El mundo en femenino Voces

Se inicia mediante la palabra el aprendizaje del mundo y con él la construcción social del género, la carga de aprendizaje y expectativas diferenciadas y jerarquizadas que asumimos las mujeres y los hombres por el hecho de nacer de uno u otro sexo. No podremos usar un lenguaje no sexista mientras no opere la transformación mental, donde se exija nombrarnos, sin dilación

María S. Martín Barranco
especialistaenigualdad@gmail.com

Cuando hablamos, seleccionamos unos fonemas con los que se construyen las palabras que utilizamos para expresar ideas, sentimientos, deseos, necesidades o nuestra forma de percibir lo que nos rodea. Ratificamos la relación entre significante y significado, entre el dibujo y la idea.

Uno de los argumentos más simples —por no decir tontos— y más utilizados es que “esto siempre ha sido así”. Pero, no se sostiene. En los discursos pregonados en la Francia de la Edad Media se decía ‘iceux et icelles’ [aquellos y aquellas] así como ‘tuit et toutes’ [todos y todas].

Se inicia mediante la palabra el aprendizaje del mundo y con él la construcción social del género, la carga de aprendizaje y expectativas diferenciadas y jerarquizadas que asumimos las mujeres y los hombres por el hecho de nacer de uno u otro sexo.

«Primero, la niña aprenderá que se dirigen a ella llamándola ‘niña’. Por tanto, si oye frases como “Los niños que terminen pueden ir al recreo”, permanecerá sentada en su pupitre contemplando impaciente la tarea concluida en espera de que una frase en femenino le abra las puertas del ansiado recreo. Pero estas frases no suelen llegar nunca. Es más probable que la maestra diga al advertir que ha terminado: “Fulanita, he dicho que los niños que hayan terminado…”, y si sigue sin darse por aludida, entonces le explicará que cuando dice ‘niños’ se está refiriendo también a las niñas. Pero si incurre en el error de creer que la palabra ‘niño’ concierne por igual a los dos sexos, pronto verá frustradas sus ilusiones igualitarias. La hilaridad de sus compañeros ante su mano alzada le puede hacer comprender, bruscamente, que hubiera sido mejor no darse por aludida en frases del tipo: “Los niños que quieran formar parte del equipo de fútbol que levanten la mano”. En casos como éste, la maestra suele intervenir recordando: “He dicho los niños”, ante lo cual la estupefacta niña pensará: “¿Pero no había dicho los niños?”».

«La niña debe aprender su identidad sociolingüística para renunciar inmediatamente a ella. Permanecerá toda su vida frente a una ambigüedad de expresión a la que terminará habituándose, con el sentimiento de que ocupa un lugar provisional en el idioma, lugar que deberá ceder inmediatamente cuando aparezca en el horizonte del discurso un individuo del sexo masculino, sea cual sea la especie a la que pertenezca».

Aunque la anécdota, recogida en 1986 por Montserrat Moreno en ‘Cómo se enseña a ser niña: el sexismo en la escuela’, puede parecer hasta cierto punto divertida, no deja por ello de tener un trasfondo amargo: desde antes de nacer, se educa de modo distinto a niñas y niños, se nombran de modo diferente. Se naturaliza la diferencia cultural como resultado artificial de las diferencias biológicas.

Uno de los argumentos más simples —por no decir tontos— y más utilizados es que “esto siempre ha sido así”. Pero, si repasamos someramente esta afirmación, comprobaremos con sorpresa que no se sostiene, según recoge Sara Lovera respecto de la lengua francesa en su artículo ‘La lengua vehículo del pensamiento’:

«En la Edad Media, la forma masculina no se consideraba suficiente para dirigirse a hombres y mujeres en los discursos pregonados en las plazas públicas. Se decía ‘iceux et icelles’ [aquellos y aquellas] así como ‘tuit et toutes’ [todos y todas]. Se podía decir ‘mairesse’ [alcaldesa] en el siglo XIII; ‘commandante en chef’ [comandanta] e ‘inventeuse’ [inventora]; en el siglo XV; ‘lieutenante’ [tenienta] en el siglo XVI; ‘chirurgienne’ [cirujana] en 1759. Sin embargo, la jerarquía que hoy se discute por el uso del género masculino para designar a las personas de ambos sexos se remonta al siglo XVII, cuando en 1647, el gramático francés Vaugelas declara que “la forma masculina tiene preponderancia sobre la femenina, por ser más noble”. La elección del masculino, recomendada por este gramático ni era una decisión neutral ni pretendía serlo».

