El semiarmario de Elena Anaya Voces

“La supuesta defensa de la privacidad no es tal, sino más bien mantenimiento de un secreto que impide que se legitimen socialmente comportamientos o identidades que deben ser equivalentes a la heterosexualidad. Salir del armario no apela a la tolerancia, sino a la libertad y la igualdad, y es un derecho social”, responde Beatriz Gimeno a quienes defienden a Elena Anaya por dedicar el Goya a su “amor”, sin marca de género.

Ha levantado mucha polémica el hecho de que Elena Anaya dedicara su Goya recién conseguido a “su amor”, así sin sexo. Y si ha levantado polémica es porque a estas alturas todo el mundo parece saber que el amor de Anaya es una mujer y puesto que esto es ya público, parecería que visibilizarlo como tal hubiera significado un apoyo importante en la lucha contra la homolesbotransfobia y más aún en este momento, cuando los avances legales de los últimos años están en peligro por culpa de la política del PP. Ante la avalancha de críticas a Anaya, inmediatamente salieron otras personas afirmando lo que se dice siempre en estos casos: que no se puede exigir a nadie que salga del armario, que eso es una cuestión privada, que ella decidirá cuándo y dónde hacerlo público y si quiere hacerlo.

La supuesta defensa de la privacidad no es tal, sino más bien mantenimiento de un secreto que impide que se legitimen socialmente comportamientos o identidades que deben ser equivalentes a la heterosexualidad. Salir del armario no apela a la tolerancia, sino a la libertad y la igualdad, y es un derecho social

Estoy en desacuerdo con estas últimas críticas que mezclan unas cosas con otras. Creo que hay que desbrozar la cuestión. En primer lugar está claro que ella tiene derecho a hacer lo que quiera y que ese derecho nadie se lo va a arrebatar, pero una cosa es que haga lo que quiera y otra distinta el derecho que nos asiste a lxs activistas lgtb a criticar el uso que ella haga de su derecho. Todos los derechos están sujetos a crítica.

En segundo lugar, en lo que se refiere al ejercicio de derechos que tienen consecuencias públicas pero que están anclados en la vida privada (derechos sexuales y reproductivos fundamentalmente, por no sólo) el feminismo ya demostró hace mucho tiempo que lo privado es político, es decir, que es necesario un abordaje político de esas cuestiones para conseguir la justicia. Porque las feministas negamos de principio uno de los axiomas más repetidos del patriarcado capitalista: que las desigualdades sociales del ámbito privado son irrelevantes para las cuestiones relativas a la igualdad. Nosotras, por el contrario, hemos desenmascarado el carácter ideológico de los supuestos liberales sobre lo privado y lo público. En este caso la supuesta defensa de la privacidad no es tal, sino más bien mantenimiento del secreto. Un secreto que impide que se legitimen socialmente comportamientos o identidades que aunque ya son legales deben ser, además, equivalentes social y culturalmente, a la heterosexualidad. El secreto es un constructo liberal conservador que apela a la tolerancia. Por el contrario, salir del armario apela a la libertad y la igualdad y es un derecho social.

El “armario” es una institución social cuyo objetivo es garantizar que la homosexualidad no salga del ámbito de lo privado y, así, no se pueda exigir igualdad en el ámbito público. Pretende evitar, mediante la violencia real o simbólica, que nos visibilicemos. Lo contrario a estar en el armario es ser visible. La visibilidad no es únicamente el deseo de ser vista o reconocida, sino que visibilidad significa existencia. Lo que no es visible no existe y lo que no existe queda fuera del ámbito de la ciudadanía reconocida. La discriminación que gays y lesbianas hemos sufrido y en parte sufrimos, tiene su origen precisamente en la exclusión de la existencia pública, en la invisibilización, en la negación de nuestro lugar bajo el sol. El rechazo de esta existencia significa el rechazo de la existencia legítima y pública de los sujetos homosexuales, lo que nos convierte fácilmente en objeto de cualquier injusticia y, en muchas partes del mundo, en víctimas de agresiones o asesinatos.Estar fuera del ámbito de la ciudadanía significa estar fuera del ámbito de la política, del lugar donde se dirimen los derechos y la justicia social, donde se otorgan ciertos derechos de ciudadanía.

