Alicia Puleo: “Mujeres y ecología no son sinónimos” Secciones, Voces, Y luego diréis que somos cinco o seis

Alicia Puleo aboga por el ecofeminismo ilustrado, un ecofeminismo que se inscribe en la tradición de la crítica a la opresión y a la defensa de la igualdad. A esta Doctora en Filosofía le gusta comenzar subrayando que “ser ecofeminista no implica afirmar que las mujeres estén de manera innata más ligadas a la Naturaleza y a la vida que los hombres”.

Como cada mes, en Voces entrevistamos a una feminista con mucho que decir. El objetivo es recoger las aportaciones de personas de referencia en la lucha por los derechos de las mujeres, a fin de ir aportando a la memoria histórica del feminismo. Hemos bautizado esta sección “Y luego diréis que somos cinco o seis”, uno de los lemas de las manifestaciones feministas

Kristina Sáez e Itziar Abad

A mediados de los años 70, el problema de la superpoblación mundial era un importante punto de encuentro entre las reivindicaciones feministas y las preocupaciones ecologistas. La escritora francesa Françoise d’Eaubonne acuñó, entonces, el término ‘ecofeminismo’, que siguió diferentes tendencias.

Alicia Puleo (Buenos Aires, 1952) aboga por el ecofeminismo ilustrado, un ecofeminismo que se inscribe en la tradición de la crítica a la opresión y a la defensa de la igualdad. A esta Doctora en Filosofía y directora de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid le gusta comenzar subrayando que “ser ecofeminista no implica afirmar que las mujeres estén de manera innata más ligadas a la Naturaleza y a la vida que los hombres”. También, “que mujeres y ecología no son sinónimos”.

“El ecofeminismo crítico vincula las reivindicaciones del feminismo con las propuestas de la soberanía alimentaria y la conciencia ecológica”

Hay lectoras de Pikara Magazine que se identifican con el movimiento feminista y con el ecologista, especialmente con el ecologismo social, y que, sin embargo, muestran reticencias ante la corriente del ecofeminismo.

Creo que esas reticencias provienen de que se identifica al ecofeminismo con una mistificación de las mujeres como naturaleza, con un feminismo muy diferencialista o incluso con un ecofeminsimo que remite a sociedades del pasado que están muy alejadas de la sociedad urbana en la que nos encontramos.

Tendríamos que construir, pues, un ecofeminismo desde nuestro contexto.

Eso es lo que he intentado hacer a raíz de la elaboración de ciertas líneas del ecofeminismo que he llamado ilustrado o crítico y que me han ocupado en los últimos años. Lo desarrollo de forma completa en el libro que va a salir ahora, “Ecofeminismo para otro mundo posible”.

¿Y dónde está presente, hoy en día, esta corriente del ecofeminismo ilustrado por la que tú abogas?

He encontrado inspiración o coincidencia entre lo que yo deseaba que fuera el ecofeminismo y la realidad en la Marcha Mundial de las Mujeres y en la Declaración de Nyéléni, por ejemplo. Estas iniciativas unen las reivindicaciones del feminismo, de autonomía y de empoderamiento de las mujeres, con las propuestas de la soberanía alimentaria y la conciencia ecológica. Ahí he encontrado esos atisbos de ecofeminismo aunque, a lo mejor, las propias protagonistas de estas acciones no se autodenominen ecofeministas. He preparado un monográfico para la revista del Instituto de Investigaciones Feministas de la Complutense sobre la praxis ecofeminista en el mundo ibérico y latinoamericano. En él trato de buscar, justamente, dónde están esas iniciativas que muchas veces van por delante de la teoría. Será publicado on-line dentro de poco.

¿También el ecofeminismo está presente en Latinoamérica?

Es más bien una corriente que se inicia en el mundo anglosajón, ajena al mundo latino. Sin embargo, en este momento en Latinoamérica se están dando ejemplos prácticos de lo que el concepto entraña. También desde todo lo que tiene que ver con las cosmovisiones indígenas, aunque nuevamente estaríamos remitiéndonos a sociedades o mundos que no son los propiamente urbanos.

