

    Me identifico bastante con lo que has escrito, aunque en mi caso no hubo tiempo para triángulos edípicos propiamente dichos porque mis padres se divorciaron muy pronto y siempre mantuve con ambos una relación normal (tan normal como pueda ser una relación). Pero siempre me sentí más atraída hacia la amistad con chicos que con chicas, con las consiguientes confusiones estúpidas. Tuve pequeños grupos de amigas, que nunca me terminaron de convencer, y al final, a pesar de que anhelaba y aún anhelo tener vínculos importantes con otras mujeres, me encontraba infinitamente más cómoda con ellos.

    He reflexionado mucho acerca del tema y creo que se debe a ese miedo, ese “malestar femenino” que he ido descubriendo en el proceso de vivir en un mundo que ha sido construido sin tenerme en cuenta. Para mí es lo peor, y lo primero que debemos superar para poder hablar de igualdad. El miedo (en mi caso) de ser demasiado lista y ruidosa, de acaparar atención cuando estoy feliz o cuando explico algo a otro. Nadie quiere ser esa tía. Pero mis amigos, los chicos (ruidosos, sucios, peludos y egoístas, como nos dicen que son) que arreglan el mundo bebiendo cerveza y fumando en un parque, no tienen ese miedo.

    El mundo es suyo porque nadie les ha convencido de lo contrario. Yo quiero ser como ellos: quiero poder reconocer un defecto propio sin morirme de vergüenza por no ser perfecta. Quiero poder hacer las cosas mal y reírme de mis errores. Quiero ver a una mujer preciosa desde cada ángulo y pensar sinceramente: “¡qué bonita es!¡mejor para ella!”. Y seguir con mi vida orgullosa de mi cara de bruja, mi risa de bruja, mis artríticas manos de bruja y mi cerebro brillando de alegría.

¿Y tú qué opinas? Exprésate con libertad, pero con respeto. Nos reservamos el derecho a eliminar comentarios discriminatorios, ofensivos o que consideremos inadecuados por algún motivo