El armario liberal permite a quien está dentro que haga lo que quiera con su vida mientras que castiga al que saca la cabeza fuera. Por ahí viene la parte perversa del asunto: el estigma no agrede a todas las personas por igual, sino que es ligero para los más poderosos y brutal para las que no tienen poder ni recursos

Pero el armario tiene también una función simbólica fundamental. Pretende evitar también que las sexualidades o identidades no normativas se visibilicen en tanto que dicha visibilidad es desestabilizadora de la heteronormatividad. El armario liberal permite a quien está dentro que haga lo que quiera con su vida mientras que castiga al que saca la cabeza fuera. El armario permite a muchas mujeres ocultar precisamente esa marca de discriminación, el estigma, que si no se hace público, no opera. Por ahí viene la parte perversa del asunto: el estigma no agrede a todas las personas por igual, sino que es ligero para los más poderosos y brutal para las que no tienen poder ni recursos. Ciertas lesbianas/gays del tercio rico del mundo disfrutan de una grado de autonomía tal que pueden permitirse vivir cómodamente como lesbianas/gays semi armarizadxs, como es el caso de Elena Anaya, que puede permitirse estar dentro y fuera. Fuera en la playa y dentro del armario en una ceremonia formal retransmitida a todo el mundo.

Elena Anaya seguramente a estas alturas no perdería nada si se supiera que es lesbiana, en cambio esa misma lesbofobia excluye, margina y asesina en muchos lugares del mundo. En estos momentos, en este país, ocultarse en el armario siendo una actriz de fama cuando no hay motivos reales para permanecer dentro, es una decisión que cualquiera está en su derecho de tomar, pero no se puede defender desde una postura de solidaridad activa con otras personas muy desfavorecidas. Porque en muchos lugares del mundo (también aquí) la homolesbofobia mata y excluye y la única manera de combatir eso es la visibilidad, no tenemos otra arma. El objetivo del activismo LGTB es destruir el armario como mecanismo social represivo e injusto.

No es necesario decir que, por supuesto, no se trata de revelar lo que uno o una hace o deja de hacer en la cama. Tampoco se trata de desvelar públicamente nada en contra de la opinión de la afectada. Se trata de que lxs activistas no podemos ser neutrales ante el silencio y tenemos derecho a exigir a quién pueda permitírselo que se visibilice por todos aquellos que no pueden. Con “obligación” queremos decir obligación moral. Si Elena Anaya hubiese dedicado su premio a su mujer no hubiese pasado nada. ¿Hubiera sufrido alguna pérdida? Pues seguramente alguna sí, porque si por declararse lesbiana no se pagara un precio, el armario y la desigualdad no existirían. El precio sería, quizá, cierta respetabilidad social en algunos ambientes, en algunos medios de comunicación; pero es un precio que, por solidaridad con quien paga un precio mucho mayor, bien puede pagarse.

Lxs activistas LGTB no podemos estar de acuerdo en que la orientación sexual o identidad de género sea considerada un asunto privado porque eso sería como renunciar a la esencia misma de nuestro compromiso activista. Las prácticas sexuales son privadas pero no lo es ni puede serlo el comportamiento social en relación a la orientación sexual mientras no haya igualdad y, cuando la haya, entonces la cuestión dejará de tener importancia. La privacidad apela a la tolerancia liberal, mientras que el salir del armario apela a la autoafirmación y la igualad.

Basta de acuerdos sobre el secreto. Basta de asumir acríticamente el mecanismo del armario.

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El semiarmario de Elena Anaya
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Beatriz Gimeno

Activista lesbiana y feminista, escritora (de novela, ensayo y poesía) y bloguera

    Comentarios recientes

    1. dolores

      Yo creo que aún a pesar de todo esto, tan válido es contar al mundo tu opción sexual, como guardártela para ti mism@. Nunca se puede caer en prácticas que vulneren la libertad individual y el derecho a la propia intimidad.

