Coral Herrera: “El futuro es queer” Voces

Coral Herrera nos invita en este artículo a romper con las etiquetas, los roles y estereotipos; explorar la indefinición y dar paso al poder del deseo, de la imaginación y del juego como recetas para una sociedad libre e igualitaria

Coral Herrera (Madrid, 1977), especialista en Teoría de Género (entre otras muchas cosas, dada su ecléctica formación), ha publicado recientemente el libro ‘Más allá de las etiquetas’ (Txalaparta, 2011), en el que nos invita a”romper con todos esos roles impuestos por la sociedad, deconstruir los estereotipos, tomar conciencia de la riqueza de nuestras diferencias, intercambiar papeles, rebasar los límites, dar rienda suelta al deseo”. Ha publicado también el ensayo ”La construcción sociocultural del Amor Romántico’, y escribe en los blogs Haikita y Especialista en amor.

Vivimos en un mundo marcado por la desigualdad y las jerarquías. En Occidente, el capitalismo, la democracia y el patriarcado han impuesto la división del mundo en grupos y subgrupos con diferentes grados de poder que se diferencian entre sí por categorías abstractas como el género, el idioma, la raza, la clase socioeconómica, la religión, etc. A base de etiquetas, los humanos nos clasificamos para diferenciarnos unos de otros y establecer posiciones de superioridad e inferioridad en forma piramidal, por eso en el libro “Más allá de las etiquetas” defiendo la idea de que el futuro no consistiría en anular las diferencias, sino tomar conciencia de que éstas nos enriquecen, integrarlas como elemento de conexión, unión e igualdad.

“Ir más allá del género puede salvarnos no sólo de las jerarquías de género, sino también de otro tipo de categorías que, más que unirnos, nos desunen”

Creo que el futuro es queer, y creo que su propuesta teórica y política de transgenerizar la realidad, ir más allá del género, puede salvarnos no sólo de las jerarquías de género, sino también de otro tipo de categorías que, más que unirnos, nos desunen. En la actualidad posmoderna se nos han venido abajo muchos esquemas que antaño parecían estructuras sólidas y que hoy no se sostienen por sí solas. No sé si algún día todos los estereotipos y roles patriarcales se vendrán abajo (tanto a nivel sociopolítico como a nivel simbólico), una vez deconstruidos teóricamente, pero sí creo que el patriarcado está diluyéndose lentamente, al menos en las estructuras sociopolíticas.

Poco a poco, la gente está escogiendo unos caminos más abiertos, plurales y móviles para ser y para relacionarse. Las identidades posmodernas son cada vez más cambiantes; pese a la americanización de la cultura (término que utiliza Romá Gubern para hablar de la globalización), creo que estamos viviendo procesos de resistencia contracultural que permiten la fusión y la hibridación de formatos, de estilos de música, de corrientes artísticas, de teorías y de géneros. Por esto creo que en el futuro las diferencias tendrán más que ver con el status socioeconómico y factores como la personalidad, los gustos y aficiones, las costumbres o la profesión.

Estamos hablando de los países desarrollados y democráticos, obviamente. Y dentro de ellos, me refiero concretamente a la pluralidad de identidades de los habitantes de las capitales del mundo, que viven en islas de posmodernidad individualista y consumistas donde el anonimato y la libertad de movimientos es mucho mayor que en el mundo rural, en el que aún prevalecen códigos de la tradición patriarcal más misógina.

Creo que sólo cuando el código negativo deje de ser lo femenino, los hombres podrán adquirir cualidades, gestos, maneras y formas de relacionarse más “femeninas” sin miedo a perder su identidad personal, pues ésta ya no estará basada tanto en la virilidad como en otros factores. Las mujeres también podremos situarnos en el estar frente al ser, es decir, cambiar nuestra orientación sexual o performatividad de género y adoptar otros roles, otras actitudes vitales intermedias, moviéndonos en ellas a nuestro antojo.

Esto liberará enormemente nuestras relaciones porque dejaremos de ser unos y otras, para fusionarnos en una especie de arroba simbólica que incluya todas las identidades en sus diferentes etapas, todas las sexualidades sean normativas o no, todas las posibilidades de ser, de darse y de relacionarse.

“En lugar de buscar nuevas formas de clasificación, tenemos que lograr deshacernos de las etiquetas y buscar en la indefinición todas las posibilidades que se nos ofrecen cuando salimos del mundo bicolor pensado en dos dimensiones”

Hasta entonces, hacer el camino consistirá en derribar todos los supuestos patriarcales que refuerzan las categorías de género y la división del mundo en dos polos opuestos. Para ello tendremos que seguir analizando los mitos de nuestra cultura patriarcal, y será necesario deconstruir los estereotipos, destripar la clave de los roles, cuestionar las ideas y los hechos dados por supuestos, y explicar la forma en que los condicionamientos patriarcales influyen en nuestra identidad, nuestra sexualidad y nuestras emociones.
Identificando el modus operandi de esta ideología hegemónica podremos poner en cuestión qué es la normalidad y qué es la desviación, a quién le interesan las jerarquías que generan desigualdad, y qué beneficios obtenemos hombres y mujeres con la eliminación de esta categoría binaria hombre-mujer de corte esencialista que no es universal, ni eficaz para explicar la complejidad humana.