“Existe el peligro de que se constituya el movimiento decrecentista sin incorporar conscientemente el feminismo. Hay plantear la inclusión porque, de lo contrario, se olvida, y las mujeres perdemos posiciones”

Otros contextos actuales en donde se practica…

Para mí, el ecofeminismo tiene también en la cuestión animal un peso importante: la ética del cuidado aplicada al mundo no humano. Ahí hay una actividad realizada por mujeres que no están necesariamente organizadas y, muchísimo menos, en calidad de ecofeministas. Sin embargo, representa sin duda una potencialidad. La praxis del ecofeminismo estaría en diversidad de ámbitos, como en la soberanía alimentaria o en las plataformas cívicas de defensa o de resistencia contra proyectos negativos para el medioambiente.

A través de estas actividades en tantos casos protagonizadas por mujeres, como has dicho, ¿puedes vincular el ecofeminismo con el modelo decrecentista y el Buen vivir?

El peligro que yo apuntaría es que se constituya el movimiento decrecentista sin incorporar conscientemente el feminismo. El ecofeminismo podría ser una necesaria negociación preventiva dentro del decrecentismo para evitar que las mujeres queden en una posición de falta de poder dentro de él. Ocurre que en todos los movimientos sociales nuevos es necesario volver a empezar para que las mujeres ocupen algún espacio. La inclusión hay que plantearla porque, de lo contrario, se olvida y se pierden las posiciones alcanzadas en la sociedad.

¡Tenemos muchos ejemplos de eso a lo largo de la historia!

Así ha sucedido históricamente. Podemos verlo incluso en la constitución de las sociedades burguesas, cuando se pasa del Antiguo Régimen a las sociedades democráticas. En alguna medida, las mujeres dan un paso atrás, porque si había unas cuantas aristócratas influyentes, después ya no queda ninguna, ni aristócrata ni no aristócrata.

Y vuelta a empezar la lucha para incorporarse en ese espacio de libertad y de igualdad supuesta.

Es lo que descubrieron las feministas de la segunda ola, o en la nueva izquierda, cuando trabajaban por los derechos civiles o contra la discriminación racial en los EEUU. De repente se dieron cuenta de que estaban haciendo café, redactando panfletos, todo el trabajo de oficina, pero que no tenían ni representación ni voz en las conferencias, en los congresos o en las asambleas. Cuando pidieron que sus reivindicaciones no sexistas fueran incluidas, les dijeron que no había tiempo para eso.

¿Y hasta cuándo hay que esperar?

Yo creo que no hay que esperar, que ya tenemos una presencia y es necesario potenciarla. Hay mujeres que están luchando, que están poniendo todo su esfuerzo dentro de estos movimientos. Tiene que haber una igualdad en los ámbitos de decisión y de representación. No están haciendo los trabajos infraestructurales, como ocurre tantas veces en los movimientos sociales, en donde después los portavoces son hombres.

En pocas palabras

Lo sugerente: Literatura que nos haga pensar y comprender mejor el mundo

Lo deserotizante: El sexismo

Lo pendiente: Novelas ecológicas que nos ayuden a alcanzar una cultura de la igualdad y la solidaridad con los humanos y del cuidado y la compasión con los animales

Un éxito: el feminismo, porque ha cambiado el perfil de las sociedades modernas

Algo como para tirar la toalla: escuchar argumentos rancios y casposos de alguien que va de “progre”

Una feminista: Kate Millett, la autora de ‘Política Sexual’, reconocida como uno de los personajes públicos más influyentes del siglo XX

Una época: La del presente, en que todavía podemos actuar

Un lugar en el mundo: Aquel en el que estemos en cada momento de nuestra vida

Alicia Puleo: “Mujeres y ecología no son sinónimos”
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Comentarios recientes

  1. Tinita

    Graaaaaaaaaaaaande Puleo! muchas gracias, me ha encantao el artículo!

  2. Rosalía B

    El área del ecofeminismo implica diversas praxis, tantas que la cuestión necesita aclaración, porque al querer englobar todo, la cuestión resulta confusa. El ecofeminismo combate el androcentrismo y en antropocentrismo, bien. Combate la idea de que el ser humano tengo derecho a hacer lo que le dé la gana con la naturaleza no humana, bien. Pero la naturaleza no humana no es un todo indiscernible; dentro de ella entran ríos, ecosistemas, insectos, cerdos, fenómenos metereológicos, etc…. Desde el punto de vista moral, es preciso hacer una distinción dentro de este ámbito y establecer jerarquías, es decir, no otorgarle exactamente la misma consideración a un lirio que a un zorro. Creo que el ecologismo no nos proporciona nada para hacerlo, pero no tendría por qué entrar en conflicto con ello (frente a lo que algunos animalistas recelosos del ecologismo aseveran).