    2. Mara

      Totalmente de acuerdo, excepto en la cansina división hombre-mujer y, en este caso, lesbiana-gays (¿acaso no se puede ser persona a la que le gustan otras, o algunas, personas?), y ciertos usos del lenguaje como el de sexo en lugar de género( en: que Elena Anaya dedicara su Goya recién conseguido a “su amor”, así sin sexo). Me gusta mucho el artículo, muy completo y estudiado 🙂

    3. pilar garcia

      El articulo muy bueno, aunque pienso que Elena es libre de hacer lo que quiera.
      Pienso que Beatriz es demasiado optimista con respecto a la homosexualidad-la real la de la calle-en este país. Sinceramente le perjudicaría decirlo.
      Beatriz me gustan tus artículos, pero me resultan demasiado extensos, creo que ganarías mucho si fueses más sincrética, hay veces que al ver la extensión no los leo.

      un saludito

    4. Asun

      Bien el artículo, pero tampoco saquemos punta a un pelo.
      El año pasado, Marta Etura también dedicó el premio a su amor, y nadie le dió tantas vueltas.

      1. Martes

        “Quiero también dar las gracias a mi amor, por quererme tan bien y porque siempre puedo contar contigo. Gracias, amor.”
        “Quiero compartir este premio (…) con mi amor, porque eres lo más fascinante que me he encontrado nunca y porque soy profundamente feliz a tu lado.”
        ¿Qué diferencia una dedicatoria de otra? ¿Acaso Marta Etra está eximida de nombrar a su amor por ser éste un hombre? ¿No es esta otra clase de homofobia? Si por el hecho de ser homosexual se te exigen cosas diferentes que a un hetero, ¿no es eso discriminación?
        Es verdad que cuanta más gente haya fuera del armario más fácil es concienciar a la sociedad, conseguir derechos e igualdad, normalizarlo para que no haya nadie que se sienta mal por ser quien es. Es verdad, todo eso es cierto, pero no creo que debamos ni podamos criticar a alguien por no hacerlo.
        ¿Quién nos dice que la dedicatoria hubiese sido diferente de haber sido un hombre su pareja? ¿Acaso no puede ella guardar su parcela de intimidad y no dar a conocer a su pareja? ¿Sea quién sea, sea lo que sea? ¿De cuántos actores no conocemos con quién sale? ¿Por qué estamos exigiendo que Elena lo haga público, sólo por ser lesbiana? ¿No estamos volviendo otra vez al tema de la discriminación?
        De todas maneras, sea su amor una mujer, sea un hombre, sea lo que sea, no es asunto nuestro, ni de nadie. Defendamos lo que defendamos, yo creo que por delante tiene que ir el respeto a los demás. Y que cada uno marque sus tiempos, en este y en otros muchos asuntos. ¡Outing no!

    5. Pablo Cortina

      Yo vi en directo los agradecimientos y sentí un poco de pena. Me pareció un ejemplo de corrección más propio de Hollywood, y quizá van por ahí los tiros. Tal vez lo que puede perder está al otro lado del Atlántico. Y es muy frecuente que la gente que tiene ya una posición en un negocio se modere mucho para tratar de lograr otra más alta, o simplemente mantenerse.
      Pero lo verdaderamente triste es que una industria vete ciertas tendencias, hábitos u opiniones por estar fuera de lo que estudios de mercado dictan que a la “gente normal” le va a interesar.
      Y que alguien que se considera artista agache la cabeza.

      1. Martes

        Yo es que no creo que se trate de una postura comercial, en realidad todo el mundo sabe que entiende, no lo está escondiendo. Simplemente no lo está haciendo público, quizá por timidez, quizá por guardarse un poquito de provacidad, la poca que le permitamos. insisto, si su amor fuera un hombre, no habría tanto revuelo

