“Quien ostenta el poder tiene la llave de la representación” Voces

Maite Garbayo (Iruña, 1980) es historiadora del arte y militante en la Asamblea de Mujeres de Álava. Para ella, la importancia primordial del arte con contenido feminista es “deconstruir la representación existente acerca de lo femenino” y “proponer imágenes contrahegemónicas” que se aparten de lo dictado por el sistema patriarcal.

Guerrilla Girls

Guerrilla Girls

El feminismo se reveló, con el tiempo, como el punto de encuentro de muchas de sus investigaciones. De esta forma, quedó disipada la sospecha de padecer “una especia de psicosis”, dada la dispersión de los temas que elegía para su estudio. Maite Garbayo (Iruña, 1980) es historiadora del arte y militante en la Asamblea de Mujeres de Álava. Para ella, la importancia primordial del arte con contenido feminista es “deconstruir la representación existente acerca de lo femenino” y “proponer imágenes contrahegemónicas” que se aparten de lo dictado por el sistema patriarcal.

Arte y feminismo, ¿un binomio problemático?

Sí, porque deberíamos hablar de artes, en plural, y de feminismos, también en plural. En cualquier caso, referirnos al “arte feminista” como si fuera una corriente o un movimiento artístico no es para nada correcto.

¿Por qué los feminismos resultaron decisivos cuando irrumpieron en las manisfestaciones artísticas?

“La importancia primordial del arte con contenido feminista es deconstruir la representación existente acerca de lo femenino y promover imágenes contrahegemónicas”

Quien ha ostentado el poder es quien ha tenido también la llave de la representación. A lo largo de toda la historia, las mujeres han aparecido como objetos de la mirada de los hombres, que eran quienes las representaban. A finales de los 60 y principios de los 70, sobre todo en el mundo anglosajón, el feminismo comenzó a impregnar determinados sectores del mundo del arte y, entre otros asuntos, comienza a cuestionarse la representación de lo femenino, para promover imágenes contrahegemónicas que deconstruyeran las que existían anteriormente.A partir de los 90 se empieza a profundizar en otras cuestiones, en otras teorías. La noción de perfomatividad, de teóricas como Judith Butler, será importante en el ámbito artístico porque brinda la posibilidad de experimentar con la representación.


¿Existe entre las artistas feministas una tendencia a elegir determinados temas?

Hoy día no se puede afirmar eso. Como historiadora del arte, te diría que se puede historizar y que sí ha habido distintos momentos en los que un tema, un tipo de obra o incluso un medio, han ocupado un lugar más central dentro de las distintas prácticas. Podríamos hablar, por ejemplo, de las primeras manifestaciones feministas en el arte, en Estados Unidos, en las que la representación de lo corporal se repetía con frecuencia. Era un arte que tendía a lo autorreferencial.

Y esencialista, que vuelve a reducir a las mujeres a un coño…

.. pero que sirvió para proponer imágenes que nunca habían sido representadas. Aunque después se tildaran de esencialistas, en aquel momento fueron representaciones subversivas porque volcaban la norma. Judy Chicago o Hanna Wilke, por ejemplo, realizaron representaciones vaginales en escultura y en pintura. Hasta entonces, la imagen que aparecía de las mujeres era una imagen idealizada. Nunca se representaban los genitales femeninos en estado puro y, de alguna manera, eran un tabú.

¿Puede hablarse de arte queer?

Es un poco peligroso remitir la práctica artística a corrientes teóricas concretas. El arte sigue siendo un medio estético y, aunque pueda remitir a discursos, debe mantener cierta autonomía dentro de lo artístico. Hay determinados artistas que han sido incluidos bajo lo queer, pero debido a obras o a momentos concretos de una trayectoria.

¿Y qué pasa con la reinvidicación del sistema de cuotas?