    Puleo apunta que ejemplos de prácticas ecofeministas son la lucha por la soberanía alimentaria y la cuestión de los animales. PEro estas dos, si no establecemos jerarquías, lógicamente, entran en conflicto. Por un lado, la soberanía alimentaria demanda el consumo de los productos locales, resultado del trabajo de pequeñas explotaciones agro-ganaderas. Alegan, en su defensa, motivos ecológicos, democráticos y de salud del tejido social local. Por otro lado, si somos consecuentes con la idea de que no podemos dominar injustificadamente a los animales no humanos ni causarles dolor por mero capricho, irremediablemente hemos de aahcernos vegan@s, ya que se puede llevar una dieta vegana y mantener la salud.

    Es posible que una persona vegana no encuentre absolutamente todos los nutrientes que necesita para llevar una alimentación equilibrada en su comunidad. Alguien que vive en el norte del EStado Español, por ejemplo, quizás tenga que consumir almendras del sur para aumentar la cantidad de calcio que consume y llegar al mínimo necesario (con verduras de hoja verde oscura es difícil, tendría que tomar entre 6 y 8 vasos al día de verdura cocinada, y si llenamos el estómago sólo de eso, ya no podremos comer otras cosas necesarias).

    Hay aquí un conflicto.

    Es el conflicto que hay entre ecologistas y animalistas, que, desde mi punto de vista, no debería existir. Si bien hay que preocuparse por la conservación de los escosistemas y de las maravillas de la naturaleza, eso no puede ser a costa de los individuos no humanos (como a cuando a los ecologistas les da por asesinar a individuos de una especie que llaman “invasora”). Por otro lado, relacionarnos de un modo correcto con los animales no humanos, no tiene que implicar el descuido de los ecosistemas.

    Hay gente que alega que traer alimentos de un lado para otro destruye ecosistemas y si se destruyen los ecosistemas mueren animales. Concluyen, pues, que es peor traer X alimento de lejos que criar cerdos, matarlos y comérselos. “Porque no quiero que mueran animales, mato animales” Vaya argumento! Sin embargo, esta lógica no se aplica a los seres humanos (nunca sacrificamos a uno “por el medio ambiente”), de tal modo que pronto leemos el especismo que hay de fondo.

    Si las personas que así piensan no fuesen especistas, dirían: “Tenemos que buscar modos sostenibles de traer X alimento de allá para aquí”. Seguro que hay modos de mover los alimnentos de un lado para otro menos perjudiciales para el medio ambiente y que no esclavice animales (no vale volver a las carrozas tiradas por caballos!). El ingenio humano ha demostrado ser capaz de resolver muchos problemas cuando se aplica. Las personas dedicadas a las ciencias han conseguido cosas que parecen más bien de “ciencia ficción” para quienes no entendemos mucho de esos asuntos. Necesitamos la inteligencia de todas las personas y todo tipo de talentos para salir adelante.

    Mi postura es la siguiente:
    1. No se puede causar daño injustificado a ningún individuo humano ni no humano (por tanto, no está moralmente injustificado comerse un cerdo o esclavizar a una vaca para beber la leche que debería ser para sus crías)
    2. No se pueden destruir los ecosistemas injustificadamente. Satisfacer los requerimentos nutricionales de los humanos y evitar el dolor de individuos no humanos sintientes (a los que el filo del cuchilllo hiere tanto como a los humanos y a quienes la captura de sus crías y el cautiverio también deprime) es una justificación para alterar los ecosistemas.Alterarlo por capricho es lo que no es moralmente correcto y es lo que hacemos todo el tiempo.

    Sí a la soberanía alimentaria, pero no por encima de todo. Es decir, cambiemos ya este sistema absurdo en el que se traen uvas de Chile, piña (fruta que no necesitamos)de algún país centroamericano, garbanzos de EEUU, etc… etc… etc…. PEro antes de esclavizar una vaca, tomemos verduras de hoja verde, sésamo y almendras. Intentemos en cada comunidad producir todos los alimentos necearios que se puedan, y los que no – que serán pocos, nada comparado a la locura actual -se traen de fuera.

    Tengo que leer “The sexual politics of meat” de C. Adams y todo lo escrito por feministas que se preocupan por los animales y han establecido vínculos entre el patriarcado y el especismo. Seguro que ayuda a aclarar la cuestión. Ojalá hubiera más tiempo para la lectura y la reflexión!!!

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