    6. Raúl

      El análisis de Beatriz es certero en lo que se refiere al feminismo y a los mecanismos de opresión que la sociedad ejerce sobre gays y lesbianas. Pero que esto sea cierto no significa que una actriz como Elena Anaya esté oblidada a hacer una declaración pública de su vida privada (y en este caso lo privado no es público, es “su” vida) haciéndose abanderada de ninguna causa. Los movimientos que defienden derechos colectivos suelen caer en lo que Elvira Lindo llamó hace poco en un artículo de El País como “los abanderados de la confesión obligatoria”. Esta presión de los colectivos puede ser fuente de opresión y de vulneración de derechos. No olvidemos que cada persona, en tanto que ciudadana, se representa a sí misma. Elena Anaya no tiene un cargo político y,por tanto, no tiene ningún mandato representantivo. Se representa a sí misma y es, simplemente, actriz. Cuando quiera abanderar una causa, lo hará. No oculta su condición sexual. Pero tampoco está obligada (ni siquiera moralmente) a revelar el nombre de su pareja. Soy un gran defensor del movimiento LGTB. Pero hay derechos que son sagrados. Entre ellos, la libertad individual. Siento pánico cuando unas personas, en nombre de unos “supuestos derechos colectivos” le dicen a otra qué tiene que hacer. Un poco de memoria histórica nos recuerda cuál puede ser el siguiente paso. Y que conste que a mi también me hubiese gustado que dijese el nombre de su chica. Pero yo no soy Elena Anaya.

    7. aitana

      elena anaya no es portavoz de ninguna asociacion que se sepa, por lo tanto yo pienso que no tiene porque decir nada si no quiere. entiendo vuestra postura ya que os “dedicais” a que no haya discriminacion, pero ella es totalmente libre, y si no quiere decirlo es porque no quiere y eso hay que respetarlo.

    8. Rastafunci

      “Elena Anaya seguramente a estas alturas no perdería nada si se supiera que es lesbiana”. Y digo yo, ¿qué sabes tú de las circunstancias personales de Elena Anaya? ¿Acaso la conoces? Resulta contradictorio que defiendas el “uso del derecho” del ser humano según contextos: por ejemplo, Anaya está prácticamente obligada a hacer uso de un derecho como salir del armario porque conviene al colectivo LGTB , pero Sáenz de Santamaría no tenía ninguna obligación moral de hacer uso de su derecho a baja maternal porque pudiese convenir al colectivo mujeres currelas. No tiene ninguna lógica que acoples los “derechos-deberes” de los personajes públicos a tu opinión personal: si defiendes la libertad de ejercer derechos personales, ello debería primar sobre si te gusta más o menos lo que elijan. Porque, que yo sepa, no gritar a los cuatro vientos “soy lesbiana” también es un derecho.

    9. Bárbara G. Vilariño

      Éstos también pudieron haberse quedado calladitos, y mira tú cuánto ayudaron a luchar contra el racismo… http://www.elmundo.es/especiales/2008/09/internacional/elecciones_eeuu/barack_obama/historia/12.html
      Como dice el artículo, y como dijeron las luchas feministas, lo personal es político. No voy a obligarla, ni yo ni nadie, pero debería pensar en lo que habría logrado con un pequeño gesto, no solo con enseñar carne y refrotarse -manera en que dio públicamente a conocer su homosexualidad-.

    10. César

      No entiendo el porqué algo tan personal tenga que interesarle a la gente. Ella sabrá si quiere expresar publicamente su homosexualidad o no, es su derecho. Si fuera hetero podría haber dicho lo mismo y no habría habido ninguna crítica. ¿O es que tiene que dar pelos y señales de quien es su pareja obligatoriamente?
      Me parece algo muy loable buscar la igualdad, pero ante todo está la libertad personal, y si, puedes criticarla, ¿pero que diferencia hay a cuando un homofobo critica a un homosexual? ¿No estaría tambien en su derecho de criticar una decision personal?
      Por favor, dejemos a las personas que vivan tranquilas sus vidas, centrémonos mas en nosotros mismos, en querernos como somos y critiquemos menos las vidas ajenas.(encima cuando no tenemos ni idea de ellas y de las consecuencias que puede tener salir dar a conocer su homosexualidad publicamente, si es que lo es)

    11. Anaís

      Y quién es nadie para juzgar lo que dijo o no dijo Elena Anaya? Se lo dedicó a su amor, es suyo, su sentimiento, su dedicatoria, su momento… Siempre hay que sacar el pie del texto… y del contexto.