Hasta las propias mujeres nos hemos mimetizado y hablamos de nosotras mismas en masculino con expresiones como “nosotros”, “uno cree”.  No podremos usar un lenguaje no sexista mientras no opere la transformación mental, donde se exija nombrarnos, sin dilación.

En 1789, la Asamblea Nacional Constituyente francesa aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Cuando en 1791, Olympe de Gouges redactó su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana fue porque las mujeres, que habían luchado tanto como los hombres para conseguirlos, no estaban incluidas: a finales del siglo XVIII ‘derechos del hombre’ no significaba ‘derechos humanos’. El resultado fue su acusación por intrigas sediciosas [sic] y la muerte en la guillotina en 1793.

¿Más? Continuemos: en 1776, cuando Thomas Jefferson escribió: “All men are created equal”, se refería, sin género de dudas, a los hombres y no a las personas. ¿O ese día estaba ahorrando tinta? Y si no, que se lo pregunten a Elizabeth Cady Stanton, quien en 1848 inició el movimiento sufragista en Estados Unidos con su Declaración de Sentimientos o Declaración de Séneca Falls, gastando tinta en escribir “That all men and women are created equal”. A pesar de que tenía buenos motivos para escribir esto, fue tachada de feminista radical. Me atrevo a imaginar que alguien le aconsejaría que se relajara y que disfrutara la vida, que no fuera tan susceptible. O que mejor con una palabra menos, por economía del lenguaje.

En definitiva, vale que hoy tengamos esa curiosidad llamada masculino genérico pero, por favor, no tergiversemos la historia: “Todos los hombres son iguales” se refiere, hoy y en 1776, a los ‘hombres’. En masculino. Sin genérico.
Es evidente, que la jerarquización del masculino sobre el femenino corresponde a una visión del mundo del siglo XVIII, por más que haya quienes la malargumenten y deseen hacerlo ver de otro modo.

Aunque nos parezca una propuesta novedosa, desde el fin de la II Guerra Mundial, algunas instituciones y gobiernos han abogado por un uso no sexista de sus respectivos idiomas. La feminización del lenguaje se propone adaptar el idioma a las realidades sociales y culturales, pero también se inscribe en un contexto político: el del reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres y de la necesaria paridad hombre-mujer.

Entre las iniciativas, como también recoge Sara Lovera en el artículo citado, se puede destacar la de Canadá, a la vanguardia de esa evolución desde 1978, así como las de Suiza, que en 1989 feminiza el conjunto de su terminología de oficios y profesiones y publica en 1991 una guía de redacción no discriminatoria que recomienda el uso de la expresión ‘droits humains’ [derechos humanos].

Según la lingüista Dunia Rodríguez, no podremos usar un lenguaje no sexista mientras no opere la transformación mental, donde se exija nombrarnos, sin dilación; donde se dejen de buscar fórmulas engañosas, que no sirven sin reflexión.

Julia López Giráldez afirma: «La enseñanza-aprendizaje de la lengua es un proceso de doma mediante el cual las mujeres/niñas aprendemos a no ser nombradas y a expresar esta ausencia de sí mismas con naturalidad, reprimiendo las preguntas sobre la pertinencia de este hecho [no estar]».

Tal y como nos dice Mercedes Bengoechea, figura internacional en el estudio del lenguaje y su relación con el género, dado que la lengua es el medio por el cual se transmite y comunica el pensamiento, al estar nuestra sociedad construida sobre estructuras de carácter jerarquizador y discriminatorio contra las mujeres, es inevitable que transmita y comunique, como lo hace, tácticas para preservar dicha jerarquización, es decir la invisibilidad, la exclusión del género femenino y el manifiesto afán de que esté implícito, a la hora de hablar y escribir, en el masculino.

Lo peor es que, a través de las generaciones, el pensamiento patriarcal ha ido infiltrándose en el lenguaje y se ha transmitido por esta vía hasta hacer invisibles a las mujeres, y lo más grave, hasta hacer que las propias mujeres nos mimeticemos y hablemos de nosotras mismas en masculino con expresiones como “nosotros”, “uno cree”, “uno mismo”, “todos”. «Hemos aprendido a pensarnos como ausentes, y lo que no es nombrado tiene una categoría diferente, subordinada, dependiente de lo nombrado. O, peor aún, no existe».

Se necesita una ingente labor de reeducación para que podamos enseñar con naturalidad que la lengua es un pacto de comunicación y que es necesario dar herramientas desde el parvulario para expresarse correctamente.