Las primeras reivindicaciones surgieron en Estados Unidos, en los años 80. Por ejemplo, aquel famoso poster de las Guerrilla Girls denunciaba que en los museos de arte moderno el 85% de los desnudos era femenino, mientras que sólo el 5% de las artistas eran mujeres. Comenzaron, entonces, las manifestaciones en las puertas de los principales museos de Nueva York, en protesta porque había exposiciones en donde la presencia de mujeres era muy escasa.

En principio, no deberíamos valorar las obras de arte por el sexo biológico de la persona que las ha realizado…

El arte forma parte del mundo en el que vivimos y reproduce los mismos sistemas de discriminación que existen en el resto de ámbitos. Por eso, me parece bien reinvidicar la igual presencia de mujeres artistas que de hombres artistas en las exposiciones. Claro está que si no existieran esos sistemas de discriminación hacia las mujeres, no tendría sentido fijarse en el sexo biológico de quien realiza las obras. Este debate ya se daba entre distintas teóricas de los años 70. Algunas, como Lucy Lippard, proponían crear circuitos artísticos exclusivos de mujeres y otras, como Griselda Pollock, optaban por integrarse con discursos feministas en los circuitos ya existentes.

Con el tiempo, el feminismo se reveló como punto de encuentro de las dispares investigaciones de la historiadora

¿Qué entró primero en tu vida, el feminismo o el arte?

El feminismo. Vengo de una familia de izquierdas y militante. Comencé a militar en algún grupo en el instituto, porque veía muchas injusticias, cosas que me ocurrían a mí o mis compañeras por ser mujeres y que a los chicos no les pasaban. Al principio, fue una militancia experiencial, práctica, con muchísimas carencias teóricas. Recuerdo que, por entonces, leí a algunas autoras clásicas, como  Simone de Beauvoir. Después, vino el arte. En primero de Historia del Arte, descubrí el libro ‘El lenguaje de la Diosa’, de Marija Gimbutas, una arqueóloga lituana que analizaba las representaciones femeninas prehistóricas en un territorio al que ella denominaba la Vieja Europa. En ese libro, hablaba de existencia de una Gylanía, es decir, una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres, pacífica, en la que floreció el arte y la arquitectura. Me interesaba mucho el Arte Prehistórico y comencé a investigar, entonces, sobre la iconografía supuestamente femenina de aquella época.

El cuerpo, la maternidad, la tierra…

Yo para nada me identifico con eso como feminista, pero ese fue uno de los puntos de unión entre mi interés por el arte y por el feminismo.

Has investigado sobre diversas etapas de la Historia del Arte.

Me interesan muchas etapas y eso, cuando era un poco más joven, me preocupaba. Me parecía estar siempre en varias cosas a la vez, no centrarme en nada, una especie de psicosis. Sin embargo, con el tiempo, el feminismo se ha revelado como el punto de encuentro de muchas de las investigaciones. Becada por el Gobierno mexicano, investigué sobre las representaciones femeninas del Preclásico de ese país. Después, en Roma, me interesé por las pintoras barrocas y actualmente estoy centrada en el feminismo y en el arte contemporáneo en España.

Algo bastante complejo…

Sí, porque no hay una bibliografía que recoja lo que se hizo aquí, todos los referentes teóricos y artísticos son anglosajones. Durante mucho tiempo ha parecido que no se hizo nada y, aunque menos que en otros lugares, se hicieron bastantes cosas. Por ejemplo, en los 70 tenemos los trabajos de todas las conceptuales catalanas o los de Esther Ferrer, aquí en el País Vasco. Existen propuestas concretas dignas de tener en cuenta, que no han sido reconocidas como se merecen.

Maite Garbayo, en la sede de la Asamblea de Mujeres de Álava

La Asamblea de Mujeres de Álava, una responsabilidad histórica

Maite Garbayo comenzó a militar en la Asamblea de Mujeres de Álava en el año 2006. Al igual que las asambleas del resto del estado, la de Álava surgió a finales de los años 70, tras la dictadura franquista. “Imagínate la cantidad de mujeres que han pasado por aquí desde entonces y la impresionante documentación que conservamos en nuestros archivos. En ese sentido, hay una especie de responsabilidad histórica sobre todo lo que ha significado y sobre lo que significa esta Asamblea”, sostiene Garbayo.