    12. Carmen

      A mi me pareció una dedicatoria preciosa… a su amor,sí, a “su amor” ( que debería dar igual que sea hombre o mujer, ribi@ o moren@, alt@ o baj@) al igual que lo ha hecho cuando ha recibido otros premios. Elena es visible, otra cosa es que no lo haya publicado en el BOE, no esconde a su amor/pareja/novia como lo queráis llamar, sólo hay que salir por Madrid para que te las puedas encontrar abrazadas, de la mano, … y no hace falta ir a Chueca. Lo que ocurre es que no vende su vida privada, al igual que no vendió la muerte de su padre, las exposiciones de su hermana… No como los de la prensa rosa que sacan a patadas del armario a todo personaje de “interés”. Por eso creo que merece todo el respeto del mundo por ser fiel a sí misma, no lo grita a los 4 vientos, pero tampoco lo esconde.

    13. Una del montón

      No conozco a Elena, yo no se si es o no es lesbiana…o que “etiqueta” es o deja de ser o los y las demás pretendan que sea.
      Estoy de acuerdo con que lo personal es político pero discrepo de la crítica de Beatriz.
      La lucha puede ser parte de tu vida o no…puedes vivir en libertad al margen de entrar en guerras. Y si no, mirad las beguinias en la Edad media.
      A mi me ha encantado que Elena dedicara el premio a su “amor” sin decir si este es hombre o mujer…el amor está – o debería estar, pienso yo- por encima de las sexualidades o de las categorías sexuales. Cómo nos gusta etiquetar, definir, si no parece que no somos nada…cuando en realidad, es sin etiquetas, que lo podemos ser todo.
      A lo mejor es que Anaya ama a una mujer, hoy, ahora. A lo mejor es lesbiana, pero a lo mejor es bisexual…a lo mejor hoy siente amor por una mujer…y mañana, quién sabe, por quién lo puede sentir. No lo se, no la conozco, ni es mi amiga.
      No me gustan las dogmas. Me molestan las etiquetas. Los seres humanos nos construimos permanentemente…somos un infinito en nuestras posibilidades.
      Aplaudo a Elena, igual que la aplaudiría si se sintiera lesbiana y luchadora y quisiera visibilizarlo. Tampoco pienso que ella se haya escondido… si ya es de dominio público que su “amor” es una mujer. Ella “es”, sin entrar en luchas…y eso es mucho.
      Felicidades Anaya y que lo disfrutes con tu “amor”.
      Una del montón.

    14. Suso

      Beatriz lo ha dicho claramente en su artículo:

      “En primer lugar está claro que ella tiene derecho a hacer lo que quiera y que ese derecho nadie se lo va a arrebatar, pero una cosa es que haga lo que quiera y otra distinta el derecho que nos asiste a lxs activistas lgtb a criticar el uso que ella haga de su derecho. Todos los derechos están sujetos a crítica.”

      No creo que Elena Anaya tenga ninguna obligación moral de decir nada a nadie. Tampoco creo que se pueda afirmar tan fácilmente que la actriz no perdería nada si se supiera que es lesbiana; cada una sabrá cuáles son sus objetivos y prioridades en cada momento de su vida.

      No obstante, sí creo necesario el papel del movimiento LGBT de servir de contrapunto a estos ocultamientos deliberados. No es cierto que una lesbiana o gay diga “amor” (o “pareja”, o “relación”) en las mismas circunstancias en las que lo hace una persona hetero. En el caso de las y los homosexuales, estas palabras son empleadas como eufemismos para evitar mencionar un substantivo con flexión de género que ponga en evidencia la orientación sexual. Yo mismo los he usado muchas veces, al igual que todas y cada una de las lesbianas o gays, estoy seguro. Es más, aún hoy en día, en muchas ocasiones, el decir “novio” o “novia” se convierte automáticamente en un acto político. No lo es previamente en la mente de quien habla; sólo cuando se pronuncia y se lanza en el aire.