Todos los talleres de lenguaje no sexista, y todos los berrinches de sesudos académicos de la lengua, serán insuficientes si no existe la voluntad política y social de un profundo cambio estructural. Un cambio que será una revolución contra el poder que hoy aparta a las mujeres y a las niñas de la experiencia de ser nombradas, tachándolas —por reclamar sus derechos— de exigentes, incultas o manifiestamente ignorantes de la norma, de la gramática o de váyase a saber qué olvidando que para revisar estas normas obsoletas, retrógradas, anacrónicas y discriminatorias hemos debido conocer primero y después reflexionar sobre la norma, el mundo, el futuro y nuestro papel en él. ¿Pueden decir eso mismo quienes nos reprenden tanto por tan poco?

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El mundo en femenino
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Comentarios recientes

  1. Patricia

    Gracias por el artículo. Es alarmante que la crítica a la norma tenga por respuesta acusaciones de fundamentalismo, femi-nazismo, analfabetismo y no se cuántas cosas más. Hay mucha gente dócil dispuesta a aceptar el “esto así porque sí”. Si dejamos de hacernos preguntas estamos perdidas.

  2. Otro

    Que lástima que el pensamiento reverteriano esté tan de moda. Pero ya se sabe, es más fácil ser un gilipollas ocurrente que alguien que toma posiciones desde el rigor y la templanza. Gracias por el artículo.

  3. Otra

    Excelente artìculo. La reflexiòn es necesaria, y para ella se necesita informaciòn, como ésta. Y debe ser bueno, visto que ya ha saltado un machista escocido blandiendo la espada del insulto fàcil, a falta de argumentos. Làstima que vaya montado en burro.

  4. Pilar Tascon

    A las administradoras del Blog: Opino que no se deben permitir (sí, hay que prohibir) determinados comentarios como el que critico, que insulta a las feministas llamándonos feminazis. La libertad de expresión tiene límites: el respeto.

  5. Pikara Magazine Artículo de la Autora

    Perdonad que hayamos tardado en reaccionar. Entenderéis que ha sido una semana de locura. Cuando se deja un comentario en Pikara se advierte que no permitimos comentarios ofensivos. Por tanto, efectivamente, no cabía el comentario que señalabais, y lo hemos eliminado. Gracias.

  6. otro

    LLeguo un poco tarde para leerlo, pero en fin, lo he encontrado, y me parece un gran articulo. Gracias por escribirlo!
    Yo tampoco soy nueva en dar mi opinión respecto a algunas cosas que me parecen discriminativas y ser tachada de sacar las cosas de quicio.

    Creo que actualmente, con la “libertad” de que disponemos, en internet y en la calle, la gente está más abierta a decir lo que piensa y si nos fijáis en el HUMOR…en muchos medios, en la calle (está bien, quiero decir primero que ya sé que nos reimos de todo sin escrúpulos, de todo se hace sátira y mofa pero…) considero que el humor es machista muchas veces y a todos, y a veces a muchas, les hace gracia. Creo que todas nos sentimos ofendidas en cierta manera, aunque cada una lo exprese diferente, y es inevitable, ¡somos mujeres! yo no puedo reirme tan facilmente de lo que otros se ríen de mi, de lo que yo soy o de mi como mujer.
    Con mis amigas o entre mujeres si me puedo reir, si es gracioso, porque nos reimos de nosotras mismas, pero cuando el humor viene de una ilógica imperante que es machista, pues lo siento pero no me hace tanta gracia.
    Un ejemplo,
    trabajo como camarera y el otro día un simpático grupo de señores de mmmm… sesenta o setenta y tantos (no sabría decir, mayores), después de beberse unos vinillos en la comida y ya tomándose una copita, me dan un folio con un chiste y me dicen que le eche un vistazo, yo ya pensando que seria algo verde, ya sabéis, cuando me encuentro con que un chino tenía el método perfecto para que su mujer fuera muy cariñosa y se prestara facilmente al acto sexual y todos querían saberlo, en resumidas cuentas y después de la previsible confusión lingüistica, era la tarjeta de crédito.
    Pues no te digo que estando con mis amigas no dijeramos -mira, qué tia, se iba a por la passhhhtaaaa gansa!…jiji jaja, pero en ese momento me lo estaban dando esos señores… no me salió otra cosa que decirles que ahora nosotras teníamos nuestras propias tarjetas de crédito, algunos se rieron y me dijeron eso, eso! pero el que me quiso picar, hizo oidos sordos. Supongo que esperaba que me quedaría callada sin saber que decir, uhh! la jovencita se ruborizó!, pero no, siempre he sido muy contestona jeje y ahora no tengo porque callarme!