En lugar de buscar nuevas formas de clasificación, lo que tenemos que lograr es deshacernos de las etiquetas y buscar en la indefinición todas las posibilidades que se nos ofrecen cuando salimos del mundo bicolor pensado en dos dimensiones. En el área de la sexualidad ocurre lo mismo: es hora de superar la genitalidad, de dejar de rendir culto al falo, de exigir eyaculaciones completas y orgasmos contabilizados… es hora de explorar el cuerpo, de ampliar el erotismo y expandirlo por toda la piel.

“Asumir que lo personal es político es reivindicar la experimentación con nuestros cuerpos e identidades; es dar paso al poder del deseo, de la imaginación y del juego, necesarios para lograr una sociedad más justa, libre e igualitaria.”

Y para ello tenemos que dejar de pensar en lo que deben de ser los hombres y las mujeres en la cama; es mucho más divertido intercambiar roles, rebasar los límites impuestos, dejar de diferenciar entre amor y sexo, incluir la ternura en la aventura ocasional, atrevernos a expresar emociones, aunque el patriarcado nos diga que unos no lloran y las otras son de lágrima fácil.
La identidad y el cuerpo han de poder ser exploradas fuera de las cadenas del mundo bidimensional que contempla la realidad en blanco y negro.

Atreverse a superar las categorías ontológicas que nos definen y nos otorgan un papel concreto en la sociedad supone poder reinventarse las veces que un@ quiera, y ampliar el horizonte mental para poder abarcar el mundo sin prejuicios y sin miedos, de una manera mucho más enriquecedora y compleja que hasta ahora.

Si vamos a conseguirlo o si el patriarcado seguirá inscrito en nuestros cuerpos, manejando nuestras emociones y deseo, coleteando unos siglos más, es algo que no sabemos; pero tenemos que ponernos ya a la tarea para dejar atrás el pasado y dar paso a lo nuevo, a través del afán revolucionario y la alegría de vivir.
Asumir que lo personal es político es reivindicar la experimentación con nuestros cuerpos e identidades; es dar paso al poder del deseo, de la imaginación y del juego, necesarios para lograr una sociedad más justa, libre e igualitaria. Las etiquetas impuestas desde arriba no son sino expresiones del miedo de la sociedad a lo diferente y al caos; por eso frente a la rigidez de la definición proponemos la flexibilidad de lo ambiguo, la aventura de la incertidumbre, y la necesidad del cambio.

El camino es la búsqueda: el ser humano es un ser que busca la aventura y la novedad, que le encanta hacer frente a los desafíos, que lucha por mejorar sus condiciones de vida, que necesita escapar de la prisión del presente a base de multiplicar realidades en una suma enriquecedora y no excluyente.
Dejémonos, pues, llevar por nuestra naturaleza deseante y nuestro insaciable afán de aventuras y retos para probar nuevas formas de ser, de quererse, de estar en acción. Yendo un poco más allá de las normas, rompiendo verdades dadas por supuesto, explorando nuevos caminos, deshaciéndonos de las etiquetas…

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Comentarios recientes

  1. Aitziber

    oye, ¡que me ha encantado esta lectura! eskerrik asko.
    Un saludo desde mi “isla personal de posmodernidad individualista y consumista”, uff, durillo ee.., ¿y si pensamos en colectivo, en comunitario, qué pasa?

  2. Pingback: Más allá de las etiquetas. Feminismos, masculinidades y Queer « etiquenvessendo

  3. Dani

    ¡Todo lo que dice Coral Herrera es lo que llevo intentando desde hace años en los círculos donde me muevo! Pero es difícil de cojones. Hay unas inercias psico-sociales del copón que hacen que el cambio de dirección sea lento y costoso, casi imperceptible. Un ejemplo real. Un amigo (es verdad que es un amigo, no la típica excusa que se pone cuando alguien va a hablar de sí mismo pero no quiere que se sepa) ha dejado los rollos esporádicos con chicas. La razón: él desde siempre (tiene cuarenta años) las ha tratado con ternura y cariño en la cama. Y antes, y después. Pero no quiere seguir así porque se enamoran y luego suelen querer iniciar una relación estable aunque desde el principio él haya dejado claro que no son esas sus intenciones. Así que ahora dice: una de dos, o me comporto como un macho ibérico para que no me cojan cariño y al terminar el polvo no tengan ganas de volver a verme, o corto de raíz. Ha optado por esto último.

    1. DeVera

      Lo siento mucho por tu amigo. La ternura suele traer estas cosas: las mujeres con las que se acuesta no deben estar muy acostumbradas a que alguien que no quiera nada más con ellas se comporte de esta manera. Si él lo dice desde el principio, tu amigo es un señor y no se le puede decir nada excepto que qué bien lo hace. Un amigo mío tiene el mismo problema y la verdad es que cuando tú tampoco quieres una relación muy estrecha, la ternura inacabable asusta que te cagas.

      Es difíci de cojones, como tú has dicho. Pero mola mucho más cuando se lo explicas a alguien y te dice que has puesto palabras a sus dudas y reflexiones. Hay gente de verdad ahí afuera, que quiere pensar y conocer dónde poner el pie para saltar el muro.

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