      Dicho papel del movimiento LGTB no es agradable porque siempre está presente la delgada línea que divide estas acciones y el respeto a la libertad individual. Pero es necesario y es la única vía de ir normalizando la situación de miles de personas. La explicación es bien sencilla: necesitamos referentes en los que mirarnos, gente pública que nos muestre, aún hoy, que se puede ser gay o lesbiana y a la vez ser feliz. Esto se hace especialmente importante para las niñas, niños y adolescentes gays y lesbianas. Cuando era pequeño los únicos referentes que tenía, con los que de manera ninguna me podía identificar, eran Pajares y Esteso haciendo de maricones y Arévalo contando chistes de sarasas en el “Un, dos, tres”. Nada que ver conmigo. Ya quisiera yo haber tenido el referente de una Elena Anaya que dijese, simplemente y con toda naturalidad: “le dedico este premio a mi novia”. Habría sido mi heroína.

    15. Erika

      Sí, lo privado es político, es público. La crítica es necesaria pero más allá es cometer el mismo error de lxs patriarcxs: meterse en nuestras bragas.
      Si en otro post se criticaba duramente a las “neoecologistas” o cualquiera que sea la etiqueta que se les atribuye y que no comparto (no me gusta etiquetar a nadie) por criticar la decisión de Soraya Sáenz de Santamaría y su baja de maternidad de escasos días, creo que aquí se hace algo similar.
      Cada persona elije, y este derecho de elección es, al menos para mí, el foco de nuestra lucha. Quizás es mucho decir que Elena Anaya no cuenta con repercusiones reales por “salir del armario” bueno ¿reales para quién? Quien de nosotrxs no tiene SU propio concepto de realidad, con sus miedos y sus fantasmas propios?
      De nuevo, comprendo la crítica como reflexión pero no como juicio.
      Saludos

    16. alfa

      No entiendo que su discurso sea tema a debatir cuando toda la gala y la mayoría del cine español es hetero normativo al máximo nivel.

      Es muy libre de decir amor sin sexo,un sexo neutro es también una forma de expresarse, máxime cuando creo que en su vida privada no se ha escondido de nada ,sólo hay que ver ciertas fotos.Aun así admito que en una gala tan gris/rancia a mi tb me habría gustado que dijese “novia” ,pero bueno,y si no lo son? y si las relaciones estandarizadas son otra forma de normativizar?

      Además tiene que ser muy pesado llevar la pancarta a todas horas, ya nadie va a querer ser lesbiana :).

    17. mfuenc

      Hay muchas más indicaciones de que Elena Anaya es bisexual que de que sea lesbiana. La bifobia corre desbocada por estos lares y parece mentira que seas tu, Beatriz, que fuiste presidenta de la FELGTB (B de bisexuales) quién invisibilice y discrimine a las personas con esta orientación en favor de meterte en el bolsillo lésbico no sé que premio.

    18. Bea

      Me encanta Beatriz, muy bien explicado, me ha dejado las cosas muy claras. Porque yo no tenía una opiniónclara sobre todo esto, pero ahora sí y estoy totalmente de a cuerdo. Luego la gente que haga lo que quiera, pero desde luego si no se sale del armario no se están ayudando en nada. Esperemos que llegue el día en que no se sobre entienda la heterosexualidad.