    Bueno, no os aburro más!
    Un saludo y gracias de nuevo!

  7. Armando Chávez Loyo

    El lenguaje es parte de nuestra estructura social y cultural, manifestamos con ella nuestro entorno donde nos hemos formado; es necesario que las estructuras cognoscitivas, que recibimos desde nuestra infancia inicien un proceso identificación entre hombre y mujer, que nos permiten establecer un equilibrio emocional que nos induzca a actuar en una convivencia equilibrada entre masculinidad y feminidad con base en el respeto y el amor..

  8. JM

    Hola gente!!

    Una de las razones para el uso del lenguaje inclusivo es el de activismo que contribuya a dar visivilidad al género femenino.

    También sabéis que hay varias fórmulas: usar la @; el o/a; la “x” (u otros signos ortográficos neutros); la duplicidad (compañeros y compañeras); el femenino genérico* (teniendo como elipsis el sustantivo “personas”), etc.

    Algunas de estas fórmulas solo se pueden usar en lenguaje escrito y otras también en el oral. Os cuento cómo suelo yo usar el lenguaje inclusivo.

    En mis comunicaciones por escrito yo suelo usar una combinación del o/a -aunque al revés, poniendo el femenino antes a(s)/o(s) para hacer aún mayor esa visibilidad de la que hablamos-, junto con la duplicidad y junto con el génerico femenino.

    No lo hago de manera exahustiva (es decir no lo hago siempre, a veces uso el correcto gramaticalmente genérico masculino). Lo que sí me preocupo es que al principio de mis mensajes (orales o escritos) siempre use ese mensaje inclusivo para dejar clara mi intención. Y luego, como digo, voy alternando fórmulas.

    También me preocupo de hacer explícita esa voluntad de dar visivilidad en contextos concretos (como cuando me refiero a colectivos profesionales: médicos y médicas, por ejemplo). También buscando genéricos tipo “humanidad” o “infancia” por ejemplo.

    En mis comunicaciones orales hago lo mismo (salvo usar, claro el a/o), aunque el *genérico femenino lo uso con tacto y según el contexto porque puede dar lugar a equívocos (en la línea de la anécdota que se cita en el artículo). Recuerdo, por ejemplo, que tras una conferencia dije algo así como “todas las que quieran un enlace directo a las diapos que se acerquen a la mesa” y, vaya, solo se acercaron mujeres).

    Bueno, ¿cómo usais vostras/os el lenguaje inclusivo?

    Y por cierto, ¿qué os parece lo que aquí se cuenta?:

    http://elpais.com/elpais/2012/10/11/opinion/1349975926_432322.html

    Curioso que el periodismo deportivo (caracterizado por su lenguaje machista -y belicista-) pueda ser ahora (aunque totalmente involuntariamente creo yo) ejemplo de lenguaje inclusivo, ¿no creéis?

    1. Soma

      <>.
      Puedes decir: “A quienes les interese o necesiten un enlace directo a las diapositivas, pueden acercarse a la mesa”. ¿Sí, no? 🙂

  9. Shy Girl

    Olympe de Gouges fue guillotinada por monárquica conservadora (“intrigas sediciosas”), no por sus ideas feministas. Florence Gauthier dixit.

  10. Gloria N.

    Que bueno es el artículo!!!. No me
    ha sido fácil decodificar todo los mandatos de género que he recibido y cuando era adolescente (tengo 60 á) ni tener idea de feminismo ni derechos de las mujeres me resultaban chocanteh comentarios de hombres adultos que por ej. decían que éramos las mujeres responsables que los hombres nos fueran infieles o nos dejarán, que no éramos lo suficientemente inteligentes para tenerlos interesados por nosotras… me interrogaba con 14 á cómo era posible pensar que los hombres no tuvieran responsabilidad, en esa época no era comprendida… Tenemos tan incorporada la devaluación de todo lo femenino, no ser nombradas, la disponibilidad que no me extraña que mujeres no quieran ser médicAs, cirujanAs… a mi pasa lo contrario ahora cuando hablamos en masculino no me siento incluida especialmente cuando todas las presentes somos mujeres o la mayoría. Comparto, con vosotras, que mi nieto de 7 años, acostumbrado que hablemos de niñas y niños, de amigas y amigos, de compañeros y compañeras, reacciona cuando se habla solo de niños y responde “también habían niñas”.

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