La diversidad y el modo de funcionamiento es lo que destaca la historiadora del colectivo feminista al que pertenece: “Somos mujeres muy variadas, tenemos incluso diferentes modos de entender el feminismo. Nos manejamos de forma anárquica, sin ningún tipo de jerarquía, mezclándolo todo y haciendo político lo personal. Eso es algo que me encanta”.

Muchos son los momentos de militancia memorables para Maite Garbayo, como algunas de las escuelas de debate organizadas por la Asamblea o los bailes por las calles granadinas durante la manifestación que clausuró las jornadas feministas estatales del año pasado.

En pocas palabras

Lo sugerente: Lo no evidente

Lo deserotizante: Lo acrítico

Lo pendiente: La deconstrucción feminista del amor romántico

Un éxito: El feminismo

Algo como para tirar la toalla: A veces, la consciencia

Una feminista: Julia Kristeva, Teresa de Lauretis… es difícil elegir

Una época: El Barroco

Un lugar en el mundo: Roma

“Quien ostenta el poder tiene la llave de la representación”
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Agente para la igualdad de mujeres y hombres. Escéptica, perversa y peleona. En permanente movimiento y construcción.

    Comentarios recientes

    1. José Antonio Peñas

      Como ilustrador profesional, conozco bien ese problema. En mi generación (tengo 44) las mujeres son minoría, no porque el intelecto femenino se incline hacia otras formas de expresión (argumento que he oído en demasiadas ocasiones, pero del que nunca he leído ni una sóla prueba real) sino porque en la educación que recibimos en nuestra infancia a las niñas no se las animaba a dibujar, centrándose su educación plástica en temas de labores (un eufemismo para actividades tipo costura, es decir, lo que se esperaba que hicierna las mujeres). Luego, ya en el mundo profesional, las autoras suelen encontrar más posibilidades en áreas como la ilustración de libros, y en mi especialidad (divulgación) siguen siendo minoritarias, esta vez como reflejo de la disparidad en la educación superior, donde las mujeres suelen optar por carreras de humanidades.

      Mi escuela, la Técnica de Agricultura de Madrid, era una excepción en la politécnica, con más de un 30% de alumnado femenino, y allí pude ver que varias de mis compañeras, a la hora de estudiar dibujo técnico, tenían más dificultades debido a la falta de práctica en la educación infantil; eso se se notaba, por ejemplo, en los ejercicios que requerían una buena visión espacial para pasar de una información bidimensional a un volumen. El problema desaparecía con la práctica, luego no se debía a ninguna diferencia intelectual sino a una limitación educativa.

      Recuerdo un caso muy claro: Alicia, una excelente diseñadora y creativa publicitaria con la que entablé amistad a primeros de los 90. Era (seguirá siéndolo, seguro, pero hace mucho que nos perdimos la pista) una artista nata, con un trazo intuitivo y genial: podía hacer un gato de una sóla pincelada. El caso es que me pidió consejo con unas imágenes que le estaban causando problemas, porque el resultado no acababa de convencerle. No era un problema artístico, sino de visión espacial: la curva del pecho arrancaba demasiado arriba, casi desde el hombro. Le expliqué un sencillo truco técnico, visualizar su propio cuerpo como referencia anatomica, tanto para mujeres como para hombres, y enseguida pudo solventarlo.

      1. Mariana

        Interesante lo que cuenta José. Va bien a contrapelo de las teorías de los dos hemisferios y de las predisposiciones biológicas de hombres y mujeres. La educación plástica también se define desde los primeros años y tiene que ver con las desigualdades sociales de género.

    2. Pingback: Maite Garbayo

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