    19. Essostre

      Yo no estoy de acuerdo con lo que se dice en este artículo. Pero me parece que la gran diferencia entre la autora, que reclama apoyo a su causa y el lector que no está de acuerdo, radica en el sufrimiento que la ha llevado a la lucha. Tal vez la actriz criticada prefiera vivir su amor separándolo de ese sufrimiento, del que tal vez se ha librado. Tal vez empieza a haber ya gente que vive en un entorno privilegiado que le permite ver estas cuestiones de forma ajena, ya que no han sufrido por su condición sufrimiento alguno.
      Yo siempre he sido lo que se esperaba que fuese, no he tenido dudas ni me he sentido juzgado. Por tanto me resulta fácil defender la libertad individual y el derecho a llevar las cosas como quiera esta actriz. Pero cuando comparo la homofobia con temas como el racismo, xenofobia o elitismo, la cosa cambia. El dolor gratuito de quién sufre discriminación es algo que nos incumbe a todos, y si no somos parte de la solución, somos parte del problema. Es muy fácil decir “yo no soy racista” pero es muy difícil ponerse en lugar del otro.
      Las lesbianas tienen en su contra el estereotipo que las masculiniza, dicho en el peor de los sentidos. La actriz de la que se habla parece una mujer dulce y femenina, y tal vez no se sienta cómoda en esa definición de lesbiana, aunque su amor sea una mujer. Es un ejercicio de libertad, sí, pero también se tinta de discriminación. Es muy difícil separar la libertad de la insolidaridad.
      Así que no estoy de acuerdo, pero comprendo el dolor que creo adivinar entre líneas, y que es una llamada de apoyo. Todos necesitamos apoyo, todos somos discriminados de un modo u otro y todos deberíamos entender el respeto al que es diferente, ya que todos somos diferentes. Y tal vez mi amigo, hermano, hijo o hija sí sufra esta discriminación si yo no me cociencio, si no me preocupo, si no formo parte de la solución…

    20. David

      A mi me parece un poco de mal gusto pretender exigir a alguien que airee, en un acto público, sus preferencias sexuales.

      Para mi, el hecho de que te atraigan personas del mismo sexo o del sexo contrario, no es el eje sobre el que gira tu vida, sino un simple gusto, aunque muy íntimo. Y como todos los gustos tiene sus matices y sus ambigüedades.

      Preguntarle a alguien si es gay o hetero, o pretender que él nos lo diga públicamente, me parece de tan mal gusto como preguntarle si le gusta ponerse encima, o hacerlo “de perrito”. Ni más ni menos.

    21. Leyre

      No tengo mucha idea sobre el movimiento y activismo LGTB, ni siquiera de feminismo, de hecho mi vida privada y mis gustos son a día de hoy totalmente heteronormativos. Y por una parte estoy de acuerdo con el artículo, pero a medida que lo iba leyendo esperaba que apareciera un “pero” que cambiara el texto de rumbo.
      Creo que además de acabar con los armarios y la invisibilización de la homosexualidad, teniendo en cuenta las siglas LGTB, no es positivo obligar (aunque sea moralmente) a hablar de géneros en el amor.
      Aunque públicamente esta actriz se haya dejado ver con su pareja, eso no hace necesario que tenga que decir si es mujer o no. De hecho no creo que nadie de quienes aquí estamos escribiendo sepamos si lo es o no. Y obligar a alguien a hacer pública su “orientación sexual” me parece simplemente otra forma de encasillar a las personas, estigmatizarlas, de obligarles a elegir un “bando” para siempre, y un género favorito o principal.
      Creo que esto dentro del feminismo y del activismo LGTB, no es para nada positivo.

    22. NombreNoEncontrado

      ¿Por qué utilizas la palabra “homolesbifobia”? ¿”Homosexual” no es un término neutro? Al menos hasta donde yo sé no es como en el caso de “juez”, que apareció como masculino y luego se usa como neutro a posteriori… ¿O me equivoco? Además, empiezas hablando de “homolesbitransfobia”, cosa que entiendo (la transfobia no está incluida en el término homofobia), pero hacia el final del texto dejas de escribirlo… Y si quieres ser del todo inclusiva,¿ no deberías añadir “bi” a la palabra?

    23. ingeniero

      En un mundo feminista, no existiría la heterosexualidad. En realidad, no habría la necesidad de catalogar la preferencia sexual, porque todo el mundo sería tuttisexual Eso sí, con una clara preferencia por las vaginas y los clítoris maduros. Con el suficiente adoctrinamiento, todas las persones serían educadas para calentarse con el pensamiento de vaginas de 60 años de edad. Aquellas turgentes jovenzuelas que accidentalmente mojaran las bragas bajo la contemplación de un joven musculoso y varonil arreglando el mercedes del cuadro feminista de la corporación local, serían serveramente reprendidas por el consejo lesbofeminista de la asamblea participativa comarcal.
      Estoy que me salgo, la verdad.

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